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Leila Guerriero

EL HUÉRFANO

 

La de Luis Montiel fue la segunda muerte y llegó ocho meses después de la de Mónica Banegas, el 18 de noviembre de 1997.

La casa de la familia Montiel está en una esquina, y desde la calle, antes de golpear, los vi. Emilio y Juana, los abuelos de Luis, miraban por la ventana. No me miraban a mí ni a la calle ni a la vereda. Miraban por la ventana como quien ha visto algo que jamás hubiera querido ver y no habían hecho otra cosa que mirar por la ventana, salvo leves interrupciones para el llanto y las compras, desde el día de la muerte de su nieto.

Clara Montiel, una de las tías solteras y católicas de Luis, abrió la puerta. Iba abotonada hasta el cuello. La casa estaba helada, con las ventanas abiertas.

-La gente recibe muy bien a la Madre, bendito sea Dios -dijo.

Había regresado minutos atrás de uno de los barrios por los que solía pasear la imagen de la Virgen. Era maestra, jubilada, y alguna vez había sentido el impulso de casarse y tener hijos, pero se había consagrado a Dios -sin ser monja- y vivía en esa casa con sus padres y su hermana Teresa, enfermera del Hospital Distrital Las Heras.

-La Virgen hace tanta falta en estos tiempos en los que está todo tan mal -decía Clara, mientras estrujaba la tela de su falda gris.

Luis nunca había vivido más que ahí, con sus abuelos, sus tías y su madre soltera, poniendo la sangre joven en un hogar donde se agitaban edades más bien altas. Todo iba bien hasta que, cuando Luis cumplió 10 años, su madre de 35 murió en un accidente de tránsito y él quedó sin padre ni madre en ese nido de abuelos y tías solteras.

-Diez añitos tenía él, sí. Fue difícil -decía Clara, sentada en el borde de un sofá-. Para mis padres fue muy difícil aceptar la muerte de su hija. Yo vivía abocada a mi tarea en la escuela. Vivía trabajando. Con el material didáctico para los chicos y después a la parroquia, o sea que tenía poco tiempo para estar con Luis, pobre. Y el lugar de una madre no podía suplirlo. Al principio me daba culpa no poder darle el tiempo que todo niño necesita, amor, cariño, estar con él. Porque él no tenía su mamá, no tenía su papá.

-¿Y vos lo veías bien?

-Sí. Pero es terrible darle todos los gustos, porque económicamente estaba bien, tenía de todo, pero lo material no es lo importante. Lo material lo tenía. Por eso digo que a lo mejor no es bueno darles todo porque la Virgen, en sus mensajes, dice que en las confiterías nunca van a encontrar a su hijo Jesús.

-¿En las confiterías?

-Sí, en los bares.

A los 15 años, a pesar de los esfuerzos en contra de su tía Clara, Luis había empezado a salir de noche. En ese entonces, las únicas opciones nocturnas eran Eclipse -una cruza mestiza de bailanta y disco- y la bailanta que llevaba el nombre de Gigante. De los dos lugares se contaban historias de golpes, de borrachos, de cosidos a cuchillo. Estaban también los bares -Bronco, Míster, Ven a mí- pero nada de eso cuadraba al ánimo católico de Clara, que vivía aterrada cada vez que el sobrino volvía tarde.

-Mi hermana me decía ≪No lo podés tener en una cajita de cristal, porque el mundo es distinto, tiene que ir preparándose≫. Pero yo, con mis ideas religiosas, lo veía mal que anduviera de noche. Qué podía encontrar en la noche. Era tan lindo. Era un picaflor. Vivian las chicas llamándolo por teléfono. Lamentablemente en su tercer año del colegio ya se empezó a alejar del Señor. No quería ir a misa. Antes yo le hacía participar de las tareas parroquiales. Evento que había, Luisito iba. Después ya no quería ir. Empezó a salir, y no estaba protegido.

-¿En qué sentido no estaba protegido?

-No llevaba su cruz. Yo se la ponía y él se la sacaba porque sus compañeros se reían. AI no estar protegido, el Maligno le ha trabajado la mentecita. Es el Maligno el que se los lleva. Y pasaron tantos casos acá, que no sabemos qué pasó. Puede ser una secta, que te arranca la mente de los niños, porque fueron uno tras otro, uno tras otro. Dicen que una chica que se suicidó en el dormitorio había dejado los nombres de todos los que les iba a pasar lo mismo.

-¿Esa lista la vio alguien?

-No. Es que nadie sabe nada. Nadie vino a hacer nada. Nadie intervenía. Nadie investigó. Nadie preguntó nada. Cuando murió él, ocho años después de mi hermana, lo primero que pensé fue ≪Dios mío, por qué me castigaste así≫. Pero después le pedí perdón porque no es castigo. No hay que reprocharle nada a Dios, hay que creer en el destino. Dios no castiga, vos vas haciendo tu camino y está el camino bueno y el malo. Pero cuando falleció mi sobrino, quedé vacía totalmente. Hice un retiro en el monasterio de Los Toldos, en Buenos Aires, con el padre Mamerto Menapace, y yo le preguntaba al padre Mamerto por qué, por qué. Y él me decía que no hay explicaciones, que nadie sabe por qué.

-¿Luis no hablaba de su madre?

-No. Con nosotros no. Para nada. Se ve que para no preocupar a mi papá. Pero cuando vino una prima de Chile, de la misma edad de él, él le habló de su mamá. Le dijo que la extrañaba. No se lo veía mal. Se lo veía bien. Pero se ve que por dentro no, no andaba bien.

Luis tenía 18 años, una novia -Ana- y un buen amigo -Esteban Suárez- con quien planeaba ir a estudiar Medicina a la ciudad de Neuquén. Los dos estaban preparando sus exámenes de ingreso y Luis tomaba clases particulares, como si el futuro fuera algo sólido, algo que de veras iba a suceder.

Estaba por terminar el colegio secundario pero no había querido hacer, por esos días y como todos sus compañeros, el tradicional viaje de egresados. Le preocupaban otras cosas. Dicen que, porque sus tías se oponían a esa relación, tenía que ver a su padre a escondidas.

El 18 de noviembre de 1997 Luis Montiel no fue al colegio.

A las cuatro de la tarde fue al galpón de su casa, se ató un alambre al cuello y se ahorcó. Lo encontró su abuelo. Lo descolgó Teresa, su tía enfermera.

Al día siguiente, las puertas del ómnibus en el que sus compañeros regresaban de viaje de egresados se abrieron, y dos docenas de adolescentes eufóricos vieron lo imposible: Luis los estaba esperando. El velorio se hacía en el colegio.

Ya eran dos, pero nadie hizo nada.

Como de una vergüenza, o de un escándalo, los vecinos de Las Heras hablaban de los muertos -de Luis, de Mónica- en las tiendas, las farmacias, los supermercados.

Los pastores evangelistas echaron bendiciones, los católicos multiplicaron las misas, los familiares visitaron seguido el cementerio y la revista La Ciudad publicó esto: ≪Nuevamente nuestra ciudad se vio conmocionada en el día de ayer al conocerse la infausta noticia del fallecimiento del joven Luis Montiel. Tomó la fatal decisión de quitarse la vida en la tarde de ayer por razones que se desconocen. Su cuerpo agonizante fue encontrado por el abuelo cerca de las cinco de la tarde y en vano fueron los intentos por salvarle la vida ya que el joven de 18 años y que a punto estaba de culminar el Colegio Secundario falleció en la ambulancia camino al Hospital≫.

Los servicios del entierro de Luis Montiel fueron brindados por la funeraria Navarro, la más tradicional de Las Heras, propiedad de Carlos Navarro, que amortajó a Luis personalmente, como hizo siempre con todos sus muertos. Nunca era fácil pero con este fue peor: su hija, Florencia Navarro, había sido alguna vez novia de Luis y lloró amargamente cuando supo que a su padre le tocaba vestir para la muerte a quien ella, tan joven, le había dicho ≪mi amor≫. Seis meses más tarde, cuando eso empezaba a ser recuerdo, la amiga del alma de Florencia, madre de su sobrino y novia de su hermano Mariano Navarro, una chica de 19 años llamada Carolina González, se mataba en el cuarto de su casa. Entonces -quizás- Florencia Navarro pensó que el mal existe, y que el mal era eso. Esa locura.

Los datos dicen, pero nunca explican.

Los datos de la Organización Mundial de la Salud dicen que hay un millón de muertes anuales por suicidio en todo el planeta.

Los de la Organización Panamericana de la Salud que el 65% de los suicidios se encuentran asociados a la depresión y que son la tercera causa de muerte en varones y la cuarta en mujeres de 15 a 24 años.

Según el Indec en Santa Cruz viven exactamente 196.876 personas, el 0,5% de la población del país.

Los últimos datos de la Asociación Argentina de Prevención del Suicidio, elaborados en base a las Estadísticas Vitales del año 2002 del Ministerio de Salud de la Nación, aseguran que Santa Cruz es la tercera provincia con la tasa más alta de suicidios de la Argentina (con una tasa general del 8,38 por cien mil), después de La Pampa (15,22 por cien mil) y Chubut (15,18). La tasa de defunciones por suicidio correspondiente a Santa Cruz para el año 2002 es de un 14,70 por cien mil.

Pero Las Heras es una ciudad acostumbrada a no contar con datos propios.

En diciembre de 1999 un informe interno del área de asistencia social del Departamento de Seguridad Social y Trabajo de la Municipalidad de Las Heras aseguraba que no había ningún tipo de estadística sobre población y entonces nadie sabía cuántos nacían y morían, cuántos se alimentaban y cuántos no, cuánto ganaban cuantos y cuánto dejaban de ganar todos los otros. De modo que ese mismo año se organizó un censo de salud, población y vivienda que arrojó las siguientes conclusiones, válidas para el periodo2000-2001: eran 8382 habitantes, 4837 de ellos mayores de 18 años. El 30% de las mujeres se embarazaban antes de cumplir los 18, sin novio a la vista; 380 personas con trabajo ganaban menos de 250 pesos por mes, 520 entre 250 y 350 y 1622 ganaban más de 350 pesos. De los 4837 mayores de 18 años, había 2315 desocupados, 380 subocupados, y 2142 personas con trabajo. El 25% estaba sin empleo. Solo 614 personas tenían el secundario completo y 222 el terciario. El 89% del pueblo vivía de la industria del petróleo y 1200 personas eran habitantes transitorios.

Nadie preguntó, ni entonces ni nunca, por los suicidios.

 

Leila Guerriero, Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico, Buenos Aires, Tusquets Editores, 2012, p. 55-62.

 


 

Martha Ruth Talero

EL TRASLADO DE LA CAPITAL DE NEUQUÉN 1903/1906

 

La primera fundación de la capital neuquina se había realizado en Campana Mahuida el 12 de diciembre de 1884, sobre el río Agrio. En agosto de 1886 fue trasladada a Ñorquín, y en 1887 se estableció en Chos Malal, ya que sus tierras eran más fértiles y por lo tanto más aptas para la agricultura.

Pero esta población presentaba inconvenientes importantes referentes al acceso y trastornos relacionados con las comunicaciones ya que éstas eran muy complicadas y difíciles. Llegando por el Norte era necesario viajar primero hasta Mendoza, y desde allí bajar por caminos intransitables. Otra alternativa era entrar por Chile, acercándose por la cordillera con el consiguiente desperdicio de tiempo y dinero que significaba efectuar semejante periplo.

En cuanto a las comunicaciones, los correos debían llegar desde Cipolletti, y el mal estado o la falta de rutas obligaban a demorarvarios días cualquier despacho que llegara desde Buenos Aires. Así estaban las cosas al tomar posesión de los respectivos cargos gubernamentales Bouquet Roldan y Talero en 1903.

Resulta notable para esa época la preocupación por parte de estos nombres en proteger a los primitivos habitantes del territorio. Tantoabuelo como Bouquet Roldan demuestran un pensamiento progresista y socialmente moderno.

Veamos un párrafo de la carta que Bouquet Roldan le escribió al poder central en esos días:

“... respecto a las tribus indígenas que pueblan el territorio,ocurre Señor Ministro, una verdadera injusticia que no debiera subsistir.

Ellos los antiguos pobladores y dueños seculares de estas regiones, sometidos en nombre del progreso y la civilización, han sido tan totalmente despojados, y hoy se ven obligados a vagar sin hogar y sin techo que los cobije, esperando que la munificencia del conquistador le consienta la ocupación de algún pedazo de su antigua propiedad, que el progreso deje vacante para los antiguos bárbaros atados de improviso al carro de una civilización, para ellos aún incomprensible.

Así la adjudicación de la tierra que ha de producirles surelativo bienestar, permitiendo educarlos y vigilarlos, y que han dedejar ellos en herencia a sus hijos ya ciudadanos argentinos, nodebe demorarse, en obsequio a los deberes de humanidad ycivilización invocados para la conquista.”

Bouquet Roldan

Carta del 31 de marzo de 1904.

 

Inmediatamente comenzó a tomar forma la idea de trasladar nuevamente la capital a un paraje ya existente en las márgenes de la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, llamado justamente «Paraje Confluencia».

El lugar elegido contaba con varias razones a su favor, la más importante era que, a partir del 12 de julio, ya llegaría el ferrocarril procedente de Bahía Blanca a través del recién inaugurado puente ferroviario, hasta «Estación Neuquén». A través de un decreto, el presidente Roca había autorizado a la empresa «Ferrocarriles del Sud» a comenzar el servicio público de la línea desde Bahía a Neuquén. A esto se sumaba la posibilidad de utilizar el telégrafo de dicha compañía como medio eficaz para las comunicaciones. Por otra parte, la navegación por el Río Negro permitiría la entrada y salida del comercio al Atlántico por el Puerto de Bahía Blanca.

Como se ve, eran oportunidades que no debían dejarse pasar y fundamentalmente para el futuro de la región. Faltaba poco tiempo para que terminara el mandato presidencial del general Roca, por lo que el gobernador Bouquet Roldán se abocó por entero allevar adelante la difícil tarea de demostrar estas ventajas al gobierno nacional.

En esos meses de continuos viajes del gobernador, tanto a Buenos Aires como al lugar elegido, el doctor Talero quedaba en Chos Malal ejerciendo funciones corno gobernador interino, es decir ocupándose de cumplimentar las tareas gubernamentales.

Me causó verdadero asombro al poder revisar y leer las carpetas con la documentación de aquella época en el Archivo Histórico de Neuquén, ver la infinidad de decretos y notas de comunicaciones escritas a mano diariamente, nombramientos de jueces de paz y comisarios, traslados, órdenes, y rendiciones de cuentas, despachados en Chos Malal hacia los pueblos del interior del territorio, como así también los telegramas entre Joaquín V. González, Bouquet Roldan y Talero anoticiándose de los avances de las gestiones en Buenos Aires, alentándose unos a otros a la distancia sin claudicar en ningún momento.

Largos telegramas que por sus contenidos más parecen cartas. Transcribiré puntualmente algunos que merecen ser conocidos textualmente para adentrarnos en el espíritu de aquellos visionarios de principios del siglo pasado.

Estando el ministro con su comitiva en Confluencia les escribe a ambos un extenso telegrama de donde tomo un párrafo:

“Este paraje es un encanto destinado a un gran porvenir. Dichosos ustedes que han tenido la energía de venir a educarlos para la vida civilizada".

Joaquín V. González

1 de abril de 1904

 

El 7 de abril contestó el ministro que le preocupaban desde hacía tiempo los problemas que sufría esa capital, que estudió distintas posibilidades y que, por último, se había decidido a realizar el viaje que alguien calificó luego como histórico, para apreciar por sí mismo las ventajas que podía ofrecer el lugar. Expresa en el mismo, que na tenido una visión de esa tierra que «le ha iluminado el porvenir»,

Habla de los tres ríos, de la llegada de la línea férrea, de la belleza del inmenso puente sobre el río, de tierras fértiles, de fácil riego, de la cercanía a Colonia Roca, donde pronto sería inaugurado un canal de riego de 20 leguas, en fin por todo lo visto escribe:

 “...traído el convencimiento de que la capital del Neuquén debe
levantarse en el amplio valle que comienza al pasar el río”.

Fragmento de carta de Joaquín V. González

 

Hace notar el inconveniente de que ese lugar no está en el centro del territorio, como sería de esperar, pero que las ventajas enumeradas lo hacen conveniente, y les comunica que puso en conocimiento del Señor Presidente todos los estudios realizados.

El general Roca ya conocía el lugar pues había llegado con sus tropas en junio de 1879 a ese valle. Así lo testifica el monolito conmemorativo que se encuentra en la barda cerca del paso Fotheringam, por lo que inmediatamente comprendió las conveniencias de fundar aní la capital, teniendo la visión de que sería como dijo:

“...un centro del comercio y la vida de toda esa rica posición de la República, admirablemente dotada por la naturaleza”.

Fragmento carta del general Julio A. Roca

 

El ministro González le recomendó a Bouquet Roldan suma discreción en el manejo de ese tema, para no herir intereses de los pobladores, y le sugirió que adelantaran la obtención y cesión de terrenos en la Confluencia, para instalar las oficinas públicas y levantar las casas de los pobladores que los quisieran acompañar a la nueva gobernación.

El ministerio de Agricultura ya había recibido la orden del presidente de preparar todos los elementos necesarios para la fundación.

En contestación, Bouquet Roldán le envía un telegrama el 8 de abril donde le trasmite su gratificación por las noticias recibidas. Le comenta que él también ya tuvo en cuenta que el paraje elegido no quedara en el centro geográfico expresado, pero vuelve a hacer hincapié en las otras innumerables ventajas.

Al empezar a correr los rumores sobre el traslado de la ciudad, comenzó la temida resistencia de quienes veían de esa forma afectados sus intereses e inversiones en Chos Malal.

Bouquet Roldan y Talero decidieron tomar el toro por las astas y se dedicaron de lleno a agilizar los trámites, barriendo con los escollos burocráticos tan comunes en este tipo de situaciones.

El gobernador partió a Buenos Aires, y Talero quedó nuevamente al trente del gobierno como gobernador interino. La comunicación entre ambos era intensa y fluida. Compartían ideas, propósitos, y también la necesidad de actuar tanto con discreción como con la indispensable celeridad. Se intercambiaron innumerables notas y telegramas.

Dos de ellos son dignos de mención: el del 16 de mayo de 1904, en el que Bouquet le comunica a Talero:

«todo marcha a pedir de boca»

 

Y el del 12 de junio del mismo año donde le dice:

 “con verdadero placer le hago llegar mi primer telegrama desde la nueva y eterna capital del territorio”

 

Sus gestiones en Buenos Aires se habían dirigido a conseguir la promulgación de este decreto que nombraría a Confluencia, capital del territorio.

DECRETO: “Buenos Aires 6 de junio de 1904-Dispuesto por decreto de fecha 19 de mayo ppdo. En cumplimiento del art. 22 de la ley del 16 de octubre de 1884 que la Capital del Territorio del Neuquén sea pueblo que deba fundarse con el nombre de «Neuquén» en el punto denominado la Confluencia, estación Terminal del ferrocarril del Sud, y siendo conveniente que el traslado de las autoridades se lleve a cabo a la mayor brevedad, el presidente de la república decreta:

Artículo 1º. el Gobernador del Territorio del Neuquén procederá a trasladar las oficinas de la gobernación al paraje designado para Capital del expresado Territorio, por decreto del 19 de mayo ppdo.

Artículo 2º. los gastos que demande este decreto se imputarán al anexo B, inciso 16, ítem 1, partida 10 del Presupuesto General vigente, art. 3, comuníquese, publíquese, dése al RN y archívese, Roca - J.V. González”.

 

En el mes de mayo de 1904 parecía estar todo listo y el Decreto salió con fecha 19 de ese mes. En el mismo se determinaba la división en departamentos de todos los llamados, por aquel entonces, Territorios Nacionales, en doce, y Chos Malal quedaba como Capital provisoria hasta que se realizara el traslado de todo lo concerniente al gobierno a dicha localidad designada para el futuro como Neuquén.

La ley del Congreso Nacional n° 4523 del 30 de septiembre de 1904, convalidó el decreto.

Casimiro Gómez, dueño de una importante cantidad de tierras en la zona, donó un terreno para la nueva comisaría y, junto a Ramón López Lecube y Francisco Villa Aprile, lotearon tierras de su propiedad.

El gobernador con una audacia que lo iguala a los grandes fundadores de ciudades, no vaciló en instalar la sede del gobierno en carpas, donde funcionaron los primeros días.

Es difícil imaginar esa primera carpa blanca que instaló el gobernador en medio de ese pequeño caserío, rodeada de viento y arena, en ese desierto.

 “sobre el verdor del matorral” con “arboledas que tienen menos hojas que zorzales” (1)

 

El suelo arenoso formaba dunas que eran trasladadas por el viento de un lugar a otro. Los pobladores de las pocas casas existentes debían palear la arena que se amontonaba contra las puertas cuando amainaban esos vientos huracanados que ya conocemos de esa región. Se eligió al ingeniero Pigretti para mensurar y amojonar los terrenos de acuerdo al plano bocetado por el gobernador. Sin embargo, tuvo que abandonar su puesto por razones de salud y terminó sus tareas el agrimensor Carlos Souriges. Los meses elegidos para llevar adelante esas tareas no eran los más adecuados. Hacía muchísimo frío, vientos, heladas, en fin, una terrible situación que nos demuestra cómo era el carácter de esos hombres, la visión de futuro, la seguridad de sus decisiones, la convicción de estar realizando lo mejor en pos del engrandecimiento de la región.

Mientras tanto, el doctor Talero continuaba con sus múltiples tareas de gobernador interino, en las oficinas de Chos Malal, relativas a todo el territorio y además con las nuevas referentes al ordenamiento y traslado del archivo y muebles de las oficinas gubernamentales. Dispuso el envío por etapas, a lomo de mula y en enormes carretones tirados por bueyes.

En el archivo Histórico de la Municipalidad de Neuquén se puede apreciar en fotografías lo terribles que fueron esos días de viaje, cruzando ríos y arroyuelos, trepando bardas y cruzando vados, donde muchas veces terminaban encajadas las carretas. Los arriesgados futuros pobladores de la nueva capital viajaban en grupos. ¿Qué los movía en ese invierno de 1904? Sin duda las ansias de progreso, los proyectos tantas veces postergados, el deseo de un porvenir mejor y más seguro para sus hijos, pero sobre todo la fe, el optimismo, y las grandes perspectivas que proyectaban en el futuro de esos dos grandes hombres, Bouquet Roldán y Eduardo Talero.

En los quince o veinte días que duraba el viaje, sufrían enormes dificultades, sorteando el escarpado terreno existente entre Chos Malal y Neuquén. Las dificultades que les imponían las serranías, los fatigosos cruces de los ríos y la constante lucha contra las inclemencias del tiempo, quedaban de lado tras esas largas travesías diurnas, cuando por las noches junto al fogón, se disponían a descansar bajo las estrellas.

Finalmente abuelo, cuando todo estaba ya encaminado, cumpliendo con la frase que le repitiera siempre en tono de broma Don Bouquet Roldán «tenga paciencia Talero los últimos serán los primeros», se puso en marcha junto a los funcionarios que quedaban, partiendo el 2 de agosto de 1904, calculando un viaje de 14 o 15 días. «La huella que tomaron para realizar el complicado viaje pasaba por Tilhue, Cortaderas, Fortín Carranza, Ojo de Agua y Aguada del Pato, siguiendo los zigzag que les marcaban los médanos, lomadas y zanjones,» según lo relata Raone.

Los acompañaba en ese grupo don Carlos Casamayor, contador, cuya rúbrica vemos junto a la de Talero en muchos documentos de gobierno de esos días. También era de la partida, la familia Pueyrredón, de los que guardo algunas cartas de años posteriores, donde se nota la amistad y cariño que los unía con Abuelo. También partió con ellos el doctor Pelagatti, médico de la gobernación, y al nombrarlo no puedo dejar de comentar un hecho que protagonizara junto a Talero en 1905. Fue una pericia siquiátrica usando un método que recién se estaba empezando a conocer en la Argentina, publicado por Lombroso en Italia, de allí su nombre, “método lombrosiano”.

Dicho método lo adoptaron para realizar una pericia siquiátrica, que fuera ordenada por el Juez Patricio Pardo, sobre el recluso Adolfo Torres. Este método elegido, natía de la inteligencia de estos nombres que nos ocupan en este libro, que aun viviendo en zonas aisladas y lejanas, estaban sin embargo al tanto de los últimos estudios y métodos empleados en esos años en Europa.

 

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(1) Voz del Desierto

 

Capítulo 9 de La torre de Talero, Martha Ruth Talero, Buenos Aires, Editorial Bourel, 2013.

 


HISTORIA PURA

Carlos Emilio O'Brien

 

En cada lugar del mundo, en la vida de todo país, existieron y existirán nombres y mujeres dispuestos a comprometer su esfuerzo en pos de objetivos altruistas, superiores a los personales. Todos, ellos y los otros, pasan necesariamente por la Historia porque no hay quien no sea protagonista de ella. En cambio, la historia escrita es exigente y pide constancia de los hechos, donde lo plausible debe trascender la propia existencia de su autor. En definitiva, será la importancia que otros hombres y mujeres le asignen a esos hechos lo que determina qué nombres se escriben para siempre sobre el blanco del papel. El bruñido del bronce es reservado a unos pocos.

Lo que el lector está a punto de leer está escrito sobre ambos, en lo blanco y en lo bruñido.

Con toda seguridad, no le va a parecer un libro de historia. Más bien se sentirá estar transitando por un relato de hechos familiares escrito por alguien que no conoció al protagonista principal, su abuelo, por quien adquirió gran admiración gracias a los diálogos con su abuela. (¡Ay, qué colosales esas charlas entre niño y anciano!)

Obtener de pequeña esa información, documentada y de primera mano, y tiempo mediante, merced a su paciente e incansable inves­tigación, comprobar que lo entonces recibido no fue producto de la nostalgia de una abuela que atesoraba su pasado y su vida llena de recuerdos en un arcón, le permitió a la autora descubrir a un hombre de una personalidad singular, Eduardo Talero Núñez, el amado esposo de su abuela y el actor de los cuentos de su infancia.

Talero llegó a una Argentina institucionalmente recién nacida, donde tan poca gente debía hacerse cargo de una tan vasta porción del planeta por entonces casi absolutamente inculta y sin armar. También él era muy joven y dotado: abogado, hombre de letras, hábil escritor pero más que eso ávido lector, tan impulsivo que, expulsado de su país, llegó a nuestra Patagonia y la hizo suya.

Neuquén fue su desvelo. Amó profundamente esta tierra hasta convertirla en su patria. Su pujanza, sus ganas de crecer, nacer y ser, coincidían exactamente con las ambiciones de aquel novel país que no conocía techo, que sólo aspiraba a elevarse. ¿Habrá sido por eso que decidió construir una torre?

En cada capítulo, en cada párrafo, la autora va contando, como si estuviera en el living de su casa, distintos aspectos de su propia vida familiar, no perdiendo jamás el vínculo con su abuelo en el relato. Un relato que, porque también encierra aventura, misterio, poesía, y amor apasionado, puede parecer una novela.

Pero no se engañe, es historia pura.

Ruth, su abuela, al comienzo; y la Torre, siempre la Torre, son los otros protagonistas de esta historia de la historia.

 


Hugo Correa Londoño

EDUARDO TALERO NÚÑEZ. UNA PÁGINA PARA AGREGAR A LA HISTORIA COLOMBIANA

 

                                                                                                 

                                                                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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