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Ignacio Domingo Baguer

PARA QUÉ LEER

«¡Deja ya de leer y ponte a hacer algo útil!»

 

Hubo un tiempo, no hace muchas décadas, antes de la era de la televisión, de las videoconsolas y de Internet, en el que esta amonestación podía ser oída frecuentemente en el hogar de cada escolar del mundo occidental, en los dormitorios de los internados e incluso en las aulas y en las bibliotecas. Los padres y maestros solían recriminar así el vicio de la lectura a los adolescentes, que leían a hurtadillas sus libros y sus tebeos camuflados entre las páginas de los libros de estudio, por debajo de los pupitres o debajo de las sábanas, a la luz de una linterna. La lectura, de cualquier clase y condición, era considerada en el mejor de los casos un mero pasatiempo, cuando no un vicio y una flaqueza, una distracción de tareas más provechosas y convenientes, una afición de carácter dudoso que podía ser sintomática en el imberbe lector de desviaciones más peligrosas e incluso pecaminosas.

¡Qué lejanos parecen hoy, en los albores del siglo xxi, aquellos tiempos en los que la lectura ocupaba un lugar principal entre las ocupaciones de los jóvenes estudiantes! Los videojuegos, Internet y la televisión han sustituido en el dormitorio de la mayoría de los jóvenes a los libros como medio de esparcimiento y, por añadidura y desgracia, como principal herramienta de comprensión y comunicación de la cultura en la que viven. La hegemonía en las aulas y en el ocio de los jóvenes de las denominadas TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación, un grupo del que sorprendentemente se suele excluir a la todavía más extendida e importante de estas tecnologías, que es la palabra escrita) está coincidiendo, y no es una mera casualidad, con lo que en los estados Unidos se ha dado en llamar la crisis of literacy, y que en español podríamos traducir por ‘crisis de la alfabetización’ o, por usar una terminología ya reconocida, con el incremento del ‘analfabetismo funcional’ en nuestros jóvenes. La expresión «analfabetismo funcional», aunque acuñada con anterioridad,1 fue popularizada en los años sesenta por el pedagogo brasileño Paulo Freire para definir a aquellos lectores que, pudiendo leer un texto, siquiera fonéticamente, no podían llegar a entender completamente lo leído, bien por ignorancia del significado de las palabras que leían o bien por falta de referentes culturales e intelectuales que les ayudaran a comprender los significados en sus contextos más amplios. El analfabetismo funcional, que Freire relacionó exclusivamente con la casuística de muchos lectores de países subdesarrollados que habían aprendido a leer solo muy elementalmente y a una edad tardía, es ya un serio problema en los países desarrollados.

El informe PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos), que viene llevando a cabo la OCDE desde el año 1992 y que evalúa la competencia lectora, matemática y científica de los alumnos de quince años de los países más desarrollados, no puede ser más claro en sus resultados de 2006: «en comprensión lectora en 2006 se ha producido un descenso general en todos los países».2 El informe PISA recomienda que «la lectura y la mejora de la comprensión lectora de los alumnos debería convertirse en un objetivo del conjunto de la sociedad, en el que se impliquen, además de las autoridades y los agentes educativos, las familias, las instituciones y los medios de comunicación».3

El que tantos alumnos de un sistema educativo más y mejor dotado, en medios humanos y materiales, apenas pueda comprender lo que lee es causa, y a la vez consecuencia, de lo poco que se lee fuera de las aulas (dentro de las aulas es de suponer que, a pesar de la insistencia de los políticos en época electoral para que se llenen las escuelas de esa panacea educativa en la que han convertido a los ordenadores y a los medios audiovisuales, todavía se lee alguna vez algún libro de texto). El «Barómetro de Hábitos de Lectura», elaborado trimestralmente por la Federación de Gremios de Editores de España, destaca que es el sector pre-adolescente —entre 10 y 13 años— el que más libros lee. A partir de esa edad, los índices de lectura de los estudiantes descienden drásticamente.4 En el curso 2001-2002, el Centro de Investigación y Documentación Educativa (CIDE) realizó un estudio, en el marco del Plan de Fomento de la Lectura puesto en marcha por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, para conocer los hábitos de lectura de los jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y los 16 años. El estudio reveló que solo un 20% de los adolescentes lee en su tiempo libre casi a diario, y un 17% lo hace una o dos veces a la semana. El resto no leen casi nunca. De esas escasas lecturas solo el 52% son por placer, mientras que el resto se hacen por obligación, para la realización de tareas escolares o por no aburrirse. En cualquier caso, la lectura no puede competir con otras aficiones. Entre diez actividades que los adolescentes pueden realizar en su tiempo libre, leer ocupa la penúltima posición en sus preferencias, solo superando a la opción de «no hacer nada», actividad esta que sin duda los llevaría a «pensar», algo que, según puede inferirse de este estudio, a muchos de ellos les podría desagradar incluso más todavía que leer.5

El descenso en los hábitos de lectura también ha trascendido, como no podía ser de otra manera, al ámbito de la enseñanza secundaria. Quizás algunos alumnos aprendan ortografía en su bachillerato, antes de ingresar en la universidad (lo que antes se hacía en la educación primaria), pero más probable resulta que un porcentaje muy elevado de los alumnos sigan cometiendo faltas de ortografía durante sus estudios universitarios. En cuanto al nivel del uso de la lengua, y aunque todavía no se han elaborado estudios científicos al respecto, muchos expertos valoran que el deterioro en las últimas décadas ha sido de proporciones catastróficas, incluso entre los estudiantes de mejor expediente académico y en los estudiantes de carreras humanísticas.6

Esta decadencia de la lectura como medio principal de información, formación y culturización entre los estudiantes de enseñanza secundaria y el consiguiente descenso en los niveles de exigencia en competencias lectoras y escritoras está probablemente relacionada con una cierta depreciación generalizada de los estudios humanísticos en el panorama académico. Cada vez menos alumnos se matriculan en carreras humanísticas, casi un 40% menos en el lapso de diez años. Según un estudio llevado a cabo por la profesora de Sociología de la UNED Mercedes López Sáez, en la enseñanza secundaria son fácilmente detectados entre el alumnado los tópicos de que «las letras» son más fáciles y, por lo tanto, elegibles por los alumnos más vagos y menos inteligentes. Peor todavía resulta constatar que ese mismo tópico se puede encontrar también entre el profesorado de la enseñanza secundaria y que puede condicionar los consejos que reciban los alumnos sobre la elección de carrera universitaria.7 Los índices de lectura de los alumnos universitarios son todavía más tristes que los de los alumnos de la educación secundaria. En España los niños leen más, en conjunto, que los adolescentes y los jóvenes. La Unesco define al analfabeto funcional como «aquella persona que no puede emprender aquellas actividades en que la alfabetización es necesaria para la actuación eficaz en su grupo o comunidad y que le permitan, asimismo, seguir valiéndose de la lectura, la escritura y la aritmética al servicio de su propio desarrollo y del desarrollo de la comunidad».8

De acuerdo con esta definición, debería ser imposible encontrar analfabetos funcionales en la universidad, ya que quien quiera que haya ingresado en ella se supone que ha tenido un nivel de alfabetismo lo suficientemente «funcional» como para llegar a un estado «superior» en su desarrollo educativo. Los datos, sin embargo, obligan a sospechar lo contrario. Quizás sería más adecuado aplicar al universitario la calificación de «analfabeto de segunda categoría», que definiera y alabara con cierta ironía el pensador alemán Hans Mangus Enzensberger en su escrito «en defensa del analfabeto». El «analfabeto de segunda categoría», a diferencia del «analfabeto de primera categoría», sabe leer, y se diferencia a su vez del «analfabeto funcional» en que, si no entiende lo leído no es por falta de referentes culturales o de información, sino porque todo pensamiento complejo, profundo o con un cierto grado de abstracción le resulta extraño y, por lo tanto, todo texto escrito que contenga algún rastro de pensamiento complejo le resulta incomprensible. En palabras de Enzensberger, «el analfabeto de segunda categoría es afortunado. Su falta de memoria no le causa ningún sufrimiento; el no tener una manera de pensar propia le alivia de toda presión; valora positivamente su falta de capacidad para concentrarse en nada; considera una ventaja el no saber y no comprender lo que le sucede. Es activo. Es adaptable. Muestra una considerable determinación para conseguir lo que quiere. Así que no hay que sentir lástima por él. El hecho de que el analfabeto de segunda categoría no tenga ni idea de que lo es contribuye a su bienestar. Se considera a sí mismo bien informado, puede entender instrucciones, pictogramas y cheques bancarios, y se mueve en un mundo que le aísla completamente de cualquier desafío a la confianza en sí mismo. Es impensable que pudiera sentirse frustrado por el ambiente que le rodea. Al fin y al cabo, es ese ambiente el que lo ha creado y formado para garantizar su supervivencia sin problemas».9

Hoy en día el ámbito ideal de formación de «analfabetos secundarios» es la universidad. Una universidad donde los objetivos inveterados y universales de la institución, como son la formación de científicos y humanistas que puedan servir a la sociedad en todos los ámbitos laborales y el avance en el conocimiento e investigación de todas las áreas del conocimiento humano, han sido sustituidos por la adquisición de «competencias» y «destrezas» y la adecuación a la demanda social y al mercado de trabajo, una universidad donde la formación de lo que antaño se conoció como «universitarios» ha dado paso a la producción de «técnicos», ya sea en medicina, en derecho, en filosofía o en ingeniería. La Universidad del siglo xxi es la institución educativa donde los analfabetos secundarios alcanzan, después de su formación básica en el desprecio a la lectura y al pensamiento complejo en la enseñanza secundaria y bachillerato, su nivel de excelencia. Los universitarios leen poco y cuando se dice que leen es porque llegan a casi un libro al mes.10

Sin duda estos datos no sorprenderán a muchos profesores universitarios y miembros de tribunales de selectividad, que han asumido ya la realidad de que es posible ingresar en la universidad e incluso licenciarse con un bajísimo nivel de competencia en el uso del idioma, tanto hablado como escrito. ¿Tendrá el abandono de la lectura algo que ver con el aumento de los índices de fracaso académico en la universidad? Según el informe de «La Universidad en cifras», casi la mitad de los estudiantes universitarios aprueban solo un sesenta por ciento de los créditos matriculados en cada curso. Si además se considera que muchos no matriculan cursos completos, el resultado es que, en un curso de setenta y cinco créditos, un alumno medio termina aprobando treinta y siete. Trasladando estas proporciones a asignaturas, si el curso tiene doce asignaturas el alumno medio se matricula de diez y finalmente solo aprueba seis. Desolador.

El panorama de la lectura fuera de los ámbitos académicos no resulta más halagüeño. El «Barómetro de Hábitos de Lectura» refleja que el número de libros leídos cada año decrece lenta pero inexorablemente, y que la lectura se está convirtiendo en una actividad cultural marginal. El porcentaje de población lectora creció hasta el año 2000, pero desde entonces no ha hecho sino descender. Hacia el año 2008 algo más de la mitad de los españoles se declaraba lector. El dato, sin embargo, necesita ser convenientemente matizado: para ser consideraros «lectores» los encuestados debían estar leyendo al menos cinco libros al año, esto es, algo menos de un libro cada dos meses. El «Barómetro de Hábitos de Lectura» parte, por lo tanto, de un presupuesto que revela una realidad atroz para el mundo del libro: realmente, ¿es la palabra escrita ya tan marginal en nuestra cultura que una persona que tarda más de diez semanas en leer un libro puede ser considerada «lectora»? incluso en las bibliotecas, los templos sagrados de la lectura, el libro está cediendo terreno a otros productos culturales: mientras que en el año 2001 el 70,1 % de los préstamos de las bibliotecas eran libros, en el año 2005 ese porcentaje había caído al 56,8 %, siendo el resto de los préstamos fundamentalmente películas y música.11 Probablemente no está lejos el día en que las bibliotecas se conviertan en mediatecas, y el préstamo de las obras impresas sea un servicio residual y minoritario frente a la oferta de productos audiovisuales. No faltarán ese día quienes saluden la muerte del libro como un signo inequívoco del progreso tecnológico y cultural de nuestra sociedad: la biblioclastia, la fobia hacia los libros y las bibliotecas, ha sido una constante de la cultura occidental en general y nunca como en el siglo xxi han disfrutado los biblioclastas de mayor impunidad intelectual, gracias a la exaltación de todo lo que tenga que ver con la informática y el audiovisual que se promueve a diario desde el analfabetismo secundario que impera en los medios de difusión de masas y en los ámbitos de poder que rigen las políticas culturales y educativas.

El que los «no-lectores» aumenten y ya puedan ser incluso universitarios indica que puede llegar el día en que lo que la sociedad considere como una persona «culta y formada» no implique, necesariamente, que esa persona esté en posesión del hábito de leer. Al declive del hábito de leer le acompaña, inevitablemente, la decadencia en la competencia en el uso del lenguaje, tanto hablado como escrito, entre todas las capas de la población y, de manera más llamativa, entre aquellos que ocupan las posiciones culturalmente más prominentes de la sociedad. Hace solo unas décadas se hubiera considerado impensable que un simple bachiller cometiera faltas de ortografía, no pudiera redactar un texto con corrección gramatical, coherencia y estilo adecuado al tema del escrito, y no tuviera un bagaje de lecturas tanto literarias como de una diversidad de temas, conformando aquello que antaño se conocía como «cultura general». Hoy en día escasean los licenciados universitarios que pueden presumir de dominar su lengua nativa como la dominaba un bachiller de hace décadas. Más preocupante resulta caer en la cuenta de que, por meras razones demográficas, esas hordas de iletrados van a llegar a ser los líderes culturales, políticos y sociales el día de mañana. En un tiempo en que el analfabetismo funcional, ilustrado por un bagaje de horas de televisión vistas y de países y de museos turísticamente visitados, se pasea a sus anchas por las facultades universitarias, las redacciones de los medios de difusión y los salones de gobierno, parece evidente que estamos asistiendo a un cambio de paradigma de dimensiones históricas en la cultura occidental, un cambio de trascendencia similar al del paso de las sociedades orales a las sociedades escritas y que, quizás por haber sido muy tempranamente detectado por Marshall McLuhan y otros críticos ya en la década de los sesenta del siglo pasado, ha sido también olvidado demasiado pronto. Como afirma George Steiner, «estamos asistiendo hoy en día, todos nosotros, al paulatino final de la era clásica de la lectura. De una época de una alta y privilegiada literariedad, de una cierta actitud hacia los libros que, en líneas generales, duró desde aproximadamente la época de Erasmo hasta el colapso parcial del orden mundial de la clase media […] y de los sistemas de educación y de valores asociados a ella».12

El propósito ulterior será poner al descubierto el papel capital que ha tenido la cultura del libro en el desarrollo de la civilización occidental y hacer un ejercicio de reflexión sobre los efectos que puede tener sobre la cultura el ocaso del libro y de la palabra escrita como principal medio de pensamiento, formación y comunicación. En consonancia con esta perspectiva, se podrá abordar numerosos y variados aspectos relacionados con la cultura del libro desde sus orígenes hasta la actualidad, como la importancia de la lectura y de la escritura en la formación del pensamiento y de la consciencia humana, los cambios producidos en el cerebro con la adquisición de la capacidad de la lectura, los desarrollos materiales e intelectuales que llevaron a la evolución del papiro al pergamino, del pergamino al papel, del rollo al códice y del códice al libro electrónico, el surgimiento de las escuelas y de las universidades medievales alrededor del libro y las consecuencias que los modelos de pensamiento que impusieron han tenido en la cultura, la transformación de los modos de lectura a partir del Renacimiento y sus consecuencias en la evolución de las universidades escolásticas a las universidades modernas, y los usos de las bibliotecas y sus sistemas de clasificación desde la antigüedad clásica hasta el presente. Junto a todo ello se deben encaran las cuestiones más candentes y actuales surgidas a raíz del auge de los discursos audiovisuales y de Internet en detrimento del discurso escrito y de la cultura del libro, cuestiones como la del paso del libro en papel al libro electrónico, la supervivencia de las bibliotecas, la conservación de los documentos digitales, los problemas de verificación y derechos de autor de los libros digitales, las polémicas y procesos judiciales surgidas alrededor de la iniciativa «Google Books», el ínfimo nivel intelectual de los contenidos audiovisuales que predominan en la televisión y en Internet, la lectura hipertextual, la piratería, los movimientos a favor de la «liberación de la información», la «Wikipedia», la inteligencia colectiva, la noosfera y las consecuencias de la informatización de la educación. En paralelo a esta perspectiva histórica se podrá desarrollar una perspectiva cultural, una pequeña historia de la cultura occidental desde el libro como su principal medio de comunicación. Siguiendo el viejo aforismo de McLuhan que establece que «el medio es el mensaje», cabe analizar cada uno de los desarrollos del mundo del libro en paralelo al desarrollo de la cultura occidental, haciendo hincapié en las consecuencias que pueden desprenderse por la pérdida de la lectura y del libro o de su sustitución por otros medios tecnológicos de comunicación, especialmente en el ámbito educativo. En este recorrido tecnológico y cultural no debe dejarse de lado la importancia que la lectura y el libro han tenido en el desarrollo del concepto occidental de individualidad y racionalidad y de una cierta idea de lo que constituye nuestra condición de seres humanos que está en la base de la cultura occidental, y que también podría ponerse en peligro por la pérdida de la cultura del libro.

 

NOTAS

1 Véase Juan Jiménez del Castillo, «Redefinición del analfabetismo: el analfabetismo funcional», Revista de Educación, núm. 338, 2005, pp. 273-294.

2 PISA 2006: «Programa para la evaluación internacional de Alumnos de la OCDE, Informe Español». Madrid: Secretaría General Técnica de la Subdirección General de Información y Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia, 2007, p. 69.

3  Ibíd., p. 70.

4 Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros. Federación de Editores yGremios de España. Disponible en la web del Centro Nacional del Libro, la Lectura y las Letras del Ministerio de Cultura: <http://www.mcu.es/libro/mc/centrodoc/ informes/HabitosLectura.html>, trimestral.

5 «Los hábitos lectores de los adolescentes españoles: avance de resultados», Boletín CIDE de Temas Educativos. Madrid: Centro de Investigación y Documentación Educativa. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Junio de 2002, núm. 10.

6 Véase el artículo de José Luis Barbería, «Mucho título y pocas letras». Madrid: El País, 19 de octubre de 2008.

7 Mercedes López Saez (coord.), Diferencias en elecciones de modalidades de Bachillerato entre chicas y chicos. Factores que influyen en la segregación vocacional entre hombres y mujeres. Madrid: Instituto de la Mujer. Secretaría General de Políticas de Igualdad.Ministerio de Igualdad.

8 J. A. Fernández Fernández (coord.), El libro blanco de la educación de adultos. Madrid: Ministeriode Educacióny Ciencia, 1986, p. 186.

9 Hans Magnus Enzensberger, «In Praise of the Illiterate», en Zig Zag: The Politics of Culture and Vice Versa. Nueva York: The New Press, 1997.

10 Estudios sobre universitarios españoles 2006. Madrid: Unidad de Estudios Socialesy de Opinión Pública de la Fundación BBVA, 2006, p. 36.

11 Hilario Hernández (dir. téc.), Las bibliotecas públicas en España: dinámicas 2001-2005. Madrid: Fundación Germán Sánchez Rupérez, Ministerio de Cultura,2008, p. 343.

12 George Steiner, «Books in an Age of Post-Literacy», Publishers’ Weekly, 1985, 24 de mayo, p. 44.

 

Adaptado de Ignacio Domingo Baguer, Introducción, Para qué han servido los libros, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2013.

 


 

Ángel Rama

METODOLOGÍA DE LA CRÍTICA

 

Este cursillo va a tratar de una tesis sobre la formación de la literatura, apoyada fundamentalmente en textosde la novelística de García Márquez, lo cual implica usar un tanto a García Márquez como ejemplo para la demostración de una teoría literaria. Ahora bien, los textos fundamentales que vamos a trabajar son La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, y Cien años de soledad; además usaremos, desde luego, algunos otros materiales que pertenecen a cuentos o diversas fuentes e informaciones que reseñaré directamente y por extenso si es necesario.

Las direcciones del análisis literario, que son incluso previas a las opciones metodológicas, determinan el trabajo crítico, fijan su campo y diseñan sus límites. Dos grandes ideas pueden dibujarse; ellas permiten ver a la obra literaria de muy diversa manera y nos conducen a resultados bastante diferentes. Para una, la obra es una invención artística autónoma, válida en sí misma y capaz de desplegar suficientes significados sin ayuda de otros datos intelectuales. Como la operación crítica es siempre una operación de reinserción es un cuadro donde las resonancias y las referencias se completan y explican, esta dirección del análisis reinserta la obra literaria en otras obras literarias y en lo que en codas ellas concurre a la mayor especificidad: lo que un estructuralista llamaría la literaturidad, con lo cual queda fijado el límite estrecho del campo crítico en beneficio de una propuesta de concentración y de especificidad.

Otra dirección es la que, reconociendo también la validez autónoma de la obra literaria, busca sin embargo reinsertarla en un campo más variado y complejo que es el de la cultura, el cual, obviamente, desborda al de la literatura. En esta concepción, la obra alude, refiere, contesta, dialoga y desarrolla otros sectores intelectuales que no son literarios, y eso, en la misma medida y paralelamente al cumplimiento de un decurso específicamente literario. Lo anterior no significa que ella se vincule con una realidad concreta, aunque en efecto, la existencia real es el sustrato de todas las operaciones posibles, sino que, más estrictamente, se integra a las obras de la cultura en las cuales la realidad se resuelve al nivel de la conciencia humana, y forma el discurso cultural general que va desarrollando una sociedad para comprenderse y cumplir un destino histórico. Este discurso admite, desde luego, las particularizaciones a las cuales designamos, atendiendo a su especialidad, cómo géneros, aunque debiéramos ampliar su número para que pudiera caber la filosofía, la historia, la ciencia política, el periodismo tanto como la poesía “no culta", la música, las costumbres tradicionales, el repertorio erótico junto a la literatura popular u oral. Pero aun reconociendo las particularizaciones y su legitimidad, esta orientación crítica no puede recortarlas entre sí para proceder a un análisis independiente; sólo puede llegar a descifrar cualquiera de estas particularizaciones culturales, en la medida en que pueda desarrollar una visión precisa de la intercomunicación de todas, una apreciación de su dinámica, un entendimiento de las diversas funciones v del lugar que cada uno de los sectores del discurso global, en este caso laliteratura, ocupa dentro de la totalidad, así como las modalidades de su inserción en él y las modalidades de su aporte al desarrollo o transformación del discurso cultural.

Esta es nuestra opción para el estudio de las obras literarias, de tal modo que, cualesquiera de ellas por el sólo hecho de emerger a la exis­tencia con capacidad de perduración en el imaginario de los seres humanos (emergencia que se cumple en un medio cultural determinado, en una circunstancia histórica precisa y no repetible, en resumidas cuentas dentro de un tejido cultural viviente y único donde está diseñada la problemática de una sociedad y las diversas propuestas que sobre ella van presentando los sectores sociales), cualesquiera de ellas, como un proyecto cultural y no exclusivamente literario, como una respuesta a un debate que la engloba y la precede genéricamente. Pero la obra intenta modificar esas condiciones al mismo tiempo que les proporciona una réplica. Por lo tanto, verla dentro del marco de la literaturidad, significaría amputarla de sus proposiciones rectoras, y significaría incomprenderla al ignorar el discurso general del que procede y al que concurre, Esta dirección crítica se refuerza a sí misma —lo que es parte de su tarea de fundamentación y validación— cuando encuentra en la obra literaria, como rasgo definidor, una tendencia totalizadora que no halla en los mismos términos en las otras particularizaciones del discurso cultural global; esa tendencia la lleva a desbordar los límites de su sector específico, para tratar de cumplir una función religadora e intercomunicante de la totalidad social, tal como le cabe al discurso cultural de la sociedad in totum, A diferencia de los sectores especializados de las ciencias naturales y de muchos de los correspondientes a las ciencias de la cultura (piénsese en la sicología, la historia, las artes plásticas, la sociología, la filosofía misma), la literatura maneja la totalidad humana, claro está que a través de investigaciones restrictas y concretas, y se ve obligada a proposiciones generales como es propio del proceso civilizatorio y a presentarse con una falsa autonomía que deriva de su afán de suplantar a la cultura, a la cual sin embargo, sirve y elabora, pero como uno de sus resortes centrales. Tal funcionalidad subraya el valor propositivo de la obra literaria que,cuan­do es ampliada mediante el encadenamiento de diversas obras de un autor, de un grupo o de una escuela, permite descubrir los términos de un proyecto cultural perfectamente delimitado y su progresiva elaboración a través de diversas etapas históricas.

De acuerdo con esta primera fundamentación metodológica, lo que nos proponemos es mostrar cómo se cumple un determinado proyecto cultural planteado por la emergencia de una serie de obras literarias, y por el proceso que siguen ellas a través del tiempo. Este proyecto cultu­ral lo vemos en torno a una problemática que está bastante ajena a los problemas que la crítica reciente ha considerado. Aproximadamente hacia el año 1930, Antonio Gramsci planteó en Italia el problema de la insuficiencia, mejor dicho, de la inexistencia de una literatura nacional y popular en el país, y trato de explicarse por qué el país y el pueblo se alimentaban de un material que no pertenecía a la literatura nacional. Descubrió que, efectivamente, los intelectuales no habían sido capaces de desarrollar un proyecto cultural que abarcara realmente la interpretación de la nación. En uno de los textos decía Gramsci:

Es cierto que nada impide teóricamente que pueda existiruna literatura popular artística, pero no existe de hecho ni una popularidad de laliteratura artística ni una producción indígena de literatura popular, porque no hay identidad entre las concepciones del mundo de los escritores y del pueblo. Es decir, los sentimientos populares no son vividos como propios por los escritores, ni estos tienen una función educativa nacional; esto es, no se han planteado, no se plantean el problema de dar forma a los sentimientos populares después de haberlos vivido y asimilado.

Esta preocupación de Antonio Gramsci podría haberse extendido del campo italiano a todo el campo hispanoamericano, donde, efectivamente, no conocemos una proposición concreta ni el desarrollo de un proyecto cultural que intente lograr una literatura nacional y popular. La obra de GarcíaMárquez nos sirve para tratar de ver cómo se ha ido elaborando a lo largo de un periodo que abarca aproximadamente veinte años, una literatura cuyos tramos parecen muy discordantes y que, de facto, ha logrado en su culminación y en su coronación completar un proyecto inicial vagamente establecido y oscuramente delimitado.

Cuando en el año sesentaisiete la publicación de los Cienaños de soledad cierra un determinado período de la obra de García Márquez, también corona un proyecto que comienza a esbozarse y a plantearse a fines de la década del cuarenta: y ese proyecto, que en varios textos iniciales de García Márquez comienza a delinearse, es justamente el proyec­to de representar una literatura nacional y popular. Parecía que para muchos de los tratadistas que se ubican dentro de una línea de preocupación social, esto es muy fácil y se logra simplemente coordinando diversas líneas, temas conocidos, formas más o menos comprensibles. Sin em­bargo, todos los intentos que han seguido estas formas simplificadas no han hecho sino darnos una literatura inferior, escasamente artística y yo diría impopular, en el sentido verdadero del término popular, es decir, una literatura que engaña con un producto adocenado del cual se espera pueda ser recibido por una determinada capa de la población. En los hechos, el proceso que sigue la narrativa de García Márquez para ir delineando el proyecto, es un proceso que yo llamaría dialéctico; un proce­so en el cual no hay una primera composición de elementos que se van desarrollando en forma armónica y gradual, tal como querría en general una concepción crítica lineal, sino que es un proyecto en el cual se hacen planteamientos que son directamente rebatidos y destruidos posteriormente y reemplazados por nuevas formas. Un avance dialéctico del conocimiento, un avance dialéctico en el campo de la literatura corresponde efectivamente al enfrentamiento de materiales que se destruyen a sí mismos, y que, simultáneamente, generan la posibilidad de unas formas superiores de las cuales emerja la línea interna zigzagueante que va desarrollando la cultura.

Para comenzar a comprender esto, conviene que empecemos por situar tanto la proposición creativa de García Márquez, como en general su literatura, dentro del marco cultural al que pertenece y que es el que nos importa para poder desentrañar su significado. Y la primera pregunta a la cual debemos dar respuesta es la que surge de interrogarnos acerca del medio cultural específico en el cual se forma el escritor y del cual obtiene su material. Estamos diciendo que ningún escritor, absolutamente ninguno, inventa una obra, crea una construcción literaria en forma ajena al medio cultural en el cual él nace, que al contrario, todo lo que puede hacer es trabajar un régimen de réplica y de enfrentamiento con los materiales que van integrando su cosmovisión, y que, desde luego, implican una opción dentro de la pluralidad que le allega el medio en el cual se encuentra.

Normalmente hablamos nosotros de la existencia de una literatura hispanoamericana y de una cultura hispanoamericana, y esto no es otra cosa que una simplificación que trata de colocar las aspiraciones comunitarias de una cultura por encima de sus realidades objetivas. En los hechos, la unificación de una cultura, y en particular dc una literatura hispanoamericana, deriva por una parte del manejo de un fondo lingüístico, de un tronco lingüístico común; y, por otra, de una normación extranjera hecha por el régimen de imitación de modelos europeos que ha seguido la literatura hispanoamericana a lo largo de un extenso período de su desarrollo. Cuando hablamos de un período romántico hispanoamericano, o de un periodo realista hispanoamericano, no hacemos sino copiar el sistema de periodización y las diversas escuelas europeas, en la medida en que los escritores hispanoamericanos también las copiaron. Y es esta circunstancia la que da un cierto aire común, una cierta mancomunidad al esfuerzo hispanoamericano de creación de literatura. Pero en los hechos, no se reconoce uno de los rasgos que me parece más propio y más singular del continente, que no es su unidad sino su fragmentación.

No habría modo de comprender la realidad hispanoamericana si no comenzáramos por reconocer la existencia de áreas culturales independientes. Áreas culturales donde se elaboran formas específicas que tiñen los productos de determinada zona. Y por más que los escritores unifiquen merced a la imitación del modelo extranjero sus productos y las creaciones literarias del continente, los rasgos específicos de la zona en la cual ellos se forman y de la cual derivan sus materiales —materiales que pertenecen fatalmente al campo de la cultura— hacen que cada una de estas creaciones deba incluirse en otra historia que es una historia regional: la historia de un área cultural.

Fragmento tomado de Rama, Ángel. La narrativa de Gabriel García Márquez: Edificación de un arte nacional y popular. Bogotá: Cuadernos de Gaceta #1, Colcultura, 1991.

 


 

Luis Alberto Londoño

LOS VIAJEROS Y EL PAISAJE

El paisaje de Yumbo fue descrito por viajeros que estuvieron en la Nueva Granada y años más tarde en Colombia. Son los casos de las crónicas de Isaac Holton y de Felix Serret. Holton fue un ingeniero que llego a la Nueva Granada a estudiar la flora tropical; sin embargo, dada su condición de hombre universal que observaba con interés las costumbres y el paisaje de estas tierras describiendo objetivamente los aspectos de su viaje.

Permaneció varios meses en el valle del Cauca y estuvo en Yumbo, aproximadamente en los primeros meses de 1854.

Este viajero realizó un viaje de Cali a Vijes en compañía de un señor Triana con el propósito de visitar unas minas de cal, cobre y de oro. Este viaje comenzó en Cali, pasó por el Puente Ortiz, del cual se expresa con elogios por tan "magnifica construcción". Luego relató que entraron en un llano abierto en donde se descubrió un cobertizo hecho con techo de guadua.

Para eso cortan las guaduas en dos y a lo largo las ponen una al lado de la otra, con la parte cóncava hacia arriba, desde la parhilera hasta el alero, y luego sobre los bordes adyacentes de cada una colocan las otras mitades, con la parte cóncava hacia arriba, de tal manera que la lluvia no pueda escurrirse por entre lasguaduas (1).

Antes de llegar a la hacienda Arroyohondo, por el camino público que va a Vijes se encontró en un cenagal, que según él, sólo los había visto en el Quindío y en las orillas del río Cauca.

Después llegamos al cenagal más espantoso... una vez lo crucé de noche y nunca había sentido tanto miedo en todos mis viajes. Gustosamente me enfrento a precipicios, toros bravos, ladrones, serpientes, y no a uno solo de estos tremedales (2).

Los cenagales pudieron haber sido efecto de una ola invernal en los primeros meses del año, marzo, abril. Los cenagales seguramente estaban localizados entre las haciendas de Menga y Arroyohondo. A la última hacienda llegaron al anochecer:

Por la noche en la hacienda de Arroyohondo, donde me recibieron (siendo un extraño a quien había cogido la noche) con toda hospitalidad que siempre se encuentra en cualquier casa o choza en esta nación donde prácticamente desconoce las negativas, "la dulce tierra del sí" como alguien ha llamado (3).

Continuando con su viaje relata que a dos millas estaba la población de Yumbo y más hacia el norte, había una hacienda en las estribaciones de la cordillera en donde hay una calera que junto con la de Vijes, eran las dos únicas que existían en la región. También relata que en Yumbo se sorprendió al ver un pájaro parecido a una golondrina que llamaban tijereta porque en su cola tiene dos plumas en forma de tijera. De igual forma, hizo comentario sobre el garrapatero. Al llegar al punto donde se cruzan los caminos públicos que van para Buga (Paso de La Torre), la hacienda de Mulaló y para Vijes; Holton continuó por el camino que conduce a Vijes llegando a la hacienda de San Marcos, propiedad de la familia Vergara desde tiempos de la colonia.

No seguí por ninguno de ellos sino que me fui a la hacienda de San Marcos, que queda a un rincón de la cordillera, donde vive una familia muy agradable (4).

Estando en esta hacienda subió por el curso de la quebrada de San Marcos, cordillera arriba, aproximadamente tres millas, en donde apreció la firmeza de los terrenos y la posibilidad de construir un camino carreteable que mejorara la comunicación con la bahía de Buenaventura. En estos terrenos encontró cuarzo y oro.

Aquí hay abundantes venas de cuarzo y algunas auríferas vi también caídas de agua, las primeras que encontré en el valle del Cauca (5).

Es sorprendente la visión de este viajero y su conocimiento sobre diversos temas. Había escuchado que unos cilindros del trapiche de la hacienda Arroyohondo eran de cobre "tal vez sacado de la mina que hay en cercanías de Vijes, más exactamente en Mulaló”. Al cruzar la información que nos ofrece Holton con la información del inventario de bienes del hijo del Alférez Real Nicolás Caicedo Hinestrosa, Bartolomé Caicedo, dueño de la hacienda de Mulaló, realizado en el año 1770 encontramos similitud. Los bienes de la hacienda, entre los que se destaca el cobre, se relacionaron de la siguiente manera:

Dada como los demás referido para su cumplimiento en los vienes y efectos siguientes: Primeramente las tierras de Mulaló, mita del dicho de San Marcos con las casas de Alto y Vajo, Capilla de lo mismo su huerta, calera y mineral de cobre según avalúos en diez y seis mil patacones (6).

De lo anterior se infiere que en la época colonial hubo también explotación de cobre, oro y cuarzo en territorio que en la actualidad corresponde al Municipio de Yumbo, además de caliza; aunque el oro y el cobre no se dieron en gran escala como en otras regiones.

El segundo viajero fue Felix Serret, un francés que vino a Colombia en dos oportunidades: la primera vez fue en el año 1892 en una misión de trabajo, haciendo parte de equipos de ingenieros que se ocuparon de la construcción del ferrocarril en la costa Atlántica; la segunda vez, vino en plan de visita y turismo entrando por Buenaventura el 21 de abril de 1911. En su partida de la ciudad de Cali, en viaje realizado en el vapor Sucre, por el río Cauca, este viajero nos regaló una extraordinaria descripción del paisaje de las tierras que bordeaban el rio Cauca desde Puerto Mallarino hasta el Paso de La Torre.

El tiempo era soberbio: al este y al oeste, las Cordilleras Central y Occidental entre las cuales se extiende el hermoso Valle de Cauca, recortaban sus finas y caprichosas dentaduras sobre el azul provenzal del cielo, ofreciendo en este día para nuestra admiración, un espectáculo verdaderamente magnifico del cual no habíamos gozado antes ni una sola vez... Yo no había podido ver un solo día el cielo sin una nube aquí o allá que lo manchara y en los meses de mayo y junio que pasan por ser los más bellos del año y durante los cuales había estado allí, lo que ciertamente no impide que me anticipe a decir que el clima de Cali, es uno de los más agradables de Colombia (7).

En su descripción Serret nos muestra la admiración que sentía por elpaisaje y el clima del valle geográfico de río Cauca, calificándolo de espectacular, y continúa su descripción agregando aspectos que incluían el relieve, la vegetación, la fauna y las gentes en su recorrido por el río Cauca, más exactamente en territorio yumbeño

Si las cordilleras ofrecían a lo lejos un espectáculo admirable, los paisajes que desfilaban ante nuestros ojos a cada lado de la rivera, no carecían de encanto pintoresco ni de grandeza. Aquí inmensas praderas naturales en donde pastaban en completa libertad manadas de bovinos; allí pantanos donde innumerables garzas mezclaban sus brillantes colores con los de las flores acuáticas, mientras alternaban los bosques todavía vírgenes, sin cambios bruscos, con plantaciones de caña de azúcar o de plátano, en medio de las cuales aparecían de repente rusticas viviendas, animales en sus alrededores por grupos de chicuelos, completamente desnudos, que jugaban todo el santo día con los perros, patos o cochinillos (8).

Esta es sin duda alguna, una descripción romántica de un ciudadano francés, que contrastaba la realidad europea con la realidad de un país como Colombia, al cual estaba llegando el impulso avasallador del "progreso" capitalista. En el siguiente fragmento se nota la influencia de Rousseau en su pensamiento, en lo que se refiere a la concepción del hombre natural:

Al ver este montón de chicuelos criándose solos, sin causar la menor molestia a nadie, mi pensamiento se trasladaba hacia nuestras familias obreras que pasan hoy día tantos trabajos para alimentar y criar a los suyos, y de una consideración a la otra, llegué a preguntarme si el progreso material, en el que somos tan fieros, es verdaderamente tan deseable como se pretende generalmente. He aquí porque me pregunto, al ver a estos negritos en las orillas del Cauca jugando desprevenidamente con los perros y con los pequeños cerdos, si no sería mejor para ellos y para los otros que no llegaran a conocer jamás nuestras modas carnavalescas, nuestra cocina complicada, nuestros licores adulterados, nuestros carros homicidas y toda aquella inútil hojalatería de nuestro lujo moderno, en una palabra, que no tuvieran otras necesidades a las que exige la naturaleza (9).

En el relato de Serret es frecuente la alusión a los pantanos que estaban a las orillas del río Cauca. Estos son las ciénagas y madreviejas que se formaban en la orilla izquierda del rio Cauca y que eran abundantes en Yumbo hasta aproximadamente mediados del siglo XX, cuando se construyeron jarillones en las orillas del río Cauca y con la posterior construcción de la represa de la Salvajina que regula el caudal del rio. Estas ciénagas y madreviejas fueron muy ricas en fauna: peces, garzas, patos y muchas otras especies animales propias de este tipo de ecosistemas.

Hacia las nueve y media, toda nuestra atención fue atraída de golpe por el vuelo de unas dos mil o tres mil garzas blancas que, al sentir la cercanía del vapor, levantaron el vuelo de entre el pantano que se extendía hasta perderse la vista a nuestra derecha (10).

De esta forma abordamos algunos aspectos de la geografía de Yumbo, haciendo uso de narraciones de los viajeros y de otros datos que se han obtenido de documentos históricos e información actual sobre el territorio que hoy comprende el Municipio de Yumbo. Aclarando que el paisaje geográfico y cultural del hasta aquí descrito se fue modificando en el transcurso del siglo XX debido a factores de la modernidad como los nuevos medios de transporte: navegación a vapor, ferrocarril del Pacifico, transporte automotriz y el asentamiento de industrias con fuerte inversión extranjera en el territorio del Municipio de Yumbo.

Por otra parte, la casona restaurada de lo que fue la gran Hacienda de Arroyohondo, está localizada en el municipio de Yumbo; adelante del crucero de la vía a Dapa, antigua carretera que de Cali conduce al casco urbano de Yumbo, en inmediaciones del río Arroyohondo. Este bien inmueble del patrimonio cultural pertenece a la Fundación Hispanoamericana Santiago de Cali y está al servicio del Colegio Hispanoamericano. Actualmente se construye un poco más al norte del río la nueva sede del Liceo Francés Paul Valery en cercanías del precioso paraje de las Mañanitas.

Fragmento tomado de Londoño, Luis Alberto. La hacienda de Arroyohondo. Patrimonio histórico y cultural de Yumbo y del Valle del Cauca. Cali: Litocolor Impresores, 2014.

 

REFERENCIAS

1 Holton, Isaac. La Nueva Granada: Veintitrés Meses en los Andes. Bogotá: Publicación del Banco de la Republica. Archivo Nacional de Economía Nacional, 1981, p. 551.

2 Ibíd., p. 551

3 Ibíd., p. 552

4 Ibíd., p. 552

5 Ibíd., p. 553

6 A.H.C. A.H.J.C. Inventario de Bienes de don Bartolomé de Caicedo. Orden o Caja 14, Legajo Documento 4. F.F.5,6,7

7 Serret, Felix. Viaje a Colombia 1911-1912. Bogotá: Biblioteca V Centenario Colcultura. Banco de la Republica, 1994, p. 75-76.

8 Ibíd., p. 76

9 Ibíd., p. 76

10 Ibíd., p. 80

 


 

Miyer Fernando Pineda

DE LAS OSCURAS GRAFÍAS

Entre murciélagos y conejos blancos...

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