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Diego Gil Parra

ANOTACIONES SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA

 

Uno podría expresar la sorpresa de que los interrogantes por la existencia y por el sentido (al menos de modo explícito) se hayan demorado tanto en pasar al primer plano de la inquietud filosófica; de hecho milenios. ¿Por qué no empezó por allí la filosofía? ¿Por qué no fueron las preguntas por la existencia, el sentido y la finitud las primeras preguntas de la filosofía?

Nos referimos a interrogantes del tipo: ¿Qué es la vida, la existencia? ¿Cuál sería el sentido de esta, en caso de que admitamos que tiene alguno? ¿Cuál es la actitud ideal frente a la propia vida, y frente a la ajena? ¿Qué es la muerte? ¿Qué habría qué hacer, o de qué deberíamos abstenernos, para acceder a experiencias como la felicidad?

No son preguntas necias, no son preguntas entre las preguntas. Son decisivas, incluso urgentes. Los pensadores y artistas existencialistas se las formularon una y otra vez, en medio de la particular zozobra de las primeras décadas del siglo XX en Europa. Con acentos distintos, desde angustias específicas, con grados de elocuencia y de profundidad diferentes.

En el ámbito moderno de la filosofía occidental de las últimas cuatro décadas parece, sin embargo, que esas  preguntas no son ya relevantes, o que ya se les dio una solución satisfactoria. Creemos que ni una cosa ni la otra.

Tal vez el existencialismo como cuerpo doctrinal de pensamiento ya dio lo que podía dar, y tal vez tanto sus presupuestos como sus métodos han sido “superados” ya por el Espíritu. Pero sin lugar a la menor duda vale la pena seguir leyendo a Jaspers, a Camus, a Marcel, a Sastre:... Leerlos para contextualizarlos, para actualizar la angustia de su meditar. Independientemente del provecho concreto que pueda extraerse de esas lecturas, lo que hay que reconocer es que sus inquietudes esenciales son no solo válidas sino vigentes, permanentemente vigentes. El gran problema será siempre cómo responderlas.

Vamos a retomar las preguntas que enunciábamos antes y a intentar algunas posibles respuestas. Muy breves y muy personales.

Primera pregunta: ¿Qué es la vida?

La vida, en el más inmediato sentido de la palabra, es el efecto de un azar, de una combinación aleatoria de sustancias elementales a las que los científicos han dado nombres específicos, y cuyas propiedades físico-químicas han sido paulatinamente identificadas. Sustancias como hidrógeno, helio, oxígeno, nitrógeno, fósforo, calcio, hierro,  carbono…

La vida es materia, materia organizada de determinada manera, y por efecto de combinaciones que se producen por azar y en “obediencia” a ciertas “leyes” más o menos susceptibles de ser descritas. La vida es materia, pero, adicionalmente, materia animada; tanto la del más minúsculo protozoario como la de la planta, la del animal, la del hombre. La diferencia entre estas diversas manifestaciones de la vida dependerá de las diferencias en el número de elementos básicos y en el modo de organizarse.

Materia y energía. Eso es la vida en su especificidad más primaria. Ni nacemos ni morimos; nos transformamos eternamente (parafraseando la célebre definición de Einstein).

La vida es un acontecimiento aleatorio, un efecto del azar, y además es único e irrepetible.

Puede que eso sea asumido por unos como un milagro (un milagro afortunado) o que sea considerado por otros como una fatalidad. El hecho cierto es que existen más o menos las mismas probabilidad estadísticas de que un organismo sea y de que no sea.

Segunda pregunta: ¿Cuál sería es el sentido de la vida? ¿Tiene algún sentido?

El argumento de que la vida no tiene sentido puede servir por igual al suicida y al cínico. Pero lo esencial, creemos, es entender esto: que la vida tenga sentido o no es algo irrelevante; lo importante es que provea satisfacción, placer, gusto, alegría, realización.

La pregunta por el sentido tal vez sea una pregunta eternamente irresoluble. O contestable de mil maneras distintas, de acuerdo a la religión que se profese o a la ideología que se comparta, o al lugar y a la época a los que se pertenezca.

No es tan decisivo responder por “el sentido” de la vida. Lo urgente, para cada cual, es acceder a un estilo de vida que por sí mismo sea gratificante.

Es difícil concebir un sentido general para la vida; solo hay sentidos particulares, coyunturales: los de cada existencia concreta. Y esos sentidos son construcciones imaginarias, relatos subjetivos, mentiras provisionales. Que han de servir, con mayor o menor fortuna, de motor para cada vida. El sentido no existe; los sentidos se construyen, se fabulan.

Querer quitarse la vida con el argumento de que no tiene sentido, no tiene sentido. Lo que aduce el suicida es más bien otra cosa: que su sentido de la vida no le resulta gratificante, no le es placentero.

Por lo demás, es una gran cosa que la vida carezca de sentido, al menos de un sentido dado y universal. De tenerlo, careceríamos de la menor opción de libertad. Gracias a Dios no hay un sentido trascendente, porque entonces estamos en el derecho de fundar un sentido propio, el de cada vida particular.

Tercera pregunta: ¿Cuál sería la actitud ideal frente a la vida propia y frente a la ajena?

Creemos que, fundamentalmente, el respeto. Unido al ansia de superación, fundado en la sana y fructífera emulación.

Lo único que poseemos con certeza es la vida. Es, por tanto, lo que más hay que enaltecer. La actitud ética fundamental en relación con la vida ha de ser, pues, respetarla, y querer perfeccionarla y embellecerla. Al menos en nuestra respetable, perfeccionable y embellecible opinión. Y eso puede hacerse de infinitas formas, en diversos grados de intensidad y desde cualquier condición existencial: de edad, sexo, nacionalidad o color de piel.

Cuarta pregunta: ¿Qué es, o qué podría ser, la muerte?

Lo más difícil de aceptar, sin duda. Y en especial para quienes mantenemos un gran apego a la vida.

Todo parece indicar, sin embargo, que la muerte no existe. No en la medida en que la totalidad de los elementos primarios de que estamos constituidos habrá de perpetuarse después de que la organización específica que actualmente somos de desintegre. De hecho cada átomo de los que en el momento presente sirven de sustrato a nuestro cuerpo seguirá existiendo cuando nos hayamos desintegrado, y comenzarán a hacer parte de otras organizaciones aleatorias.

Lo que algunas religiones llaman Vida Eterna parece ser una metáfora de lo que real y verdaderamente ocurre cuando dejamos de existir, cuando “morimos”. No se muere propiamente; ocurre la desintegración de aquello que alguna vez se formó en la concepción intrauterina. Lo que se da es un tránsito a otras formas de organización: orgánicas e inorgánicas. Todo nos viene de la Naturaleza, y todo retorna a ella.

Quinta pregunta: ¿Qué habría qué hacer para acceder a experiencias como la felicidad?

Para ser felices no puede haber fórmulas. O las que les sirven a unos pueden resultar inútiles para otros.

A algunos pareciera que la felicidad les cayera del cielo; les llega desde la cuna y no los abandona hasta la tumba. Otros, en cambio, deben luchar mucho para alcanzarla.

Quizá existan más razones para la infelicidad, la desgracia y la tristeza que para la felicidad, la bienaventuranza y la alegría. Acceder a esto último supone, por consiguiente, cierto grado de fortuna y cierto nivel de valentía.

Puede que en su realidad más inmediata la vida sea un azar; lo cierto es que deberíamos asumirla como un don, como un regalo. Algo digno de ser vivido y de seguir reproduciendo. Algo digno de que los niños disfruten. Algo que hay que bendecir y preservar. Algo que hay que defender.

Una vez asumida la vida como un don precioso, como un regalo imponderable, todo lo demás es subsidiario, es puro estilo personal: alegría de hacer las cosas, alegría de respirar, alegría de soñar o de pensar, alegría de reír, alegría de amar, alegría de ser.

 

Tres ensayos de “Elogio de la felicidad”. California: Windmills Editions, 2014.

 

                                                                                                 

                                                                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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