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Vargas Llosa

 

Y fue a bordo de un colectivo, entre la Plaza San Martin y mi casa, en la calle Alcanfores, en Miraflores, cuando surgió su título: De la barbarie a la imaginación. Ese fue el texto que meses después leyó Oviedo y que, con permanentes revisiones, hice pasar a limpio por una secretaria en Bogotá, en diciembre, y con el cual viajé a Barcelona la primera semana de enero de 1973.

Oviedo me pidió entrara en contacto con Vargas Llosa apenas llegara a la Ciudad Condal y, para obviar dilaciones, escribió una generosa carta de presentación, en la que de paso emitía algunos juicios sobre mi libro. También me ayudó en este sentido Martha Lynch, quien viajaba permanentemente a Lima, desde Buenos Aires, y que desde el comienzo de nuestra amistad se convirtió en promotora de mi otro manuscrito, la novela que ya en aquella época se llamaba Juego de damas. Martha, llevada por el entusiasmo que la obra del novelista peruano le inspiraba, se autoproclamaba públicamente "sacerdotisa de Vargas Llosa”. Cabe decir aquí que durante los siete largos meses que viví en Lima, por todas partes me salía al paso el prestigio y aura de Vargas Llosa. Oviedo no solo era su crítico oficial —y además el mejor dotado a la hora de interpretar su mundo narrativo, como lo demuestra su precursor y por muchas razones definitivo libro Mario Vargas Llosa: la invención de una realidad— sino uno de sus más pulcros amigos. Conocí también a Abelardo Oquendo, a quien Vargas Llosa dedica Conversación en La Catedral, honor compartido por el anglófilo Luis Loaysa. Martha Lynch no cesaba de contar anécdotas sobre encuentros literarios y simposios afines, en los que siempre salía revitalizada la imagen de Mario, como todo mundo lo llamaba con evidente admiración y aprecio. Además, el año 1972 estaba lleno de noticias suyas, muchas de ellas relacionadas con la reciente publicación del ensayo García Márquez. Historia de un deicidio. Recuerdo, sin temer caer en la infidencia, que ante mi enorme interés por esa obra el poeta Mirko Lauer intentó liquidar de un solo golpe mi devoción al afirmar que ese no era un libro "para mantener en la biblioteca”. A veintitantos años de distancia pienso que, pese a las toneladas de literatura escrita sobre la narrativa de García Márquez, nada es tan importante a la hora de la comprensión del orbe macondiano como el ensayo de Vargas Llosa. Años después, en Barcelona, el cineasta Ricardo Muñoz Suay me mostró el ejemplar que leyó García Márquez, con anotaciones de su puño y letra y que por razones que no comprendo le regaló a su amigo. Muñoz Suay, también editor, había sido entre otras cosas tenaz militante comunista hasta que, junto con Jorge Semprún y Fernando Claudín, abandono el Partido.

Otra de las noticias que por esos meses centraba la atención sobre Vargas Llosa era un viaje que el escritor haría al Perú "en cualquier momento", pues su novela Pantaleón y las visitadoras entraba en la etapa final de redacción y se hacía imperativo confrontar ciertos datos y reunir otros nuevos. Por esos días asistí a la proyección de un documental sobre el Monasterio de Santa Catalina, con textos y voz de Vargas Llosa, y que constituye una hermosa —e inquietante— reflexión sobre Arequipa —la ciudad natal del escritor— y sus misterios. También Tusquets Editor de Barcelona acababa de publicar Historia secreta de una novela, entrañable testimonio sobre las condiciones en que escribió La casa verde. Un grupo de amigos me comprometió por ese entonces en un vicio impune superior a la lectura: un temprano festichismo literario. Se trataba de buscar en la topografía limeña calles y bares, lugares que aparecieran en la obra de Vargas Llosa, en especial la rotundamente urbana, y por ello trotábamos por Lima la horrible con textos como La ciudad y los perrosConversación en La Catedral y Los cachorros como brújulas. Yo vivía en Miraflores y eso facilitaba buena parte del recorrido, sobre todo el sector donde vivía Alberto, el héroe de la primera novela, e incluso buscábamos el bar "El patio", donde acampaban los ex-luchadores que habrían de inspirar el comienzo de Conversación en La Catedral. De más está decir que hasta la calle Petit Thouars adquirió importancia mitológica en nuestros recorridos bajo el grisáceo cielo limeño.

Con Los cachorros me han ocurrido cosas divertidas y extrañas. La primera vez que en Lima fui invitado a una casa de alto coturno surgió el tema de mi admiración por Vargas Llosa, sentimiento que embargó de sano nacionalismo a las damas allí congregadas, en especial a Celia, mi novia miraflorina, que ese día me presentó a su madre y a sus amigas. Pero la suerte no estaba de mi parte. Al preguntárseme cuál de las novelas de Vargas Llosa era mi preferida las mencioné y alabé todas, sin olvidar al final esa obra maestra que es Los cachorros. Y como no parecieron entender este último título, subraye el subtítulo: "Me encanta Pichula Cuellar", dije. Toses, risas nerviosas, miradas ariscas y un rubor colectivo me hicieron pensar que algo indecoroso se había filtrado en mi declaración de afecto. Días después, cuando les narré la anécdota a mis amigos no cabían en sí de perverso gozo: había mencionado la soga en casa del ahorcado. "Pichula" es una palabra impronunciable ante una dama, menos ante ese cálido gineceo convocado por mi novia y mi suegra para presentarme en sociedad. "Pichula" es el sinónimo más vulgar de pene. Por comprensibles escrúpulos mi suegra no permitió que Celia estuviera a solas conmigo ni un solo instante, por lo que mi amor pasó a la clandestinidad. Y a diferencia de lo que ocurría con su madre mi novia fue a partir de entonces extraordinariamente amable conmigo. Y también en relación con Los cachorros, algo extraño me sucedió en Ciudad de México. Yo me alojaba en casa de los escritores José María Espinasa y Ana María Jaramillo en la Colonia Hipódromo, Condesa, calle Amsterdam. Una noche emitieron por televisión la adaptación que un cineasta mexicano había hecho de Los cachorros y cuál no sería mi sorpresa al ver que el héroe a punto de ser castrado por un doberman para que su apodo tuviera sentido, había declarado vivir en Colonia Hipódromo, Condesa, calle Amsterdam número tal, precisamente la casa donde yo estaba hospedado. Obviamente procedí a tocar madera y ante la imposibilidad de cambiar de casa, cambie de canal.

Aunque llegué a Barcelona a finales de enero de 1973, dejé pasar casi tres meses antes de hacer acto de presencia ante Vargas Llosa. Era portador de cartas credenciales, pero la timidez dilataba cruelmente el encuentro. Por fin me atreví a llamarlo por teléfono y la gentileza del escritor fue el mejor reconstituyente que experimenté al punto de recobrar el ánimo. "Desde hace varios meses José Miguel Oviedo me anuncio tu visita", me dijo, aunque no dejó de sorprenderme su inmediato tuteo. "Además, me habló de un manuscrito tuyo que me gustaría leer". No lo podía creer. Días después cumplí la cita que acordamos en el café "Sandor", sobre la plaza Calvo Sotelo. Era una tarde desapacible y lluviosa de abril pero los contertulios no parecían hacer mucho caso del trio. La jovialidad de Vargas Llosa quebró todos los hielos y al cabo de cinco minutos hablábamos con toda fluidez sobre amigos comunes, planes literarios y hasta de la censura previa, entonces en pleno auge durante la presidencia del Almirante Carrero Blanco. En cierto momento Vargas Llosa me preguntó de qué iba a vivir en Barcelona. Y mi respuesta no pudo ser más presuntuosa y falsa. Le dije que mi sueño era dar clases en la Universidad, algo por otra parte imposible dado el sistema académico español. Me miró fijamente y me dijo que evitara al máximo la convivencia entre catedra y literatura. Y sentenció: "Las mejores inteligencias de mi generación las devoró la Universidad. La escritura es un oficio solitario”. Y al ver el desamparo instalado en mi cara, agrego: "¿Por qué no trabajas como lector de una editorial? Sólo en Barcelona hay como trescientas”. Me explicó el mecanismo y el sosiego volvió a mis filas.

Y mientras yo agotaba una Coca-Cola Vargas Llosa no hacía sino hojear el manuscrito de De la barbarie a la imaginación entre sorbo y sorbo de leche. Como sucede con Donoso, Cela y otros escritores, parece que los momentos álgidos de la escritura vulneran de forma implacable el ánimo y la salud del narrador peruano, y tal cosa ocurrió —úlcera incluida durante la redacción final de Pantaleón y las visitadoras. En cierto momento se detuvo en una página y me dijo: "Esta cita de Oviedo está mutilada”. Era una frase de El laberinto de la soledad, que a continuación citó completa de memoria. Herido en mi amor propio no supe que había sucedido, hasta que recordé algo que justificó el comentario de Vargas Llosa. Apremiado por los preparativos de mi viaje, le había dado el manuscrito limeño a una secretaria del Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Bogotá, para que lo pasara a limpio. Ante mis urgentes reclamos, la imaginativa joven decidió resumir o saltarse párrafos enteros de mi texto. Consciente de lo peor, revisé el manuscrito y descubrí que, en efecto, ella me había ahorrado cerca de cincuenta páginas. Pero aun así Vargas Llosa se lo llevó y mientras él lo leía yo revisaba y actualizaba el texto definitivo. Tres o cuatro semanas después me llamó y me dio el dictamen tan temido: le gustaba el libro y, con la reincorporación de lo que la mecanógrafa había sustraído, saldría un ensayo decoroso.

De las diversas consideraciones que expuso, recuerdo una que resulto capital a la hora de comprender el discurso de Domingo Faustino Sarmiento en torno a la disyuntiva "civilización o Barbarie" y que incluso consigné en una nota a pie de página del libro, a saber: que el ataque expreso de Sarmiento contra la "barbarie" encierra una coartada que no es otra que su propia nostalgia; que más que a la declaración explicita, literal de Facundo, hay que considerar con atención esa vasta relación de sentimientos encontrados, añoranzas y recuerdos, evidentes en la forma como Sarmiento se remite al gaucho, al payador, a la pampa y sus ritos, a todo ese mundo, en fin, que es suyo y al cual quiere y que, sin embargo, el condena a desaparecer en aras de su Utopía "civilizadora". Dicho lo cual me invitó a otra Coca-Cola y, al hablar del futuro del manuscrito, me sugirió editor y me tramitó una cita con Pere Gimferrer, de Seix-Barral. Sin embargo, durante el lapso que duró la espera de su opinión, Oscar Collazos me había presentado a Jordi Estrada, quien dirigía una colección en Planeta. Estrada no sólo se interesó por el manuscrito sino que me incorporó -junto con Collazos, Luisa Valenzuela, Vicente Battista y otros escritores- a su equipo de lectores. En esa colección, que desapareció pronto, se había publicado la novela No una sino muchas muertes, del peruano Enrique Congrains Martin, con un excelente prólogo de Vargas Llosa.

 

De “El verbo que enaltece la pasión y la afrenta”, Como el halcón peregrino: La augusta sílaba, Santafé de Bogotá, Aguilar, 1995.

 


 

Efer Arocha

LA PRECARIEDAD PARA ASCENDER A LO HUMANO

 

Una pregunta que no preocupa a nadie prácticamente, es por qué el ser humano entre las especies del planeta, encuentra un deleite destruyéndose a sí mismo; destrucción sin límites, puesto que hace uso de todos los recursos que su imaginación descubre. Cuando se encontraba en la placenta de la historia se eliminaba con mazos de madera y cuchillos de piedra, luego cuando confeccionó la espada, la autodestrucción adquirió una nueva dimensión con lo horrendo; esto lo podemos encontrar en las guerras de la Antigüedad y de la Edad Media, y ahora en la conquista de las estrellas hemos realizado dos hecatombes mundiales con bomba atómica a bordo, cuyas consecuencias son delirantes. La idea que la historia de esta especie poseedora de esa pasión antropófaga, sea la historia de las guerras, resulta ser una conclusión justa. Entrando en el ahora, el único caso para destacar y aplaudir, porque el instinto del homo-miles no hizo erupción, fue en el derrumbamiento de la Unión Soviética, y por tanto no hubo víctimas. Desde el ángulo del monopolio de la violencia, se concluía que ahora sí la especie viviría en paz y que la violencia sería un dolor que pertenecía al pasado; pero eso no ocurrió, escasamente fue una vana ilusión; vendrían Irak, Libia y en el momento Siria, cuyos pueblos son escombros y cementerios. Paralelo a esto brota el trino de guerra en Estados Unidos y Europa con Ucrania, y en ciudades de la parte occidental.

Los dolorosos acontecimientos de París, son un material que permite análisis en múltiples campos. Hay unos que resultan prioritarios en razón de que son importantes para el esclarecimiento de los hechos. Es el caso de los juicios ideologizados que impiden comprender varios aspectos, y uno de ellos es que el pueblo francés, es igual a los demás pueblos del mundo; trabajan, descansan, ríen; es decir, llevan la vida de cualquier ser común, y en virtud de esto, no deciden nada en el hacer de sus gobiernos, incluidos sus pactos secretos, ni tampoco son responsables de las conductas de generaciones anteriores como memoria de lo justo e injusto. Al igual que otros pueblos, han sido y siguen siendo la fuente nutricia del material humano, que los estados necesitan para ejercer la violencia interna o externa, en cuya acción el rol de los pueblos ha sido siempre el mismo en todos los lugares y en todos los tiempos: el de aportar los muertos.

En el Batacalan murieron jóvenes parisinos que les placía la música rock. En las aceras, restaurantes y en los bares perecieron habitantes que descansaban saboreando el deleite de una comida o un jarro de cerveza; derecho simple y elemental de los pueblos que son libres. El sabor de la buena mesa y varios vasos de vino o copas de champaña, acicate y atisbos eróticos, preludio en esta ciudad de un encuentro con el amor, sin ataduras y pagano, pleno y total, en uso de la absoluta libertad de los cuerpos con guiño de la filosofía del tocador del Marqués de Sade; asunto que produce escozor a los místicos, fanáticos, alienados y moralistas de todas las tendencias. He aquí el por qué del oscurantismo de convertir a los ciudadanos en un amplio polígono para sembrar el pánico y un temor permanente a través de una venganza invocando la intervención de Francia en lo que consideran sus dominios. Sin embargo, sus objetivos estratégicos son bien distintos. Al crear un ambiente de psicosis colectiva erigiendo el castillo del miedo, se logra alterar el funcionamiento normal de la sociedad y por ende, la democracia y el estado, acompañado de pérdidas colosales como las que están ocurriendo; tenemos entonces un efecto político y militar de graves consecuencias.

Nos encontramos frente a una fenomenología completamente inédita, muy seria, delicada y cargada de incógnitas; no solamente para Francia sino para muchos países. Se leen, se oyen y se ven en los medios internacionales y nacionales, críticas y juicios simplistas y hasta torpes, por desconocimiento o por intención. En lo que concierne a Francia la situación tiene dos caras: en lo interno, la violencia es un efecto y no la causa, asunto fundamental. La causa está en el exterior. La realidad interna se rige por la concepción de una República Laica, que es la garantía real del libre ejercicio de cultos. En la nación hay 2.600 Mezquitas, y miles de lugares donde los que profesan la fe de Alá, pueden hacer su oración sin que nadie los moleste. La inmensa mayoría de estos creyentes están integrados a la república, siendo una fuerza pujante del progreso de la nación. Algunos de ellos son verdaderos patriotas franceses, tal como el que se manifestó en directo en una reunión en la televisión: “Es un horror lo que han hecho y nos corresponde a nosotros acabar con esos hijos de putas” Entonces, el peligro viene de afuera; así sus ejecutores sean franceses, pero esto es otro problema. La debilidad tampoco es de seguridad, puesto que todos los servicios de prevención empezando por los policivos son anulados por la táctica de esta guerrilla de nuevo tipo, no quiere decir ni significa que los mecanismos de seguridad no tengan que ser reforzados y actualizados. En la crítica de armas asimétrica, la ventaja del irregular está en la sorpresa y en la elección del blanco, que es militar u organismos decisivos del estado, cumpliendo a su vez en el combate normas de la guerra donde la vida de todo civil es profundamente respetada. El combatiente de nuevo tipo; o sea, agente militar en el extranjero del Estado Islámico, no tiene blanco, su objetivo a destruir es toda la República, así sea un centímetro de ella o uno de sus habitantes. No conoce límites y mucho menos códigos, es un auténtico epirobón, porque todo lo humano le es ajeno. Cómo explicar hoy, que a un joven sirio de 15 años, que se negó a incorporarse a sus filas, lo hayan mutilado monstruosamente cortándole a carne y hueso vivo, su mano derecha y su pie izquierdo, las doscientas cuarenta niñas raptadas en un colegio de Nigeria, los niños asesinados en una escuela de Pakistán, o el caso del piloto jordano asado al “roti” en una jaula en medio de llamas, resultado de bañarlo con galones de gasolina. Sus consignas militares son verdaderas armas de guerra espetadas al rostro de su enemigo “ustedes perderán por el pánico que le tienen a la muerte, mientras que nosotros la buscamos y nos place”.

La anterior consigna es una verdadera joya Teística, médula de la metafísica, porque es la razón de la estructura del pensamiento religioso, cualquiera que sea la tendencia. Lo tanático a lo cual venimos  haciendo referencia, es la acción de lo empírico, manifestado en lo concreto; en el ahí concluyente, fin del proceso del ciclo de vida, y en consecuencia finito. Quien busca para su realización, mediante esta acción finita la trascendencia, está convencido de que hay un cambio cualitativo, que le permite alcanzar la infinitud, condición de lo eterno; lo que en el lenguaje común se conoce como el más allá, donde tiene realización el placer inagotable. Es de fácil conclusión que en este tipo de individuos, la inmolación, es la máxima realización de su vida. Ahora, vista desde ángulo puramente militar, es una cualidad excepcional que coloca a su adversario en situación de desventaja. Más aún, quienes dirigen a estos combatientes los fanatizan a ese grado, para lograr un elemento de gran valor en lo táctico en el combate urbano, al sellar de manera definitiva una fuente de información. Hay un aspecto que no se puede dejar por fuera de este breve razonamiento y es la agresividad que exige a quienes practican este tipo de crítica de armas. La agresividad no es producto solamente de la convicción, sino que necesita de otro elemento que es el temple, el cual no lo produce la preparación técnica ni el simulacro propio de la simulación de la enseñanza clásica militar; él se forja en el combate real, tal como lo hace el E.I. Se colige sin mucha dificultad que este tipo de joven en armas ha eliminado a cierto número de personas en diferentes realidades, como resultado de la acción directa en los fragores del frente de guerra. Su adversario le opone la sofisticación de los elementos técnicos y la cantidad. Como vemos los dos campos poseen calidad distinta; no obstante, para el bien de Francia y los servicios de seguridad, los agresores han resultado por ahora, casi nulos en la sobrevivencia y en el conocimiento y manejo de las técnicas del combate urbano, como queda demostrado en los acontecimientos de Saint-Denis y en las armas y cinturones explosivos abandonados en cestos de basura y vehículos, producto de la precipitación que produce el miedo o la impreparación para resolver lo imprevisto.

Una interrogante que se formula todo el mundo, y que exige la aproximación a una respuesta lo más objetiva, es de dónde pudo salir el primor que nos ocupa y la dulzura de tan inocente criatura. Ella fue engendrada ni más ni menos en el útero de occidente. Vino al mundo por fórceps y cesárea. La razón de su nacimiento fue la lucha contra el demonio que se había tomado Afganistán, es una criatura producto de la necesidad de la guerra fría que es su madre, y en cuanto a paternidad no hay duda ni presunción de infidelidad, porque su progenitor no es cualquiera en asuntos de poder y respetabilidad; se trata del Tío Sam.

La estrategia estadounidense que lo llevó a la victoria, es que, como aprendiz de brujo fundió tres elementos distintos e intocables en el manejo del poder político; al menos que se quieran correr riesgos en el plano estratégico: nacionalismo, poder militar y religión; monstruoso cóctel explosivo que causó la derrota del entonces imperio soviético. La victoria dará muchos dividendos, y también tragedia, igualmente herencias. La más significativa entre ellas fue la del señor Osama bin Laden y su organización Al Qaeda. El Tío Sam avaro de dinero se craneó otra aventura, a través de su embajadora; indujo al presidente Sadam Hussein a anexarse Kuwait, antiguo territorio iraquí. Sadam hombre toreado en muchas plazas, esta vez cayó en la trampa, excusa para su derrocamiento y destrucción de la nación; y de paso, la oportunidad le brindó la forma de aligerarle la bolsa a Arabia Saudita, por el escalofrío de ser invadida, es posible, que haya sido su mejor negocio.

En Afganistán el Tío cometió un error, crear Al Qaeda, absurdo estratégico, quien luego lo castigaría severamente con su 11 de septiembre. En Irak vuelve a equivocarse; colgando a Sadam, eliminando a sus más altos dirigentes y encarcelando a sus partidarios de significación, empezando por los generales. El E.I. en el plano militar ha acertado en constituir una fuerza de primera línea, obviamente con la ayuda de ciertos estados que le han aportado armas de alta sofisticación y la aquiescencia de presuntos enemigos que le han permitido movilizar un hilo interminable de camiones que se encargan de transportar petróleo el que vende de contrabando, bajo la vista gorda de estados limítrofes. Junto a esto hay que sumar uno de sus éxitos incorporativos el de haber rescatado de las cárceles a los cuadros militares de Sadam, los que gustosos realizan su trabajo porque tienen muchas cuentas por cobrar. Estos incorporados no son cualquier combatiente, son hombres de conocimientos y curtidos en el manejo de armas. Por ello el E.I. es una fuerza militar exitosa, tanto interna como externamente.  Retomando el hilo luego vendrán los hechos en Libia y Siria, tarea en la cual justo es decir, el Tío Sam no está solo, lo acompañan Inglaterra y Francia.

Aquí surge otra inquietud: cualquier persona con una cultura mediana sabe que la guerra es un negocio de alta rentabilidad en término de dividendos inmediatos; sin embargo, en el plano estratégico, teniendo en cuenta el interés de los pueblos, los estados y la humanidad, no sólo es un negocio perdedor, sino un absurdo. Esto último lo conoce cualquier político de regular inteligencia en cualquier parte del mundo. Las guerras de lo que llamamos modernidad, son hijas de intereses privados insaciables de riquezas, asunto que se pasa por alto en análisis y críticas, debido a que fácilmente se confunde con el estado y también con organismos internacionales que terminan a su servicio. Este es el quid de la fenomenología de la violencia; sea externa o interna, y quien desee conocerlos sólo le basta con averiguar sobre los lobbies que ellos tienen junto a los gobiernos de las potencias que deciden qué es lo que se hace en el planeta.

Otra de las causas de la amarga realidad en que vivimos en esta Europa de grandes desaciertos y aciertos que ha hecho llorar y soñar a la humanidad, es su incapacidad de decisión para enfrentar correctamente el presente. Las migraciones de la región de manera sistemática y que últimamente se han acentuado, requieren determinadas medidas que se originan en la deuda pendiente con África, obligación que se extiende también a otros, como es la reconstrucción de Irak, Libia y Siria; es una necesidad estratégica que esta parte del planeta se desarrolle de acuerdo a las exigencias actuales. Varias personas han comprendido a cabalidad esto, pero sólo el expresidente Jacques Chirac dio un paso en la dirección correcta. La idea de Jean Tobin, conocida como la tasa Tobin, la que es un impuesto mínimo al movimiento de capitales de manera temporal; es suficiente para extirpar de raíz la pobreza secular de África y subsanar el desastre material de los tres países citados, y así poder poner fin a las migraciones por muchos detestada.

Sin embargo, el principal error de Europa está en la degradación de sus valores fundamentales. Cómo es posible que en la tierra de Shakespeare, Freud, Voltaire, Marx, Nietzsche, para mencionar apenas a éstos, el estado se hinque ante el templo de la ignorancia por el interés de los votos, cuando lo que se necesita es un ciudadano común, cuyo pensar esté acorde con los avances de la técnica y la ciencia, cerebros epistémicos; o sea, que su pensamiento se corresponda con el avance material, sintetizado en las naves espaciales que se disponen a llevarnos a otros planetas, mientras que la acción militar ubica nuestra conciencia en la Edad de Piedra. Conciencia que condense los principios de verdad derivados del espectacular avance del grado material de civilización que cada día nos entrega progresos en todos los planos de nuestro vivir cotidiano, realidad diaria que aporta hechos preciosos para liberar nuestra acción cognitiva de las cadenas del oscurantismo, fanatismo y absurdos; sendero verdaderamente libertario en la educación de la juventud, con la cual se obtendrá la plena libertad que necesita su cerebro y de esa manera su soñar cimentado en cada utopía personal, produciéndoles un pensar diferente. En este sentido, el pensamiento de los pueblos aborígenes de América, que tienen una cosmogonía armónica, donde el sol y el agua, son categorías de valor esencial para la vida, en apariencia son divinidades; pero al analizarlas resultan ser la comprensión de la naturaleza, como la verdadera razón de nuestra vida y civilización. De ahí se deriva que el planeta se convierta en la “Madre Pacha Mama”. Aquí se presenta una concordancia entre conciencia y realidad, que en leguaje filosófico se expresa en la categoría de ser y sujeto. Si el hombre común no asciende a la verdad, seguiremos como estamos, y entonces cada estado tendrá los enemigos que se merece.

 

París, 26 de noviembre de 2015.

 

                                                                                                 

                                                                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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