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Piedad Bonnett

CINCO POEMAS PARA ENDECHAR EL AIRE

Comentario y selección de textos: Jorge Eliécer Ordóñez Muñoz

 

En la mitad del mundo, con volcanes zurcidos a las nubes, la muerte se apacigua en el verde color de los cipreses. Tulcán, ciudad fronteriza con Colombia, a pocos minutos del puente internacional de Rumichaca, ha decidido condecorar a sus ánimas con un cementerio de árboles, fina y artesanalmente esculpidos, por una suerte de orfebres vegetales. Se levantan en el aire frío diversas figuras de animales, personajes míticos e históricos, que nos evocan ancestros precolombinos. Allí el espíritu se recoge, los pulmones se llenan de un aire diferente y por leves instantes nuestra visión del último viaje sufre una extraña metamorfosis. Al retomar la tranquila y desolada calle, de un sábado cualquiera, un pequeño astrolabio nos enrumba hacia otro sitio donde bulle la vida, donde los rostros y las manos, tibios todavía, nos acunan con una sensación parecida a la amistad.

En aquellas tierras, arturianas, por el verde de todos los colores, una grata conversación con el poeta caucano Felipe García Quintero me pone al acecho de Los Habitados, libro con el que la poeta Piedad Bonnett ha sido galardonada con el XIX Premio de Poesía Generación del 27, en España. Conocida y honrada con varios premios, nacionales y extranjeros, esta poeta que pertenece al canon de los poetas de la mitad del siglo, nos entrega un poemario sobrio y doliente, con los destellos verbales de la luz crepuscular, con el misterio y la audacia de un lenguaje arropado por el duelo, pero brioso, y pudoroso a la vez, a la hora de evocar la aciaga partida de su hijo. A medio camino entre la mujer y la madre, con valiente osadía va dejando en el bosque del lenguaje, pequeñas briznas que se entreveran en nuestros más íntimos imaginarios.

Para nuestros ávidos lectores, un haz de estos poemas, con un ciprés de Tulcán, tallado entre las nubes verdes del sur y sus níveos volcanes:  

 

LA MADRE ES LA GRAN NOCHE

 

Aquí el tiempo está atado con camisa de fuerza:

es viento sometido

que escribe el mismo nombre con tiza sobre un muro.

Todo es adentro aquí, en este gran vientre

lleno de hombres sin madre.

La madre es la gran noche. La madre es nuestro grito.

La madre es cada dosis de trifluoperazina

que llena de saliva nuestros labios.

Cuando acerco mi oído a las paredes

queriendo oír el llanto de los que aún me aman

sólo oigo mi chirrido. Mi oscura disonancia.

El corazón del miedo

cantando su monótona tonada.

 

TRÁNSITO

 

Fueron hermosos días

Pero una triste oscuridad llegó tras ellos

Hölderlin

 

Yo era un niño y mi reino era el día.

 

El mundo me llegaba en relámpagos:

                                                            mi madre

susurrando y los pasos militares

de mi padre subiendo la escalera.

 

En mi cuarto cuidaba a un lobo y a un cordero

y un olor a alcanfor

subía hasta las tardes cuando se hacían humo.

 

Fueron hermosos días.

 

Riñas también, a veces, y puertas y ladridos.

 

Así y todo era un niño y en la mesa

alumbraba mi vaso de leche como un cirio.

 

De repente la noche cayó sobre mi frente

y fui un hombre descalzo en medio del camino. 

 

LOS HABITADOS

 

Me asomo a la ventana y veo la luna, del color de las

       teclas de mi piano.

 

Y en las cuerdas del patio un calcetín como una nota

        huérfana,

como una prueba que ha sido extraviada.

 

Mi piano era el futuro, cuando el futuro estaba, como

        dicen,

todavía al alcance de mi mano.

 

Pero alguien creció en mí y ahora soy otro

detrás de esta ventana.

 

Algo dijo mi padre sobre Dios

y los colgantes restos del futuro.

 

En mi cabeza todas las notas desafinan.

 

No hay pianos para zurdos.

Y la vida es chirriante disonancia

para los habitados.

 

EN EL BORDE

 

Lo terrible es el borde, no el abismo.

En el borde

hay un ángel de luz del lado izquierdo,

un largo río oscuro del derecho

y un estruendo de trenes que abandonan los rieles

y van hacia el silencio.

Todo

cuanto tiembla en el borde es nacimiento.

Y sólo desde el borde se ve la luz primera

el blanco  -blanco

que nos crece en el pecho.

Nunca somos más hombres

que cuando el borde quema nuestras plantas desnudas.

Nunca estamos más solos.

Nunca somos más huérfanos.

 

LETRA MUERTA

 

¿A dónde va, cuando morimos, todo lo que hemos sido?

John Banville

 

Uno a uno recorro tus cuadernos:

hojas repletas con tu pequeña letra minuciosa,

 

fechas y nombres,

ideas como moscas zumbadoras.

 

También eso eras tú: un pensamiento

que bebía de los vivos y los muertos,

 

litros de tinta, noches en vela, dudas,

frases escritas con pasión.

 

Nadie sabrá jamás qué poseías

de todo aquello.

(Pero es tu letra

que me permite adivinar tu mano).

 

Poemas tomados de Piedad Bonnet. Los Habitados. XIX Premio de Poesía Generación del 27. Colección Visor de Poesía. 

 


Eduardo Lizalde

POEMAS

Selección de Jorge Eliécer Ordóñez Muñoz

 

III. LAMENTACIÓN POR UNA PERRA

 

1. Monelle

 

También la pobre puta sueña.

La más infame y sucia

y rota y necia y torpe,

hinchada, renga y sorda puta,

sueña.

Pero escuchen esto,

autores,

bardos suicidas

del diecinueve atroz,

del veinte y de sus asesinos:

sólo sabe soñar

al tiempo mismo

de corromperse.

Ésa es la clave.

Ésa es la lección.

He ahí el camino para todos:

soñar y corromperse a una.

 

IV BOLEROS DEL RESENTIDO

 

1

 

Días en que el ocio y la esterilidad

cubren las cosas,

como un polvo finísimo.

Y sobre el polvo,

sobre la superficie de los muebles, agrisada,

dibujamos cabezas,

casas con sus ventanas.

Escribimos  la palabra Lola

sobre el polvo;

el nombre Juana.

Sobre el polvo del ocio de los muebles,

como niños deformes

que apenas pueden controlar el dedo.

 

2. 

 

Guardas tu cuerpo, amada,

el oro que lo cubre.

Y siento miedo,

el mismo grave miedo en términos jurídicos

que yo siento al tocarte.

 

Agredo, sucio, torvo sapo,

tu amado cuerpo amado,

y te dejas morder,

armada por el odio inerme

del asco y de la muerte.

 

Pero un solo contacto,

del simple olor del oro,

este rasguño,

un solo roce de tu cuerpo,

amada, amada, amada,

me ha convertido en polvo.

 

3.  

 

El amor es otra cosa, señores

 

Uno se hace a la idea,

desde la infancia,

de que el amor es cosa favorable

puesta en endecasílabos, señores.

 

Pero el amor es todo lo contrario del amor,

tiene senos de rana

alas de puerco.

 

Mídese amor por odio.

Es legible entre líneas.

Mídese por obviedades,

mídese amor por metros de locura corriente.

Todo el amor es sueño

—el mejor áureo sueño de la plata—

Sueño de alguien que muere,

el amor es un árbol que da frutos

dorados sólo cuando duerme.

 

V  LA FIESTA

 

3. 

 

Lee unos poemas el hombre

de otro planeta:

"un amor 

capaz de convertir al sapo en rosa",

y frunce el ceño:

—¿qué es la rosa, qué el amor?

¿qué cosa el sapo?

No nos entendemos

 

9.

 

Leones

 

Malo fue, amada

vivir con un hambriento.

El hambriento no sabe lo que come:

sólo devora, mata el fruto que ingiere.

Destruye en torno suyo

como un compás de sarna

y de cordel.

Mata en redondo al amar.

Recorre el páramo incoloro

de lo comestible,

engulle y rumia ozono, luz, carne y pedruscos

por igual.

 

Mejor, amada,

los despedidos de la fiesta,

los dulces magnos leones satisfechos

del zoológico,

esculturas de fiereza absorta

—veinte kilos de pulpa al mediodía.

Mejor con leones. 

 


Leonard Cohen

POEMAS

Todo lo que hay que saber acerca de Adolph Eichmann

 

OJOS: Normales

PELO: Normal

PESO: Medio

ESTATURA: Media

CARACTERÍSTICAS ESPECIALES: Ninguna

NUMERO DE DEDOS: Diez

NUMERO DE DEDOS DE LOS PIES: Diez

INTELIGENCIA: Normal

¿Qué esperabais?

¿Espolones?

¿Enormes incisivos?

¿Saliva verde?

¿Locura?

(De "Flowers for Hitler" 1964, versión de Antonio Resines)

All There is to Know About Adolph Eichmann

 

EYES:………………………………Medium
HAIR:……………………………….Medium
WEIGHT:…………………………..Medium
HEIGHT:……………………………Medium
DISTINGUISHING FEATURES….None
NUMBER OF FINGERS:…………Ten
NUMBER OF TOES………………Ten
INTELLIGENCE……………………Medium

What did you expect?

Talons?

Oversize incisors?

Green saliva?

Madness?

 

 

 

Esperando a Marianne

 

He perdido un teléfono

que olía a ti

 

Vivo junto a la radio

todas las emisoras a la vez

pero capto una nana polaca

la capto entre la estática

se desvanece yo espero mantengo el ritmo

viene de vuelta casi dormida

 

Acaso tomaste el teléfono

sabiendo que yo lo olfatearía inmoderadamente

tal vez hasta que calentaría el plástico

para recoger hasta la última migaja de tu respiración

 

y si no piensas volver

cómo ibas a telefonear para decirme

que no piensas volver

para así por lo menos poder discutir contigo

 

(De "Flowers for Hitler" 1964, versión de Antonio Resines)

Waiting for Marianne

 

I have lost a telephone

with your smell in it

 

I am living beside the radio

all the stations at once

but I pick out a Polish lullaby

I pick it out of the static

it fades I wait I keep the beat

it comes back almost alseep

 

Did you take the telephone

knowing I'd sniff it immoderately

maybe heat up the plastic

to get all the crumbs of your breath

 

and if you won't come back

how will you phone to say

you won't come back

so that I could at least argue

 

Yo llevaba una medalla de la Virgen

 

Yo llevaba una medalla de la Virgen

alrededor de mi cuello

Siempre fui un esclavo

Juega conmigo para siempre

Amante del Mundo

Sujétame con fuerza

Mantenme en la cocina

Mantenme fuera de la política

(De "The Energy of Slaves " 1972, versión de Antonio Resines)
 

I wore a medal of the Virgin

 

I wore a medal of the Virgin

round my throat

I was always a slave

Play with me forever

Mistress of the World

Keep me hard

Keep me in the kitchen

Keep me out of politics

 

Oh, amor,
     se ha presentado el mundo ante ti
                    en forma de mujer,
                                     y tú,
¿no estabas entrenándote con los espejos
                  para hacerte perfecto?

(“The Energy of Slaves” 1972, versión de Antonio Resines)

O love
did the world come to you
in the form of a woman
and you
were you training with mirrors
to make yourself perfect?

Soy tu hombre

 

Si quieres un amante

Haré cualquier cosa que me pidas

Si quieres otro tipo de amor

Me pondré una máscara por ti

Si quieres un compañero

Toma mi mano

O incluso si quieres golpearme cuando estés enojada

Aquí estoy

Soy tu hombre.

 

Si quieres un boxeador

Entraré al ring por ti

Y si quieres un médico

Examinaré cada preciosa pulgada de ti

Si quieres un chófer

Sube

O si me quieres manejarme

Sabes que puedes

Soy tu hombre

 

Ah, la luna brilla demasiado

La cadena aprieta demasiado

La bestia no se irá a dormir

He estado repasando todas esas promesas

Que te hice y no cumplí

Ah, pero un hombre jamás recuperará a una mujer

No suplicándole de rodillas

Me arrastraría ante ti, cariño

Y caería a tus pies

Y aullaría a tu belleza

Como un perro en celo

Y arañaría tu corazón

Y desgarraría tus sábanas

Te diría, por favor, compláceme

Soy tu hombre

 

Y si tienes que ir a dormir

Un momento en el camino

Yo conduciré por ti

Y si quieres trabajar sola en la calle

Desapareceré por ti

Si quieres un padre para tu hijo

O solo quieres caminar conmigo un rato

A través de la ardiente arena

Soy tu hombre

 

Si quieres un amante

Haré cualquier cosa que me pidas

Si quieres otro tipo de amor

Me pondré una máscara por ti

 

(De “I'm Your Man” 1988)

I'm Your Man

 

If you want a lover

I'll do anything you ask me to

And if you want another kind of love

I'll wear a mask for you

If you want a partner

Take my hand

Or if you want to strike me down in anger

Here I stand

I'm your man

 

If you want a boxer

I will step into the ring for you

And if you want a doctor

I'll examine every inch of you

If you want a driver

Climb inside

Or if you want to take me for a ride

You know you can

I'm your man

 

Ah, the moon's too bright

The chain's too tight

The beast won't go to sleep

I've been running through these promises to you

That I made and I could not keep

Ah but a man never got a woman back

Not by begging on his knees

Or I'd crawl to you baby

And I'd fall at your feet

And I'd howl at your beauty

Like a dog in heat

And I'd claw at your heart

And I'd tear at your sheet

I'd say please, please

I'm your man

 

And if you've got to sleep

A moment on the road

I will steer for you

And if you want to work the street alone

I'll disappear for you

If you want a father for your child

Or only want to walk with me a while

Across the sand

I'm your man

 

If you want a lover

I'll do anything you ask me to

And if you want another kind of love

I'll wear a mask for you

 


 


Paolo Lanaro

POEMAS 

Traducción de Eduardo Domínguez

 

El libro Il lavoro della malinconia (Vicenza: La locusta, 1989) está dividido en seis apartados. El tercero lleva el mismo título general y está compuesto de dieciocho poemas. De él se ofrece la traducción de los cuatro primeros.

 

I

 

C´era un uomo che al posto dell´anima

aveva un passo di danza.

Passava per i cortili, arrotava le gambe

dei piccoli e ai vecchi rimpolpava

i muscoli.

Visse la vita come un’eterna giostra

e sempre ritornò al luogo di partenza.

Una beguine su un lago dorato.

Uno stivale impolverato. Riusciva a stare

in equilibrio perfino sulla punta

di un ciottolo.

Finché decise di superare il limite.

Allora nel buio ruzzolò,

come saltare la corda.

 

Érase un hombre que en lugar de alma

tenía un paso de danza.

Pasaba por los patios, afilaba las piernas

de los niños y a los viejos les embutía

los músculos.

Vivió la vida como un eterno tiovivo

y siempre regresó al punto de partida.

Una béguine en un lago dorado.

Un zapato polvoriento. Conseguía mantenerse

en equilibrio incluso sobre la arista

de un canto.

Hasta que decidió superar el límite.

Entonces en la oscuridad rodó,

como saltar a la comba.

 

II

 

Una lunga penna blu, sproporzionata

al resto, con un nervo verde. Un paio di forbici

vive che risalgono una squadra

coi centimetri scomparsi.

Una serie di pere allineate verticalmente,

l´ultima solo tratteggiata

e più simile a una campanula che a un frutto.

Un branco di sauri trotta

nella polvere del quadro.

Questo può essere allusivo: un´ombra dentro

un´altra ombra come un´impressione

o una verità ulteriore.

Cioè, una lacónica densità, il velo minimo

                                                              [creato

dal fiato umido dei Sauri.

 

Una larga pluma azul, desproporcionada

con el resto, y un nervio verde. Un par de tijeras

vivas que remontan una escuadra

con los centímetros borrados.

Una serie de peras alineadas verticalmente,

la última solo esbozada

y más parecida a una campánula que a un fruto.

Una manada de saurios trota

en el polvo del cuadro.

Esto puede ser alusivo: una sombra dentro

de otra sombra como una impresión

o una verdad ulterior.

A saber, una lacónica densidad, el velo mínimo

[creado

por el aliento húmedo de los Saurios.

 

III

 

La prima cosa è ricordare

il contenuto della frase: il tempo

è andato come uno scoiattolo.

La seconda è ordinare due frasi

in sequenza: il tempo è andato eccetera,

da ogni tetto gronda una solitudine.

La terza è una metafora:

lo scoiattolo giovane sono io.

La quarta una specie di paralogismo

in forma poetica: rimase un tempo vuoto

nell´io dello scoiattolo.

La quinta riguarda il concetto:

qual è il mio ramo ereditario?

 

La primera cosa es recordar

el contenido de la frase: el tiempo

ha pasado como una ardilla.

La segunda es ordenar dos frases

sucesivas: el tiempo ha pasado etcétera,

de cada tejado gotea una soledad.

La tercera es una metáfora:

la ardilla joven soy yo.

La cuarta una especie de paralogismo

en forma poética: subsistió un tiempo vacío

en el yo de la ardilla.

La quinta alude al concepto:

¿cuál es mi rama hereditaria?

 

IV

 

Sfuma l´ombra del giapponese e ora

le dita proiettano un cervo che è appena

uscito dalla tana e annusa le nocche

come fossero lamponi.

Poi il cervo scappa e appare la signora oca,

stupida e piatta, affamata di parole

che non riesce mai a capire.

Poi un duro coniglio espressionista,

poi un abete, poi una donna sbieca

che dice addio ad un uomo.

E poi? Ritorna il giapponese,

ma stavolta  più pallido e con l´occhio

che osserva in tràlice.

Con garbo solleva un tappeto nero

e a tutti domanda quale sia

l´immagine più vera della vita,

se una scura filza di nodi

o un´ombra.

 

Difumina la sombra del japonés y ahora

los dedos proyectan un ciervo que acaba

de salir de su guarida y husmea los nudillos

como si fueran frambuesas.

Luego el ciervo escapa y aparece la señora oca,

estúpida y chata, hambrienta de palabras

sin entender nunca nada.

Luego un duro conejo expresionista,

luego un abeto, luego una mujer torcida

que se despide de un hombre.

¿Y luego? Regresa el japonés,

pero esta vez más pálido y con el ojo

que observa de soslayo.

Con garbo levanta un tapete negro

y a todos les pregunta cuál es

la imagen más real de la vida,

si una oscura sarta de nudos

o una sombra.

 


Hugo Mujica

POEMAS

 

LO QUE SE NOS HA DADO

 

Hay días, al caer la tarde, en que la vida

nos cuenta

algo del perdón que recibimos

 

de lo que otros han callado.

 

Hay noches en las que algún vestigio

se enciende:

 

una brasa en la memoria, un grillo

tras la ventana

o una flor

de las que se abren

cuando lo demás ya duerme.

 

Son noches en que la quietud revela

la vida que recibí

sin siquiera la violencia

de haberla merecido:

 

lo sin por qué ni para qué,

  el puro existir, el milagro.

 

ORILLAS

 

Afuera ladra un perro

 

a una sombra, a su eco

o a la luna

para hacer menos cruel la distancia.

 

Siempre es para huir que cerramos

una puerta,

es desierto la desnudez que no es promesa

 

la lejanía

de estar cerca sin tocarse

como bordes de la misma herida.

 

Adentro no cabe adentro,

 

no son mis ojos

los que pueden mirarme a los ojos,

son siempre los labios de otro

los que me anuncian mi nombre.

 

ANTE NADA, PARA NADA

 

I

 

Hay vidas que se consumen

a través de una ventana,

 

mueren sin encontrar

un camino,

mueren de no haber partido.

 

Hay plegarias que son su propio eco;

 

esperanzas que son espejos:

aguardan

solo lo que aguardan,

se transforman en la estatua

de aquello que esperaban,

 

son el miedo a perder

no el deseo del encuentro.

 

II

 

Hay otras, otras vidas, que laten vida:

buscan

lo aún sin nombre

hacen del azar su esperanza,

 

no miran a lo lejos

hacen de la lejanía un atajo.

 

Es la de hombres que hablan con palabras

que no son palabras

son golpes

contra el pecho de la vida,

 

como los que dan contra las paredes

los presidiarios

para que desde otra celda respondan.

 

Son como mudos moviendo

los labios

dentro de una ronda de ciegos,

 

como mudos, sí,

pero sin cerrar la boca, sin traicionar el grito.

 

III

 

Y hay vidas que ni gritan

ni golpean,

que no tienen ni siquiera una tapia donde

tatuar un nombre,

donde inscribir su paso,

 

son vidas a la intemperie: es la espera

en carne viva

 

como la de un mendigo en medio

de un páramo

 

ante nadie, para nada,

pero sin bajar ni cerrar la mano.

 

HASTA EL FINAL

 

Vi un perro negro muerto

en la calle,

aplastado en medio de la acera, manchado,

porque nevaba.

 

Vi la vida, allí mismo,

y no había más que eso: la coartada

del inocente: pagarlo todo.

 

Sentí en la nieve la vida y me vi morir

como un animal que se resiste

hasta lo último

 

hasta el deseo de ser rematado,

 

hasta el gemido final,

el que pide perdón por todo crimen ajeno:

el que perdona a dios.

 

HACE APENAS DÍAS

 

Hace apenas días murió mi padre,

hace apenas tanto.

 

Cayó sin peso,

como los párpados al llegar

la noche o una hoja

cuando el viento no arranca, acuna.

 

Hoy no es como otras lluvias

hoy llueve por vez primera

sobre el mármol de su tumba.

 

Bajo cada lluvia

podría ser yo quien yace,

ahora lo sé, ahora que he muerto en otro.

 

UN PEDAZO DE HAMBRE, UN VASO DE AGUA

 

Fiel a lo humano,

 

al tamaño de lo que los brazos

mecen,

a la fiesta

de lo que en las manos cabe,

 

a la callada esperanza

que es no apretar los labios.

 

Fiel a un vaso de agua

y al pedazo de hambre

que otro cuerpo nos trae,

 

fiel sorbo a sorbo, hambre a hambre.

 

Fiel al pudor de apenas una seña,

apenas el abismo

del otro

cuando el silencio

calla la piel que nos separa.

 

Fiel al límite de morir hombre,

de haber abrazado el vacío

que ese mismo abrazo llenaba.

 

TIERRA DESNUDA

 

Hay días en que nombrar no basta

 

descalzo, salí a sentir la tierra

las hojas

la madrugada fría.

 

Bajo un árbol inclinado bajo el paso

de tantos vientos

 

(hueco y reseco

de retorcerse en sus ramas)

me supe vivo:

 

temblé la escarcha, el misterio, el vacío

y no pude sino caer, abrazar

el tronco

y llorar tanta belleza

mezclando mi sal

con la tierra desnuda.

 

Al caer la tarde,

la postrera, callaremos las palabras

con las que enhebramos

los pedazos de la vida;

 

cuando llegue la noche

y se nos devuelva el silencio

oiremos al fin el latido.

 


Palabras para Hugo Mujica

Carlos Fajardo Fajardo

 

“Raro relámpago del instante” esa es la imagen exacta para denominar y entender la poética de Hugo Mujica. Es un instante en plenitud donde se celebra a la palabra como constructora de pensamiento, no como discurso explicativo ni retórico, sí como estelas instantáneas que piensan y anuncian, desde alguna parte, que al “otro lado”, en alguna “otra orilla” algo existe.

No es fácil, por lo tanto, descifrar el seductor y fugaz misterio que, con rigor y cuidado, dice sólo lo que necesita decir, oponiéndose a la anécdota, al relato minucioso de los exteriores. Algunos la denominan poesía hermética, tal como se le denominó a cierta poesía vanguardista por los que no entendieron que esa aparente oscuridad es más bien una puerta abierta a las transparencias, una afirmación de autonomía del poema, del ritual a que nos invita su lectura. De allí que lo enigmático de estos versos sea una rebelión contra el fácil oficio de entregarle todo ya construido al lector. Por el contrario, sus instantáneos relámpagos dejan que éste continúe el poema, se vuelva también asombro, descubra los rasgos ocultos tras subterráneas arenas.

La concentrada palabra de Mujica se mueve en una atmósfera entre real y telúrica, diría que construye una mística íntima, ideal, pero con raíces en la gracia de lo real, fluctuando entre la tradición de la poesía mistérica occidental y el espiritualismo naturalista oriental. Aquí Heráclito y los presocráticos dialogan con la seductora sabiduría del haiku; Martín Heidegger con las preguntas de los poetas filosóficos (sobre todo con Hölderlin, Paul Celan, Ungaretti, George Trakl, María Zambrano); o los místicos que se pierden para encontrarse -pienso en San Juan de la Cruz-, con la tradición del verso breve en la consagración del silencio devenido en exquisito sonido.

“Hay trozos de palabras como trozos de espejos/ cavan por dentro” ha escrito el poeta Mujica. Son los espejos puestos no sólo delante de sus múltiples rostros, sino también los de una naturaleza hecha imagen y reflejo desde la cual el poeta pregunta por el enigma de la vida. La naturaleza aquí no es simple telón de fondo o un mero escenario donde se exhibe la condición humana. Al contrario, es totalidad cósmica, ensoñación telúrica y terrestre, no un pretexto ni un medio para elaborar poesía, más bien es el Ser en sí y para sí, la energía fugaz que nos da conciencia de la variable densidad de lo cotidiano y que nos impulsa a meditar sobre ese extraño acontecimiento del existir.

Lo que se conjuga en la poesía de Mujica es la experiencia de lo inexpresable, el revelar lo irrevelable, lo que para todos no es visible; es decir, congrega lo imprevisto, lo insólito, o mejor, las inusitadas realidades que se encuentran dentro de las cosas, el otro lado y su milagro. Y todo esto lo conquista con una palabra despojada de cualquier explicación y de banalidad utilitaria. Su palabra nombra el mundo en su más intensa experiencia y total desnudez.

En estas ocultas transparencias está el hechizado ante el devenir del tiempo, “como sobre una roca en el mar/como hundiéndose de tanta fijeza”. Con plena sabiduría del desgaste que el tiempo opera en el ser y en el no ser, en la carne, en los objetos, Mujica eleva su palabra desde el vacío y bautiza las ausencias, las vuelve palpables a pesar de su naturaleza efímera.

“Esos pájaros dando a luz el espacio”, y que aletean, son sus poemas donde la eterna y trágica dualidad, con su lucha de contrarios se disuelve. Entonces, quietud y cambio, pensamiento y sentimiento, sueño y realidad, imagen y concepto, razón y pasión, Ying y Yang se integran en una unidad sonora. Tal es la utópica propuesta de algunos poetas occidentales y de los sabios poetas de Oriente.

De esta manera viajamos por esta poesía, página tras página, sintiendo relámpagos que indagan hondo con serena densidad y que construyen el fuego pero también la oscuridad.

 


Roberto Juarroz

SELECCIÓN DE POEMAS

 

16

 

Dividendos del silencio.

 

¿Qué puede escuchar un oído

cuando se apoya en otro oído?

 

La ausencia de la palabra

es un largo signo menos

que se desprende de su cifra.

 

El color es otro modo

de reunir el silencio.

La forma es un espacio distinto

que presiona al otro espacio

como si fuera una cáscara.

 

Un pájaro retrocede

ante un sol cuadrado y negro

y se para al revés sobre el alambre

donde calla un pensamiento.

Y el pensamiento retrocede a su vez ante el pájaro

como la goma de una honda

que arroja proyectiles de silencio.

 

Un pez enloquecido

desparrama el corazón del agua

en el centro del hombre

y allí abre el espacio

donde puede nadar

el silencio del pez,

su acrobacia de ausencia.

 

27

 

Entre pedazos de palabras

y caricias en ruinas,

encontré algunas formas que volvían de la muerte.

 

Venían de desmorir.

Pero no les bastaba con eso.

Tenían que seguir retrocediendo,

tenían que desvivirlo todo

y después desnacer.

 

No pude hacerles ninguna pregunta,

ni mirarlas dos veces.

Pero ellas me indicaron el único camino

que tal vez tenga salida,

el que vuelve desde toda la muerte

hacia atrás del nacer,

a encontrarse con la nada del comienzo

para retroceder y desnadarse.

 

26

 

La campana está llena de viento,

aunque no suene.

El pájaro está lleno de vuelo,

aunque esté quieto.

El cielo está lleno de nubes,

aunque esté solo.

La palabra está llena de voz,

aunque nadie la diga.

Toda cosa está llena de fugas,

aunque no haya caminos.

 

Todas las cosas huyen

hacia su presencia.

 

31

 

En esta hora en que las formas se deshacen,

los fantasmas han optado por sustancias más concretas.

Así mis manos y mis pies, por ejemplo,

descalabran de pronto sus fieles trayectorias

y se deslizan como acordes de una sumergida partitura.

Gestores ya de mis íntimos fantasmas,

acunan un salto donde existe un puente,

arman un puente en la total llanura,

manotean abismos como quien abre una ventana,

se turnan entre sí como columnas alternantes,

se arrojan como galgos

al cuello de la sombra de un transeúnte cualquiera

o desaparecen repentinamente en medio de la noche

o, lo que es peor, del día.

 

Las cosas nos traducen una nueva estrategia,

una técnica distinta,

que viene desde el fondo.

Los pájaros se callan a veces demasiado

o inauguran extrañas secuencias de sordinas.

El agua se improvisa en insostenibles regiones.

Las palabras recogen vestiduras abandonadas

y regresan después empujando al pensamiento.

Hemos creído tan sólo en dioses o en nosotros,

mientras las raíces adquirían nuevos modos de ser el fundamento

y los fantasmas se adiestraban en nuestra propia fisonomía.

Asistimos ahora a un replanteo de las tácticas del abismo,

a un reordenamiento de los estratos, las jerarquías y las densidades.

Tal vez mañana sólo seamos nosotros lo invisible,

los fantasmas de lo que fueron los fantasmas.

 

54

 

La ventaja de los hombres planos

es que pueden vivir en casas planas

y pensar pensamientos planos,

que caben entre las hojas de los libros.

 

No necesitan pasos en la noche

ni ramas en los árboles.

No necesitan muchas habitaciones,

ni templos, ni caricias, ni candados.

 

Los hombres planos tapan las miradas

con tapones de corcho.

Y en sus casas no puede entrar la muerte

porque no encuentra espacio.

 

Los hombres planos siempre nos despistan,

aunque no tengan sombra.

La luna les va tejiendo corazones

y el tiempo les va tejiendo resultados.

 

Si les falta un candil, siempre arde alguna vela.

Si les falta la voz, el viento los disfraza.

Y les basta un perfil para ubicarse,

mientras llega su noche sin relieves.

 


Laura Crespo

Sandra Susana Mora

LA POÉTICA DE ROBERTO JUARROZ

 

La poética de Roberto Juarroz ha descubierto un horizonte infinito y lo ha puesto de pie, lo ha hundido, vertical, en las alturas. Sus poemas insisten en el espíritu como un suave pero contundente golpeteo que aviva las formas rutinarias de nombrar lo que hay y que, como una llamada en el hombre, alerta sobre las otras formas de nombrar lo que hay, las que no existen y que él crea, como también crea cuando nombra lo que antes no estaba allí, no era.

           

El oficio de la palabra,

            más allá de la pequeña miseria

            y la pequeña ternura de designar esto o aquello,

            es un acto de amor:

            crear presencia.

 

Antologizar en nombre de alguien, es otra versión del “oficio de la palabra” que presupone siempre un duro ejercicio de transacción entre diversas alternativas posibles que se nos imponen en toda su complejidad como un algoritmo, para señalarnos tantálicamente los caminos no tomados.

Por un lado la necesidad de renunciar a tantos poemas, porque otros pueden parecernos, en lo aleatorio de la lectura que siempre cambia y se renueva, lo que más directamente nos habla a nosotros en particular o lo que está forjado en el lenguaje más perfecto (por su exacta inexactitud).

Luego tenemos el imperativo de no olvidar la “representatividad” de cada poema y buscar aquellos donde la presencia del poeta sea más visible, aquellos cuya lectura nos genere la certidumbre de que él se reconocería allí. Además están las antologías previas, no sólo la Antología Mayor (Buenos Aires, Lohlé, 1978), la única que el poeta compiló personalmente, sino las numerosas que se sucedieron en el tiempo, hechas por otros, y que de algún modo contribuyeron a cristalizar diferentes visiones de la poesía de Roberto Juarroz, sin contar las antologizaciones impromptu, cuya creación presenció el público en tantas memorables lecturas del poeta.

¿Qué hacer? ¿Soslayar todo esto y ensayar una mirada a partir de cero, suponiendo que ello fuera posible? ¿Intentar una summa de todas esas miradas seleccionadoras (y descartadoras), forjadoras de una nueva Poesía vertical de bolsillo? Ni lo uno ni lo otro. La decisión fue tener en cuenta la propia selección del poeta, hasta donde alcanzó a hacerla (Sexta poesía vertical) e intentar con el resto la aventura de una lectura "nueva" que pudiera presentar ángulos inéditos pero, al mismo tiempo, rescatar algunos de los poemas preferidos de Juarroz que no necesariamente hubieran sido seleccionados con anterioridad.

Esta lectura −como toda lectura− es provisoria. Parafraseando lo que dijera Valéry sobre el poema, implica un abandono no definitivo. Un abandono de lo que tal vez debería estar y no está. Un abandono de la pretensión de alcanzar una lectura definitiva.

Si no hemos querido construir un espacio vacío, tal vez, sin embargo, sea eso lo que hemos construido. Y si fuera de ese modo, quizás ése sería nuestro mérito: que lo que haga falta a quien lee hasta el punto de que necesite extender su visión para acceder a la totalidad de una de las obras poéticas más vivas y ricas en nuestra lengua. De ser así, el mejor destino de esta antología será constituirse para algún lector en una suerte de memoria futura. Y si así no fuera, habrá sido, sobre todo, un necesario, conmovedor ejercicio del recuerdo.

Antologizar: casi como optar entre qué poema perderá la vida para que otro la conserve, si es que el poema vive cuando alguien lo lee. Casi como intentar ofrecer mundos de lectura posibles poblados por lo que se considera más cercano al núcleo creativo de una poética. Y desaparecer totalmente tras algo que emerge: éste ha sido el criterio adoptado para la construcción de la breve cartografía que aquí presentamos de la obra de Roberto Juarroz.

 


Gonzalo Arango

MUERTE NO SEAS MUJER

 

Estás dormida a dos metros de mí.

En lugar de escribir me pongo a mirarte.

¡No hay nada que decir!

El silencio de una rosa en la noche da más testimonio de Dios que la teología, y tal vez tenga el secreto que la belleza de la palabra no puede nombrar.

Entonces me callo y te contemplo porque toda sabiduría es callada, y el éxtasis es superior al conocimiento. Y a lo mejor es verdad que la vida no es sino un cuento narrado por un idiota, como dijo Shakespeare.

Dudo ahora que exista una belleza superior a verte ahí, como una tentación, con los ojos cerrados, olvidando el mundo y olvidada de él, siendo yo el único ser y tu único testigo ante la vida y el tiempo. Tu sueño te aleja de mí, pero yo te poseo más plenamente.

No estás en mis brazos, pero tampoco estás en el tiempo, y es en ese rincón de la eternidad donde me reúno contigo, en una esencia tan total que nada puede separarnos: ni la pasión, ni los días, ni el recuerdo, ni el nocturno canto del búho, ni el horrible despertador de las 5 de la mañana.

Aunque quise despertarte para sentir la voluptuosidad de tus besos, de tus uñas que me confunden con una guitarra, ese placer insólito de ver animarse por el ardor de tu cuerpo toda mi materia espiritual adormecida por el razonamiento, elegí tu respiración inocente que te unía más a mí que las palabras, tus viles palabras que nos hablan del paso a la vida, y de que todo tiene un comienzo y un fin.

Entonces te abandoné para que al menos en tu corto sueño nunca te separes de mí, y así poder disfrutar por un momento esa imagen imposible y anhelada del amor eterno. Te miro y me lleno de piedad porque vas a morir, y no soy Dios para impedirlo.

Enciendo un cigarrillo y medito si hay justificación de vivir. Estás viva, es la única razón, y si mi amor tiene una esencia se reduce al deseo de hacerte inmortal , y a la desesperación de este deseo.

¡Qué silencio tan puro!

Te quiero recordar, mientras duermes, que no olvides este mundo. Más allá de tu sueño está la noche con sus pilas de estrellas, algunos grillos que cantan y el canto turbador del búho.

A veces me gusta imaginar este búho como un espíritu santo que baja del cielo a no dejar hundir el universo en las tinieblas, y a sostener con su canto la presencia infinita de la vida, mientras los hombres duermen, olvidan o se cansan de vivir.

Nada más que la noche, amor mío, y yo en ella, infinitamente grande para mí, tan espléndida para bendecirla o cantar yo solo su fastuosa belleza, el viento encima y la tierra debajo y la oscuridad en todas partes. La relativa luz de las estrellas agregando otro enigma a su insondable misterio, los soles negros y el canto de la rana en la piedra del lago con sus ojazos desmesuradamente abiertos al terror.

De pronto tengo la sensación angustiosa de que estoy perdido entre estas presencias fantásticas, los vastos territorios del cielo, el negro silencio nocturno, la rara melodía del grillo, el ganso en su aullido, el solemne reposo de todo lo viviente… Y miedo de mi vida algo fugitiva entre estas cosas menos importantes que yo, pero más imperecederas.

Entonces todo me parece absurdo, efímero, acosado por la muerte, y corro a despertarme para gozar en ti el minuto de vida que me queda, sentir el roce de tu piel, bañarte con el sudor del verano, sofocar el silencio y la quietud, y decirte que toda la ilusión de mañana es este instante en tus brazos a la orilla de la dicha. Si ahora desaparecieras todo quedaría vacío. Con tu sueño las cosas de nuestro alrededor se han sumido en la indiferencia, pero no han muerto.

Solamente se callaron para no despertarte.

Yo también temo deslizar esta pluma sobre el papel para escribir que te amo. Pero, ¿qué necesidad de decirlo si toda la alegría y la paz del mundo me vienen de tu sueño?

Y como todo lo has olvidado, también a mí que muero en tu sueño, me dejas en la más pura libertad de amarte, con una libertad tan absoluta y sin peligro que no pueden distraer tu pensamiento, ni los deleites animales, ni el pito del tren, ni el brillo de la luna, ni el dolor del mundo, ni mucho menos el poderoso y ardiente amor que te crucificó en la adolescencia.

Te quiero así, en esta soledad de los dos, unidos por el deseo y el miedo, presos en esta dulce sensación de eternidad, en la que sueñas y olvidas, y apenas te queda memoria para lo que no debe morir. Y prefiero tu olvido absoluto porque el recuerdo quiere decir que permites al tiempo abrir tumbas en nuestro amor.

Quédate donde estás, en el puro equilibrio de la noche y el día, en la nada de tu sueño feliz que es la otra cara del cielo, ese cielo invisible a todos, menos a mí. Ese cielo, en fin, ombligo o taberna para la embriaguez de los dioses que fueron condenados a la desesperación, cruz de tu carne donde me purifico, me santifico, me emborracho de amor para alcanzar el exilio de la pobre mente humana, y donde al perderme me salvo por una rara sensación de locura divina.

No tengo otro argumento para despertarte, amor mío, y no sé si debo separarte de esta nueva dimensión de tu amor en que eres mía más allá de la muerte.

___________

Cedido por Elmo Valencia (Compilador). Gonzalo Arango. Obra negra. Bogotá: Auros Copias, 2015.

Gonzalo Arango. Obra negra. Santa Fe de Bogotá, Plaza & Janés, primera edición en Colombia, abril de 1993, p. 138 - 139.

 


Idea Vilariño

NO

 

10

 

Decir no

decir no

atarme al mástil
pero

deseando que el viento lo voltee

que la sirena suba y con los dientes

corte las cuerdas y me arrastre al fon­do

diciendo no no no

pero siguiéndola.

(1968)

 

19

 

Alguno de estos días

se acabarán las bromas

y todo eso

esa farsa

esa juguetería

las marionetas sucias

los payasos

habrán sido la vida.

(1963)

 

34

 

No sé quién soy.

Mi nombre

ya no me dice nada.

No sé qué estoy haciendo.

Nada tiene que ver ya más

con nada.

Tampoco yo

tengo que ver con nada.

Digo yo

por decirlo de algún modo.

(8 de abril de 1962)

 

36

 

Se cerraron las puertas

sin ruido se cerraron

sonaron las trompetas

o sólo un bocinazo

y nos quedamos fuera

arañando sin fuerzas

dando débiles golpes

con las frágiles uñas doloridas.

(3 de julio de 1975)

 

38

 

La miel amarga

el cielo blanco

el mar asqueante

el perro

desgarrándome el cuello

y tú

un hacha en la mano

amenazándome.

(14 de junio de 1974)

 

39

 

Me cortan las dos manos

los dos brazos

las piernas

me cortan la cabeza.

Que me encuentren.

(c. 1964)

 

47

 

Como un disco acabado

que gira y gira y gira

ya sin música

empecinado y mudo

y olvidado.

Bueno

así.

(septiembre u octubre de 1966)

 

51

Epitafio

No abusar de palabras

no prestarle

demasiada atención.

Fue simplemente que

la cosa se acabó.

¿Yo me acabé?

Una fuerza

una pasión honesta y unas ganas

unas vulgares ganas

de seguir.

Fue simplemente eso.

(1964)

 

Idea Vilariño. Poesía completa. 2e. Barcelona: Lumen, 2010.

 


Jorge Gaitán Durán

SELECCIÓN DE POEMAS

 

SI MAÑANA DESPIERTO

 

De súbito respira uno mejor y el aire de la primavera

Llega al fondo. Mas sólo ha sido un plazo

Que el sufrimiento concede para que digamos la palabra.

He ganado un día, he tenido el tiempo

En mi boca como un vino.

Suelo buscarme

En la ciudad que pasa como un barco de locos por la noche.

Sólo encuentro un rostro: hombre viejo y sin dientes

A quien la dinastía, el poder, la riqueza, el genio

Todo le han dado al cabo, salvo la muerte.

Es un enemigo más temible que Dios,

El sueño que puedo vivir si mañana despierto

Y sé que vivo.

Mas de súbito el alba

Me cae entre las manos como una naranja roja. 

 

EL REGRESO

 

El regreso para morir es grande.

(Lo dijo con su aventura el rey de Ítaca)

Mas amo el sol de mi patria,

El venado rojo que corre por los cerros,

Y las nobles voces de la tarde que fueron

Mi familia.

Mejor morir sin que nadie

Lamente glorias matinales, lejos

Del verano querido donde conocí dioses.

Todo para que mi imagen pasada

Sea la última fábula de la casa.

 

QUIERO APENAS

 

Presto cesó la nieve, como música.

Pájaros y verdes cruzan por el frío.

Vas a morir, me dicen. Tu enfermedad

Es incurable. Solo puede salvarte

El milagro que niegas

Mas quiero apenas

Arder como el sol rojo en tu cuerpo blanco.

 

LA TIERRA QUE ERA MÍA

 

Únicamente por reunirse con Sofía von Kühn,

Amante de trece años, Novalis creyó en el otro mundo;

Mas yo creo en soles, nieves, árboles,

En la mariposa blanca sobre una rosa roja,

En la hierba que ondula y en el día que muere,

Porque sólo aquí como un don fugaz puedo abrazarte,

Al fin como un dios crearme en tus pupilas,

Porque te pierdo, con la tierra que era mía.

 

CADA PALABRA

 

Cuando la muerte es inminente, la palabra –cada palabra-

Se llena de sentido. La sentimos nacer al fin

Grávida, indispensable

Esplende lo que por años había sido nuestra

Duda: su fasto,

Conquista el mundo. Nombramos la centella que

Nos mata: el mundo

Es una palabra. No hay tiempo entonces que perder

Y esta experiencia última, única nos

Resarse de toda patria

 

AMANTES

I

Somos como son los que se aman.

Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos

Desconocidos que se estrechan a tientas,

Cicatrices con que el rencoroso deseo

Señala a los que sin descanso se aman:

El tedio, la sospecha que invisible nos ata

En su red, como en la falta dos dioses adúlteros.

Enamorados como dos locos,

Dos astros sanguinarios, dos dinastías

Que hambrientas se disputan un reino;

Queremos ser justicia, nos acechamos feroces,

Nos engañamos, nos inferimos las viles injurias

Con que el cielo afrenta a los que se aman.

Sólo para que mil veces nos incendie

El abrazo que en el mundo son los que se aman.

Mil veces morimos cada día

 

II

                                                        

Desnudos afrentamos el cuerpo

Como dos ángeles equivocados,

Como dos soles rojos en un bosque oscuro,

Como dos vampiros al alzarse el día,

Labios que buscan la joya del instante entre dos muslos

Boca que busca la boca, estatuas erguidas

Que en la piedra inventan el beso

Sólo para que un relámpago de sangres juntas

Cruce la invencible muerte que nos llama.

De pie como perezosos árboles en el estío

Sentados como dioses ebrios

Para que me abracen en el polvo tus dos astros,

Tendidos como guerreros de dos patrias que el alba separa,

En tu cuerpo soy el incendio del ser

 

SE QUE ESTOY VIVO

 

Sé que estoy vivo en este bello día

Acostado contigo. Es el verano.

Acaloradas frutas en tu mano

Vierten su espeso olor al mediodía.

 

Antes de aquí tendernos no existía

Este mundo radiante. ¡Nunca en vano

Al deseo arrancamos el humano

Amor que a las estrellas desafía!

 

Hacia el azul del mar corro desnudo.

Vuelvo a ti como al sol y en ti me anudo;

Nazco en el esplendor de conocerte.

 

Siento el sudor ligero de la siesta.

Bebemos vino rojo. Esta es la fiesta

En que más recordamos a la muerte.

 

NO PUDO LA MUERTE VENCERME

 

No pudo la muerte vencerme.

Batallé y viví. El cuerpo

Infatigable contra el alma,

Al blanco vuelo del día.

En las ruinas de Troya escribí:

“Todo es muerte o amor”,

y desde entonces no tuve

descanso. Dije en Roma:

“No hay dioses, sólo tiempo”

y desde entonces no tuve

redención. Callé en España,

pues la voz de la ira desafiaba

al olvido con mis tuétanos,

mis humores, mi sangre; y

desde entonces no ha cesado

el incendio

 

De reposo

le sirva tierra extranjera

al héroe. Cante fresca hierba

como abeja del polvo por sus

párpados. Yo no me rindo:

quiero vivir cada día en

guerra, como si fuera el último.

Mi corazón batalla contra el mar.

 


Reynaldo García Blanco

OTROS CAMPOS DE BELLEZA ARMADA

 

Poeta que establece una relación de argumentos donde, primordialmente, testificar sobre su tiempo y las coordenadas más variadas que deslindan los reservorios de su memoria es santo y seña. Este libro consigue una precisión tan palmaria como sugestiva en el escrutinio de temas que trenzan la cartografía de Otros campos de belleza armada. Se trata de una voz diáfana y concisa, asentada en una gentileza de estilo donde las demarcaciones más inesperadas afianzan el despliegue de la remembranza. Tan vigorosa en lo diverso de su origen como tan precisa en lo manifiesto de su lenguaje, la poesía de Reynaldo García Blanco, sustancial y pertinaz heredero de Roque Dalton, Juan Gelman, Enrique Lihn, Nicanor Parra, Jorge Teillier…, corrobora sus dominios con aliento que se registra bien como coloquio íntimo o como perspicaz monólogo, brevedad puntual unas veces y otras sutil extensión, travesías para una lectura de hondo calado humano.

Eugenio Marrón

 

No ha sufrido deterioro la palabra poética de Reynaldo García desde que lo conocí en su tarea de Sísifo abaixando las velas, tampoco hay fractura en la amistad abrazada hace muchos años en Santiago de Cuba. Voz de cotidiana alborada, reposada, donde las cosas hablan quedo sin resignarse, casi remordiéndose por dentro. Apalabrar la mirada, derivar la contemplación de bodyart que se diluye en el ambiente, y ese ritmo de oración que acosa, da ganas y duele; poeta no del resistir sino de la re-existencia, del volver a existir. Otros campos de belleza que se arman para combatir el avance de lo terrible; el viejo Rilke asalta con su luz cotidiana en el verso.

Nota y selección de poemas Julio César Goyes

 

NO HAY QUE EXAGERAR

 

    A Israel Domínguez

 

Cuando la cerveza alemana baje de precio

vamos a beber hasta el delirio

 

Yo recitaré La bailarina española, de Rilke

 

y si hay un

piano                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

un legítimo Steinway

te invitaré a que cantes Adiós felicidad

 

Cuando la cerveza alemana baje de precio

y finalmente podamos entender

qué es el producto interno bruto

los confines de la primavera

la Cábala y el salto cuántico

a lo mejor seremos héroes o mártires

 

Pero no hay que exagerar

sigamos con este bolero

con la noche oblicua de mayo

y los ómnibus imposibles

 

Cuando la cerveza alemana baje

yo te voy a llamar.

 

BODYART

 

¿Por qué me miras?

 

No te miro

te contemplo

 

Contemplar es simplemente

dejar  que los ojos descansen fijamente

sobre algún objeto escogido

y sentirlo,

o como dicen los budistas

llegar a serlo.

 

¿Me entiendes?

 

TE ESCRIBO EN EL AÑO DEL PERRO

 

Te escribo en el año del perro para decirte que no creo en los horóscopos. Han sido demasiadas las guerras, los jardines arrasados, los giravientos tirados al olvido. Nadie es carne de la carne sin alistar los brazos. Caen los miércoles como la mostaza en el mantel. No es posible definir los denarios para comprar el pan y los libros que otros compraran a precio de usura. Te escribo en el año del perro sin hacer caso de la jauría, de esas músicas que caen de sopetón, nos ponen cardiacos, irreverentes, sordomudos. Aquí no hay línea de la mano izquierda, no hay runas, no hay una solvencia para sentarnos sobre una piedra blanca. En el espejo del agua se pueda leer el día de la muerte o el casamiento. Han sido suficientes los sobresaltos a mano armados, a mano profundos, a mano silbantes que nos saluda, nos dice adiós y luego busca el cuello y nos ahogamos. Aquí no hay signos zodiacales, peces sombríos o palomas mensajeras que traigan un respiro. Soy el húmero, el coyote, la platea donde bailo la danza de la sobrevivencia y esto no está escrito en ninguna parte. Te escribo en el año del perro para decirte que no creo en los horóscopos.

 

TIJUANA BAR

 

Una vez escribí sobre las tetas de Lena Horne. Aquí dentro el humo de las amapolas es una cuestión política. Allá afuera la gente no sabe que el mundo fue descubierto por las mujeres rubias. En la gramola ponen a Chabuca Granda cosa rara en este noviembre a las nueve de la noche. Poco a poco llegan las bailarinas y los taxistas que vienen a despertarse.  Cuentan los denarios del día. Esto no lo dicen los noticieros. Y sin embargo aquí hay muertes y sacrificios. Lunas menguantes en cruz. Pájaros de humo que esperan el amanecer. En Tijuana Bar cantan el himno nacional al llegar la medianoche. Son los patriotas del alcohol. Son los parroquianos que a veces se acuerdan de Lena Horne y sus tetas políticamente correctas.

 

MI MUJER PIDE QUE LE HAGA UNAS FOTOS

 

Es sábado

estoy  harto de las músicas del vecino

de la televisión

y el hedor de las piedrecillas sanitarias del gato

 

Mi mujer pide que le haga unas fotos

cruza las piernas

mueve la cabeza y se despeina

 

Llovió en la tarde

el olor del pasto sube cuatro pisos

se arremolina y mueve los tapices

 

Me siento en el piso

busco el ángulo inesperado

 

Al fondo la pared blanca

y mi mujer ahí

como si octubre fuera eso

una mujer sentada

convertida en píxeles mientras allá afuera

los vecinos hacen la vida

otras fotos.

 

GANAS DE ASALTAR UN CUARTEL

 

Hoy tuve el país encima

sol que restalla en las sienes

animal prehistórico que asoma su cabeza

 

Hoy fui historia

cartógrafo calle arriba sin otro asomo que la vecindad

 

Recordé la codorniz

el pájaro que pudo ser bizambo

la paloma cuando aun no era el símbolo

 

Hoy fui Capdevila algo de Agramonte

uno de los tabaqueros de trampa

el edecán que lo oyó todo

y no dijo esta palabra es mía

 

Hoy tuve el país encima

lo sé por este alborozo

estas ganas de asaltar un cuartel

no decir nada aunque me saquen los ojos

 

Así de breve

así de profundo instante.

 

OTROS CAMPOS DE BELLEZA ARMADA

 

Han de llegar otros campos de belleza armada. Perder la respiración en lo alto del camino. Esperar a que vuelva silbar el pájaro del silencio. Hacer un mapa sonámbulo que atraviese los páramos del sueño. Quedarnos en la quietud de la batalla, en ese ardor que deja la guerra. Contar de a pocos las heridas, los denarios, los participios que deja la saliva ardiente cuando se ha subido la cuesta. Han de llegar con sus viejos discos de 45 revoluciones por minutos, sus pancartas a contraluz, a contraluna, sus nanas para dormir al hijo que no van a tener. Campos que ya fueron arrasados por la ventisca, las bombas, los dinosaurios. Ahí vienen los que tuvieron otro nombre, otra leyenda y pasaron de largo como una sombra. Son los que se llevaron a Rimbaud en la mochila, se machacaron la memoria con César Vallejo y dejaron el hálito de una mujer encinta. Vienen de la frontera, del interior, de la selva que ya no es oscura. Se cuidan del asma, de la nostalgia, de los traidores. Vienen a pura luz, a tenor de una palabra que los nombra rumbo al misterio. Vienen con la guitarra, los lugares comunes que hacen la vida y la muerte. Vienen de cimitarra y con las manos chamuscadas. Otros campos de belleza armada para entrar despacio con la vida en ristre nos esperan. Nos esperan.

 

Reynaldo García Blanco. Otros campos de belleza armada (Premio Milanés 2013). Ediciones Matanzas: Cuba, 2014.

 


Esther Castañeda

Recital de Esther Castañeda, a su derecha

Carmen Luz Bejarano y a su izquierda, al fondo,

Blanca Varela

 

FALSO HUÉSPED

 

ángulo

ponto

cerebeloso

así comienza

viajero

increíble

ajeno

falso

huésped

mío

vivo

redivivo

 

MI CUERPO

 

En el lugar

más pequeño

de mi cuerpo

albas

aromas

y atardeceres

libres

 

SIN RESTRICCIONES

 

Amo tu piel

durazno

las ondulaciones que a cierta hora

adoptas

el olor que flota en mí después

y extiendo

perezosamente

otra vez

mi edad

 

LIMA

 

Lima cubre de elegías este espejismo

de puerto lejano

 

Con el saco al viento

tu cuerpo oscila como ícono envuelto en seda

retiro las cortinas

y me hundo en el desnudo

en el placer de peinarnos

bajo las aguas.

 

Vértigo familiar

las posibilidades se repiten como imágenes.

 

ESPACIOS PARTICULARES

 

Todos los espacios están comprendidos en mi reino

alzo la voz

y se extiende la sangre

como el humo en las batallas.

 

Sin pudor

embisto conceptos

plegarias

y las oleadas surgen en una biblioteca

el aula

la vieja avenida Pizarro

construida al impulso de tu cuerpo.

 

Así fundé mi casa

y el deseo.

 

ASOMBRO

 

Puedo reproducir tu figura

mas tu cabello se pierde en la memoria

 

Los años conducen

a conocimientos incompletos.

 

ELLA

A Diana Miloslavich

 

Ella

niega atardeceres

antiguas máscaras

elige

prácticas personales

mitos personales

en un bar ignoto extiende la invitación

pequeñas negativas

nuevamente

y echa un brindis

al demonio

 

ÍDOLO

 

antes del cierzo

levanta

brazo derecho

todos los días

cautivo peso

delgado ídolo.

 

Poemas tomados de Falso huésped, Lima, Eds. Flora Tristán, 2000.

 


 

David Cortés Cabán

POEMAS

Presentación por Jorge Eliécer Ordóñez Muñoz

 

XVI

 

Padre

toda la noche ha estado nevando

Despiadado ha sido este invierno

imposible llegar a esta ciudad

Yo no hago otra cosa

que contemplar estas calles iluminadas

con tanto esplendor

tanta luz contra la oscuridad que me habita

No encuentro tus pasos

bajo un cielo de estrellas tan altas

Enfermo del sol y del río que me lleva

contemplo esta nieve caer

con la oscura conciencia

del que ha malgastado su tiempo

parado en las esquinas de las calles

mirando cómo pasa la vida.

 

III

 

Esa ola que gira contra el tiempo

es tu pueblo

bosque en llamas

oración de San Juan de la Cruz

que nace del mismo centro

para alcanzar la más doliente espera

Cauce donde la luz no quema

cielo para el forastero que desconoce

que el amor puede estar en los ojos

naufragio para quien desdeño la boca

que aún persiste

Día luminoso y puente que atravieso

migaja que me exonera de toda soledad.

 

Un paisaje abstracto y real

 

Lo que busco

no es la soledad de la alta espera

ni el silencio de tus manos

que exige abandonarme a tu cuerpo

Lo que busco

no es la imagen de tu rostro

otro silencio que invita a conocerte

y me abre las puertas y me hace señales

y toco tu huella inasible

y caigo levemente derrotado

porque ya nada es igual

solamente silencio

el silencio de tus labios

inventando otra historia

un paisaje abstracto y real

y eso basta.

 

De cómo nos hiere el tiempo y la soledad

 

No podemos escoger los días

ni apresar los instantes

llegan sin pedir disculpas

como bestias endiabladas se tiran

a nuestros pies

se acurrucan se echan como palomas turquesas

hasta cubrir el paisaje

Hoy mismo que camino esta callecita

vivo la luz lo diminuto lo más natural

el leve geranio y el vientecito

esparce la soledad de alguien

que vuelve oculto por este huerto

y entra a la casa y abre las puertas buscando

no el verde que baila en la habitación

sino el día más solitario

la voz que apague esta brasa.

 

He vuelto

 

Nada que ofrecerte

sólo el paisaje

y el hermoso hermoso brillo del corcel

y el pájaro

sobre la leve superficie

que vuela y resplandece

pues cierra los ojos para verlo

lo demás es pura sed

eso que escogemos al azar

cuando la memoria esparce las cenizas.

 

Los poemas aquí reunidos pertenecen a la antología Ritual de pájaros y al Libro de los regresos.

 

________

 

Conocí al poeta David Cortés Cabán en el Festival Internacional de Poesía de Cali, en el año 2013. Eran tardes veraniegas, a orillas del río Cali, con alguna cerveza fría para mitigar el golpe rotundo de la canícula. Me llamó la atención su aire sereno, rematado siempre en su elegante sombrero caribeño. Hombre pausado, de palabras tenues, como su poesía. Después compartimos con más intensidad en el Festival Internacional de Managua, ciudad que nos dejó un maravilloso anecdotario, como en la noche aquella, cuando a falta de un escenario propicio, nos programaron para leer nuestros poemas en un viejo avión, a orillas de un lago oscuro, en vía de recuperación. Por supuesto que el calor, los mosquitos y la mínima audición hicieron que alguien propusiera cambiar de lugar. Terminamos en una plazoleta amplia, donde los poetas, en rigurosa fila india, decíamos algún verso, mientras que un borrachito de feria se robaba la atención de los presentes con sus ocurrencias repentistas. Hace poco compartimos de nuevo en el Encuentro Internacional de Poesía, en Tuluá, evento que nos dejó gratas evocaciones, tanto por la eficiente organización, como por la fraternidad generada entre los poetas y el público, en general.

Es grato para Rosa Blindada, dar a conocer algunos poemas de David Cortés Cabán. En ellos el lector encontrará un lenguaje sencillo y profundo a la vez; la mirada de un habitante del planeta Tierra, que por aquellos juegos del azar, vive y trabaja hace un buen tiempo en Estados Unidos, pero que deja traslucir en su palabra reposada, seres, imágenes y sensaciones que evocan los vientos de su ínsula del ensueño.

JORGE ELIÉCER ORDÓÑEZ MUÑOZ

 


Carlos Manuel Villalobos

POEMAS

 

Las costuras del sueño      

A las costureras

A mi madre

 

Ella enhebra la saliva.

Ella mide y traza con la tiza un pájaro en la tela.

 

Su ojo cruza el ojo de la aguja.

y ata el viento a la bobina.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

La tijera es un baile de muchacha sobre el hielo.

La tijera es un reptil hambriento que corre por el llano.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

Su Singer de pedal anda por la tela

con los labios apretados.

 

Su Singer gime a todo grito su trabajo.

 

Su Singer gime a toda máquina

las ganas de un abrigo.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

Ella sabe la puntada que lleva la costura de los sueños.

 

Ella sabe remendar el alma

cuando se hiere con las púas de la tarde.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

Ella cose guiños y recatos.

Cose el silencio y las palabras.

 

Ella cose el ruedo de un suspiro.

Ella cose los ojales de un secreto.

 

Ella cose las sisas que ajustan unas manos a la piel.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

Manos lavando el río

A las lavanderas

 

Maja el barro con el pie de amar la tierra.

Lleva ropa de amor en la canasta.

 

Maja el trillo con el pie de andar la vida.

Lleva ropa de enojo en la canasta.

 

Llega al río.

El agua es otro niño que le abraza la rodilla.

 

Llega al río.

La piedra del restriego es también una mujer callada.

 

Unta de silencio cada prenda

y enjuaga con el alma cada trapo.

 

Luego aporrea el viento a punta de gastados jeans.

Luego aporrea la memoria a punta de camisas con olor a noche.

 

Su mano se pasea por la colcha y la mantilla.

Sus ojos cabalgan por la esquina de un pañuelo.

 

Un cepillo de aruñar las horas

se desliza por la espalda de las blusas.

 

Un jabón de azul mirada

llena de espuma los íntimas calzones.

 

Lleva ropa de paciencia en la canasta.

Lleva ropa de amargura en la garganta.

 

El espejo oculto

A los recolectores de la basura

 

Por aquí pasan dos veces: lunes de fijo

y jueves salvo la Semana Santa.

Yo les dejo el asco, mi carroña

y toda la verdad de todo

en paquetes de silencio.

 

Ellos vienen, no preguntan,

y recogen este rastro de mi sombra.

 

Ellos vienen y se llevan

todo el polvo que le arranco

a lo que pienso.

 

Ellos vienen y tiran al camión

de la basura

las huellas que vomito por el alma.

 

Ellos vienen y recogen

uno a uno mis pecados.

 

Pasan por aquí temprano,

no preguntan

y se llevan mis olores,

los avisos de la muerte

y todas las palabras

que le sobran al poema.

 

Ellos vienen y se llevan

este espejo que ocultamos. 

 

Afilador de colmillos

A los afiladores

 

Es curiosa y casi loca esta manía

de andar de puerta en puerta

preguntando por el filo de las cosas.

 

Es curioso, pero es cierto:

paco a poco los puñales van perdiendo

su donaire,

y de tanto morder maderas

los serruchos, diente a diente,

se desgastan la finura,

y de tanto cortar los hilos de la vida,

yarda a yarda,

las tijeras van perdiendo el apetito.

 

Es por eso, que sí, que desde luego,

que venga y toque el timbre

el hombre de amolar cuchillos,

que afile todo en la cocina,

y de paso afile el ojo,

la lengua y el oído.

 

Que sí, que pase

y que lo afile todo:

el espejo que perdió el encanto

el reloj que se cansó del tiempo,

los colmillos de la historia

que dejó el olvido en el olvido.

 

Que sí, que entre, desde luego,

que traiga la piedra de afilar y el esmeril

y deje con todo el filo de besar

el beso

que hace tiempo no besaba

con locura.

 

Novia de Dios

 

Apaguemos la luz en este cuarto

y hagamos celibato a oscuras y en silencio.

 

Ocultemos aquí las ganas de las ganas

y hagamos castidad hasta la muerte.

 

Cerremos toda cueva de humedad

para los lobos,

que no se abra de pétalos la flor

y no venga nunca el colibrí a libarla.

 

Callemos aquí a los hijos

que ovulan y ovulan preguntando

por los peces de la vida.

 

Demos a Dios un harén de velos y rosarios.

Demos a Dios mil esposas lavando los pecados

de este mundo.

 

Hagamos votos de piedra.

Votos devotos del santuario al himen sin tocar.

 

Hagamos votos de blancura.

Votos devotos del alma limpia y sin estrías.

 

Digamos a Dios que sí,

que aceptamos esta boda con la noche.

 

Digamos a Dios que sí,

que suyo es este labio

que suyo es este beso que nunca besará,

que suyo es este pecho

de pezón callado.

 

Ars curandera

 

Para sembrar esta luz

hay que abrir los ojales de la sombra

y coser con la palabra.

 

Para alumbrar esta semilla

hay que aruñar adentro

y aporcar el ama

con los arados de la metáfora.

 

No se nace sin la tijera

que corta los cordones

ni se vuelve a nacer de otro modo.

 

Nadie es héroe sino se sale victorioso del infierno.

 

No hay vuelo sin que duela la caída

 

Este antiguo y sanador este ritual.

 

Pero hay que entrar descalzo

y alumbrarse con la jaula de la herida.

 


Andrés Matías

POEMAS

 

Hernando Guerra Tovar: ANDRÉS MATÍAS O LA LLUVIA EN LA MITAD DE LA NOCHE

 

En el libro La lluvia en la mitad de la noche de Andrés Matías, asistimos al rompimiento de la lógica para sumergirnos en la más profunda exaltación de los sentidos. Es preciso dejar el acumulado de siglos en la orilla, antes de arrojarnos al abismo del sueño lúcido, que el poeta ofrece como un presente de asombro; revolución interior sólo equiparable a la posibilidad genésica que alguna vez nos fuera dada como bendición o condena. Es salir de la apariencia y la simulación para acceder a la verdad, la que siempre nos asiste, aun la mirada exterior donde prevalece la bruma, “sol que ha visto la ausencia”.

El decir poético que anima la obra de Matías en este libro, breve en su condición de forma pero hondo y perdurable como precipicio, es candil en medio de la noche, herida que resiste el paso de un tiempo congelado en la práctica de quienes no sólo ignoran la dignidad material sino la espiritual, esa que los griegos llamaran poiesis, única capaz en verso de Cardoza y Aragón, de sostenernos en el tiempo como señal de especie.

El epigrama indica paradójicamente abundancia en el decir, esto es, un cúmulo de luz al interior del poeta, que debe ser compartida a riesgo del colapso en la sombra, situación de la que Matías jamás será corresponsal, menos en tratándose como ya lo advertimos quienes hemos asistido a su obra; sabedores de su rebeldía, del linaje iconoclasta; hecho reconocido por voces autorizadas como las de Roberto Burgos Cantor de Colombia y Aurora Villalba Lihn de Chile, entre otros asiduos de su palabra iluminada.

“El poema no dice lo que es, sino lo que podría ser. Su reino no es del ser, sino del ‘imposible verosímil´  de Aristóteles”, nos recuerda Octavio Paz. La poesía de Matías acoge este principio en la imagen y se abre así un mundo de posibilidades en donde el lector, también poeta, hace lo propio, recrea y extiende la otredad. La sintaxis y la semántica van más allá del uso común; percepción que hechiza, trastoca y sumerge: ”Ahora en la conmoción del árbol y la luna / Los caballos se cuentan como niebla.” ¿Cómo eludir entonces la belleza, el fuego que consume y repara a la vez en Eros y Thanatos?

La lluvia en la mitad de la noche es urgente y necesaria en este mundo que ha hecho de la razón un paradigma. “Por la razón las matemáticas; por la no razón, la poesía”. “Por la razón, la ciencia; por la no razón, la religión". “Por la razón, el mercado, el dinero, las rupias, los pesos, los dólares; por la no razón, el amor, el canto, la danza.” El ser humano es irracional, debe serlo, y la poesía contenida en este libro revelador, sus alas. No toda la poesía que se escribe en este momento en Hispanoamérica es poesía, es otra cosa. Alaridos tal vez de los áulicos del sistema, los mercaderes, los calculadores, los artificiosos; para no decir los simuladores, plagiarios y demás que fungen de anarquistas, libre-pensadores, aquellos que de viva voz pregonan contra el sistema, pero en sus actos, decires y hechos presuntamente poéticos se alinean, se ponen de lado de los conspiradores en contra del Ser y su Palabra.

Poesía amorosa, quiebra el absurdo cotidiano de nuestras naciones acomodadas en el engaño de siglos, el ataque, la ausencia: “Parece que te has ido para siempre / La bruma no deja ver las golondrinas / Algo quiebra el rojo de la aurora / Abril se ha dado a la fuga / duele el plumaje de los días / muchacha ese fragmento es mi vida” (Algo quiebra el rojo de la aurora). Es la posibilidad de disentir desde el amor. No hay violencia en su palabra. Aquí la verdad florece porque: “La verdad es una experiencia y cada uno debe intentarla por su cuenta y riesgo”, y Matías, sí que asume el riesgo: ha sido su constante, su periplo por el mundo advirtiendo la oscura nueva: aún la especie humana se puede salvar: “A veces los muertos no descansan / cavan los huesos para cubrir las sombras / pudren las ventanas para oír los pasos / ajustan las cuerdas del mar en la oscuridad / los días de soledad se despiertan con el color que nos olvida / algo se muere para que el árbol se sienta a mi lado” (Un ahorcado se pierde de quien canta).

En esta palabra de luz entre la sombra, “Herida azul que viene del abismo”, Matías deja sentado, una vez más, su desagrado frente a la demencia del mundo en que nos ha correspondido poetizar, es decir vivir; porque la poesía es vida, y nada más lejano de la vida lo que nos ofrece este sistema envilecido.

Ayer lo hizo en su emblemático libro La canción de los cuervos blancos. Allí dejó sentada con Poesía, verdadera poesía, su mirada desacralizadora, su visión de hombre nuevo, su compromiso con el arte, la estética, la espiritualidad oscura, la religión no teísta, la palabra incendiada, el amor; y ahora, de nuevo, nos entrega su manifiesto, su oráculo en mitad de las tinieblas. Porque ya el blanco no es el blanco, existen los matices, y podemos descubrirlos, acaso recordarlos, restituirlos a través de esta palabra: “La errancia / la desgracia / El estremecimiento / Estar solo todo el día hasta que en la noche / aparezcan las estrellas / y luego la conciencia / Que evito” (La lluvia en la mitad de la noche).

 

POEMAS

 

CERCA AL MURO 

 

Al llegar tu cuerpo se inundará el sol de ebrias

Mariposas

De gotas de rocío y otra vez el sonido

Plateado de la lluvia

Caerá azul a través de las ramas desnudas

Escribo ahora que el agua deshoja la

Tristeza

Que mis amados caballos son ingenuos y

Esperan

De pie y cerca al muro.

 

COMIENZO DEL OLVIDO

 

Nunca más regresaré al mar

Ni regaré árboles en mis ojos

Te has ido afuera del sueño

En la noche una flor alta

Y un hombre bajo el sol

Peso que se hace leve

Polvo de luz y oscuridad

Busco las orillas del amor

En un cuarto muy amplio

 

SI HUBIÉRAMOS DETENIDO EL SOL

 

El camino hacia tus ojos no es la tierra

Encima de la tierra

El soplo que vacía una rosa

      Azul que niega la montaña

El camino hacia tus ojos no es amor

Es quizás algo que anochece cubierto de cemento.

 

MI MALESTAR SE DEBE A LA PÉRDIDA DE LA FORMA

 

Todo el poco de mí una casa lejos

Sol que ha visto la ausencia

Rosa que yace en algún lugar de la noche

Esta piedra fue aún después del silencio

El paso sobre la muerte que recorre las cosas

Las flores negras tienen sombra

Y los caballos que amansan el agua nos buscan.

 

UN AHORCADO SE PIERDE DE QUIEN CANTA

 

A veces los muertos no descansan / cavan los

huesos para cubrir las sombras / pudren las

ventanas para oír los pasos / ajustan las cuerdas del

mar en la oscuridad / los días de soledad se

despiertan con el color que nos olvida / algo se

muere para que el árbol se sienta a mi lado”

 

ALGO QUIEBRA EL ROJO DE LA AURORA

 

Parece que te has ido para siempre

La bruma no deja ver las golondrinas

Algo quiebra el rojo de la aurora

Abril se ha dado a la fuga

duele el plumaje de los días

muchacha ese fragmento es mi vida.

 


Guillermo Martínez González

POEMAS

Nota y selección de poemas por Álvaro Neil Franco Zambrano

 

POÉTICA DEL AGUA EN GUILLERMO MARTÍNEZ GONZÁLEZ

El poeta Guillermo Martínez González le habla a su río como los vaqueros cuando llaman el ganado, le pide a pesar de la negrura salvaje de sus aguas que regrese con su poder de monstruo que destruye toda la naturaleza que se le cruza en el camino, incluyendo los animales que hacen parte de su propio elemento. Es un río que se libera de sus cargas, y de cierta manera, no respeta  ni siquiera el alma de sus ahogados, pues su furia tampoco se detiene ante la sombra de sus árboles. Este río también es una deidad enferma que no cree en las salvaciones del cielo; un dios cruel que no se compadece de sus hermanos más pequeños. Es un poema terriblemente hermoso, donde el poeta por medio del asombro y el ritmo desbocado de las aguas, sublima el desorden de su universo. El río posee una belleza letal cuya piel de estruendos mudos invita al placer. De ahí la insistencia de la voz poética en su pronto regreso.

 

VUELVE CRECIENTE

 

Vuelve creciente

Vuelve con tu rugido de bestia oscura

Cargada de troncos podridos

Animales muertos o con los ojos

Despavoridos ante el cielo.

Vuelve con la furia de tu agua

Que muerde los acantilados

Las criaturas del monte

Y la sombra gigantesca de los guásimos.

Vuelve con tu diluvio

De batracios negros y peces

Agonizantes en la hierba.

Vuelve con tu grito de dios

Herido en la noche.

Vuelve creciente

Inundación que arrasa piedras y ganado

Perros y flores de plátano.

Turbión de estrella

Agua de tormenta

Vuelve.

 

Este río también es un resplandor de sentidos refrescado por la sombra de la sensualidad. Río primitivo evocado por la memoria de la piel. Río cristalino alumbrado por el rumor de las estrellas que tiemblan en los árboles, eternizado por el deseo escrito en el corazón de las piedras:

       

MUCHACHA EN EL RÍO

 

Recuerdo tu pubis bajo la sombra del puente. El ruido del agua junto a tu cuerpo. Recuerdo la salvajina y tu voz que sobresalía del Chorro de las Piedras. Te recuerdo junto al caballo, junto a la estrella que descendía del árbol. Te recuerdo así: Desnuda sobre las piedras del río.

 

LA CRECIENTE

 

Cuando crecía el río era como un rey lluvioso

entre las hojas de plátano y batracios negros

celebraban la muerte en las orillas.

Era la fiesta de los leñadores y lanzadores de

lazos en las barandas del puente. La algarabía

de los gitanos en los mercados de la Ceiba y

los Helechos.

Niños tristes deambulaban en las aguas. Espantados

gallos se detenían en los techos flotantes.

Nadie sabía qué había despertado aquel tumulto

de hojas y animales perdidos. Aquel grito de piedras

y de náufragos en el lodo.

 

EL AGUA QUE LLEVA EN SUS BOLSILLOS

 

Vendrá entonando la Rapsodia de Saulo

Y te hablará de un río

Del cuerpo blanco

De las mariposas en la sombra

Del lenguaje chino

De la luna y el pasto.

Espéralo muchacha

Vendrá en el mes de mayo

En el mes de los días de lluvia

Y del movimiento de los árboles

Bajo la luz de las estrellas.

Espéralo

No dudes

El maneja la trayectoria del sol

Y tiene tu signo

Y todo será tan simple

Como el alma de los pájaros.

 

YO SOLO AMO SUS SUEÑOS DE AGUA

 

Yo le canto a María

La lavandera

La que lava la ropa

Entre susurros elementales

Y abalorios de humildad.

Yo estaré siempre de su lado

Porque amo sus sueños de agua

Sus anillitos de alegría

Su pequeño mundo de jabón

Y la ternura

Que riega

En mis camisas.

 

PIENSA EN SUS CABELLOS DE AGUA

 

Si un hombre

Vestido de lluvia

Te visita en la noche

No lo dejes partir muchacha

Piensa que sus cabellos

Son de agua

Que él ha escapado

De salvajes que bailan

En el verano.

Piensa que es alguien

Que conoce la música de los acantilados

Un hombre dispuesto

Para el tercer turno

De los oficios de la noche.

Alguien que ha caminado

En el mar sobre las aletas

De los tiburones.

No lo dejes partir

No lo dejes que se pierda en la tarde

Como si el arco iris devorara su cabeza.

Piensa que él jamás estropeará tus pies

(Él será suave como la luna

Llena de pájaros)

Ni pasará como el viento sobre tu lecho.

Y ordenará tu cama

Y tu colección de abejas

Y no te dirá adiós sin un mensaje

De palomas en la puerta.

 


GONZALO MÁRQUEZ CRISTO

POEMAS 

Selección por Hernando Guerra

 

ORILLA DE CARNE

 

Quienes son oriundos de la noche:

extranjeros en todos los países,

con el ojo del sexo son testigos

de cuántas esquinas sucesivas

componen el horror

y saben que libertad sin compartir

alimenta suicidios apacibles.

 

Para los hacedores de oscuridad:

coleccionistas crueles de nidos

soñados por pájaros extraños,

la música se oculta entre dos cuerpos:

constelación de sangre que presagia

nuevo pueblo de hombres invisibles.

 

Más tarde el tiempo será inútil...

Las vírgenes recordando crueldades

despertarán sus sombras,

y yo –cazador de lunas–

anunciaré la infancia de la muerte.

 

RAÍZ DE VUELO

 

Un intercambio de heridas

puede revelar el enigma:

mi pacto con la sorpresa

aún no ha sido perturbado.

 

Giro en torno de la noche

oyendo llorar a quienes

han abierto la gran puerta,

y si el cadáver

persiste en su pregunta

sólo el vacío puede detenerme:

inventor del alma feliz...

 

Mi sueño es único o antiguo

–la historia del fuego

es cantada por el agua–

y como nadie puede despertar

en tu presencia, no soy

rehén de los espejos.

 

¿Cuál triunfo no me aparta de mí?

 

Los aletazos del ojo buscan alturas

donde muy rápido nos ofrendamos

como el rayo: pájaro sin alas...

para intentar reconstruir

en tu imagen cambiante

el último rostro de Narciso.

 

TESTAMENTO DEL AGUA

 

A veces una página es la piel de las ausentes

A veces en hojas de carne anoto mis silencios

A veces escribo en los idiomas de la muerte.

 

(Apocalipsis de la rosa)

 

DESCENSO A LA LUZ

 

La noche es mi regreso. Transito el museo de la ausencia.

Todo sufrimiento es inútil para quien no persigue la poesía, para quien no alimenta con sus ojos a las águilas.

Ejercito la sed. Amo tan sólo a quienes no pude salvar.

Ya no existe una oscuridad que guíe nuestros sueños ni los fantasmas del deseo inconcluso; sólo el abyecto intercambio que ha remplazado al rito.

Ya no busco, pierdo...

Y ni siquiera encuentro lugar en el asombro.

No puedo olvidar más. Ni pretendo saber las tres respuestas ocultas por la muerte.

Aquí nadie carece del odio necesario para recobrar el paraíso, ni confiesa su ruda caída en el día.

Debo ser sombra o grito. Retorno o nacimiento.

Cada origen decretará la abolición del yo.

Es entonces cuando la respiración será verde.

Y aunque todo se lo deba al dolor... Avanzo: caigo. Elijo los caminos que no tienen final. Las voces que incendian las tinieblas. El poema.

Tú lo sabes, cuerpo estremecido:

No es en el tiempo donde he puesto mis palabras.

 

CITA DE LA TIERRA

 

Lo tenía todo hasta que llegó la palabra.

Durante la vigilia conocí el grito azul. Probé todas las máscaras incluidas las del tú. Esperé que mi pobreza me hiciera libre y delaté a aquellos que decidieron heredar los desiertos.

Los señalé con mano de sal y deserté de la luz.

La sublevación del deseo nos dejó a la intemperie.

Imitamos la palidez de la luna y curamos la herida del insomnio con la ventana trémula de un cuerpo desnudo.

Las lágrimas, el miedo, las visiones, y todo lo que será recuerdo, me forzó a la fuga de mi rostro.

La tierra citó a sus testigos y los árboles fueron leídos por el viento. El fuego nuevamente interrogó nuestros sueños.

La sangre del amanecer cayó en mi pecho y padecí el cruel reinado de las horas.

No sé cuánto más debo perder para que me sea develado el poema. No sé cuál es la sed que debo atizar para continuar en la respiración. Eludí las rutas propuestas por el sol. Bauticé todo lo perdido. Habité la Edad del grito. Emprendí el camino hacia mi voz.

Y ahora, cuando cierro los ojos, alguien regresa a la vida.

 

(Oscuro nacimiento)

 

LAS PALABRAS PERDIDAS

 

Alguien descifra la escritura de la lluvia y sin embargo no puede escapar.

Un alud de imágenes nos extravía la palabra; acudimos al grito y al llanto, a veces a la indiferencia, pero sabemos que necesitamos de la guerra para ser inocentes.

Todo lo ha ofrendado la ceniza.

Desde que desterramos a la noche desaparecieron las más profundas alianzas y nuestros perseguidores pueden encontrarnos.

Una herida siempre recuerda la vida, todo nacimiento procede de su túnel. Un árbol arde en nuestros ojos de agua.

La verdad –es decir lo prohibido–, impone su reino de terror... y hemos decidido habitarlo con las manos entrelazadas.

Creímos que la poesía nos enseñaría a morir...

Persistimos... Con frecuencia hacemos la extraña sonrisa del miedo. Si huimos, la soledad convertirá a alguien en víctima. Por eso la palabra se pasa de mano en mano para construir una morada invisible.

A veces para sobrevivir renunciamos al conocimiento.

Y cuando todos duermen escribimos... Pero un poema es el fósil de un sueño, el cadáver de un dios...

¿Aún podremos salvarnos?

 

EN NOMBRE DEL GRITO

 

Crees tanto en la sed: en la vida... En lo invisible. Duermes de cara al oriente. Te purificas en el peligro. En los libros delatas al tiempo como a un pájaro disecado.

En el bosque una encina te sigue. La luz te nombra. Cuando eliges el rumbo del dolor alguien te da un sorbo de agua.

Deseas: esperas siempre equivocarte. Asumes la tiranía del ojo llamada viaje y a veces con un rostro logras curar tu frío.

Sabes de un paraíso que nunca será memoria.

Asistes a la mascarada de la sobrevivencia aunque un ecuador lejano y voraz atraiga tu vuelo. Así logras persistir.

Tus palabras caen como puñados de tierra sobre un cuerpo desnudo.

Aquí comienza el instante. ¿Quién clama? ¿Quién responde entre la sangre? ¿Quién descubre su sombra incandescente?

¡Que el grito siempre pueda detener la herida..!

¡Que el lenguaje alcance para no morir!

 

OFICIO DE OLVIDO

 

Una mujer se besa en el espejo, se oculta con su alma, el agua es su soledad.

Un niño escondido en un armario intenta morir.

Las lágrimas de un hombre caen en su taza de café.

Una adolescente con el índice detiene la manecilla del reloj y se estremece.

En el viento hay un mensaje que no comprenderemos.

Tu sombra se rebela.

Nos preparamos para huir de todo lo que amamos.

Quien no parta será olvidado.

El viento dialoga con el fuego.

Espero mi voz.

Viajar también es lo contrario a la muerte.

Mientras la semilla engañe al pájaro no estaremos perdidos.

Nos amaremos en otros rostros.

Nadie se oculta en la memoria.

¿Vendrá alguien a enterrar nuestros nombres?

 

(La palabra liberada)

 

LLUEVE EN EL POEMA

 

La cicatriz del horizonte invade mis ojos:

La sombra ha sido proferida

Aprecio la querella entre el verdor y la muerte.

 

En esta ciudad han condenado fuego y tierra,

Sólo agua y viento: amigos transparentes,

Me acompañan

 

La jerarquía de lo invisible.

 

ARS MUTANDI

 

Amanece:

Las palabras se vuelven transparentes

Al salir veo cómo se abre el silencio.

 

Hay un idioma que sólo hablan

Quienes acaban de nacer.

 

Ya comienza el destierro del día.

 

El rocío me visita

Y la montaña renuncia a sus límites.

 

Mis manos son raíces nómadas.

 

¿Soy yo? ¿O es el cuerpo lo real?

 

El aroma despliega su crimen...

 

          La rosa terminará por abolir sus espinas

          Pero será mayor su peligro.

 

El camino ha sido mutilado...

¿Desde cuándo leo el libro del fuego?

 

Ahora que el tiempo me persigue

Conozco el lugar donde la muerte reverdece

 

Y es allí donde comienza mi voz.

 

LA EDAD DEL GRITO

 

¿Quién sobrevive a su infancia?

 

Creí en la memoria

Hasta que fui ultrajado por la vigilia.

Tiempo, alfarero de grietas.

 

Vine para hablar en medio de la tempestad,

Llegué con mi herencia de sombras

Indeciso entre el poema y el grito

Entre el fuego y el azul...

 

Hoy vivo el exilio del pasado

Y el infortunio del amanecer.

 

Toda escritura

Es obra de muertos.

 

(La morada Fugitiva)

 


Antón Selura

 

Yo luto

Tú lutas

El luta

Nosotros lutamos

Vosotros lutais

Ellos lutan ………………… Nació el verbo lutar

               Lutar, punto de encuentro de todos los colores, es el verbo nacido entre nosotros a fuerza de matar y morir.

               Lutar es un verbo conjugado por estruendos estentóreos o inaniciones transparentes extendidas sobre relieves, selvas llanos, mesetas en un mapa de ocultamientos, tráficos, secuestros…

               Lutar es un verbo con abismos y dolor en todos sus tiempos.

Lutar no conjuga con palabras donde promesa sea la paz… pas…pas…pas…

               Porque ninguna paz es el sentir de palomas detenidas en su vuelo con alas de silueta estáticas, sólo símbolos sobre pantallas de tiempo, "origamis" sobre extensos no vuelos, blanco imaginario entre múltiples colores de muerte…  ¿Cuándo la paz, si lutar es el verbo?                                                                                                          

 

Septiembre 2016.

 


MONÓLOGO DE UN DESPLAZADO. Y AHORA… ¿CÓMO ES?

 

No lo es todo, pero si mueve mis nortes. La tragedia puede llegar en el mejor día de mis comportamientos e instalarse como llaga en una piel cada vez menos vulnerable. No soporto más provocaciones, aunque viva de engaño en engaño. Es poca y corta mi estabilidad en equilibrio, son pocos mis silencios sin grito. Mi camino de siempre es la frontera, lugar de efímeras ganancias; allí ilusiono olvidos, aún no definidos, de aquellos que fingen cubrir con colores inciertos el horror de sus pasos. Iluso, como si fuera normal mi normalidad y los días de mi tiempo; como si el agua solo cayera pausada por la lluvia, o mis ruidos tuvieran la salud de vísceras fluyentes. Allí, del otro lado de mis orígenes, respiro olvidos fantaseo paisajes para mi anhelada casa en muros de tierra pisada, libre de ataduras, imaginario de libertades, espacio proyectado por mi cuerpo y sus silencios, en el ordenar y desordenar de mis hechuras ilusorias

Allá quedaron los muros para contarlo.

El traspaso de fronteras

es solo un sueño reiterado:

Juego de objetos que se mueven

de aquí para allá, de allá para acá

sobre las mismas causas inmóviles…

¿Dónde está el afuera?  

¿Nos está permitido el plural de los afueras?

¿Qué realidad, sin ser la muerte, descuartiza los espacios

de este tiempo llamado presente?

 

Agosto 2015

 


Beatriz Castelblanco

SONETOS

 

CLAMOR

 

Ven y siembra en mi entraña tu semilla

Para que en el dolor de dar la vida,

Tenga el placer de verse confundida

Esa tu misma arcilla con mi arcilla…

 

En esta forma por demás sencilla,

Continuaré con tu recuerdo ungida

Y después de la muerte, repetida

Quedará nuestra estirpe sin mancilla

 

Si por fin nuestra sangre se duplica

Y en busca de otros soles y otros mundos

La fuerza del amor nos multiplica,

 

Este inmenso milagro significa

Que somos inmortales y fecundos,

¡y todo lo subsana y purifica!

 

 De Poemas de amor en llamarada

 

RENUNCIAMIENTO

 

Hoy estuve tan cerca de tus ojos

Pero tan alejada de tus besos,

Sentí en el alma todos los abrojos

Al retener mis sentimientos presos.

 

Gritar, llamar, clamar por ti de hinojos

Era el dictado sordo de mis huesos,

Mas, sobre la pasión y sus despojos,

El amor y mi fe, fueron ilesos…

 

Vio nuestro adiós la tarde moribunda,

Hubo un temblor azul en el instante,

Sólo entonces la vida taciturna

 

Siguió su rumbo lento, equidistante.

Al poco tiempo la ilusión nocturna

Me sorprendió llorando al recordarte.

 

De Poemas de amor en llamarada

 

ESPIRITUAL VACÍO

 

La casa del abuelo es prodigiosa,

Abre sus portalones coloniales

Y en el jardín donde expiró la rosa,

Se perciben los vientos ancestrales.

 

Es la voz del pasado clamorosa,

Retorna en los recuerdos inmortales

Porque hay una presencia en cada cosa.

¡Con nuevos rostros, viejos ideales!

 

Los amplios corredores, las alcobas

Atesoran eterno señorío

Y la lumbre sus llamas salvadoras.

 

Todo fue igual en las distantes horas…

En el alero se diluye el frío.

Dime alma mía, entonces ¿Por qué lloras?

 

De Siempre el amor

 


 

Hernando Guerra Tovar

LA DAMA AZUL

Nota y selección de poemas por Álvaro Neil Franco Zambrano

 

LA MEMORIA DEL FUEGO QUE NOS MANTIENE VIVOS:

POÉTICA DEL AMOR EN "LA DAMA AZUL" DE LUIS HERNANDO GUERRA TOVAR

 

Los poemas de La dama azul (libro inédito del poeta Luis Hernando Guerra Tovar), tal vez surjan de esa media luz que ilumina la sensualidad de los tangos, de un tejedor de palabras que se interna en el silencio de su imaginación para dialogar con las criaturas de un bosque encantado, donde las aldeas murmuran oxímorons y sinestesias, donde la infancia y su caballito de palo desentierran la cara oculta de la luna. Mucho de ese paraíso bañado por el río que nos atravesó la inocencia.

Dama azul que entonces es sinónimo de agua poética, de música que domestica la soberbia de un paisaje que crece en los sentimientos del poeta. Caja de pandora que guarda versos con forma de rayo, puentes al infinito para que el paso de nube de la mujer amada se cruce con la página en blanco donde se  oculta y espera como un tigre de Borges, el milagro secreto del poema.

Así las cosas, el amor es una herida que el poeta cicatriza con versos que apalabran el silencio, que pueblan el abismo, que resuenan en el vacío de la incertidumbre. El amor: un camaleón que con el tiempo cambia de rama y de color, para posarse en el olvido. Solo que el poeta, ese chamán de la tribu, vuelve a nacer como el Ave Fénix, de sus propias cenizas, para compartirnos la memoria del fuego que nos mantiene vivos.

Guerra Tovar se atreve a soñar con un paraíso de metáforas eróticas donde la clorofila se anuda con la sangre, donde la plenitud de los sentidos se abre a las orillas del deseo. Avance de líquidos primigenios que se abrazan en el instante eterno de esa caída que en palabras de Eduardo Galeano, nos lleva a alcanzar el más alto vuelo. Guerra Tovar es un poeta de estirpe rimbaudiana que sabe que el amor hay que inventarlo a cada paso.

Poeta de verbo encarnado, que pule sus versos hasta convertirlos en pájaros que acompañan el amor que se va, para “irse sin distancia”, “sin alejar el pálpito”, para que la poesía y la amada viajen por caminos inéditos y vivan “en el misterio de una llave”, en el presentimiento de una puerta, como nos lo enseñó Antonio Zibara. 

 

UNA DAMA AZUL

 

Llueve a cántaros.

Por la ventana deslumbra oscura la tarde, se atreve río.

Una dama azul en barco de papel navega el corazón; discurrir de hojas, cantos. La voz del paisaje recorre el alma, el ser mojado de las cosas, la brisa larga y cantada del sueño.

La dama azul recoge el caer en tinajas de viento, acaricia el verso fugaz, agujas sobre el árbol de los pájaros.

Un hombre gris mira desde la otra orilla, escribe un trueno, un relámpago; fluye contracorriente; ama cada gota en la piel de la dama, que danza la música del río crecido, sin partitura ni puente.

 

RAÍZ QUE ALIENTA

 

Esplendor del ayer, raíz que alienta.

Te extraño inasible. Sólo alcanzan el color del afuera, la vertiginosa canción, la pupila. Un desasosiego me embarga. ¿Es la noche principio o fin de la huida?

Leo el entorno y comprendo la luz extraviada en la ceniza.

El recuerdo despojado duele. No es de extrañar que la lluvia, condescendiente y ligera, nos acoja en su luto.

Saber que el instante permanece al interior y no se siente, dura lección para el que viaja.

Te contemplo en los ojos del fuego.

 

EL CANDIL

 

Un hilo fluye del bosque alado.

Sombrean de sol como la primera vez los platanales; el viento habla de comarcas idas; y el pájaro canta en los ojos de un niño.

Alborozo azul salva y sugiere. Juguetes olvidados señalan otro mundo, donde el candil oculta la huella de la serpiente herida.

Madre siempre nos advirtió lo inútil de ahogarse tan temprano.

Era sólo esperar: el río no había crecido, y el puente estaba hecho de las mejores intenciones.

 

LA ESPERA

 

La espera en el tiempo se diluye y no hay espacio donde se conjuguen los azares.

Como nube ibas y venías desde el azul al gris bajo la lluvia.

Ahora sé que el lugar es el silencio, la quietud del ser entre las ramas, la oquedad del milagro en la espesura, el canto de un pájaro resonando lejos como horizonte herido.

¿Por qué ir a pie si el valle está surcado de ríos contracorriente? ¿Es el fluir una condición de nave en la distancia, o el abismo que acoge la flor de los pétalos dorados?

La espera no es en el tiempo dirán los entendidos; los que remiendan los retazos del sueño, los que pegan y despegan los misterios, los que tejen historias alrededor del fuego.

La espera nunca llega.

Habita entre nosotros bajo otro nombre, otro rostro, otra herida.

 

VISITACIÓN

 

En el vientre del bosque la semilla abierta.

Seres alados cantan la hoja dorada, ofrenda del nido de la hora.

Flor de la memoria los hechizos, la fragancia. Encuentro entre dos aguas por las orillas del abismo.

Página escrita a vuelo y verde. Frutos maduros en racimos al aire antes de caer ensimismados.

Emerges del follaje portando la voz de tiempos idos. Flor de mil pétalos.

Noche de soles visitada.

 

NUEVA RUTA

 

Hay una nueva ruta en la prolongación del fuego.

Lenguas lamen los muros del silencio, hora enconada donde los signos liman la palabra.

Tal vez la noche ocupe su lugar en este peregrinar de aliento, de inquietud por los campos, de río presente, aunque fluya el olvido.

Hay una nueva ruta para volver al canto trigal adentro, guaduales de la primera vez en la vereda, que asoma su luz por el revés de la huella.

Un nuevo rumbo, la certeza de estar, aun el desgaste de lo dicho o lo callado.

Es preciso recordar el olvido en el ahora, recuperar los pasos, irse sin distancia, sin alejar el pálpito.

Nueva ruta es quedarse, permanecer con las puertas abiertas, los cerrojos marchitos, las llaves extraviadas, la llama en vilo.

 

SIN DUDA

 

Duele la incertidumbre amarrada al pálpito, sin duda.

Se pueden restaurar los sentidos, incinerar las huellas; mas la voz sigue oscura callando, como si el tragaluz lo hubiese digerido todo, a pesar del ruido y su medida.

No hay dolor comparable a la noticia oculta en los muros de la calle, señal entre neones y figuras alargadas.

En esta ciudad se vuelve cada vez más difícil recorrer los pasos por las avenidas cruentas, las siluetas heridas, los fantasmas rotos entre la bruma y el grito.

La noche advierte su premura, pero no leemos la palma de la mano, ni sabemos del oráculo encintado. ¿Puede acaso la velocidad de la luz permear la fuga, calmar esta lluvia sin calor ni sed, guarecer el estío?

¿Es acaso posible escribir sobre la arena, cuando en las nubes flota lo que no se dijo, no se palpa, no se duele?

El origen espera y el río, cauce entre filos, aguarda el remolino. Pero ninguna cascada atrae el caer.

Duele la incertidumbre amarrada al pálpito, sin duda.

Todo vestigio se tiñe de ocaso, de cánticos cetrinos, de alas calcinadas.

 

TRES BOLETOS

 

Tres boletos hacia la incertidumbre a plena luz.

Reposan a la vista de la hora, pacto unilateral del no decir cuando la esencia espera un gesto, una palabra, al menos un bostezo.

¿Es posible la iniquidad cuando el alma señala la urdimbre del fuego más propicio, el haz de sombra, el grito encarnado;

el error que cuaja en desvarío?

No hay derecho a que la tiniebla crezca, si al fin de cuentas no existe, no tiene solidez, peso volumen ni medida, es pura ausencia, solar sin el árbol que lo asombra, viento sin plumas, pájaro que ya no alcanza aurora.

Tres boletos a la incertidumbre a plena luz.

Un ojo los mira, el otro calla. ¿Cómo advertir la certeza de lo que no se sabe?

Tres pasajes a la noche, al sueño, a la piel. Uno de ida, dos para el regreso. La inconmovible silueta de la torre, la inexpugnable fortaleza de lo que no se añora, el muro donde alguien fundó hace siglos la absurdidad llamada espera.

¿Acaso debe el poeta desistir, no escribir más sobre el río, abandonar el empeño, hacerle caso al mar, que tiñe de azul toda distancia?

Tres boletos. Uno de ida. Acaso dos para quedarse.

 

LA FLOR

 

Una flor, como el rostro de una mujer encendido de deseo, llegó hasta mi sueño. Me dijo: el lugar está escrito, no puedes escapar a mi perfume, la sonrisa del cielo es nuestra vida, y esa luna de cada luna, nos pertenece.

Reinventa tu paso, vale la pena intentar el paraíso.

 

LA PARTIDA

 

En esta calle la sombra ha conquistado su lugar.

Donde vivía el poeta, un hueco enseña fauces de dientes afilados, y la dama azul huye por los rincones de la luz.

El tiempo acude a la cita dejando a su paso un reguero de silencio.

Cómplice de todos los eclipses, abruma el asombro, asalta el misterio. En cada esquina el abismo ofrece la flor de la revelación.

Cruza el poeta la noche de regreso a casa.

 

____________

 

 

 


POEMAS

 

El patio de mi casa

 

Mi casa sobre la orilla del abismo

al lado de las nubes

territorio del viento

es una confortable mansión

de precipicios

 

Su patio: el largo vuelo del pájaro

 

El canto del pájaro

 

El camino se estira como serpiente

sobre el hueso limpio de la noche

 

La luna y el árbol recorren el sueño

entre el silencio largo

 

saludo de piel cuando tu fuego

ilumina el canto del pájaro

 

Distancia

 

Si tu piel se resquebraja y huye

no la busques no la llames

Como el poema eres imagen

verso que cambia

Como en la poesía

el camino es largo

y no hay puerto

ni puente sólo distancia

eterno movimiento

río que fluye

que pasa

 

Memoria

A mi madre

 

Bajo tanta lluvia de Dios te recuerdo camino de la aldea,

llevando de la mano un niño asombrado, tu rostro sereno,

tu sonrisa; mientras el río se inflama, ruge; crece arrastrando

a su paso la tarde que se desploma entera, el viento, la montaña,

la aldea toda.

 

Memoria erguida en una garza.

 

Gota

 

Gota que cae

se acuesta

se acostumbra

a dormir en el río

sobre los peces

ay de los peces que no llevan

en su lomo una sola gota

una pequeñísima gota

ay de los peces desnudos:

no poseerán el reino de las aguas

las aguas dulces

 

Albedrío

 

De los escombros elige el que te guste

Hay azules cielo despejado

para aquellos que sueñan paraísos

donde la luz no alcanza

Hay verdes, como el vientre del bosque

colmados de hojas y de alas

Los hay rojos como la espina

en la gota de polvo o de fuego en todo vino

De los escombros elige el que te guste

Hay variedad de grises olor a bruma

El negro escondido en algún lugar de la tiniebla

El blanco páramo

El que inventa el calor de la canícula

Puedes llevar los colores del sol y de la flor

acaso el lila el magenta el rosa

Puedes llevar los colores de la luna y la semilla

los oscuros colores de la tierra

Puedes llevar el amarillo dorado

como el alba o la tarde

como fruto maduro

como ese viento que danza en los trigales

De los escombros elige el que te guste

Sólo tú sabes el color de tu miseria

 

Mudanza

Te vas de una tiniebla a otra

Claude Michel Cluny

 

Como serpiente en el camino, en cada esquina,

el pellejo del miedo, la duda.

 

Y este gris que no se disipa, esta bruma que no cesa.

 

Criaturas

 

El secreto no está solo.

Conviven con él otras criaturas.

Comparten la sombra, las rejas del silencio.

Comparten la boca:

se alimentan de crudas verdades.

 

Thanatos

 

La noche, la soga, el cuchillo, el poema.

La sombra, el nudo, el filo, la palabra.

 

Si condenados a morir, ¿importa el verdugo?

 

Monólogo del pájaro

 

En este árbol construiré mi casa

lejos del ruido que apaga la aurora

 

Más allá del polvo que cubre las alas

sepulta los sueños

ahoga el silencio

 

En este árbol construiré mi casa

lejos de la esquina azarosa

donde la noche tiembla

 

Nido de verano

sobre este árbol en que retoza el viento

y el paisaje cuelga

racimos de distancia

 

Casa y canto en este árbol lejos de la calle

más allá de la esquina

donde la huella gime

el vuelo sangra

 

Vuelo

A Betssabet Lara Acuña

 

En las noches el viento se vuelve pájaro

Ocupa su nido en la copa del árbol más alto

Sueña que es viento

pasea por el bosque con su amada la brisa

En las mañanas canta

Se da cuenta que es pájaro

 

Fisuras

 

Todo escombro tiene su precio. Vale lo que mide o pesa y es metal

herrumbroso en horas de consumo, guerras, holocaustos. Sacrificio

en tierra ajena, exilio del sueño que atesora, cofre de milagros, historia

mancillada como virgen de clausura. Todo escombro tiene su precio.

Ruina o esplendor en los matices del blanco, acaso ilumine este camino

que bordea las fisuras de la noche.

 

Olvido

Yace la vida envuelta en alto olvido

Quevedo

 

Árbol distraído en la distancia. Callado el viento

en la hora del río. El valle detenido en el camino,

en el musgo de la piedra. Absorto el día. Todo

en el olvido. El abril de sueños y locuras. Todo,

 

menos la palabra.

 


Álvaro Neil Franco

Temblor de isla (Selección de Antonio Zibara)

 

A la orilla de tus palabras

Yo soy mi río, mi claro río que pasa

a tumbos en las piedras.

Eugenio Montejo

Somos un mismo olor

La guayaba floreciendo en la infancia

Una misma agua

El Moniquirá desembocando en el Suárez

Solo que habitamos orillas diferentes

Desde la mía

tu cabello siempre será un relámpago

tu mirada un rayo que no acaba

y yo un niño que te arroja piedritas

para que no se apague el brillo de tus palabras

Tus palabras que llegan a mis días

como peces abismados de luminosidad

como anzuelos

donde empiezo a morir por el silencio

como espuma que navega

por esta soledad de arena

como un tsunami

donde únicamente sobreviven

las leyendas de los pescadores

como un oleaje de asombro

que resucita de burbujas

la lama de mis pensamientos

como un remolino de desesperación

que me arrastra por camas de hojas

donde recuerdo tu cuerpo

que todavía no conozco

Tú decides cuando puedo

acampar en tu vida

 

Complementos eróticos de la K

 

Para tus grandes senos blancos

mis pequeñas manos móviles

para tus sueños sin ropa

la gallardía de mi triste figura

y el yelmo de Mambrino

para tu madreperla

soy Francis Drake

Barba Roja afeitado

(cuestiones de la estética)

para el alto relieve de tu espalda

a Cristóbal Colón

le faltaron 500 años

Agustín Codazzi

se quemó con el cabo de la vela

y ya no quiso continuar

así que

sus trazos geográficos

quedaron en mis manos

yo aún

conservo los mapas

 

Un pronombre que falta en la gramática

 

Quédome partiendo

y es de tanto quedarme que me voy

si ya está reservado un no lugar

será el nosotros en todos los demás

y tú

un camino de herradura

por donde va mi cruz

bendiciendo los montes

donde comienza mi calvario

 

Boomerang

 

Después de haber ido por el mundo

en busca de la mujer amada

Encontré que vivía

en la casa de al lado

 

El rumor de tus ojos

(…) cada vez que respiro es como si el vacío me

entrara en el pecho donde ya no estás.

Julio Cortázar

Nadie ocupará los lugares

donde nos conocimos

en ellos mis manos

siguen escuchando

el rumor de tus ojos

y de tu pelo caen rayos

que solo mi corazón acoge

y aunque nuestra copa

esté rota y vacía

sigo remando

en el vaivén de tu sonrisa

Además

soy el único fantasma

que asiste el río

que corre por tu boca

 

Poemas de Temblor de isla, Rosa Blindada Ediciones, 2016.

 

NUEVOS POEMAS

 

SI KATHERINE SE FUERA

 

Si Katherine se fuera

yo simplemente sería

un delfín ya muy lejos

del conjunto de peces

manteniéndose a flote

sobre su peso muerto

Una estrella que se agita

con ligero temblor de agonía

Una pequeña lengua de fuego

extinguiéndose

en lo profundo de la noche

El enorme escarabajo de Kafka

rasguñando líneas de fuga

con sus innumerables patitas

La cabeza del caballo piafante

atravesada por claridades oscuras

Una oreja cortada

escuchando el eco taciturno

de la distancia

que se aleja en tu cuerpo.

 

NO SABÍA NADA DE LA NATURALEZA

 

No sabía nada de la naturaleza

hasta que olí

la hierba de menta de tus ojos

me quemé con tus lunas de chocolate

y me bebí a cántaros

tu sonrisa de coco.

 


POEMAS

 

OJOS NOCHEROS

 

Los ojos de esa noche…

manaron astros

que incendiaron

los laberintos de mi sangre

Los ojos de esa noche…

palabras surgidas

del avispero del misterio

puertas cosquilleantes

que atravesaron

mi vida de fantasma

infinita mata de pelo

donde mi trigo danzaba

hecho pedazos

piedras calientes

donde saltaba

mi alegría de sábalo

Los ojos de esa noche…

única soledad

para este paso

de nube extraviada

 

ELLA SABE LO QUE TIENE…

Hay una hoguera dentro de mí a la que nadie se acerca para calentarse.

Vincent van Gogh

 

Un tumbao de espuma

que revive

las hojas de los parques

alma de brisa

que enceguece

los ojos de la tarde

sonrisa de nube

escribiendo a su paso

las formas de la infancia

olor de guayaba

 que confunde

la ruta de los pájaros

enredadera negra

donde aparecen

los planetas perdidos

llanura de trigo

donde se tuestan

las manos de van Gogh

Ella sabe lo que tiene…

Tremenda cola de avión

que mis poemas persiguen

en una bicicleta.

 

ITINERARIO DE MI MUERTE

 

Mi muerte comienza en tus caderas

avanza por el escarlata caído de tus senos

que se muda como un caracol

hacia la antigüedad de mis gemidos

viene yéndose en volutas de yubarta

por la fosforescencia de mis profundidades

en estampidas olorosas a jungla

que hipnotizan la cobra

que me silba en la sangre

se me va por el camino viejo

como una horda de tártaros

que resbala sus desiertos de piedra

en mi intermitente saliva de dragón

 

LA JUSTIFICACIÓN DEL COCO

 

Soy un coco

redondo como Sancho Panza

a escondidas del Quijote

Dulcinea se chupa mi sonrisa

 

ELLA VIENE DE UN CUADRO DE GAUGUIN

He querido establecer el derecho de atreverme a todo.

Paul Gauguin

 

Su pelo es una herida

sembrada de locura

donde crecen jazmines

En sus senos sube y baja

la respiración de las olas

El pez rojo de su boca

baila tangos

en el olor a ausencia

que despiden

 los naranjos en flor;

cola de cometa

incendiando colores

en mi alma de nube

Temblor de isla

de cuyos muslos brota 

la lava de las revelaciones

Yegua primitiva

 donde brilla

el sabor del café

 

LO QUE TENGO

 

Un rostro de guijarro

pulido por los sueños

de mis antepasados

Sapitos muchos sapitos

para llevarte serenata

hasta esa orilla negra

trenzada de relámpagos

Manitas muchas manitas

para pintarte

un vestido con flores de guayaba

en el remolino salvaje

de tu cuerpo

Un caballito de madera

para que recorramos

los mapas de las nubes

Un columpio

para llevarte al cielo

donde danza el infierno

que calienta mi alma

Soldaditos de plomo

muchos soldaditos de plomo

para cuidar tus sueños

de muñeca de trapo.

 

SAUDADE

Y entonces yo pude ver que sus ojos me miraban y que en sus labios

se iniciaba el leve movimiento de una sonrisa.

Leonardo Padura

Su cabello

es un chorro de música

lloviznado de ausencia

humo trasnochado deshaciéndose

en la soledad de la espera

Su voz

 hoja seca temblando

por las calles desiertas

tequila rajándome con sal

el vaso vacío de mi alma

abrazo de fantasma aparecido

en la mesa de noche

donde desvelo el silencio

  que cuida mis palabras

polvo aferrado a los árboles

donde un día calmé la sed

con el presentimiento

 de su sombra

faroles viendo pasar

la marcha de  sus rostros

que me borran la cara

 

CANCIÓN PARA CARMEN EMILIA

 

Mi vida está pendiente de una rosa

Ella es hermosa y aunque tenga espinas

Me la voy a llevar a mi ranchito

Porque es muy linda mi rosa momposina.

José Barros

Confieso haber vivido

recostado en una mecedora

mirando pasar

un vestido de taruyas

que monta en bicicleta

y reparte arroz con coco

cada vez que se ríe

Con sus brazos de agua

donde la piel atirantada de los bogas

palpita de nostalgia

el humo azul de las aldeas

Con su cola de totumo

que se alumbra de música

a medida que se entra en la noche

 

Con su mata de pelo acalorada

donde la luna sabe a jugo de naranja

Con sus muslos de canela

por donde las iguanas trepan

para beberse el cielo

Con sus senos de atarraya

que abren sus plomos

para repletarse con los pescaditos de oro

del coronel Aureliano Buendía

Yo

gobernador de la ínsula Barataria

soy aireado en mi delirio

con sus manos de palmera

que me dicen adiós.

 

LECTURA DE BORGES

 

Sus ojos...

imperio de luciérnagas

que me salvan 

de vivir

entre ruinas

 


Antonio Zibara

Las formas prevalecen (Selección de Álvaro Neil Franco)

 

CONDICIÓN

 

La callada razón algo desvela

al mismo tiempo

que pregona una línea

a la música

deshoja ramas cuando

advierte la quimera

o escucha un pez

con su pena silenciosa

en el fondo perplejo

de la charca

a ese dios que oye vocablos

y caracolas de tinta

 

INTERMITENTE

 

De tanto mirar el vacío

esas ventanas

pierden equilibrio

semejan lluvia

con múltiples observaciones

y potro liberado de la brisa

sin dirigirse al hueso

ni a la luna horizontal

de los solares

de tanto ver al frente

su sonrisa se libera

ofrece a esos techos

el sol de sus platillos

el manantial sonoro

de ásperas raíces.

 

FIRMEZA

 

No hay vuelo más intenso

que el de ese cielo

cuando nos muestra

con temor el aire,

ese gris perpetuo

alrededor de una emboscada

esas piedras musgosas

en el día bajo

la tempestad sonámbula,

esa presencia blanca

recostada al azul

de la pendiente sintiendo la madeja

el tejido en la lluvia o el verano.

 

EL ESPEJO DEL OTRO

 

Aquí estaré sin duda castigando

las puertas de la luz

o más osado hundiendo el sol

de las ventanas.

Mis afanados pies querrán

llegar al punto midiendo

la estación de la calle

o asimilando el aire

en la luz de los rincones

hasta balancear la herida

de los pájaros

el paso del tiempo en la desdicha

con palabras escritas en los versos.

 

LIBERTAD POSIBLE

 

Esa puerta está cerrada

pero a veces

recorre el alba

ambicionando el azul

con alas en el vértigo

la corriente precoz

de esa distancia

geográfica que traza

alguna nube

en el confín del viento.

 

ATRACCIÓN

 

Recorremos juntos

esa calle poblada

de pájaros y mariposas

de entusiasmos

o gestos lanzados

a esas torres

a manantiales

aspirando el color

junto a montes sacrílegos

a muros silenciosos

gestando latidos

en el pecho.

 

Selección de Las formas prevalecen, Rosa Blindada Ediciones, 2016.

 


POEMAS

 

LA HORMIGA

 

La hemos visto menearse en el caos,

escudriñar la tierra bajo la levedad

del aire,

colarse en la ranura laberíntica,

pender de la corteza y crepitar entre

la yerba

 

EL LAGARTO

 

Su sueño en el pantano abruma el silencio

horada una arquitectura de peces,

sin embargo,

hay quienes atribuyen su largo reposo

al filo gastado de la piedra,

fogón donde se gesta la eternidad

de sus párpados

 

EL OGRO

 

Esta mañana se levantó temprano para lavar su rostro

en la tibia caparazón del aire.

Los niños lo soñaron en un universo polvoso...

luego se lo encontraron dormido en la superficie

exhausta del lago e invadido por un ejército

de hormigas,

esta vez jugaron a quererlo

 

CORCEL

 

A William Ospina

 

Una supuesta espiral desangra alas que distan

con mesura del llano y sus meandros,

bajo cuajos de un cielo con empuñaduras

de polvo,

lo cabalga un oscuro jinete de ancha pechera

huesos de greda,

con rencor de antigua leyenda en el silencio

fatigado de las piedras

 

(El árbol digital)

 

EL GATO

 

Lee las piedras con largos

Suspiros de musgo y de vaho

Su silueta se pasea por corredores

Escucha a lo lejos ladridos

Afila sus zarpas

Salta sobre el rostro del animal

Para defender

Su espacio sonámbulo

Ese cielo fantasma

Entre gotas de sangre y rocío

 

(Esa pausa del viento)

 

LA RANA

 

La rana de siempre

abastece de párpados

el aire

Puebla el mundo

iletrado

con su canto

venido del último

manantial de sus latidos

 

CLAVE

 

En cada puerta

siento tu llegada

 

A veces

crujen cerraduras

y me oprime la dicha

 

Parece que vivieras

en el misterio de una llave

 


DE POETAS EN ABRIL

Raúl Gómez Jattin

 

Si las nubes no anticipan en sus formas la historia

de los hombres

Si los colores del río no figuran los designios del Dios

de las Aguas.

Si no remiendas con tus manos de astromelias

las comisuras de mi alma

Si mis amigos no son una legión de ángeles clandestinos

Qué será de mí.

 

 

Cuánta congoja agazapada

llevas Eusebio

El paisaje moral

de tus contemporáneos

te afectó como una lepra blanca

 

Eres demasiado sensible muchacho

Recógete en los libros

en tu alquimia

en el calor de tu madre

 

El resto no vale la pena Eusebio

Son los fantasmas

Muchedumbres de fantasmas ebrios

 

 

Casi no conozco a mi mejor amigo

Nos vemos por la calle:

un cómo estás cálido y sentido

 

Casi no lo he tratado

pero presiento en él

a un hombre de valor

 

No me importa que no me reconozca

Es mi mejor amigo

Son los suyos los ojos más sinceros

que jamás me han mirado

 

Mi mejor amigo vive en mí

y yo aspiro a vivir en él

Sencillamente

Sin estorbarnos

 

 

Los habitantes de mi aldea

dicen que soy un hombre

despreciable y peligroso

Y no andan muy equivocados

 

Despreciable y Peligroso

eso han hecho de mí la poesía y el amor

 

Queridos habitantes

Tranquilos

que sólo a mí

puedo hacer daño

 

 

Dama del alba

con tu niñez de margaritas en Abril

inauguraste en mí el sendero del corazón

Espeso amor

Como la embriaguez del stropharia

reminiscente moral con ventana al futuro

Como la lenta tarde de verano

que es para mí la tarde de la vida

Como el río de barro de mi valle

que en invierno arrastraba animales.muertos

Como la dicha pérfida de mi abuela

que se regocijaba en ser un monstruo

 

Furor de los años en tropel   Pasos de la muerte

Ella camina indemne   Solitaria en mi camino

Carne que te reemplazas incesantemente en el recuerdo

ella no está hecha de ti.

 

 

Camina como arrastrando su sombra

No mira a nadie ni nadie lo mira

Hay un vacío a su alrededor

como un hacha levantada

Salió hace unas semanas de la cárcel

Lo declararon inocente unos jueces venales

 

Fue a visitar a los viejos amigos

y estos le cerraron las puertas en la cara

y así todo el mundo

Hay un cerco de púas en torno de Carlos

el parricida

 

 

Yo te sé de memoria

Dama Enlutada

 

Señora de mi noche

Verdugo de mi día

en ti están las fuentes

de mi melancolía

y del fervor de estos versos

En ti circula un fuego ebrio

de las montañas del Líbano

En mi -vapores densos de tu delirio-

nublan mi mediocre razón española

 

Madre yo te perdono el haberme traído al mundo

aunque el mundo no me reconcilie contigo

 

 

Lo más probable

es que seas como los otros

ignorante y mentirosa

No aquella que pobló mi infancia

No aquella de luciérnagas en los ojos

Querida

Cómo testas de cambiada

Lo más natural es que seas como ellos

indolente y malvada

Lo más natural

No el endeble pájaro de verano

No las margaritas del jardín

 

 

Sorprendí a la desgracia robándose mis palomas

y la aparté a latigazos

Volvió sus dientes temblorosa de rabia

y de un manotazo me robó la pasión

Perdóname señora oscura y venerable

mi atrevimiento de hijo bastardo

que no puede más con su vacío corazón

 

 

En este cuerpo

en el cual la vida ya anochece

vivo yo

Vientre blando y cabeza calva

Pocos dientes

Y yo adentro

como un condenado

Estoy adentro y estoy enamorado

y estoy viejo

Descifro mi dolor con la poesía

y el resultado es especialmente doloroso

voces que anuncian: ahí vienen tus angustias

voces quebradas: pasaron ya tus días

La poesía es la única compañera

acostúmbrate a sus cuchillos

que es la única.

 

 

NOTA

1984 señala el año en que el poeta de Cereté todavía no tenía libro,

pero contaba con la aprobación de Milcíades Arévalo, director de la revista Puesto de Combate.

 


Ela Cuavas

POEMAS

 

ESCRITURA

Las palabras me asaltan y de tanto tocarlas enloquece el piano. Las palabras duermen en mí, pero al tomar el lápiz despiertan todas en confusión de pájaros.

Platón y el nombre de los amantes, Van Gogh y su desordenado alfabeto, Artaud y su Torre de Babel.

Las palabras juegan a las escondidas y yo quiero atraparlas como a moscas, derribarlas con mi arco de fuego sin molestar a Dios.

 

ARTE POÉTICA

Noche a noche me interno en esta casa

de corredores oscuros

donde es preciso aguzar el ojo para no caer.

La lluvia, como música, se despeña sobre mí

Y de tanto cantar lloro como una niña extraviada

en mitad del bosque.

En la alta noche crujen los postigos de mi casa,

Es el espíritu del árbol que ha despertado

reclamando toda su savia.

 

SILENCIO

Ya no tengo afán por las palabras,

no hay sistema ni filosofía que seduzcan a mi pluma,

y la espina dorsal del sueño la destrozaron los fantasmas.

Se acabaron los juegos nocturnos,

y la mano que a hurtadillas cerraba la puerta.

Desmantelado está el lecho y sobre él duermen cenizas.

No diré una sola palabra más en esta confusión de luciérnagas,

acabada está la luz porque vale menos que mis manos.

Quiero mío el silencio que antecede a lo terrible,

mío el ruido de la lluvia que azota los tejados,

y un desfile de muertos blancos penetrando por mi lengua.

 

HERENCIA

I

Muda la existencia del hombre

porque las palabras aún no corrían

por las raíces del árbol.

El hombre vagaba por el bosque

y recolectaba frutos,

y entonces fue verbo su alimento.

Él lo supo siempre;

por eso este lápiz con el que dibujo

los signos que me heredó el árbol.

 

II

¿Recuerdas la noche en que te fueron dadas las palabras?

Tú dormías junto al río y despertaste sediento,

y bebiste de la orilla, donde abundaban flores.

Un pequeño grito de placer fue el primer indicio.

 

ALEJANDRA PIZARNIK

 

Ha amanecido nuevamente,

pero el mundo ya no es lo que antes fue.

Todo está agrietado y disperso como mi alma.

Estoy sentada en una piedra,

solo conservo mi boca y mis mordidas uñas,

lo demás se perdió en el naufragio.

Los peces lo comieron tímidamente.

Leo sin ojos mis poemas,

me las arreglo para que sea memoria mi boca.

¿De qué me servirá mi verbo en este mundo que me inaugura?

Es como comprar  un vestido roto.

Siempre soñé este Apocalipsis

conmigo sobreviviendo a sus sombras.

Ahora debo inventar un nuevo lenguaje para nombrarme.

Intentaré un canto de ave,

pero aquí no hay aves, tendré que inventarlas.

Pero primero inventaré el bosque.

 

VIRGINIA WOOLF

Un tambor no deja de sonar en su pecho

y la cabeza es una confusión de estrellas en el acantilado.

Es de noche, no es de noche;                                                                   

pasa la mano por la hoja del cuchillo, pero piensa que…

No de esta manera; además, algo no termina de escribirse aún.

Decide caminar, camina sin rumbo.

Es poco lo que puede controlar de ese cuerpo ahora despojo.

 


Gustavo Adolfo Garcés

POEMAS

 

MADRUGADA

 

Otra vez

en la esquina

el hombre que habla solo

 

no sabemos

a dónde mira

su zozobra

 

ni qué tanto

enfría el viento

su cuerpo sin abrigo

 

no hay una barca

que lo saque del fragor

 

ni una silla

en que su vida pierda peso

 

está solo capeando

el temporal

 

DIOS

 

Dios es ciego

y desatento

 

contesta

furioso

a las plegarias

 

dice palabrotas

usa gafas de sol

 

llega tarde

 

cada día

saca a alguien

a empujones

 

EL DRAGÓN

 

El dragón se mira

de soslayo

 

la belleza

y el horror

en proporción

exacta

 

sabe dónde

buscar su suerte

 

cierra los ojos

 

la música le rompe

el corazón

 

SUEÑO

 

Se iba

el camión

de mudanzas

 

la abuela Marta

abrazaba

un jarrón

 

el abuelo

Sacramento

decía algo

incomprensible

acerca de una llave

 

mis padres

extendían

un traje de baño

 

yo lo veía todo

a la intemperie

 

GRABADO

 

En un jardín

 

a la luz de un farol

 

junto a un dragón

de hierro

 

un anciano lee

 

cae una hoja

 

el lector sonríe

 

y se dibuja

borrosamente

una lámina

 

no podemos ver

el resto

 

al lado

hay un camino

que nos es prohibido

 

todo es secreto

 

JARDÍN

 

Mirar el jardín

 

la inscripción

de una sombra

en la piedra

 

una flor

gris azulada

 

los ojos astutos

de un pájaro

 

todo

consagrado

tal vez

a ocasionarnos

pequeños

estremecimientos

 

la vida ocupada

en la costumbre

de la luz

 

NOSTALGIA

 

Nuestros paseos

eran lentos

 

parecía no tener afán

el amor

 

tal vez era suya

la morosidad

con que mirábamos

los pájaros

las nubes

y el bosque

 

las muchas horas

en las terrazas de la ciudad

 

todo en torno

a su interés de aprender

una frase en español

 

yo gozaba

de la voz que salía

de sus labios húmedos  

 

de su risa

tratando de decir

la palabra desatino

 

no supimos

cómo hablar

de la brevedad y caída

de un imperio feliz

 

FINAL

 

Ningún verso

vendrá a buscarnos

 

TEXTO

 

Creí que ya estaba

terminado

 

nada de trazos

arbitrarios

 

todo cabía

 

las calles el río

la lluvia

 

las lámparas

y una avenida

perdiéndose

en el horizonte

 

me gustaba

vivir allí

 

nunca soñé

con abandonarlo

 

ÁRBOL

 

Entre sembrados

la encina

 

sobre la pendiente

 

absorta

 

LOS PELÍCANOS

 

Juntos

 

en el cielo

 

son humo blanco

 

EL BURRO

 

Bajo el sol de marzo

junto al mar

el burro agoniza

 

no sabemos

si la muerte

lo apremia

 

hay pájaros

y nubes

y mujeres con cestos

repletos de legumbres

 

tal vez un ángel

lo espera

 

se le acercan

las lagartijas

y la sombra del pino

 

está próximo

a entrar por el espejo

y a que le crezcan

alas

 

giran los buitres

 

PUERTO

 

El sol desciende

sobre el río

 

desembarco

y saludo

a algunas

buenas gentes

 

me siento

como en casa

 

los cuerpos

de las mulatas

rompen botones

y costuras

 

una muchacha

limpia el polvo

de la vitrina

 

el deseo arma lío

y susurra frases

de aliento

 

me abro paso

entre la multitud

 

huele a whisky

y a colillas

 

doblo la esquina

 

LINAJE

 

Escribe

con cierto estupor

 

un poco a ciegas

 

cavila de la primera

a la última palabra

 

de uno a otro silencio

 

defiende la extrañeza

 

ESTAMPA CHINA

 

Hay rocío

en el césped

 

todo lo alumbra

la magnolia

 

el banco

el sendero

el puente

son reflejos

 

el follaje

un rumor

que se aliviana

 

CUADERNO

 

Una palabra

cada día

 

la montaña

vuelta sombra

en el río

 

el exilio rojo

del poniente

 

los hábitos

que siempre

tienen que ver

con los errores

 

las luces

que no se apagan

en la memoria

 

un muro

en medio de la vida

 

lo que no se sabe

y lo que no se dice

 

TARDE

 

Debajo de los sauces

el huerto

 

arrecia el frío

 

el viento se revuelca

en el ramaje

 

el escarabajo llega

hasta el geranio

 

AMANECE

 

Oigo el susurro

del amanecer

 

el paso

vacilante

de la luz

 

de nuevo

se enciende

la sangre

 

ÁGUILA

 

Entre la luz roja

del atardecer

 

anda y desanda

el cielo

 


 

Edgar Rúales Ortiz

POEMAS

 

 

Un orgasmo es la muerte feliz

que nos deja más vivos

 

 

Tarde de vientos huracanados

Cielo azul, nubes blancas.

 

Árboles detenidos en danza

repiten sus fortalezas contra las curvas del viento.

 

Al fondo, perfiles nubosos

entre montañas de ropas verdes

desplazan sus tules sobre alturas perfiladas.

 

Curvas, cañones, cielos se miran insinuantes

a la espera de otro anochecer con lluvias grises

donde vibren músicas entre sombras de silencios

y se dibujen sueños en los durmientes

del otro amanecer

 

 

Sin desaliento ni desilusión

me llevo la constante de vacíos permanentes

repetidos una y otra vez

en los entornos

de casi todas las gentes

cercanas a mis pasos

durante los instantes de universo que viví

en este planeta

 

Dapa, Febrero 2017

 

TINIEBLOS A LA LUZ

 

Algunos vecinos de la cuadra son amantes; la cercanía les permite sombras de intimidad. Otros, apenas sospechan. Alguien lo constata, pero calla con cierta prudencia cómplice; tal vez el espejo erótico de los amantes le sugiere el camino de un sueño también suyo: "ser un tinieblo de los que en el mundo han sido". Entonces piensa y decide: "El silencio hace cadenas..." Abre la ventana y, preciso, ella aparece doblando la esquina con su blusa roja ceñida, alegrando el movimiento de caminar. Inevitable no mirarla o decidir que no tiene reversa: siempre hacia delante, parecen decir sus dos puntas altivas. Más abajo, al son de las caderas en ritmo de fronteras, una franja ombligada muestra su piel coqueta. Continuadas en el jeans, desteñido por la moda, se desplazan varias curvas provenientes del universo de la flor, ese lugar en movimiento sostenido a control remoto por las miradas lascivas de sufrientes transeúntes. Pero la blusa sigue por la acera con la danza de pasar, segura de sus dominios; dueña impune del único retorno al origen que nos está permitido a los mortales hombres.

Horas más tarde en el Café, me sorprendió verla salir tan linda por una puerta de la trastienda. Apareció ágil, preguntando si había llegado un nombre de hombre.

–No –respondió alguien.

...Salieron reídos. Él, como de mi edad; Ella, con la edad de mis perturbaciones. Caminaron en fila india, como si nada...como si todo. Él se puso detrás del mostrador. Ella pasó delante de mí y se alejó sin siquiera mirarme con su frescura juguetona. Me quedé sembrado de celos. Tal vez nunca supe nada, a pesar de mi perturbación efímera.

 

Cali, marzo 29 de 2016.

 


Sosiego… Sosiego… Sosiego…

 

Cero y van tres…

Tranquilo hilo

como ruta sin caminos

como curva en su serpiente

como llegada sin temores

como llama de la pira que no mira...

A solas café tinto en pocillo caminante

Libre al calor de mis leños

como albur que desplaza sus presentes

entre recuerdos del olvido

Errático salir de casa

retornar es mi hábitat 

Gracias silencio de culpas

Gracias mutismo de estigmas

Gracias senderos sin rutas

¡Hoy no muero!

 


ELLA Y OTROS POEMAS

 

ELLA

 

Debo reconciliarme con Ella,

mi seguridad no está en otra parte;

Sin Ella todo es gris, ando desorientado,

mis vacíos olvidan sus abismos,

mis llenos torpedean sus fondos

Habitar en Ella, con Ella, es cuestión vital

Su ausencia nos hace invisibles, dicen los espejos

Sólo Ella permite mi cuerpo sensible cierto

Sólo Ella transita mi presente como un tiempo vivo

en el que toma formas con pausados signos

para forjar cuerpos que sí reflejen los espejos...

Ella, la escritura.

 

TIGLERÍA

 

Un tiglero cantó sin saber que ella estaba sorda. Con espejos fue ahuyentado del lugar, pero voló juguetón hasta el árbol donde siempre posa cuando pasa migratorio por este lugar de sombras verdes. Su extraña tiglería, que así llama su cantar, dispersa hacia los lados de su entorno más cercano tres sonidos diversos: agudo, grave y lento más agudo; luego hace un silencio con aleteos sin vuelo hasta el próximo ciclo de sus cantos. Cuando no es interrumpido, repite hasta cinco veces cada una de sus tres melodías. El tiglero es una nota, su música aviva sus colores. Un tornasol azuloso sale por su pico cantor. Cada vez lo espero durante el mes de marzo, tiempo de su vuelo entre los árboles de sombras verdes, frescas y vitales

 

RETADENA

 

En Retadena,

ciudad lunática de Erotilia,

rompido está partido

La sonda descubre sus roturas

Un color amarillo deshoja los árboles

Los sueños ruedan por las pendientes azulosas

de la Tomarena,

enigmático lugar...

Deshechos anclados todo lo abisman

Desde sus ojos inhóspitos

Retadena no sabe de olvidos...

Está loca Retadena.

 


LA CITA

 

desoir razones

trazar otros rumbos

hacia el encuentro

de nuestros tiempos,

el tuyo

el mío

única forma de soñar

despiertos en uno

 

Febrero 2015

 


EL ASOMBRO

 

Un nuevo origen del asombro

siempre serán los espejos:

los aborígenes descubiertos en América

lo vivieron

Shambuko Talameque

enamoró a su novia Tatía

mostrando su rostro reflejado

en un pedazo de vidrio cristalino

que tomó prestado de un cajón

caído del caballo de Narciso Garzón García

el español, entonces recién llegado

de otros mares y otros asombros.

 

¿QUIÉN ES ELLA?

 

Es querencia o temor,

¿cómo llamarlo de otra manera?

¿Sólo temor?

¡La intuyes, la sientes!

 

Con el piso movido casi no respiras:

Uno se estámuriendo, uno se muere;

La toca, la teme, la siente como el aire que respira

O la sangre que circula...

 

Con ella partido en dos, uno anda al descubierto,

la llora, la seduce. Cada vez la mata, la redime.

Ella te posee para seguir la vida:

te lleva, te trae con ella

desde la noche de sus cabellos

hasta la mañana de tus besos en sus pies,

atado fuerte temblando en los brazos de su vuelo.

 


UNA TARDE CON NOCHE EN EL CHUZO DE RAFA

 

Ese día estábamos con Juancho el peludito, mi compinche de “mirandas” los viernes en la sexta. Si no había clases en la U. no fallábamos la “sextiada” con vientos frescos por la tarde  hasta la noche, cuando entrábamos al Chuzo y nos metíamos unos guaros con música, cháchara y amigos.

Sextiada con vientos frescos: Pasa una blusa roja y ceñida, alegrando el movimiento de caminar. Inevitable mirar y decidir que no tiene reversa: siempre hacia delante, parecen decir sus dos puntas altivas. Más abajo, al son de las caderas en ritmo de fronteras, una franja ombligada muestra su piel coqueta. Continuadas en el jeans, desteñido por la moda, se desplazan varias curvas provenientes del universo de la flor, ese lugar en movimiento sostenido a control remoto por las miradas lascivas de sufrientes transeúntes. Pero la blusa sigue por la acera con la danza de pasar, segura de sus dominios; dueña impune del único retorno al origen que nos está permitido a los mortales hombres.

Cháchara: tinieblos de barrio: Algunos vecinos de la cuadra son amantes, la cercanía les permite sombras de intimidad. Otros, apenas sospechan. Alguien lo constata, pero calla con cierta prudencia cómplice; tal vez el espejo erótico de los amantes le sugiere el camino de un sueño también suyo, “ser ‘un tinieblo’ de los que en el mundo han sido”. Entonces piensa y decide: “El silencio hace cadenas...”

Se abre una puerta al fondo y, preciso, la blusa roja aparece doblando el mostrador.

Blusa roja: Me perturbó verla salir tan linda por la puerta de la trastienda. Apareció ágil, preguntando si había llegado un nombre de hombre.

–No –Respondió alguien.

Salieron reídos. Él como de mi edad; ella con la edad de mis perturbaciones.

Caminaron en fila india, como si nada...como si todo.

Él se puso detrás del mostrador.

Ella pasó delante de mí y se alejó sin siquiera mirarme con su frescura juguetona.

Me quedé sembrado en mi silencio.  Tal vez nunca supe nada, a pesar de mi perturbación efímera.

-Juancho, reído, pidió otra de guaro.

 

GLOSARIO

Mirandas: los que sólo van a mirar; casi siempre apostados en un bar o estadero con mesas hacia la Avenida Sexta.

Sextiada: del verbo caleño sextear: caminar en las tardes por la Avenida Sexta norte con vientos frescos, desde el Palacio Rosa hasta Chipichape. Bellas mujeres transitan por la Avenida Sexta en Cali, ante las miradas expectantes de incondicionales admiradores.

Guaro: aguardiente.

 


La palabra que nombra 

Selección de Jorge Eliécer Ordóñez Muñoz

 

Cometa de agosto

 

Una cometa de agosto

se enredó en un poste

para volar hasta siempre

la piola del viento la sostiene

pequeños remolinos

por las tardes de octubre

por las noches de noviembre

la hacen sentir como en alas

chasqueando su celofán

contra las cuerdas

 

La cometa de agosto

que pasó triste septiembre

abandonada en el poste

se hizo feliz

cuando decidió llegar hasta diciembre.

 

Tu boca excede

 

A veces tu boca excede

lo que tu cuerpo calla

A veces tu boca calla

lo que tu cuerpo excede.

 

Quédate en silencio

no te muevas

sólo permite

el movimiento vibrátil

de un beso que parece latir

para condensar la vida

y decir el mejor silencio de las palabras

al mejor encuentro de los cuerpos

 

No sólo de labios es un beso

 

Vuelo de columpio

 

El vuelo sin despegue del columpio

te lleva y te trae

cielo delante

cielo detrás

 

En vaivén oscilante los años

van… vienen

La edad desaparece

 

El tiempo en vuelo de columpio

nos hace niños

 

Niños péndulo

mecanismos vivos

de reloj parlante que sueña

y se columpia

 

En casa de puertas abiertas y ventanas

un columpio es el tiempo

 

El fruto más grande

 

El fruto más grande de un árbol es su sombra,

él no piensa,

deja pasar el aire

que siempre pasa.

 

La sombra de un árbol es su tiempo.

él no habla.

 

El agua de un árbol es un río

que suena a lo lejos.

 

A veces pasa un hombre por su sombra,

pero, como el aire, no se queda.

 

El fruto más grande del hombre es la poesía,

pero él siempre pasa

como el viento a la sombra de un árbol con su fruto.

 

Hábitat

 

No andes por ahí fuera de tu hábitat

llévalo contigo

corres el riesgo de reventarte por cualquier talón

o hacer ternuras donde no hay pétalos

quedar desnudo como pájaro herido

o solo como no es la soledad

 

Como llegué a tu casa

 

Inventé tu dirección

y era cierta

viré hacia enfrente

para tomar la calle horizonte

allí esperé que el sol marcara un punto.

puse el número de tu fecha a la tarde

con los brazos cerrados haciendo punta

crucé a la izquierda

y toqué esta puerta:

Eros salió para abrazarme…

 

Por ese camino llegué a tu casa.

 

Tú tienes el poder

 

Tú tienes el poder,

y yo, una distancia que da vueltas.

Si estás jugando al silencio, ganaste.

Respiro con derrumbes,

las cosas están quietas.

Has logrado revolotear mi dolor,

apretar mi cara dura.

Siento una lluvia tenaz de letras partidas

sobre una nostalgia llena de tu espalda.

Estoy herido. Tú lo sabes.

Guarda tu silencio; yo, mis reproches.

No llames,

ando perdido, buscándote,

caminando hacia ninguna parte.

No llames, no oigo:

buceo en otros sentidos

tratando de encontrarte.

No llames, no estoy,

¡he partido hacia tu silencio!

 

Umbral

A Tilcia

 

Ahora es el tiempo y el espacio:

eres ellos para mí

mujer reciente siempre

 

Trajiste la palabra umbral

y pasé por ella

 

Entonces era una palabra abierta al vacío

Andabas con ella puesta

yo no la tenía

Ella dijo en tu voz:

“Te regalo la palabra umbral”

 

Desde entonces nos reúne

un intercambio de cuerpos

prohibido en los lugares del orden

 

No tenemos nada que ocultar

pero viajamos a la luz de la velocidad

que nos permite intimar en umbrales sin enigmas

sobre el abismo de las palabras

 

LA PALABRA QUE NOMBRA

 

FORMA EFICAZ DEL RECUERDO

 

No se trata de volver al pasado

Sino de traer el pasado al presente

Bien guardado en el olvido

Para que no se rompa

 

INVENTA UN NOMBRE

 

Si algo te asusta y no sabes qué es 

inventa un nombre,

sólo entonces habrás iniciado el exorcismo de tu miedo:

La palabra que nombra se apropia de lo oculto

agranda sus temores o confunde sus lenguas

para desplazarlo en cadena hacia nuevos encuentros,

en las torres de tu olvido

 

Edgar Ruales Ortiz, La palabra que nombra, Ibagué, Casa de Libros, 2013.

 


OTROS POEMAS

 

ELLA

 

Debo reconciliarme con Ella,

mi seguridad no está en otra parte,

sin Ella todo es gris, ando desorientado;

mis vacíos olvidan sus abismos,

mis llenos balancean sus fondos

Habitar en Ella, con Ella, es cuestión vital  

Su ausencia nos hace invisibles, dicen los espejos

Sólo Ella permite mi cuerpo sensible cierto

Sólo Ella es tránsito de mis tiempos vivos

Para crear espacios con sus pausados signos

hasta  forjar cuerpos  que sí reflejen los espejos…

Ella, la escritura. 

 

LA PALABRA OTRA

 

A María  Mercedes Carranza

 

Cuando toca me guardo las palabras

sin maltratarlas las escondo

las disimulo con vestidos ocres

azulencos o capuchones negros

para que no se oigan las descalzo

y me la llevo como cristales finos

a un cuarto sin artilugios

donde sólo cabe lo que lleve

en las manos de mi memoria.

 

A mi entrada encuentro gestos

a la espera de las palabras

que llevo a mi taller de silencios

donde mis artesanos en alerta

continúan el trabajo de construir

espacios no sumisos

a los ruidos falaces de la palabra otra.

 

TODA LOCURA

 

Toda locura se cree cuerda...

tiende la cuerda floja de su creencia

y se desplaza de luz a sombra

de sombra a luz

asida a las manecilla de antiguos relojes

en la resta de las horas.

 

Mi locura camina y tiembla

todo el tiempo se sueña cuerda

a veces

cuando despierta cae

se golpea la testa y todo lo que resta...

 

Entonces corre a templar su cuerda

alerta y cuerda

amorosa y cuerda

displicente y cuerda

radiante y cuerda

rota y cuerda...

 

Mi locura se cree cuerda

camina sus días en la cuerda floja de su creencia

sumando la resta...

 


CARTA A MALENA (versión 2013)

 

Acariciar tu rostro, erizar tus piernas, hasta reír nerviosos pero plácidos. Habernos besado, cuando nos besamos la primera vez con intensidad de huella en cemento fresco. Luego, los ensayos de juntarnos entre pequeños fracasos; las peleas y conciliaciones amorosas desde mis palabras duras, pero frágiles. Esa tropilla de poemas escritos con mis manos en vuelo sobre un imaginario de distancias ajenas y la ilusión de ser una nueva versión de dos tinieblos. Los rituales de inicio en los primeros acercamientos. La inconclusa educación de mi cuerpo para con el tuyo; de el tuyo para con el mío. Nuestros pasados presentes en hijos amados, ligados a nuestras memorias, pero ajenos a nuestra liga. Esa lucha por separarnos y prescindir cada uno de el otro ¡cómo si fuera tan fácil! El último acuerdo que hicimos en aquel parquecito, cuando se habló del reto de seguir saliendo o separarnos. Tu propuesta de luchar por lo que querías, y mis preguntas sin respuesta. Tu niña menor, sin dos dientes, ensayando seis columpios... Todo, todo lo evoco junto, sin suspiros ni reproches, así como fue, con la intensidad de un encuentro aplazado entre los tiempos y lugares de otras historias.

No dejamos de pasar hacia los encuentros. No es lo mismo hacer la vida con cuerpos y palabras usando la misma tinta, que cambiar de música o de rumba. Estoy seguro, siempre lo estuve, que mi voz no será olvido, ni mi hacer. Desde ti, también puedes estarlo!

Tal vez sólo sea una premonición ilusa, pero no deja de inquietarme la subversión de estos recuerdos cuando conviertan sus cenizas en nido de ave fénix.

¿Quién y dónde fabrican columpios? ¿O péndulos?

ANTÓN SELURA

 


LA ESCRITURA NO CESA

 

La escritura en Lengua Castellana rema de izquierda a derecha.  Al llegar a su margen, para no salirse, curva el retorno hacia abajo y sigue camino sobre el plano siguiente. En cada orilla pausa  para continuar,  evitando desbordes sobre la cuartilla en blanco. Fintas de la mano obedientes a la escritura, improntas en tinta firmes a la presencia, desde la antiguas huellas sobre pieles o rocas, continuadas en papiros, inscritas sobre lisuras de materiales con texturas diversas: lisas, corrugadas, curvas, planas…. Hasta la hoja de luz en la pantalla del procesador, espacio de lo virtual, abstracción de tachaduras, palimpsestos y huellas de tintas indelebles.

Palabras y hoja unidas por los trazos originados en las bolas y lo palos de las primera letras, o marcadas por los caracteres tallados de la imprenta, multiplicaron la escritura sobre las viejas Remington y demás contemporáneas, ahora vetustas.

Hoy el verbo digitar distanció la mano de la pausa en las curvas de retorno entre las márgenes. Los planos puntuales de la escritura y sus fronteras emergen virtuales, tras la caricia, casi imperceptible de las yemas de unos dedos empinados, como evitando huellas. La pantalla no es la hoja, pero sí. Marginar se dice justificar y, como el plano  virtual de la escritura se desplaza, el retorno entre las márgenes se incluye en digitar. Los originales del pasado y el presente –cuadrados o rectángulos euclidianos- serán transcritos en la hoja virtual oblicua de las pantallas de la siguiente generación, siempre la última.

Mientras un antropomorfo imagine la curva de retorno, evitando la caída al vacío, la escritura no cesará de continuar. 

 


HORACIO BENAVIDES

EN LA CALLE Z EL POETA

 

El poeta  usa tonos suaves sin premura, intermitentes entre silencios y ocultamientos de las palabras que elige o acaricia sin ambages. Con otras marca distancia, las más tercas se quedan y reclaman: si las despertaron no se van a quedar así, iniciadas; las faranduleras se alejan hacia los cruces de los semáforos donde los raperos las humedecen y las tiran a los carros por entre las ventanillas. Luego, cansadas por el uso y el abuso, vestidas de mendigas, rape, reggaetón o vallenato retornan con sonrisas y miradas tiernas, incomprensibles ante su distancia inicial del poeta, que en las tardes visita el mirador de las vocales en la Calle Z  por donde pasan palabras desnudas caminando coquetas, insinuantes, dispuestas a entregarse a los buscadores de sentido,  quienes las abrazan y  se las llevan hacia sus próximos poemas, esos lugares que todas anhelan.

 

HORACIANDO

Leyendo la obra poética de Horacio Benavides        

 

No deseo callar, pero mi voz no sale.

Libre, el aire respira silencios.

Cuando mis ojos miran tus poemas serenan sus lecturas.

Sentidos los sentidos dicen más,  

ningún entorno los enmarca. 

Desde su ventana mañanera,

Razón en duermevela se hace la loca.

Conciencia, llevada entre asombros,

distancia ajenos saberes  intrusos. 

Tus palabras me alejan de ancestros repetidos;

sus fintas seductoras  dibujan nuevos senderos

sobre las esquinas descalzas de mis sentidos.

Tus versos desnudos como hojas frescas e imágenes serenas 

moldean pausas de seguros  parajes, 

poesía.

 

CANCIÓN PRESENTE

 

La poesía no está en otra parte

ni es mejor en otra lengua,

Ella es dimensión que vibra de voz en voz

hasta siempre…

La poesía no termina,

es canción presente   

que abre o retorna los caminos:

presiéntela respírala

óyela recréala,

Es un encuentro de vida…

indefinible como ella.

 


Jorge Eliécer Ordóñez Muñoz

CUANDO LOS POETAS SE VAN

 

Queda un sabor a corcho en el vacío,

un péndulo inútil de los ascensores que suben y bajan

con su ronroneo y su freno fugaz en cada piso

donde emergían sus rostros con sonrisas a bordo

 

Los poetas de África, con su risa

tan blanca como la espuma de los ríos nocturnos

y su acompasado movimiento cada vez que sonaban los tambores

 

TJ Dema, de Botsuana, reina negra, sulamita en el trópico,

con su brío de antílope en su llanura de palabras

sabias y rotundas en el parque de los pies descalzos

 

Cuando los poetas se van

el comedor es un recinto tan frío como un túnel que cuela la niebla

porque allí hubo hablas de todos los ritmos y todos los acentos,

hubo besos y abrazos, danza, rituales de saludo,

venias para llegar, para ausentarse hacia la noche,

para pedir en castellano una arepa de choclo, un tamarindo

 

Cuando los poetas se van

la calle es una cinta amarga de colores

que sube por las montañas

y deja entre el corazón y los ojos un hilo transparente

tan invisible y fuerte como una telaraña

 

Al fondo los aviones

donde se va Giovanni Quessep a su ciudad de torres blancas

y Juan Manuel Roca a su lidia de toros

que envisten su capote con furiosa elegancia

y Eduardo Dalter, a su pampa con ciudades dormidas

que lo esperan con un corcel y una milonga

y Norberto Codina, hacia su isla de sones encantados

y Juan Mares, a su océano inmenso de color turquesa

y Javier Naranjo a estremecer su limonero

donde los niños inventan pompas y metáforas

Y Orlando y Katherine y Winston Morales a circular por las murallas

Y Hanan Awwad  a vislumbrar una paloma

entre las dunas de su Tierra Prometida,

Ron y Saray, hacia Oceanía, con puente en Santa Helena

para tejer coronas y poemas con los silleteros

 

y los poetas indios y los del norte, con sus hablas mestizas

Y Basir, tan alto, tan cariño

como las palmas de oriente que lo abrazan

 

Todos con su luna de escudo, con su armadura de palabras siemprevivas

 

al fondo los aviones como albatros metálicos

después, ya en el aire, aves poderosas devorando las nubes,

con sus chorros de humo, paralelos, en la quietud del cielo

mientras aquí, en la tierra, nosotros, sedientos, sin horario

no sabemos hacia dónde dirigir los ojos secuestrados

 

Cuando los poetas se van

quedamos solos, queda la vida tratando de enmendarse

 

ALASKA

 

 

Quiero llevar mi corazón a esos bosques de nieve

ahora que tengo en los labios una fruta de sabor amargo,

minuto tras minuto, incluido el avaro momento del sueño.

 

Hay un anciano dentro de mí

que se encoge sobre su báculo de roble

y se niega a sonreír, a comenzar el día

Entonces pienso en Alaska

y quisiera para mis huesos

esos largos meses de hibernación

cuando el oso dice hasta pronto

y regresa después, tímido y delgado,

a tomar el pulso de la primavera.

Quizás el cardumen de salmón

torne de nuevo a su eterno retorno

y el oso espere de pie, erguido otra vez

junto a los pinos.

 

HORMIGUERO

 

En la empalizada

más allá del cemento

aparece el hormiguero,

insignificante mancha

frente al verdor de las cosas

tras varios días de lluvia.

 

Es una pequeña isla de arena molida

¿acaso el arena no es más que dura piedra

debilitada por el tiempo?

 

Yo la miro tras espantar con la voz

el corcoveo de la cabra

hundo en su corazón una vara de mimbre

rastreada en el camino,

enseguida, como testimonio de generación espontánea,

infinitas hormigas acuden

al llamado del ocioso gigante.

 

Entonces pienso que si las hormigas pensaran

yo sería para ellas un dios alevoso

erguido de la nada con un cetro

y la potestad de darles o quitarles la vida,

acertijo suficiente para que me adoren o detesten.

 

Un toque de albur

puede convertirse en un mínimo reino

donde la vida minúscula se agita vehemente,

asciende, ciega, hacia su límite.

 

TERMAL

 

Bajo el junco

que prodiga sombra a los tréboles

de cuatro y cinco dedos, como las estrellas,

está el termal de agua ferrosa,

no fétido azufre, hierro líquido

que convierte las raíces en bermejos músculos.

 

Ahora que llueve copiosamente

lejos del mar, en una ciudad quieta

que convida al tedio, pienso en el termal,

en su hongo de hervor donde mi cuerpo

floró un instante junto a otro cuerpo

herido tal vez por la fugacidad de un aerolito.

 

Es posible que la densa lluvia

o un relámpago certero

caigan en este instante sobre el ojo de agua.

 

Total, la naturaleza

tiene un ritmo distinto al de los hombres.

 

OLVIDOS

 

Olvidé amarrarme los zapatos, madre,

tú me despedías sin besos, apenas una señal de cruz en el aire,

tan cerca del aljibe, ponías en mi siniestra una granadilla

y en mi maleta escolar un lápiz que olía a maderas ocultas,

aserrín de algún sueño que contaban los hermanos menores

 

que te puedes caer, tú me decías,

¿ y cuántas veces me desplomé de bruces, de nalgas, desamores?

Quise aprender tu lección, casi analfabeta,

pero el olvido fue mi yermo territorio

Aún recuerdo que pintaste a Moisés separando las aguas

con tus rasgos menudos, casi con vergüenza,

porque yo tenía el brazo entablillado, tal como ahora

el corazón, la vida, entablillados,

y mientras dormía en un laberinto de monstruos y temores

tú, bajo el mosquitero, intentabas curarme

con un aceite fétido de tuétano y lombrices

 

ahora, con esta voz que me sale a hurtadillas,

por entre matorrales de cemento y de niebla,

quiero decirte que tus pasos endebles, a causa de la artritis,

suenan con tanta fuerza en mi escalera de madera crujiente

que ya puedes respirar tranquila: no me he vuelto a caer

así lo espero. Cuando miro mis zapatos, como focas

invernando en un rincón de la buhardilla,

no puedo menos que sonreír despacio y aspirar con ternura

ese bálsamo que ha curado la desolación de mis madrugadas

 

LA SIESTA DE LOS TRENES

 

Amanecieron grises, desolados, los trenes

antes fueron hijos del sol, recios caballos en vertiginoso movimiento,

a veces, los disipó la luna, en un recodo de nieblas y de ortiga,

pero volvieron, con su firme canción, sobre los puentes,

donde cabalgaron a sus anchas sobre la piedra y la espuma

 

en cada pueblo resoplaron como búfalos, con nostalgias de oeste,

abrieron trochas, caminos de metal, túneles de hojas,

árboles endomingados con bejucos y ardillas

 

ahora que llueve con la pasión del primer diluvio

yacen detenidos, en un erial de cosas viejas

 

ni la campana lenta que anunciaba su partida,

ni el rebaño de niños que lanzaba piedras inocentes a su paso,

o las muchachas frescas en el umbral de su vaivén sonoro,

o el suicida que aplazó hasta la muerte su danza postergada:

nada revivió su magia de bestia poderosa

 

duermen en la sombra de la vieja estación,

no esperan nada, tan solo el paso del tiempo

con su escuadrón de enjundiosas polillas:

en unos años serán la guarida de los vagabundos,

o tal vez una quimera de ceniza y olvido.

 


Mauricio Vidales

 

DECIME VOS, CANTOR

A Silvio Rodriguez, a propósito de una de sus canciones de amor.

 

¿Qué hago ahora contigo? dice el cantor sin tregua

el cantor que no descansa en su discurso de paz y amor

aquel que sigue siendo fiel a la valerosa historia construida

de su nación de aguas, de su pueblo multicolor ebrio de libertad

aquel que desde la canción ha edificado una república internacional

de sueños irrompibles

Silvio, no calles, no dejes de entregar tu amorosa voz

porque tus versos han calado hondo en muchos espíritus

que aún creemos en un mundo solidario

fraterno y exento de estériles vanidades.

 

Esta noche en que te escucho entonar la canción de amor

que ofreces al mundo

me llevas a entender el verso "¿Qué hago ahora contigo?"

como esa pregunta definitiva

que se formula el hombre al encontrar esa tan anhelada paz

esa inapreciable perspectiva de alegría permanente

que sólo el amor procura

y me atrevo a trasladarla hacia una aspiración universal

expresada en la realidad incontrovertible que es la paz de tu pueblo.

 

Decime vos, cantor

¿qué puede hacer un pueblo cuando encuentra después de medio siglo

que lo construido no es ficción, que lo vivido es acumulación de saberes

que lo presente debe ser un reto permanente

que lucha por sostener ese sueño hecho realidad por tantos héroes?

cuando ante tanto cañonazo, ante tantos intentos de golpes a la estabilidad

en el Continente

en la amorosa Isla Antillana

todavía podéis soñar tranquilos bajo el azul cielo Caribe

sin que una bala una sola bala despierte a los durmientes

 

Decime vos, cantor

de madrugadas arrulladas por sinsontes

¿cuándo vendrá tu canción a iluminar el alma extraviada de los cruentos

de nuestros hermanos irremediablemente perdidos

en la maraña oscura del engaño histórico

que se tragaron sin vergüenza los mandamases y sus vasallos

del que no quieren despertar?

 

Decime vos, cantor

¿cuándo? ¿cuándo? ¿cuándo?

...

 


Carlos Fajardo Fajardo

POEMA A NAZIM HIKMET

 

Hoy que llueve sobre Bogotá

leo tus poemas Nazim Hikmet, tus cartas desde las cuatro cárceles,

el recuerdo de los patios sonoros en Istambul

el lento pero seguro avance de tu angina de pecho.

 

No me desilusiono ni lloro.

Tampoco soy un simple desesperanzado.

Sin embargo, Nazim, mi país es una cárcel mayor,

mayor que la de tu Ankara, más fría que la de Cankiri

más insoportable que la de Bursa.

Todas tus cuatro cárceles reunidas son apenas recintos con jardín.

 

Como tú, turco naciente,

en el nombre de esta tierra tomo la palabra

y malas noticias me llegan con lluvia matutina

malas noticias sobre un país cerrado donde nadie nos deja cantar.

 

Prisionero, exiliado eterno,

con quince heridas, según decías,

escribo en torno a estas paredes deseando ver una luz.

Escucha Hikmet este poema compuesto por varias manos

con despedazadas uñas de tanto escarbar.

 

También estamos incomunicados como lo estuviste en Ankara

donde te prohibían ver el cielo azul y un árbol silvestre

plantado en algún sitio.

También hablamos con nosotros mismos

en siniestras ciudades

y nos dan ganas de llorar sobre algún seno

llorar o insultar temblando en la lluvia.

 

Destrozados, solos con el vaivén de lentas horas,

vigilados desde los cuatro costados

se abre nuestra ira como una gran verdad

y en las torres del aire

lanzamos gritos por oscuras ventanas.

 

Nazim Hikmet, llueve sobre Bogotá.

Yo releo tu poema a Taranta-Babu

pero no puedo hacer un himno para beberme el sol

no puedo estrechar mi pecho y darme alegría.

 

¿Cuándo cesará esta llama que a todos calcina?

 

Versión al turco por el poeta y escritor Tahsin AYDOĞDU

 

Bugün yağmur yağıyor üzerine Bogota’nın

okuyorum şiirlerini Nazım Hikmet, mektuplarını dört hapishaneden,

volta seslerinin anısını İstanbul’da

yavaş fakat emin ilerleyişini Angina Pektorisinin

 

Ne düş kırıklığına uğradım ne ağlıyorum.

Sıradan bir umutsuz da değilim.

Bununla birlikte, Nazım, benim ülkem büyük bir hapishane,

daha büyük Ankara’nınkinden, daha soğuk Çankırı’nınkinden

daha dayanılmaz Bursa’nınkinden.

Senin hapishanelerinin dördü de bitişiktir hemen çevresindeki bahçeyle.

 

Senin gibi, Türk doğan,

bu diyarın adına söz alıyorum

ve kötü haberler geliyor bana sabah yağmurlarıyla

şarkı söylememize izin verilmeyen kapalı ülke hakkında kötü haberler.

 

Mahkûm, ebedi sürgün,

on beş yarayla, söylediğine göre,

yazıyorum bu duvarların etrafına arzulayarak bir ışık görmeyi.

Dinle Hikmet bu şiir değişik eller tarafında yazıldı

çok kazmaktan kırılmış tırnaklarla.

 

Biz de tecritteyiz senin kaldığın gibi Ankara’da

sana yasaklanmıştı görmek mavi gökyüzünü ve koca meşe ağacını

herhangi bir yere dikilmiş.

Biz de kendi kendimize konuşuyoruz

bahtsız şehirlerde

ve bizimde canımız herhangi göğüs üstünde ağlamak istiyor

ağlamak ya da küfretmek titreyerek yağmurda

 

Perişan edilmiş, tek başına volta adımlarıyla ağır geçen saatler,

gözetlenmiş dört bir taraftan

seçılır bizim izim öfkemiz büyük bir gerçek gibi

ve gökyüzünün kulelerinde

çığlıklar atıyoruz karanlık pencerelerden.

 

Nazım Hikmet, yağmur yağıyor üzerine Bogota’nın.

Ben tekrar okuyorum Taranta- Babu şiirini

fakat bir marş yazamıyorum güneşi zapt etmek için

yüreğime sığdıramıyorum ve bana neşe veremiyorum.

 

Ne zaman sönecek bu kıvılcım her harcı yakan?


 

DESDE EL UMBRAL II

Antología de Poesía

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Mauricio Vidales

DEL AMOR BAJO MISILES

(Poemario de pronta aparición en Rosa Blindada Ediciones)

Eros i guerra de Joan Castejón

 

REGRESO

A la memoria de mi abuelo, Misael Giraldo

 

Regreso a las esquivas palabras que me aguardan

en la tarde embriagada de luz y viento

oscuro ya

sediento y triste como un espejo abandonado

en la deshabitada casa

de mi infancia donde cantó el abuelo

para dormir su amor callado

doliente de ausencias sin límite

preso de su valor

forjado en la montaña donde estrenó vida

y prefiguró su muerte

y paladeó la vasta huella de sus ancestros

arrieros que bordaron de abismos su frente

su desborde su epopeya

afirmados en fuertes pies y callosas manos

urgidas de vida de piel

de sueños como sombras

de guitarra y aguardiente

 

Ahora palpo con claridad la fuga lo irrepetible

la voz del tiempo que me indaga y me amenaza

como un dolor silente

una promesa una batalla

una fiesta y una sorda sombra que me llama.

 

QUÉ SUCEDE CUANDO UN HOMBRE PIENSA

 

¿Qué sucede cuando un hombre piensa?

Podría morir

 

¿Y cuando sueña?

También podría morir

 

¿Quieres morir en el intento?

 

Muere y renace

en el acto

en la palabra resuelta

en el río que se deshace en el paladar

como señuelo de algo más allá

del sentido del gusto

y el disgusto que nace bordeando las heridas

para anunciar el comienzo de la parla

del ronroneo y el silencio que no calla

del vuelo y la siembra

del maíz y las sales que se cruzan

bajo el fuego

de los aleteos del pez en el anzuelo

del gemido del hombre preso

de la ausencia de luz

del desamparo ante la exuberancia

de un bello cuerpo que te llama

nombrando la libertad

 

en el juego de los abrazos

quizá la única LIBERTAD posible

 

¿Quieres pensar, quieres soñar?

 

Es peligroso,

pero será fatal sin atenuantes

si persistes en callar y no soñar

 

POR LA SENDA DE LOS POETAS

A los amigos poetas del bar “Aicha” en Lavapiés

 

llego desde la casa de los poetas

la casa del Amor

del recinto alado

donde jamás podrán encerrar el grito

que germina en los seres que alimentan

la vigilia de pájaros

henchidos de memoria

de miel y labores creativas

en la trocha de los muertos

riegan con su canto la tumba de los olvidados

mientras despiertan a los vivos

siembran sin arados

con alma corazón y vino el tiempo de los abrazos

ellos hacen olvidar el frío de la cercana calle

azote de la indigencia

y arrojan frente al rostro de la indiferencia social

un manto cálido para cobijar los huesos y la mirada

de los que rumian sus sueños

en el gris asfalto que cambiaron por verdes praderas

ellos no saben del desdén

del voltear la cara ante la ignominia

ellos sólo saben obedecer al hondo desgarro

que los cerca para acrecentar su lucha

están allí prestos al abrazo

son el sosiego del guerrero y el lecho de la esperanza

 

he venido recordando sus cantos hasta mi dormitorio

desde la casa de los poetas en Lavapiés

y mis manos, mis pies y mi corazón

no necesitan ahora lavatorios

llego limpio desde sus voces sus brazos y sus ojos

 

COMO IMPASIBLE ÁRBOL

 

como impasible árbol frente al mar

en mutuo lenguaje de fugas

contemplo mis manos que se cierran

portadoras del vacío y su certeza

de la nada que nos abre y alimenta

esa sed de raíz aquella herida

que no cesa de arder en cada playa

donde se encara la derrota

de sueños sumergidos en olvido

 

más allá columbrando el horizonte

aún soplan huellas en la piel

y el susurro de tu voz y de tu risa

corona las olas que me llaman

y el salitre de tus poros en mi boca

abrevada en mieles de victoria

permanece y sustenta el rito de tu acecho

a mi pecho roto de festejos

como roja granada que se precipita

en la senda del deseo.

 

DEL FUEGO REPENTINO

 

como en leños cenicientos

donde habita el fuego postrero

en tus ojos la presencia marina

de la esperanza que no muere

 

en la ruta solitaria de mi hastío

me detengo a la sombra del canto

del fluir de mi voz hacia el deseo

 

cuando me regalas tu presencia cantarina

para fraguar el renacer

del fuego repentino en el camino

 

del viajero que busca sin tregua

una playa donde tenderse a soñar

en la bahía de unos ojos

que invoquen sin tardanza los abrazos

 


Carlos Fajardo Fajardo

BAJO EXTRAÑOS SOLES

 

SEPULTADA PATRIA

 

Extranjero de ti,  extranjero,

en el frío lunar,

en las piedras que tejen caminos,

en el tiempo que ya no es tiempo, 

en patios donde conociste astros,

en tu calle, bajo el atardecer inmóvil,

encuentras tu sepultada patria

 

ÁNGELES DEL SUEÑO

 

Esta noche vienen los ángeles del sueño a visitar tu casa.

Tocan la puerta labrada por ti en suelo tosco.

Visitan el jardín que has edificado lejos de tus dioses.

 

En la punta de sus alas viaja un olor a flores  que son la infancia

 

ESTA ES LA PALABRA QUE TEJES

 

Esta es la palabra que tejes en una hoja de otoño,

palabra llena de deseo en plena oscuridad.

Nadie vendrá a destrozar lo que con ella has moldeado:

tu exilio, el prestigio de tu imagen, la soledad.

 

Esta es la palabra,

ruecacon que tejes ceniza tras ceniza

 

JUNTO A OTROS MARES

 

¿Qué tanto esperas para emprender tu regreso?

Alguien te aguarda entre soles ignotos bajo los tilos del verano.

Junto al susurro de otro mar 

grabas tus memorias en cartas silvestres

pensando en los días cuando el triunfo era posible.

 

Es tan duro olvidar, ah desterrado.

En los campanarios de ciudades, oyes la danza de los ausentes,

el llanto de los proscritos.

Ellos siguen tus pasos sin nombre,  sin país, apenas sombras.

 

Mientras la hiedra del tiempo  penetra en la aurora,

ningún ángel te ampara en el despojo de la noche

 

LEJOS DE CASA

 

Demasiado rumor del mar a lo lejos

y aquí se mueve el viento con una gaviota imaginada.

Demasiada niebla en estas calles

donde viniste a detener tu nombre entre jardines desechos, 

ruido de bocinas, aromas de secos árboles.

Demasiado celaje en los imperios del cuerpo.

Ruge el viento en regiones remotas.

 

Alguien teje el dolor en la rueca del mundo,

este  ir y venir por los trastos del día

 

ANTE EL TELAR DE LA NOCHE

 

Respira el olor a tierra natal,  ah exiliado.

Entre el cielo y el fuego,  en medio de extrañas florestas, 

¿qué misterios traen de nuevo el patio de tu infancia no consumido por la luna?

 

Contemplas la ciudad.

Recuerdas tu heredad de audaces pájaros,

la tierra que bajo severos soles te vio nacer.

 

Ante el telar de la noche

las nubes del otoño pasan con apacible rocío

mientras el sonido de la rueca teje tu destino

 

NO  RECORRERÁS MÁS ESAS CALLES

 

Tardes de tu infancia: ángeles y dioses bajo sombras, claridad de luz en la penumbra.

En aquellas montañas existía el mar y bailes en medio de sensuales veranos.

Tu casa tenía entonces plácidos silbos de jilgueros, estrellas de papel en los diciembres,  ventanas abiertas hacia imaginadas aldeas.

 

No recorrerás más esas calles extranjero, meteoro caído en medio del destierro, bajo extraños soles

 

DETENTE Y SUEÑA UN POCO

 

Exiliado, detente y sueña un poco en los barrios de tu ardiente ínsula.

Piensa en aquellos que danzaron con furia bajo la tierra de sol.

¿Acaso ya por ellos tañeron las campanas?

Evoca a tus amigos, su ancestral belleza.

Oye desde aquí sus voces que en el fondo de sus tumbas

se quejan por crueles olvidos.

Llévales algún recado,  diles:

“hermanos, escuchen desde su silencio la vejez de nuestra noche,

más longeva aún en estas casas sin trópico. He olvidado algo de sus gestos,

pero aún recuerdo la brillante luz de las cinco de la tarde

donde un grito de gol detenido ha quedado para siempre”

 

UN PAÍS TE ESPERA

 

En tu lengua natal

hay un país con musicales ríos,

árboles perpetuos y arcoíris que inventan un barrio.

 

En tu camino de regreso

hay una patria con voces de ausentes,

vulnerados amigos, archipiélagos de adioses.

 

En tu país austral 

arroyuelos viajan entre árboles furtivos

y en el crepúsculo se oyen antillanos cantos.

 

Es tu país al sur del sur

donde la noche arrulla terrenales orquídeas.

 

Ese país te espera

bajo un sol color naranja

 

Y AVANZA LA NOCHE

 

No siembres tus sueños en desconocidos caminos,

una gota de lluvia puede borrarlos, arruinar la dicha venidera.

No te comprometas con falsas promesas.

La ira destruye y el horror del día puede aniquilarte.

Nunca lo olvides, exiliado.

Todo está concluido en las agonizantes tardes

y avanza la noche

 

La editorial española Ars Poetica acaba de publicar el poemario de Carlos Fajardo Fajardo Bajo extraños soles (2017). En este poemario el poeta aborda los temas del exilio y la extranjería, tópicos tan actuales debido a las migraciones no sólo territoriales y culturales, sino espirituales en el mundo globalizado. El poeta cifra y descifra la soledad del desterrado, las nostalgias y los recuerdos ante la pérdida de su patria natal, de su mundo familiar y la infancia. Enuncia los exilios exteriores e interiores de aquellos que viven en tierra extranjera, bajo extraños soles.

 

Link: http://www.arspoetica.es/libro/bajo-extranos-soles_43892

 


Carlos Castillo Quintero

FRAGMENTOS DEL DIARIO DE W.G. (Ocho poemas)

 

UNA PROMESA

 

Y si por un río secreto

navegan desnudos los muertos

y un barquero ciego los guía

y, como corresponde,

se queda con el cobre prensado

que los deudos ponen en los ojos

de aquellos navegantes. A ese río,

y a ese barquero

habré de enviar

el agua taciturna que amanece

en mi rostro ―la carroña―

el canto maldito que insiste

y, si es necesario,

me abriré una ventana en el pecho

para que salga

lo que de sombra quede

lo que te dañe

lo que no te guste

la piel usada, el corazón

y la palabra herida

habré de condenar al fúnebre destierro

con una bolsa de monedas

de oro puro que gratifique

el triste adiós que desteje ese río

y la incesante noche del ciego.

 

OCTAEDRO

 

I

Quisiera hallarle utilidad,

un destino, a mi mano sin ti.

 

II

Y el amor que se hunde, se asfixia, se muere

en el gélido mar de la ausencia,

su cadáver

¿Sirve para alimentar a los peces?

 

III

La música va por la habitación, se desliza,

a palos de ciego te busca y regresa,

triste, sola,

la música...

 

IV

Voluptuosa, abierta a la piel que acecha,

ebria, con una luna nueva en el pecho,

bella e inútil

esta noche en la que no estás.

 

V

¿Qué caminos has ido a recorrer

de los trazados en las líneas de tu mano?

 

VI

Quizá otro deambule por el macramé pétreo de la casa,

y tropiece, sin hilo, sin brújula,

sin atreverse a consultar el mapa del cielo.

Quizá también huya del espejo y se crea,

como yo,

único dueño de tu laberinto.

 

VII

Y si una tarde en un cruce de caminos,

en una calle alguien te roza.

Y si ese roce casual te detiene,

si te miran y miras,

si naufragas en esa mirada...

¿A dónde mi ruta?

 

VIII

No interesa ya, la extensión del paraíso.

 

De “Sin el azul del día” – Premio CEAB, 2007

 

ELEGÍA

De pronto todo el árbol está temblando

y no hay señales del viento.

Charles Simic

 

Esa muchacha que desde el comienzo del día ha repetido tu nombre.  

La que hoy deslizó bajo tu puerta un papelito que dice:

«Haré lo que sea para que esto funcione».

La del fuego pintado en los ojos, la de senos afilados y blancos,

la triste.

Esa que nadó contigo allá en el lejano mar de la infancia

cuando todavía ignorabas que no había nada para ti.

Anda, ve con ella y no temas.

Busca la taberna más próxima y emborráchate hasta caer.

Pero antes invítala a bailar, tómala de la cintura,

ignora su temible cabellera olorosa a crisantemos

y entrégate,

cuéntale tu dolor.

Vencido,

reclina tu frente sobre sus hombros de marfil

y cuando ya no te habite el nombre ni el rostro de nadie

y el rencor haya cesado,

canta con ella una tonada llena de melancolía

una que te recuerde que este será tu último crepúsculo

y estas las últimas botellas que dejarás vacías en una mesa.

Mira una vez más la ventana

a donde seguirá llegando el jilguero del alba,

y después entrégale tus ojos para siempre.

Reconoce la fortuna de tenerla entre tus brazos,

acerca tus labios a su oído y dile con voz dulce:

«Haré lo que sea para que esto funcione».

Y no olvides ni por un momento que esa flaca,

desde temprano,

ha estado reuniendo las letras de tu nombre, que te llama.

Responde ya a su llamado, porque no está bien

que le hagas esperar.

Recuerda que no eres el único, ni el más bello, ni el más deseable.

¡Contéstale!, porque es posible que ella se canse

y la veas partir para siempre,

alta,

diáfana,

distante ya de tu corazón.

Y que nunca más pregunte por ti.

Si esa muchacha pronuncia tu nombre otra vez,

si su voz acalla los ruidos que trajinan la noche,

apresúrate,

y ve con ella antes de que sea tarde.

 

BITÁCORA DEL FIN

Entonces el océano reveló su grandeza.

Henri Michaux

Todo en este viaje, es ajeno.

Yo, Ulises, permanezco atado al mástil de mi barco pero no escucho el canto de las sirenas. No hay sirenas, no hay barco.

Nada ha sido mío.

Las mujeres que amé y que me amaron, amor espurio que se fatiga hoy en otro lecho. En el televisor de una tienda de barrio, el Titanic naufraga otra vez.

Afuera el invierno se va y los árboles estrenan nuevas hojas. Sobre la mesa de noche permanece un libro que habla de viajes. Un cielo que no conozco se agita en esas páginas gastadas. Un pájaro azul.

Sé que tuve dos hijas que en la noche de año nuevo le daban la vuelta a la manzana cargando una maleta llena de girasoles. Sé que el viento ha extraviado sus postales. Recuerdo un patio, un triciclo, la sombra de un gato amarillo que todavía duerme a los pies de mi cama. Recuerdo el arcoíris que nacía en la olla de oro de un duende.

Nada ha sido mío.

Una anciana le reza a un judío muerto. «Los comedores de patatas» de Vincent Van Gogh interrumpen su cena y la miran con desdén. ¿Quién es esa niña que durante todos estos años ha ocultado su rostro? Quisiera rezarle a algún dios, pero ya ninguno quiere tratos conmigo.

Viví en una ciudad fría de calles inclinadas que con sus diecisiete campanarios, durante siglos, ha esclavizado a sus fieles. Viví en un pueblo en donde en lugar de molinos había gigantes; allí, todos los domingos, el Crucificado bajaba de su madero y comía masato y galletas con los niños que salían de misa.

Recuerdo la sonrisa de mi mamá, sus manos que a diario recomponían una casa habitada por fantasmas. Recuerdo los lirios del campo que brotaban de sus dedos como si fueran maleza. El ruido de una guadaña cruza la tarde como un río y un cardumen de pequeños peces alados atraviesa mis ojos.

Nada ha sido mío.

Sé de un poeta centenario que fue olvidado por la Muerte y que transita por las calles de una ciudad que no lo reconoce. Sé de uno que se baña en las aguas oscuras del crimen y amanece limpio como un niño que va a su primer día de escuela. Sé que el poeta y el niño son el mismo.

Las ruinas de una fiesta se han anclado en mi ventana. Una guitarra. Unas voces ásperas que hablan de Nueva York. El humo púrpura de un tabaco huye de los labios de una mujer joven que entona una canción triste. Sé que ella tiene el nombre de un bebé tatuado en su vientre.

Yo, Ulises, permanezco atrapado en una habitación acosada por las termitas, paredes de alquiler en donde aguardo el fin del mundo.

 

Diario de Walter Gripp

 

DÍA UNO

 

El zepelín cruzó la niebla. Miré hacia abajo y el cielo se había ido.

Rashomon aguardaba: dejé los cadáveres junto a los otros y me dispuse a regresar.

Antes, vi a una mujer blanca. Estaba desnuda confundida con los cuerpos. No tenía cabellera, ni dientes.

Con voz ronca pronunció: Descendió los peldaños hacia la profundidad de la noche.

No entendí. Es decir, escuché la frase pero no supe qué significaba.

Descendió los peldaños hacia la profundidad de la noche, repitió la vieja y soltó una carcajada. Su risa invadió todo.

El zepelín intentó remontar el vuelo, pero aquella risa no lo dejó.

C

a

í

Me arrastré hasta la escalera y busqué una luz para encarar la sombra. Cansado, me recosté contra un muro oloroso a excremento.

Un sopor me invadió. Antes de entregarme al sueño sentí que un animal ancestral se arrimaba contra mi pecho. Sentí su aliento enfermo.

Escuché que decía: Descendió los peldaños hacia la profundidad de la noche...

Después otra vez la carcajada.

 

DÍA TRES

 

En la entrada se presentía el primer escalón.

Comencé a descender y mis ojos se acostumbraron a la penumbra. Comprobé que la escalera parecía una escultura sin sentido, el producto inenarrable de una mente enferma.

Seguí bajando por aquella pesadilla. Escher en su tumba encendió un zippo, y sonrió.

Al final, como era de suponer, no había nada, apenas un negro profundo.

Me acurruqué y me puse a llorar. No como un niño, sino como un hombre que ve el horizonte ahogado en sus ojos.

Estuve así durante horas…

Cuando levanté el rostro noté que no era yo quien lloraba.

Ahí, al otro extremo de la sombra, estaba ella: bonita y triste, apenas cumplida su mayoría de edad ―acurrucada― llorando como una niña y con el horizonte sitiándole los ojos.

Me miró. La miré. Y juntos miramos hacia arriba, buscando la escalera: no estaba, o no la vimos, o, quizá, Maurits Cornelis Escher la estaba usando en ese momento.

Entonces, lloré de verdad.

 

DÍA SIETE

 

Declaración del Capitán John Black:

Soy el enlutado que necesita silencio, el que canta a la intemperie y de memoria.

Soy el que ardió durante una noche completa, y ahora viste plumas de fuego y no recuerda nada de la guerra.

Soy el rostro de arenas azules asediado por un vuelo de pájaros nómadas.

¿Quién más podría ser?

Todavía conservo la huella de un cuerpo en mis manos. El final de una calle. El abismo en mi boca: Te negaré tres veces antes de que llegue el alba.

Sé que el viento sigue soplando y que el Mar muerto sigue muerto.

Mi casa es un montículo de tierra agobiado por maldiciones que se derriten como la cera.

He olvidado el rostro de los muchachos con ojos de cristal.

(Una anciana escupe sobre mi nombre)

Soy el que una noche de septiembre ―sin música de violines― miró de frente las cuencas vacías de la ciudad.

Extraño la boñiga fresca, el café al filo del amanecer, la ceniza, los dedos aprisionando la cuerda.

No presumo de la ausencia de mi ojo izquierdo, pero sé que las estrellas llegan primero que el amanecer.

Y sin nostalgia, repito: Te negaré tres veces antes de que llegue el alba.

 

DÍA CUARENTA

 

(Suena: La Mer – Charles Trénet)

 

Con Rose habíamos hablado de la Señora Muerte:

Será en esa playa que conoces, allí a donde no van los bañistas, en donde atracan pequeñas naves de pescadores y una morena feliz atiende un restaurante que es un prodigio.

Una tolda, una silla y un hombre negro que a diez pasos me sonreirá, confiado en mi dinero hacia el final de la tarde. Una infinita cerveza fría, y un paquete de cinco Cohíbas que habré comprado, de contrabando, a un hombrecito que habrá jurado que es cubano, como los Cohíbas.

Debajo de mis lentes oscuros, mis ojos cerrados estarán leyendo por centésima vez el libro que tengo abierto entre mis manos: Muerte en Venecia.

Tomaré las pastillas, despacio, entre una cerveza y otra, entre un puro y otro… tomaré sesenta que es un número mágico y cuando empiece a sentirme mal, cuando el sol esté maduro y se precipite al mar iré tras él, con el último puro entre mis dedos ―ahora sí el último― y con la última cerveza que quizá ya no beba, me iré para siempre.

En la playa quedará la tolda, la silla vacía, y el libro abierto con el lomo hacia el infinito, atascado en la página 141 en donde acaso alguien lea:

«Allí se detuvo un momento, con el rostro vuelto hacia la anchura del mar, luego empezó a caminar lentamente, por la larga y angosta lengua de tierra, hacia la izquierda. Separado de la tierra por el agua, separado de los otros por un movimiento de altanería, su figura se deslizaba aislada y solitaria, con el cabello flotante, allá por el mar, a través del viento, hacia la neblina…»

Y sobre el libro, apisonado por un invisible reloj de arena que en vano tratará de frenar el final, aguardará el dinero para el hombre negro que, quizá, aguarde por mí hasta que la noche venga y lo jale hacia su noche.

Y la música se confundirá con el mar en un solo silencio.

 

Del libro inédito “Noches con cerrojo”

 

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LA POÉTICA DEL VIAJE Y EL AMOR EN CARLOS CASTILLO QUINTERO

Los poemas del libro inédito Noches con cerrojo, de Carlos Castillo Quintero (Miraflores, 1966), atraviesan como un cometa las fronteras establecidas por los géneros. Es así como el poeta se vale de los fragmentos del diario de Walter Gripp (Ese hombre emparentado con la soledad, con el pueblo blanco de Joan Manuel Serrat, con las montañas azules que Bradbury pobló de desamor y silencio, con el paracaídas de Huidobro cayendo infinitamente hacia el horror de Ryunosuke Akutagawa), para emprender un viaje que lo llevará a navegar por los altos cielos de la poesía. Nótese que no se trata de la totalidad del libro, sino de sus fragmentos. Hecho que sugiere, por una parte, selección, tamizaje; por otra, condensación de la palabra acariciada por el murmullo del silencio.

Es entonces desde estas orillas rumoradas por el universo de la prosa poética desde donde nos habla el Capitán John Black, quien más que capitán semeja un chamán revelando el camino de los sueños. Capitán cuyas estrellas brillan y se oxidan en el mar del recuerdo y la arena del olvido. Capitán con espíritu de pirata que orienta su vuelo poético gracias al valor y el resplandor de los sentidos. John Black como Héctor Rojas Herazo tiene por patria un puñado de desdicha, de infancia floreciendo como un cachivache en los patios de la nostalgia. Su estribillo  preferido: Te negaré tres veces antes de que llegue el alba, me lleva a imaginar un cuervo en su hombro izquierdo, una antigua trova cubana que es una brisa para el alma.

La poética del viaje de Carlos Castillo Quintero también aborda las vicisitudes de un Ulises que navega de forma simultánea por diferentes tiempos. Héroe moderno (a la manera de James Joyce) salvado del naufragio por un madero de evocaciones que tienden a la infancia y a tradiciones populares que conservan el sabor de la vida. Es importante señalar que este viaje tiene como puerto de partida un libro y como brújula las alas de la imaginación; acaso el áncora sean los locos, los fantasmas que presienten la ausencia del canto de las sirenas donde lo único que se escucha es el silencio, el ostracismo al que ha sido condenado el milagro de la poesía, los escombros sembrados por el aliento de los asesinos, pero por sobre todo esa música triste que interpretan las ventanas donde mueren los girasoles de van Gogh. Música que recuerda el bar de la 148 donde Sammy toca el contrabajo y Penny Shannon se abraza a la derrota del hijo que no pudo ser: “Sé que ella tiene el nombre de un bebé tatuado en su vientre”.

En los poemas titulados Una promesa y Octaedro del libro Sin el azul del día (premio CEAB, 2007), el viaje continúa su destino hacia el reino de los muertos; solo que el amor que es más grande y poderoso que el mar y que todos los ríos que van a morir en la ebriedad de sus aguas, le tiende al poeta un puente de infinitas posibilidades para que, como Rimbaud, purifique su alma y pueda acceder a esa luz donde Orfeo vislumbró el paraíso, para que al igual que Sherezada, la muerte se entretenga con el hilo de un verso que entreteje la vida. Amor sin el cual las manos se convierten en una paloma solitaria cuyos mensajes orientan su rumbo hacia la incertidumbre. Sensualidad vestida de amor y desnudez que se queda esperando la llegada puntual de un adiós.

ÁLVARO NEIL FRANCO ZAMBRANO

 


Miguel Torres Pereira

SELECCIÓN DE POEMAS

 

EN MEDIO DE LA TARDE

 

Un largo, un oscuro salón

Tal vez la infancia

AURELIO ARTURO

 

En el celaje del relámpago

hallé el camino de la infancia

un corredor apacible

un patio súbito de encantos

el escondite secreto de esos días

cantados en la algarabía de la tarde

 

Infancia sagrada ungida con hierbas y asombros

festejada en el filo de la luz

con una ronda de pocas voces

 

Sólo éramos tres

anudando miedos en el reclamo del trueno

en la desolación de los espejos

en los baúles y su abandono 

Sólo éramos tres en medio de la tarde

en el corazón de la noche

 

PARA OTROS VIENTOS

 

¿Qué haré?

Cuando la mañana ocurra lenta cuajada de palomas detenidas

cuando la brisa no sea más que un presagio aturdido

en el celofán de una libélula

y las mariposas y su danza

sólo sean una ilusión solariega

cuando en el alar de la casa se detengan las sombras

y el tiempo se ahorque en el eco del silencio

cuando mi madre decida recoger el viento en sus faldas

y sus pasos sean niebla

en la orilla blanca de los heliotropos

cuando la lluvia no bañe mis predios

y naufrague la luna en el aljibe de siempre

cuando alejes tu vuelo de mi cielo

                                    y le prestes alas a otros vientos

entonces ¿qué haré?

 

LO QUE OFREZCO AL FINAL DE ESTA NOCHE

 

Señor             

Me daría igual un trino

el canto del gallo

el grito empedrado de una carreta

para romper el hilo de esta noche

que tiene sabor a miedo y a orígenes

permíteme encontrar un puñado de cenizas

que me revelen para que esta errancia

de orillas inciertas                        

sin rincones probables para soñar

sin estaciones para la risa y la cosecha

sin rutas para que la soledad cabalgue

y arrase a este ejército ciego de ángeles que somos

 

Señor

en la terquedad de mi rastro    

te ofrezco lo que hallé al final de esta noche

un manojo de olores moribundos

un desvelo alucinado por la lluvia

que hiere su cuenco infinito

y esta espera larga y confesada

al ángel que ha de colocar en mis manos

un poco de aquella ceniza

que siéndome conocida

insiste en negarme

 

ATRAPANDO UN POCO DE LUZ

 

Bastó la orilla vacilante de las seis de la tarde

para entender que aún quedaba luz

                                                 entre mis manos

Bastó el corredor apretado de penumbras

para saber que mi madre me pediría prestada

la luz que atrapé para encender su lámpara

y convocar una legión de sombras

la sombra del tinajero y su milagro cóncavo

destilando secretos lentos en el rincón

la silueta sepia de los abuelos y sus miradas vacías

la mística sombra de la repisa

y la mecedora como una sombra

                              de recuerdos trenzados 

Ahora comprendo por qué la ventana

                                                     permanece cerrada

Mamá cree que la noche apagará su lámpara

teme que la poca luz que aún queda en mis manos

la gasten las luciérnagas para pintar su abdomen

y la noche nos devore. 

 

PAISAJE DE MAR

 

Antes que el tiempo se acuñara en días

El mar, el siempre mar, ya estaba y era

JORGE LUIS BORGES

 

El milagro de este asombro

festeja signos y presencias

Yo descubro

en tu vientre el temblor de un yodo antiguo

un beso reiterado que esculpe la roca

en una orilla sin tiempo

 

Un canto de algas

traduce el reclamo de tus abismos  

armoniza el misterio de tus voces

Un silencio de anémonas ofrece tu sangre

                   las noticias del primer diluvio

 

En el galope de cada noche

te reinventas una luna que canta

a las primicias de tu sal en el rito ciego

                   de espumas confesadas

Los alcatraces danzan

como fantasmas ajenos del viento

sin más espacio que tú mismo

 

La oquedad de un caracol

te prolonga y te confirma

 

CUANDO UNA CONSTELACIÓN DE LUCIÉRNAGAS

 

Un monótono día sigue a otro

igualmente monótono

KAVAFIS

 

El día nace en ti con decisión reverdecida

con tórtolas y bromelias

los matarratones florecen veranos

para cantar la canción de tu sombrero

Tu día se vuelve un potro de caminos infinitos

                                         que anticipan tus huellas

Te he visto envejecer bajo canículas

que abrasan tu regreso

te he visto morir arrepentido de no morir del todo

porque cada trazo de luna que te baña

es la advertencia de otro sol que se erguirá en tu

                                                                   /frente

hasta el día en que tus pájaros y asombros

y tus girasoles y su intemperie

se abrevien en la última noche de tus ojos

Entonces la luna será un parto blanco

Una constelación como turpiales de luz

viajará con tu canción a un sitio impreciso

en la anchura del silencio.

                                                     (A Julio Torres, mi padre)

 

DE LOS ÁNGELES QUE SUEÑO

 

Hoy encontré la razón que asistió mi osadía

cuando en una noche de paso lento

cacé ángeles en el patio

bajaron a morder el silencio

en las almendras maduras

y a cambiar el incienso del cielo

por el aroma de mis albahacas desveladas

los contemplé y descubrí

que eran de cristal y de niebla 

y sus alas de luna.

 

¡Nunca debí atraparlos!

Sólo ellos podían revelar el misterio

                             que gravita en mis noches.

¿Por qué este origen de mis sueños?

¿Para qué le invento alas al viento?

–Tus sueños nacen porque toman prestada

la porción etérea de tu carne.

–Le inventas alas al viento

para que sean lazarillos de tus cenizas

 

Fueron sus únicas respuestas

emprendieron el vuelo

En el patio aún reposan

                          sus huellas desplumadas

 

RECUERDOS CAMINADOS

 

En la advertencia de este sábado

repito cada huella

cada paso andado

 

Llueve…

        la humedad enmohece el pan recién horneado

Un aroma de hierbas frescas

trae tu imagen grandiosa

y bebo en el último sorbo de lluvia

ese trazo de luna

                        que tejió la aurora en tu trenza

 

Dueña y señora de un ritual cada mañana

frente al humo erguido de la hornilla

renovándote con el aroma de una taza de café

 

Frente a ti

                   como en todos sus días

                   mi padre

delineando en el alar un día más

                                          un día como los otros

con penumbra de sombrero en la frente

y un camino estrecho de sol y de polvo

                                          un día como los otros

con hojas secas en el patio

y un olor a heliotropos

que bebe el manantial de la tinaja

donde aún resuena el eco

                                    de tu risa

                                            y de mis cantos.

                                                                              (A Cecilia, mi madre )

 

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La poesía de Miguel Torres Pereira nos toma de la mano para llevarnos a las tardes de oro de la infancia. Tardes donde la madre riega con palabras la magia de un patio iluminado por ese corazón palpitante de misterio que es toda mariposa, por galaxias de heliotropos donde gira el milagro de los días. Poesía donde el padre es un vaquero que convoca lunas y domestica flores, que encamina las rutas imprevisibles del poema. Poesía que acaricia el alma con el olor del trópico, que celebra la lluvia que cae en el recuerdo, y encarna un paisaje asombrado por la sencillez de la vida y la visita inesperada de la muerte, esa música donde aprendemos a escuchar el silencio. Canto que entra en comunión con los dioses y celebra los ritos que justifican nuestro paso de cometa incendiando de eternidad lo efímero de la existencia.

ÁLVARO NEIL FRANCO ZAMBRANO

 


Aloz Rojas

POEMAS

 

 

El puerto de otros días

 

Los barcos llegaban escalando las mañanas

y los muslos de las muchachas que esperaban.

Alguien que llegaba gritaba "buon giorno",

detrás de una barba alguien lanzaba un insulto sin bandera,

o alguien preguntaba por el marino de Oklahoma

que había dicho "Mi destino es el rumbo de mí buque cisterna"

Alguien preguntaba por un hombre de cualquier parte.

 

El puerto tenía rieles y grúas en el malecón.

En el malecón

los estibadores sudaban debajo de las grúas.

 

El puerto tenía mujeres que gritaban:

"Six dollars, Míster",

sobre todo en las esquinas,

sobre todo cuando oscurecía sin lluvia,

las mujeres gritaban "Six dollars, Míster".

 

Entonces

en la sonora penumbra de los bares,

en los aposentos de la casa de Ana

y en la pagoda de cristal de madame Li Loi,

el puerto se tornaba obsceno

sencillamente obsceno como los marinos ebrios.

 

Al otro día

partían los barcos oxidando los recuerdos.

Al otro día

las mujeres gritaban "six dollars, míster".

 

Lunes de puerto

Para Flora Figueroa

 

Día senil,

bares interminablemente abiertos.

Lunes de puerto.

Los dos

y los marinos ebrios

y los estibadores ebrios

y las prostitutas secas.

Todos,

los dos y todos,

obstinadamente impúdicos

compartimos el desgaste inicial de la semana.

 

¡Cómo nos fuimos sin regreso

en los ojos de las gentes del mar!

 

¿Aún recuerdas el balancear de los calafates en las quillas?

Sí, era la hora del reflujo.

 

¿Aún recuerdas cuando nos gritaron adiós desde las bordas?

 

¡Ah, cómo nos fuimos sin regreso

en los ojos de las gentes del mar!

 

Puerto España

 

En Trinidad,

en Puerto España,

los faroles alumbraban la noche crujiente

de los barcos bamboleantes

y de los hombres tatuados

que aguardaban la estiba de la última carga.

 

En Trinidad,

en Puerto España,

en el cielo de nuestra pequeña casa,

el rompesilencios que te compré en la quincallería

del chino Lincol Yung Stalin Dean,

hace un ruido de aguas.

 

Tu piel, Janne, tu piel.

Fue necesario que el joven Grumberg

navegara el largo trecho desde Ottawa a Tobago,

y al tiempo de llegar

encontrara a Mara Yaleska

y luego de incesantes jadeos

hacerte posible a mis brazos.

 

¡Bendito Jean Paul Grumberg

que te dio el tumulto incendiado de tus trenzas!

¡Bendita Mará Yaleska, de quien heredaste

el azuzante calor de sus muslos!

 

En Trinidad

en Puerto España,

en marzo,

a lo lejos,

una mujer descalza danza al son de una steel batid,

mientras el rompesilencios

hace un ruido de aguas remotas. 

 

Palabras del marinero Paal Ovrum a su mujer que espera en el puerto

Para Fernando Cruz Kronfly

 

Dices que la quemadura de mi mar

es una mentira.

Que ese mar me aparta de tus brazos.

Que los vientos que me ausentan y me traen

nos han ido acercando al olvido.

 

Dices que el rumor del agua es una pesadilla en las madrugadas de tu sueño,

que esta orilla cubierta de piedras y de espuma

no es lugar para la espera.

 

Dices que desde tu ventana

el horizonte es un paisaje triste

salpicado por tu llanto.

 

Pero te digo, mujer,

que la quemadura de mi mar no existiría sin tu espera.

Que todos los vientos me llevan hasta tu ventana.

Que el rumor del agua es mi canción empujada por la brisa.

Y el agua que arropa tus pies en esa orilla

te trae hasta mí, dibujada en la espuma.

 

Te digo también

que cada vez que miro el horizonte

te encuentro asomada en ese paisaje triste que te agobia.

 

La maestra

A la memoria de los maestros sacrificados

Para Larissa

Cuando entraron las balas por la ventanita de la escuela

la maestra quedó crucificada como una mariposa de sangre en el cielo azul de tiza dibujado en el tablero.

 

Antes de la eternidad de ese instante

sus alumnos aprendieron los distintos nombres del árbol.

Soñaron un mar poblado por delfines

y un barco tripulado por niños

que buscaban la isla del tesoro.

 

Aprendieron la fraternidad del abrazo,

uno a uno

mejilla con mejilla

y cantaron una canción que hablaba de un hombre

que renace en el sueño

y estrena el mundo sin rencor y con asombro.

 

Pero esa tarde oscureció temprano

por el llanto y el humo en la escuelita de Mapiripán.

 


Jaime Vélez Varela

POEMAS

 

SU MUSICA

A María Várela V.,  mi madre,

In Memorian

Nunca más su nombre

De música intangible

Pegado a la piel.

 

Deberíamos volver a oír

La voz quebrada por humeante café

De aquellas mañanas con olor a llovizna,

Donde la tórtola se llenaba de día

Cantando el "se te fue"

Con ritmo de sorda y monótona melancolía.

 

Qué profunda pena

No escuchar de nuevo

El dulce canto de su voz

Y no ver más el brillo memorioso de sus ojos

 

Algunas veces, en los umbrales de año nuevo,

Aleteaba en su rostro la nostalgia

De una vida deshojada;

Pero aún correteaban,

Por la azulada pradera de sus ojos,

Nuestras infancias ya lejanas.

 

Qué bueno que mañana

El aletear del gallo

Removiera los recuerdos

De rincones olvidados y mohínos.

 

Qué bueno que llenara

Los espacios con su canto matutino

Y la luz fuera en cada resquicio de la puerta.

 

Por la ventana llegaba un aroma

A café y pan mojado

Donde sus manos temblorosas

Vertían la ternura de un alegre sabor.

 

Hoy es sabor pastoso, de llanto contenido,

Y un brillante titilar de lágrima

Punzando la pupila.

 

Mas nunca

...Nunca volveremos a escuchar su música

Llamando a

      Micifuz.

 

Cali, 1980

 

PAÍS DE AUSENCIA

 

Atravesado en declive

El vacío comienza

A mordernos los ijares

Y nos vamos derrumbando a trechos

Y quedaremos solos.

 

Las otras muertes

Nos están ahuesando

El trasegado corazón.

 

La desolada nave

No atracará en ninguna parte

Porque no hay orilla,

Sólo vive en la definitiva

Ingravidez del aire.

 

Sobrecogidos

Entramos al país de los Recuerdos

Donde cada palabra

Es una lágrima

Con sabor de ausencia.

 

Ya no queda sino

Llenar los espacios

Con sus mágicas siluetas

Plenas de risas y murmullos.

 

Al sueño interrogamos sin tregua:

¿Dónde se fueron

Los entrañables amigos,

A qué lugar pagano

Poblado de caídos dioses

Y de olvidado culto,

...donde ni el más remoto tiempo los retorna?

 

Pero al fin

Las tercas tramadoras

Romperán los hilos

Y seremos también

Marionetas

     congeladas

   al vuelo.

 

Cali, 1991

 

HOY

 

Hoy siento el vacío de tu ausencia

Ya no existen el espacio de tu rostro

        ni luna.

Un resplandor que te disuelve

Acusa el dolor de no vivirte.

 

Ya no existe espejo donde se pierda

        la mirada

 

Sólo memoria de sombra velando

        la vigilia

 

Sólo,

         Memoria de sombra

 

Cali, 1995

 

RINCÓN DE CIUDAD

A "Los antojos" de Torres,

refugio de poetas,

expulsados del destino

Dejemos que la noche nos convoque,

Con esa brisa loca llegada del crepúsculo

Y reviva memorias de festejos ya lejanos

Que dan sabor de luz en la mirada.

 

El ebrio pájaro nocturno canta

Su melodía de estrellas inasibles,

Mecidas por la agonía de los vinos

Que humedecen las sombras solitarias,

De rincones olvidados por los dioses.

 

Rincones plenos de risas y lujuria,

Marginados por la ciudad irredimible,

Donde anárquicos poetas expulsados

   del destino,

Conjuran, con áspero licor en la garganta,

El delirio, la soledad y el frenesí.

 

Cali, 1995

 

ODA A HERNANDO TEJADA

In memorian.

 

Hernando Tejada, "Tejadita"

Has muerto,

Has quebrado,

en este prolongado adiós de la vida,

El escurridizo hilo de la incertidumbre.

 

Has emprendido el absoluto y definitivo viaje,

Nos dejas con el alma abatida de pesar.

 

Has pintado de nostalgia la vida

De quienes te queríamos,

Sin embargo nos regocija la sospecha

De que nos esperas en la eternidad,

La que fue tu estado natural

Porque no tuviste tiempo.

 

Intemporal como el arte, tu arte,

Fuiste siempre niño, alegre y juguetón,

Así en la vida como en tus mágicas figuras.

 

Nos llenaste de alegría los ojos,

Y nos vestiste el alma de fiesta.

 

No hubo nunca un resquicio

De pesantez dramática,

En tu vida de soledad de fábula,

Ni tampoco en tus incitadoras

Mujeres funcionales,

Ni en tus gatos en tejados calientes,

Ni en tus exuberantes féminas de ébano salvaje,

Ni en tus chaplinescas imágenes de celuloide,

Ni en el bullicio de tus alucinados colores

en tus manglares de delirio.

 

Nunca abrigó el invierno en tu corazón de niño,

Siempre lo fuiste hasta que te mató la vida,

Ahora ya eres sin tiempo

Eterno e inaprehensible

Como el espíritu del arte,

Pero ¡basta! Permitamos al dolor

    que diga el resto.

 

Cali, 1999

 

De Soledades y paisajes, 2e., Cali, Faid, 2001.

 


Miyer Fernando Pineda

EL HASTÍO DE LAS MANOS

 

BAJO EL ROSTRO DE MI HERMANO DAMIÁN

I

Los milagros no sirven para convertir sino para condenar

PASCAL

Yo crecí bajo la tierra

Entre los sueños olvidados de mi madre

y los socavones que resguardaron

la tristeza milenaria de mi padre

Yo curé la herida del tío Miguel, el ángel

por donde el océano bramó toda su furia

Yo era el río en los pulmones del Rey Pedro

y la alberca en los sueños del Rey Jimmy

Yo le di la bienvenida al anciano

que sabía de las cosas de Van Gogh

Yo construí la nave y los llevé a la otra orilla

Yo alivio el dolor de la vida el dolor de la muerte

Y daría las raíces de mis ojos por poderlos sentir

Sólo a través de mí las palabras son posibles

Yo dejo en la mesa las flores prohibidas

Vendré por ellas cuando pasen cíen años

 

II

 

Hermano

Las hormigas sepultaron la casa

fabricando la lluvia en los retratos

 

Ahora los peldaños son los restos del navío que se hunde

y el esqueleto de las puertas es el barro

 

Hermano esta casa es una de las almas que Dios mudó siglos

atrás

 

Y esa piel crucificada sigue agonizando en los pasillos

y en cada insecto que labora para mudar tu voz a un nuevo

mundo

 

III

 

En cada uno de los cuartos los abismos se alimentan de los

cuerpos

 

Se puede escuchar el río en lo profundo de esos pájaros que se

niegan a morir

Vuelve el perro que habita los retratos

El hermano menor sonriendo lo acaricia

Y es carcomido por la luz que comienza a salir de sus falanges

Nosotros

Los roedores del abismo

Las aves disecadas en la nada

Los otros tantos sueños baldíos de la casa

 

VI

 

La hermana camina solitaria por los vientres

Amamantando

Remando silenciosamente

 

Descosiendo el cordón umbilical

Dándoles de beber a sus muertos

Ya no hay nadie en el mundo

que le pueda explicar las palabras

 

VII

 

El perro ciego que puebla los cuartos del alma

Se oculta en armarios y baúles, en oscuras bibliotecas

Sale a ver la lluvia

a través de herrumbrosos y secretos pasadizos

 

Sus ladridos se cuelan por goteras que al ceder

nos obligan de vez en cuando a respirar

Luego sale en silencio por la puerta de atrás abandonando

su tristeza

Con ella nos habremos de quedar cuando se marche

 

XIV

 

A veces la cabeza de mi hermano era una jaula

Adentro se podía ver cómo respiraban

el retrato de mi padre y el corazón de mi madre

 

De la descomposición de esos dos elementos

nacía la música

y en ella siempre las palabras no dichas

los dioses antiguos

el lento y tibio palpitar del universo

 

ORÁCULOS

 

V

Un poema no necesita diccionario ni abogado ni niñera

A lo mejor una mujer de labios estupendos

Lo que necesita un poema es un canto

Repetido tantas veces que logre asemejarse a la música del

mundo

Cada poema es un oráculo

Y un oráculo no necesita guardaespaldas ni mascotas ni visitas

ni cartógrafos A lo mejor un vientre que haga las veces de rosa

de los vientos

Lo que un poema necesita es un cigarro y un revólver

 

____________

El hastío de las manos es un libro hermosamente triste, hondo y desesperado. Los versos tejen un entramado de ancestro familiar, que hiere, sílaba a sílaba, porque el paso del tiempo, la enfermedad, el deterioro físico y espiritual, nos lleva de la mano trémula a un país lejano que tampoco fue feliz: la infancia.

JORGE ELIÉCER ORDÓÑEZ

 

El hastío de las manoses la toma de partido de un poeta por el riesgo que implica ser vocero, hablar en nombre nuestro. Encubiertos en una sutil crónica familiar los poemas avanzan delante del lector en la búsqueda de una realidad torva, no exenta de ruinas y herrumbre, algo por otra parte ya distintivo en su autor quien parece haber encontrado una poética en la recurrencia a los signos degradados.

DARÍO RODRÍGUEZ

 


Juan David

MOCTEZUMA III

 

1

 

En una arcada

cerca de la Plaza de Armas de Lima

un grupo de músicos

toca una leyenda antigua

con un pequeño acordeón

un saxofón alto dos guitarras

un tambor y un violín

cinco hombres y una mujer

Aunque era una música triste

sonaba alegre aunque era alegre entristecí

No sé la razón de mi presencia...

Peregrino sin destino

recorro todo el contorno de mi estadía

No quiero sopa Wantan y me la traen

digo arroz chino sin carne solo verduras

y el ocioso cocinero

se distrae a su antojo

No es una queja

Acepto lo preparado para evitar

explicaciones y molestias

La plaza está repleta de fantasmas

La tarde oscurece

Es noche de luna llena

La semana entera he de esconder

el retorno de mi blanca poesía

Puedo gastar mis monedas

y luego dormir en la solitaria

arcada

Los músicos se despiden

y van a sus casas a descansar

Mi cuerpo es mi casa

Llamo a mi puerta

La abro

y me siento a escribir...

Dime una cosa

¿Es cierto que la noche se acaba?

 

De Machu Picchu Blues (Moctezuma III)

 

4

 

Palmo a palmo

voy conociendo la urbe de antaño

Un descendiente genético directo

del último Inca

espera la luz verde del semáforo...

cuando cambia no cruza la pista

sigue de pie en la esquina

Ese gesto atrae mi secuencia

de miradas

y de lejos lo observo

mirar la luz cambiar

muchas veces y muchas veces más

Cuando vuelvo

después de un diminuto parpadeo

ya no está,

lo busco en la muchedumbre

por Cusco, Azángaro

Tacna y Carabayllo

por la tierra húmeda

y la seca

por el poema y por la alborada

de la luna.

Sé con certeza que es él

el Inca heredero del Imperio

y lo revisa pavor en mano

palmo a palmo.

 

De Machu Picchu Blues (Moctezuma III)

 

Remedios Laverde

 

Remedios Laverde

escoge un día de sol cobrizo

para levitar.

 

Asalta la duda al ingenuo

pero a escondidas

encoge un arrebol para esconder su gracia.

 

Verde estrella, piso de mar,

la vasija rebosa luz de la Sierra

recogida del aire

por la nieve de las cúspides.

 

Los árboles se distinguen

por sus copas frondosas

allá abajo.

Los techos desde arriba

en línea con la nostalgia brillan

al ritmo de los recuerdos

mecidos por el matarratón

del patio.

 

Le pusieron el nombre

por un cuento traído por las laderas

de una Remedios

ascendiendo por los aires

desde una página blanca

de libro.

 

Y creció Remedios

a la vera del sendero

el colegio de uniforme azul

a unas cinco polvorosas

esquinas de la casa.

 

La casa era la última

del pueblo

y el patio era diez mil veces”

(decía el abuelo)

más grande.

 

Llegaron de nuevo las fiestas

de la Virgen del Carmen

y Remedios sentada

a la puerta

al anochecer

pasaba todo el mes de Julio

en un arrobo

de hermosura.

 

Nadie sabe la razón

por la cual tiene el pelo verde.

Nadie en su familia

tiene los moños

color de bosque.

Hace honor a su apellido

algún sortilegio del lenguaje.

¿Laverde?

Presente, seño.

 

Una bocanada de años

y Remedios crecida

jugaba con niñas menores

a las muñecas

con solo una blusa blanca

de transparencia inocente.

 

Remedios, ven a casarte.

Vino desde lejos tu primo

y todos convinimos en dejarte

pasear por el malecón.

Remedios, no digas no.

Sí, mita, no es no.

 

La laguna de lágrimas

del primo y las infantas

apaga el fuego.

Caen por el aire flores

y abren camino las palomas.

Ven, Remedios, es tarde.

 

Lenta y segura

Remedios Laverde

asciende por los aires.

Abajo en el sendero

todos los curiosos

muestran el cielo.

 

Vaporosa la ropa

ondula en una nube de éxtasis,

Remedios sube por los peldaños

de la brisa...

 

De Para Siempre (Moctezuma III)

 

____________

"Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios la bella que le decía adiós con las manos, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria".

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ Fragmento de "Cien años de soledad"

 


Omílcar Cruz

POEMAS

(De Morada a la que no vuelve).

PRIMOS QUERIDOS

 

—Y... ¿qué es lo tuyo que yo tenga? preguntó la joven.

—Vamos, primita, que tonta no sos. ¡La rosa azul de tu vientre! ¡La diste a deshojar al negro Sacristán!

—¡Y vos!, con sucia retina tocas lo infinito y corrupto erizas aguas mansas.

—Yo lo mío lo voy a lograr conforme lo deseo.

Primita: Tengo en fotografías tu cuerpo rosado y fatigado bajo del Negro.

—¡Fruto de matriz podrida te revelas!... y a esos aborrezco.

Si de mi cuerpo son los enlaces. Dulces o amargos. ¿A vos en qué te aflige?

—Zorra principiante: El Sacristán lamió todo, i Hasta las puntas de tus pies!, ¿y conmigo gastas sonrisas y tortoleos de novicia?

¡Dame a gustar tu lado joven y animal!

—Sabía que me habías visto... porque yo también te vi, atrás de los árboles y con la cámara. Mas creí que te masturbabas, y no le di importancia a tu faena grosera.

¿Sabes? una fruta nos seduce por prohibida, no por raquítica y podrida.

Luis, a mí pudiste aspirar. A mi condición de humana e independiente.

Pero buscando al Ser humano. No la perra que creíste ver en mí.

Vos querés abordarme vistiendo la piel de un lobo.

¡Vos!, el amansa-penas de mi Madre. ¡No te imaginé un chulo!

Tres años viviéndote mi casa y durmiéndote a mi Madre.

—Sos una pedantuela salpicando entre la obscenidad y la filosofía... ¿De mí hablas y te refieres a mi Tía?

—Más a vos, me refiero, ¡Depredador hijo de puta!

—Vos no sabéis nada. Mocosa altanera.

—Sí que sé. Pero te creí delicado, sin perjuicios, y hasta le alabé el gusto a mi Madre y te creí mi doble familia: El amante tierno de Mamá, y mi primo querido.

¡El infierno se trague a mi Madre con sus putas extravagancias!

—Prima: Salgo de la vereda y voy a la Capital.

—¿Algún yogurt me importa si te alejas o te mueres?

—Si te importa, primita: Voy a trabajar en el Diario de la gran Ciudad.

Justo en donde tu Mamá escribe la página "de farándula".

Publicaré allí tus fotos obscenas, donde estás tirando con el Negro Sacristán.

—¡Regio! ¡Mi Mamá se va a maravillar!

¡Hazle agregado a la biografía de (Bolívar)! Allí también publica mis enlaces..., ¡si en eso te complaces! —respondió como último diálogo la joven en tono triunfal, aunque sintiendo un dolor sordo que le partía desde adentro.

 

(Bogotá, 1965)

 

NEGRA QUE MI ALMA PARTÍ

 

Aquí vine pá canta

pegaíto a tu ventana,

Negra que mi alma partí.

que tu mamá no vaya a jalí

con su cara de arpía

y su jeta é cañería.

¡Ay Negra que el hambre me quita!

¿Cómo hizo tan rabiosa mujé

pá en tu boquita poné

ricura de bombón

y leche en tu corajó?

Amó que no te deja vé:

A cambio é canta

mejó te voy a jablá

y no es míeo a tu Mamá,

es que quíeo aprovecha.

Negra, como no queré jabrí,

me llevo la luna bajo el brajo

y la noche jobre mi joledá.

¡Negra que mi alma partí!;

de tanto queré y pensá

el hambre me quita.

Ojala y no te arepintá.

Otro Negro no verá:

calzao debota larga

blanco pantalón

roja camisa

y amarillo bufandón.

¡Aquí vine pá canta!

¡Negra que mi alma partí!

 

(Istmina—Chocó, 1969)

 

MI CANOA ES LA MORTAJA

 

Si una de estas noches

mi luz se apaga.

Nietecita te ruego

no la trates de avivar.

Y sIpor mí vas a llorar

hazlo ahora,

no cuando haya muerto

y mis labios ya no atinen a consolar.

Sin embargo, mi alma amura

el malestar de no poderte guiar.

Cuando todo en mí se haya consumado:

Nietecita no te azores y regresa donde tu Mamá.

Lunas arrabaleras

de mi alegre juventud fueron testigos

y los duelos a cuchillo me enseñaron a bailar.

¡Antes de irte!:

Echarme en mi canoa a navegar

 

DETALLES

 

Recuerdos tristes ¿que por qué no se van?

 

En éxtasis de zalamería pedía bendiciones

y los ilusos exclamaban: Qué Niño tan inteligente.

Cuando yo ni sabía a dónde iba ni de dónde

venía.

 

Y los idiotas remordimientos me perseguían

y ni el ladrar del perro me pertenecía. Mi Papá

no tenía un Perro, mi hermano sí. Por eso yo ni

al Perro quería.

 

Mi condición de irritable hizome el nido en la

trastienda desde donde multiplicaba lo podrido

por la nada.

 

Cumplidos los catorce años, mi Padre falleció.

 

Me burlé de la vigilancia de mi Madre y me uní a

los vagos de la esquina.

 

Cuanto hacía y mostraba, a ellos les valía sus

pedos.

 

Un día blandí el cuchillo contra el que nos

importunaba.

 

Y la lucha se hizo feroz y floreció la sangre.

Todos estaban petrificados.

Los cobardes

votaron

porque me corrieran de "La gallada".

Pero los mesurados aconsejaron:

¡mejor tenerlo de Vale! ¡El "Mancito" es un Vale!

 

____________

No son nuestro sueños, ansiedades, ilusiones lo que conforman el devenir de sus personajes y de su mundo en claroscuro sino todo aquello que no permite que revelemos la verdadera intención que nos mueve, por eso su imagen, sí bien tiene colorido, siempre está sobre un fondo oscuro, siempre hay un foco de luz sobre la expresión o la palabra del individuo, pero también pesa y mucho, un fondo oscuro que de iluminarse, no sólo llenaría de horror al individuo, al lector, sino también al mismo poeta y sin embargo Omílcar llena de colorido su individuo y con la misma intensidad acentúa el fondo oscuro sobre el cual gravita.

EDGAR SAMBONI ANDRADE

 


Pedro Elías Martínez

POEMAS

Juan Genovés

 

Tregua

 

Por el alambre del ábaco, atravesados
sobre la cabalgadura, uno a uno iban pasando
los cadáveres
rumbo a la plaza donde los desataban.
El que aprendió a contar viendo a sus muertos,
¿podrá, en una pausa, leer con los dedos
los lunares de tu cuerpo
y huir por la ventana, sin la noche en los ojos?

 

Semillas

 

tus semillas,

pequeños duendes en paracaídas,

son trozos de la hoja del poema,

 

el viento a su arbitrio las libera,

las suelta en el monte o la cañada

sin preguntar si absuelve al álamo

o al cardo,

 

el viento dispersa las semillas

y no sabes si viven o si mueren.

 

Limpieza

 

la calle se llamará avenida

y vendrá el presidente

a inaugurarla,

 

del pordiosero, la loca, el vagabundo,

del idiota con traje de Bolívar

no te hablaré

porque no tienen nombre,

 

la noche

los disfraza de termita, lechuza, escarabajo

la lluvia les pone el antifaz.

 

***

Cuando Sancho despida a don Quijote o viceversa,
la poesía del perro, del leproso, la del hombre que tumbó
un árbol para hacer un lápiz, ¿quién la escribirá?

 

***

Sabe la polilla la ciencia del túnel
para resucitar de entre los libros
cualquier día,

pero en su catacumba
¡tiene tanto epitafio por leer!

 

Anónimo

 

las letras del aviso

eran hormigas,

 

una tras otra

subieron por mi espalda.

 

Escarabajo

 

En arcilla

la escritura

muda con el viento,

 

en papiro

vendrá la cólera del fuego,

 

en el muro

no quedará de él

piedra sobre piedra,

 

escribo

en la memoria

de esta casa de estiércol,

 

escribo en el suelo

para que no haya olvido.

 


Diana Elizabeth Sanabria Boada

POEMAS

 

Plegaria

 

Que su sonrisa no se contamine de recuerdos atascados en la garganta

y pueda traspasar los ecos de mi muerte.

 

Que su vivacidad hiera la raíz de la montaña y perdidas cantemos

con el ron de la noche hasta las orillas de sus acantilados

para renovar el sueño.

 

Que su candor nos persiga hasta la jaula de los huesos,

e invada al ángel per verso de nuestra conciencia.

 

Que el colibrí que duerme en su vientre

retumbe en el laberinto de sus miedos, nos muestre la magia

de los llantos y nos cuente la historia de nuestra juventud.

 

Que su abrazo se mantenga abierto al holocausto de la distancia,

al corazón podrido del olvido,

destrozando las aldabas del silencio.

Para Dayana Guevara

 

 

Paso todas las noches recorriendo un libro en el lomo de un caballo

muerto, en su corazón que ya no palpita hay un cajoncito de lata

donde el abuelo se esconde de sus enemigos.

 

Desde allí me cuenta sus historias de judío errante,

con sus ojos de carbón caliente,

para que la noche no tenga que parir los recuerdos que se le han ido

esfumando.

 

Yo siempre tengo que partir a la madrugada,

y subiendo a pie las páginas más súbitas me envenena el espanto.

El espanto de terminar el libro, sin alcanzar a conocer su rostro.

 

Él se queda en su cajita vigilándome hasta donde alcancen sus palabras,

yo volteo para verlo desde la distancia,

me dice adiós mientras se oye el llanto de un recién nacido.

Son sus recuerdos llenos de frío, amamantados por lo que queda

de la noche.

 

Mañana ya no volverá el caballo.

El abuelo sabe que hoy recorro la última palabra.

 

 

Las Palabras

 

Las dichas al unísono,

las resecas por desconocidas,

todas aquellas que día a día se funden

como cuerpos en la orgía,

o aquellas que no tuvieron gloria.

 

Tantas y tantas palabras…

 

Malditas ellas,

prostitutas tristes que se van con cualquiera

aunque no las pronuncien como es debido.

 

Asesinas invisibles,

yo las bendigo por ser las únicas

capaces de acariciar las canas

de esta desesperación pausada,

derrumbando el muro de silencio

que nace en mi quietud enferma y corroída.

 

Acompañando esta agonía que es mi carne,

aguantando este silencio que nunca

podrá ser puesto por escrito.

 

 

De vez en cuando toco a mi puerta

a ver si de una vez por todas me recibo

para que nos desafiemos como

los culpables que somos.

 

Casi siempre me digo que no estoy,

que me estoy bañando,

que seguí enferma,

que salí de viaje,

que hay alguien de visita.

 

Algunas veces me entiendo y no insisto por un tiempo,

pero cuando llego con la furia

de un criminal rechazado por la humanidad,

quiero patearlo todo, quiero escarbarme, estrujarme y gritarme

que ya no tengo vergüenza y que romperé los vidrios,

mis secretos y las dudas.

 

Yo corro hasta la puerta y viéndome llorando de rabia,

cierro los ojos y me susurro con miedo,

que por favor me vaya.

 

 

El bordón de mi padre

parece una serpiente ciega,

que añeja de caminos me invade los ojos

con sus bailes fermentados bajo las llamas de la lluvia.

 

Se esconde atrás de la puerta de mis miedos

para espantarlos como a perros rabiosos

justo cuando me arrinconan hasta la soledad.

 

Conserva el olor de sus pasos rojos

haciendo ritmo con los míos

y se duerme con su propia sombra en las mañanas,

delirando entre cada uno de sus cantos.

 

____________________

Carnadura es sobre todo un libro discreto. En el mejor sentido de la palabra, un libro discreto. Habla en tono menor, habla como hablan los amigos que tienen un secreto difícil de comunicar. Y la poesía, como ya se sabe, es siempre un secreto, ese gran secreto que todos llevamos dentro, las piedras y las gaviotas y los muertos, que sin embargo no están muertos, aunque tan bien finjan estarlo, como quienes esperan que termine el horario de un espejismo, y lo cierren del todo, porque los vigilantes necesitan también su tiempo para hacer el amor a los maniquíes…

Releí Carnadura, en busca de un verso, de dos versos, de tres versos o cuatro, que sirvieran en la contracarátula para abrirle el apetito al lector, para atraerlo, para cebarlo. Pero encontré que me es imposible decidirme por ninguno de los que me gustaron más. Quizás, porque como el poeta, o la poeta, porque entre otras cosas que ignoro, ignoro su género, yo tampoco aprendí nunca a despedirme, ni sé cocinar como se debe, y nunca aprendí a crecer.

Insisto, ante mí mismo, por lo pronto, que Carnadura es un libro de versos, o mejor, un libro de poemas, o mejor, un poema partido, descuartizado en sus partes, que revela un escritor en busca de sí mismo, de su propia voz, de ese tono discreto que debe ser el de toda poesía auténtica, la que huye de lo demasiado enfático, del discurso, de la predicación desaforada, que frustró tantos poetas en mi generación, que con menos ínfulas se hubieran ganado mejor nuestro cariño. Y no les quedó más remedio que andar por los cocteles en busca de la limosna de una fotografía junto a los grandes, los que brillan, o parece que brillan. Ojalá, el autor de Carnadura, en reciprocidad con su libro discreto, hecho de susurros, encuentre, como declara querer, el color de un beso. Sí, el color de un beso. Aunque sea en un calvario de fantasmas.

EDUARDO ESCOBAR

 


Wilson Rincón

POEMAS

 

PERO TÚ…

 

Muchacha con ojos de niño.

No deshagas de tu memoria

la tarde, la tertulia, la melcocha

el coqueteo de tu cabellera

el girasol no marchito.

 

Ahora desnuda

tus años sombríos

tus labios vacíos de sueños

entre tantas muertes amanecidas a cuestas

piensa en las veces que  hiciste el amor

en los cuentos del abuelo, la sonrisa de la iguana

la luna, los amigos, el río que se aleja

y los días  que ya partieron

en la vieja ciudad

ahora casi desnuda

 

GÉNESIS

 

Pasa la tarde: Es el río

Y los segundos atrevidos e intranquilos

Donde todo es posible...

Alguien predica que nunca está solo

¡Qué difícil es la espera!

 

Cae la tarde irremediable

Evoca una guerra de colores

Lanzas, batallas, silencios

Y la muerte descansa

A cambio de regaños y caricias.

 

La tarde se marcha

Arrastra el llanto en la distancia

Donde nace el vértigo

 

Es ella escondida en el crepúsculo.

 

Celebro sus labios nítidos

Celebro cada esquina en penumbra

Cada beso

Que huye de mi memoria.

 

RÍO GRANDE

A: BARRANCA Y MOMPOS...

Bajo tus pies hechos agua... la vida.

Moribundo entre garzas, petróleo,

y santos caídos, el río de la infancia

recorre los minutos sin memoria del ayer.

 

Nació confuso entre las risas de los niños

y una pelota de trapo

que fluye como un cometa perdido

en la galaxia de cabellos y moños

que señalan la dirección del mundo.

 

Curtido por la terquedad

de los días cansados,

El Gran Río se estrella

contra el grito de  hombres

convertidos en bicicletas.

 

Y en las tardes cuando el sol

se alista para la despedida

El Río, como un tigre al acecho, se esconde

dentro de sus fauces doradas…

A cautivar la piedra

 

MITOLOGÍAS

 

En este juego,

donde el amor no es un engaño,

no hay vencedores, ni vencidos,

sólo una partida de ajedrez,

donde la reina y el alfil

juegan en la noche sin destellos

a las escondidas

 

INVENCIÓN DEL PARAÍSO

 

Hay un lugar

que no despedaza el olvido.

Penetra suavemente

en el tiempo de la montaña

y responde con certeza

a tus sueños... Muchacha.

 

Es infinito en la trastienda.

 

Acarícialo

en las noches ciegas del año

como nunca lo has hecho

corriendo junto a los ríos que caen

y no ahogan su deseo

en el eco de morir entre silencios.

 

Hay un lugar en el universo… inmenso

sin la pesadez del cuerpo.

Que viaja para instalarse

en el recuerdo, en tu recuerdo

sin  marchitarse de tiempo.

 


Martha Lucía Londoño Martínez

POEMAS

 

LA OTRA ESQUINA

 

Se escaparon las palabras de la esquina

donde esperaban ser condenadas.

Han de curtirse en cualquier sillón,

en cualquier bus lejano;

detrás de ese libro que enmoheció la mano,

en la estera que apacienta con la cabeza abajo,

las ruinas de un amor pasado.

En el reloj de la catedral que jamás marcó su acento,

o en la comedia de los próceres y los mártires,

al esconder su paso.

 

Se escaparon, algunas huyeron por el sifón

que a los puentes de la miseria comunica,

…llegaron al silencio.

Se escaparon en las sábanas de un precipicio,

… sin rumbo alguno,

y lanzaron a él con ahínco las manos del crepúsculo,

donde se forjaron los intentos por un verso sedicioso,

vestido de capricho. 

 

Se escaparon, libres son hoy de atarse al rumor,

a no ser nada, a fingir que son…

Libres de las presiones que cunde

en los resguardos de la amargura

o de la infelicidad absurda.

Libres de ser quienes son,

sin presencia alguna.

 

En el maleficio de aquellos que las torturan,

o en la calidez del suave destino

en una mente sin más pretensión

… ser uno mismo.

 

En el mutismo, en la algarabía de la noche destilada

en la ráfaga de incendios de unos ojos negros,

O en la mano ensimismada que hoy se funde

tras una nueva ventana,

renace desde los escollos de otra esquina

mágica y loca,

entre tantas perdidas,

…una nueva palabra

 

BRIO

 

Me interne en las propias voces para escuchar tus latidos,

volví los ojos para buscarte en las escaleras hacia el infinito.

Callé todo lo que pude para asirme a tus voces  sin forma,

y en el aparente, no encuentro, te miro.

Cómo nombrarte, con qué letras calificas,

cómo reflejarte cuando no son estos ojos los que se despliegan en todo tu horizonte.

Ni es mi nariz, ni es mi piel, ni soy yo misma cuando te siento… me pierdo, no me conozco.

Y sin embargo, eres saciedad, sentido, desdibujo, sencilla voz con piel de eternidad.

Luz, lo no visto, la no forma, símbolo naciente desde los espacios que te pertenecen.

Águila flotante en las arcas del tiempo; el no que te reafirma, la sospecha infinita.

 

Se de ti y no sé, lo humano se pierde cuando al cerrar los ojos, la luz aparece.

Cómo nombrarte… cómo verte con estos horizontes, cuando son otros los que te miran.

Brío, esencia, profundidad, el ángel ángel de Alberti; las doce en el reloj de Guillen.

Y en la vigilia de Quessep, quizá seas para siempre el vigilante vigilado

por la estera del tiempo y la letra azul del oasis que te clama.

 

MOMENTO 1

 

Detrás de estos cristales extiendo mis sentidos

Para alcanzar esa guitarra “pozo de viento”

Que un día en las manos de Gerardo Diego

Atravesó quizá los mares,

Para hoy en mí atravesar los cielos.

 

MOMENTO 2

 

A cada una de estas tonalidades le aspiro sus gritos,

consumo los espacios indómitos que las proveyeron:

lo dicho y lo no dicho, lo etéreo, lo oscuro, lo perdido,

la palabra detenida, la promesa no cumplida, su perfume

y su esencia solitaria; la perpetuidad con suspicacia herida.

 

Aleteo en sus ritmos mis dedos,

vuelvo inocente a su voz, de cada silencio;

y en su nota de sol confluyo la ausencia eterna

de todas sus culpas..

 

MOMENTO 3

 

Ella cree que encontrará la verdad en el espejo

cuando la piel que mira no posee los mismos vientos,

cuando la piel curtida por el espejo no ha podido quebrar en el descanso su reflejo,

cuando los espacios indóciles de dolor envejecido

saltan por las uñas, por los cayos, por los dedos

por cada poro, por cada sonrisa, por cada noche de silencio.

Hoy como todos los días vuelve a mirarse en el espejo

Mientras la esperanza agitada en su uso se calla avergonzada

Al momento de encender la luz de su vieja casa.

 


Yamile Vanegas Santos

POEMAS

 

BÚSQUEDAS

 

Recojo piedras, hilos y piñuelos,

camino despacio entre la gente

solo para encontrarme una rosa de papel

o la rueda solitaria de un carrito de juguete;

pausadamente me muevo entre los parques

cazando moribundas hojas secas,

entre la lluvia tibia,

reinvento plásticos seres misteriosos

que brillan desde lo húmedo.

 

Coleccionando pedazos de ciudad

te busco incansablemente,

con la secreta esperanza de encontrarte

enredado y confundido

en la punta de un cigarrillo.

 

PALOMAR

(Adentro)

 

Tu sonrisa de las seis de la mañana,

irrumpió plena

entre los picos inmaculados de las aves

y el color del cielo recién nacido

habitó plácido entre  mis ojos.

 

En las plumas puras y azabaches

recosté mi cabeza mientras te bañabas;

lentamente entró revoloteando

por la ventana,

la certeza de que te extrañaría para siempre.

 

SINFONÍA DE UNA CIUDAD DORMIDA

 

Preludio

 

Sobre el reinado del sueño, se extiende lenta la música de la noche.

Mas los animales solares no conocen la melodía de estas horas;

 

Canon

 

Solo los Búhos escuchamos desde lo sombrío, el

 

Adagio

El viento entre las hojas serpentea, llantas sobre el asfalto.

El papel del cigarrillo se consume… un pájaro con insomnio.

 

Solo los Búhos escuchamos sentados sobre la noche, el

 

Moderato

Gotas tristes contra cristales, pasos cansados sobre la piedra.

Concierto de grillos cantantes, la puerta que se abre indiscreta.

 

Solo los Búhos, y ciertos Lobos de buen oído, escuchamos

acurrucados en la penumbra, el

 

Forte

Perros aullando –qué tristezas se estarán contando esos perros-.

El llanto de un hijo. El quejido del amante.

 

Coda

 

Solo los Búhos escuchamos la canción

que desde lo oscuro, nos canta la noche.

 

___________

Yamile Vanegas descubrió la revelación poderosa de la poesía en la clase de teoría del poema.

Promovemos las nuevas voces de la poesía colombiana, alimentamos el vuelo de seres maravillosos que viven por y para el poema.

ÁLVARO NEIL FRANCO

 


Clara Schoenborn

POEMAS

 

Scripta manent

 

Ausente del reflejo

el poema mira sus pies

pensativo frente al viaje

verbo llegado de la nada.

 

Palabras

nacidas en campanarios

-bajo camas-

remisas de algún llanto

recopiladoras de relojes

hachas de hielo

óxido y perfume.

 

Nuestro libro anónimo

se escribe con tinta

la pregunta final o el abismo.

 

Así como la música busca el sonido

vamos trazando una señal.

 

Casa, hogar y caballo

testigo y mensajera.

Llegará acorazada a la leyenda

llena de nosotros aunque sin memoria

hasta aquellos que nunca sabrán

de quiénes fueron esas voces.

 

Poesía

 

Se me descorre el iris

y entonces miro

 

lo que está reverdeciendo

 

se me descorre

se cae

 

no logro entender

 

mas está

 

tan tenue

 

tan amarrada al límite

 

a lo que se descose  

 

uno

dos

mil

siete veces la muerte

y un millón de serpientes

 

invade

remuerde

ataca

 

no puedo dejar que se vaya

pero se va

siempre se va

-viniendo-

 

uno

dos

tres

 

ven

y déjame

 

ven

y vuelve.

 

Habitación

¿Por qué siento tantos seres muertos sosteniendo estas paredes?

¿Por qué no se quedan quietos los que vendrán después de mí?

¿Acaso los universos toman la forma de quien los piensa?

 

¿Retrocedo o avanzo cuando imagino estos límites?

 

Esta habitación jamás pregunta por sus ventanas

ni sabe del mundo más allá de la puerta:

su ceguera tiene forma de océano

túnel que puede imaginar mi viaje.

¿De qué tamaño puede ser esta certeza?

Aquí dentro los cristales no ven su horizonte,

alguien me oprime en el aire como una respuesta,

ese reloj muere de ingenuidad a toda hora.

 

En el sueño

un carrusel convertido en cama

suplanta a la muerte.

Pero yo no deseo viajar más lejos.

Quiero creer que puedo ser la habitación de esta habitación.

 

Los Girasoles de Van Gogh

 

Pongo la seda del cuadro sobre mi cara,

me tocan sus dedos tibios

tan ausentes de la muerte.

 

Huele a lapislázulis en azúcar

a trementina de abril

a una copa con perfume en sus grietas.

 

Muerdo su piel tan callada

lamo el aliño rancio de su inocencia:

el sabor de una pared es noble cuando está triste,

es agria una flor, y sin orgullo,

 si fue pintada por un loco.

 

Puedo escucharlo lloriquear en las esquinas,

es muy anciano y ya no reconoce

las caras de quienes lo miran.

 

(Los cuadros quieren ser olvidados

quieren morir como todo lo que es bello.)

 

Hay vino adentro del jarrón

contiene un sabor de labios

que gritaron en primavera.

 

Ese vino se derrama cada medianoche

sobre otros licores errantes,

ellos buscan la cordura que perdieron

para convertirse en lágrimas

que los pinceles no dibujaron.

 


Igual podría decirte: “loba/cuchillo/ o azúcar”. Sin embargo, lo que ha dicho el jurado es “poeta, indiscutiblemente poeta”. La brillantez y originalidad de las imágenes con las que invoca cada uno de nuestros oficios, la claridad de su versificación sin adornos, la profundidad de su concepción del tema de nuestra identidad ancestral y originaria y la unidad temática y estilística entre los poemas producen un libro de gran impacto.”

Palabras de ÁGUEDA PIZARRO, poeta, catedrática, directora Encuentro de Mujeres Poetas Museo Rayo y miembro del jurado del Primer Premio Concurso de Poesía Femenina “Ediciones Embalaje” del XXVII Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas Museo Rayo Roldanillo 2011 obtenido por Clara Schoenborn con su libro “Los Oficios en Clave de Atenea”.

 


Ricardo León Prieto

LAS PAREDES DEL VIENTO

 

DESPERTAR

 

La valija está lista,

tu sombra empacada

y el reloj desarmado,

ya nada te une con el tiempo,

ahora, te paras frente al espejo

sin poder contener la simulación

de una lágrima

y entonces emerges con una expresión muda,

ante tu espectro.

 

SENTENCIA

 

Desde una ventana enfermiza

ella me mira,

me arroja las cuentas del rosario

cerca al lecho,

Se ríe

no veo su rostro

ni escucho su carcajada muda,

pero sé que se ríe

cada vez que una cuenta

rebota y rebota hasta extinguirse.

 

Luego, me enseña un reloj

y con la punta de su índice ausente

lo adelanta un minuto

y se marcha...

dejándolo colgado

    en la ventana.

 

MUTISMO

 

Las gotas de agua

golpeando sobre el ventanal

van descendiendo como intrusas,

dejando hilos transparentes

que no logran perforar el asombro.

Me acerco a la ventana

conteniendo la respiración

para probar la resistencia,

vuelvo a la silla,

interrumpo,

preparo café,

el agua se evapora con la tarde,

la silla, queda vacía

mirando hacía la ciénaga.

 

NUBOSIDAD

 

El poeta se desmorona

en las estancias habituales,

a un lado yace la libreta de apuntes,

una María mulata se lleva en el pico

la última inspiración

y con el atardecer,

las miradas que ya no están

van tornándose borrosas

 

Entonces,

se acerca al borde del abismo líquido

a desalojar los días

y habrá retornado al silencio,

a esa musicalidad inconclusa

que se vierte en los días bisiestos

que nunca llegan.

 


Alexander Torres Olarte

POEMAS

 

VEREDAS

 

Una familia, como muchas otras,

Se levanta con el canto del gallo

Y el cielo rojo a ordeñar.

 

En el camino, sosegado, está el burro

Que llevará la leche a la cantina,

A su lado el niño de 12 años,

Dispuesto y conforme

Con su titánica tarea.

 

SABOR DE ARENA

 

Un niño cabalga

Por las montañas

Guiando el paso de sus ovejas.

Pastor de juegos

A los 10 años,

Los animales de la granja

Sus únicos compañeros.

 

La madre lo vigila

Desde la falda de la montaña.

Su casa al lado del rio,

El olor a leña,

El primer café de la mañana,

Cuanto calor en el ambiente de un hogar.

 

Fotos a blanco y negro

Tu madre en la entrada de la casa

Hecha de adobe y paja.

El cafetal del jardín

Que te recuerda ese aroma

De las mañanas.

 

Presente de calles y de carros

De edificios y almohadas

De personas y perros callejeros

De anhelar la noche

Y la vendimia del sueño.

 

CIUDAD NACIENTE

 

Por las calles habita la gente

En una ciudad que nace a las 5 de la mañana.

Gente que veo, que escucho,

Con la que convivo

En los buses, en los bares, en los cafés

Con olor a fruta podrida.

 

El frio de la mañana

Entrando por todos los rincones,

Ese sol de mediodía,

Preludio del infierno.

Quiero recuperar las tardes

En desnudo, cuando la tierna infancia se perdía.

 

NATURALIDAD

 

¿Es preciso nombrar a una mujer?

Para que la sangre

No se congele en el cuerpo.

 

Poemas de su libro La Ceniza de los Arboles

 


Teresa Consuelo Cardona

POEMAS

 

De repente,

aguas desbordadas

empaparon mis desiertos.

 

Mi naturaleza te saluda

abriéndote sus valles,

sus secretos, sus cavernas.

 

Sobre tu piel desnuda

deshago mis deseos,

me bebo sorbo a sorbo

las mieles de tus sueños.

 

Soy más de lo que creías,

menos de lo que crees…

Soy lo que no crees.

 

Contigo me gasté

mi última adolescencia.

 

Me hierven los labios

cuando te recuerdo.

 

Te gustaban mis redondeces

porque te recordaban al mundo,

que era lo que querías

tener entre tus manos.

 


John  Willmer  Rodríguez

 

VAGARÁS SIN ROSTRO

 

Y lloverán ángeles

envueltos en fermentos pardos,

que se estrellarán en tu piel

que tomará dos siglos

en deshacerse del todo;

podrás ver al fin

el horizonte limpio,

como el que no mira nada

y sin embargo todo lo mira;

se te desgajará el corazón,

sangrarás angustias celestes

cubiertas de nácares  sombríos,

que romperán tu mortal memoria

y sus lágrimas represadas

inundarán  tu espantado aliento;

podrás al fin sentir

el sol de tu inocencia,

como el que no repara nada

y sin embargo todo lo sufre;

se te hermanará el canto

y subirás a los altares de  piedra

entibiados por jaguares luminosos,

que verterán su borrachera 

y toda palabra sabrá a poesía;

podrás al fin sanar

tu errante sombra,

como  el que no espera nada

y  sin embargo  como un arado,

desgarra, toda la sed de la tierra.

 

ALUMBRAN LAS SOMBRAS

 

El  infinito se abre paso

y una vegetal caricia,

arrasa lo que queda de uno,

vivas  y coloridas franjas

enmarcan miles de rostros

con la mirada perdida,

somos el caos  y el grito

en este  cielo  indígena;

cuando iluminan las sombras,

la  armonía se abre paso

y  antiguos  cantos,

devastan lo que se salva de uno,

un dragón sube desde el abismo

a  escupirnos lanzas  de fuego,

heridos volamos,

somos el laberinto y la cascada

en este estrepitoso  limbo;

cuando resplandecen las sombras, 

la paz se abre paso

y  las constelaciones en diluvio

deshacen todo lo que nos ampara;

los sueños primeros,

figuran  un hombre de barro

con su perversa  ansiedad,

somos hojas y espejos

en este nido de jaguares;

nunca regresamos  intactos…

 

EL JAGUAR

 

Baja luminoso

desde los coloridos cielos,

a  beber del arroyo

y saciar su sed silvestre;

en cada sorbo

que pigmenta sus colmillos,

todas las fuerzas

del misterioso universo

entregan su alma;

el jaguar

desciende refulgente,

por las espirales  del  bejuco,  

a rumiar las lagunas

y así saciar sus sueños ariscos;

en cada trago

que le roba los ojos,

todos los taitas

del eterno cosmos

le entregan su saber;

si el jaguar respira

respira también lo existente,

sus sagradas sangres

fluyen y refluyen

por el corazón salvaje;

en ese nido de luz

nos hermanamos,

las multitudes y los delirios

la soledad y el ansia;

si el jaguar ruge

también el universo ruge,

si el universo canta

canta la vida.

 

EN UNA SERPIENTE ALADA

 

Cabalga un jaguar,

el mismo,

que en la vigilia,
cruzó

el vaporoso puente;

esa distante ventana,

que siempre estuvo

sobre la selva

y cuyo poder era su misterio;

cuando el jaguar murió

al chocar con las amapolas

de los fríos monasterios,

nacimos,

varios colibríes y anacondas,

para terminar de escribir,

los versículos de los  sueños.

 


Gladys Zamudio

 

CUANDO EL LUGAR MÁS PEQUEÑO ES UNO

 

Mirar el mundo desde esta pequeñez, desde esta infamia humana,

Es sentir que no le alcanzan los ojos para ver todo lo que hay alrededor.

Es asombrarse por todo porque todo es respetable, admirable, envidiable, copiable.

 

Esta pequeña anatomía, que se desplaza, vive de la pantalla cotidiana,

Donde chatea de frente como máquina y se despide como si tuviera amor por dentro.

Esta innobleza viva, paupérrima bolsa escarlata, disfrazada de hombre o mujer,

Se deposita en los asientos de los días y allí deja fluir líquidos internos en un cerebro deshabitado,

Para poder pensar un poco.

Pero, aunque pasa mucho rato inmóvil, nada cambia. Sólo piensa, pero no sabe para qué lo hace.

 

Como en una lata de embutidos lleva aprisionada su carne, ser minúsculo, con los jugos contenidos;

Todos los días se inyecta conservantes para no vencerse.

Cuando llegan los grandes, los que miran desde el lugar más amplio, desde el universo, desde su ser como universo,

Y rompen la lata, el contenido se vierte, se deforma y, aunque le de el valor que tiene,

Éste siempre será una pequeña porción para alimentar a alguien que, luego, no lo nota o lo olvida.

Un pedacito entre los dientes deja ver lo mágico del sentido pequeño de una alegría corta, pero sustanciosa.

...

 

MARCA: PERTURBACIÓN


No quiero que nadie me perturbe ni siquiera con su silencio.
Soy caprichosa, llena de larvas que me asfixian,
me aprisionan en su crecimiento callado.

Nadie me salvará de estas oportunidades humanas.
Nadie me detendrá a encontrar un camino sin rutas.
Siempre espero que alguien llegue, pero no quiero que se quede.

Quiero limpiarme hoy de tanta suciedad, de tanto desamor interno.
Quiero ver la vida como me viene. Hay mucho dolor en el mundo,
Muchos gritos atrapados en los cuerpos. Y por eso no puedo dejar de hablar.

Cada que puedo me libero, libero mis entrañas de asuntos inorgánicos.
Lo artificial me ahoga, me deprime.
No más engaño con vallas que crean sensaciones,
Éstas se reproducen como enfermedades.

A veces parezco sin dolor. El autismo me viene.
No importa, hoy lo tengo que disfrutar.
Es una manera de sanar, de olvidarlo todo.

No quiero pensar en nadie. No quiero sentir dolor con sus puñales.
He cambiado dirán, pero soy la misma valla que crea satisfacciones
¿Qué se compra entonces? ¿Dónde consigo un amor que se deje desempacar,
Utilizar y arrojar a la basura cuando pase su fecha de vencimiento?

¿Quién quiere comprar un producto al vacío? ¿Quién más se quiere dejar engañar?
Puedo ser de gran utilidad, depende del trato y de una buena lectura del manual.
A veces se quedan conmigo porque “es el más económico y el que más da”.

Pero el rendimiento y la duración dependen del consumidor.
Estos elementos vitales, como el amor y la pasión,
Deprecian los productos instalados en el corazón.

¿Por qué? Porque nos vendieron el amor empacado, con condiciones y resolución, con marca de género, cantidad de usuarios y como obsequio un condón.

En el mercado circula un amor personal, íntimo, con marca de propiedad,
pero también hay los que se pueden llevar en el bolsillo, que son de fácil adquisición.
¿Qué se compra? Si todo parece basura bien empacada, con preservativos para que dure.

Hay productos que se han estado vendiendo sin marca, bajo la sotana.
Los ilícitos, los que no tienen registro. Pocos los usan y cuando lo hacen le ponen la marquilla para que parezcan de óptima calidad.

Todo parece un engaño. ¿Será posible engañar?

 


Danilo Salazar

NO PUEDO CON ELLA

 

Camino con el mayordueño,

nos detenemos un poco.

Hay fiesta, alegría, las parejas bailan.

Al ver tantas mujeres

dije: el Inca tenía cuatrocientas,

¿De veras usted lo cree?

¡Por supuesto!, le dije.

Él comenzó a cantar y bailar

yo téngo una y no puedo con ella...

 

INGENUO

 

Se acercó la mozuela y

me dijo: señor,

¿Puedo sentarme a su lado?

¡Que dicha!, le contesté.

Me dijo palabras encantadoras,

mi corazón palpitó de nuevo,

tuve la sensación

de sentirme joven y bello.

Tiempo después, desperté

en un cuarto, solo,

despojado de los Euros

que llevaba encima.

 

CORNUDO

 

Mi amigo llegó pálido,

su rostro estaba descompuesto,

me dijo: mientras estaba de clínicazo

ella salía con otro.

¿Qué hago?

Le dije: ¿La amas?

Sí, la amo, contestó

lee entonces

el Arte de Amar de Ovidio.

 


Edy Margarita Buitrago

PÉTALOS  

 

No es posible

que las flores

se desnuden lentamente

sin sentir que un caudal

de lágrimas

se vuelvan canto

al perder sus pétalos,

campanas del amor

campanas del dolor.

 

POETA

 

Poeta solitario,

poeta mojado,

vas errante

errante vas,

despertando al mundo

con tu canto,

rasgando la tierra

con tu llanto...

poeta mojado

poeta olvidado.

 

CALLA CORAZÓN

 

El alma fue volando de sueño

en sueño,

el corazón como ofrenda

dio el amor que le quedaba,

calla corazón

que el silencio no se rompa,

calla que este amor

habrá pasado prontamente,

calla corazón

que en el amanacer

el olvido fue ingrato.

 

                                                                                                 

                                                                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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