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David Cortés Cabán

POEMAS

Presentación por Jorge Eliécer Ordóñez Muñoz

 

XVI

 

Padre

toda la noche ha estado nevando

Despiadado ha sido este invierno

imposible llegar a esta ciudad

Yo no hago otra cosa

que contemplar estas calles iluminadas

con tanto esplendor

tanta luz contra la oscuridad que me habita

No encuentro tus pasos

bajo un cielo de estrellas tan altas

Enfermo del sol y del río que me lleva

contemplo esta nieve caer

con la oscura conciencia

del que ha malgastado su tiempo

parado en las esquinas de las calles

mirando cómo pasa la vida.

 

III

 

Esa ola que gira contra el tiempo

es tu pueblo

bosque en llamas

oración de San Juan de la Cruz

que nace del mismo centro

para alcanzar la más doliente espera

Cauce donde la luz no quema

cielo para el forastero que desconoce

que el amor puede estar en los ojos

naufragio para quien desdeño la boca

que aún persiste

Día luminoso y puente que atravieso

migaja que me exonera de toda soledad.

 

Un paisaje abstracto y real

 

Lo que busco

no es la soledad de la alta espera

ni el silencio de tus manos

que exige abandonarme a tu cuerpo

Lo que busco

no es la imagen de tu rostro

otro silencio que invita a conocerte

y me abre las puertas y me hace señales

y toco tu huella inasible

y caigo levemente derrotado

porque ya nada es igual

solamente silencio

el silencio de tus labios

inventando otra historia

un paisaje abstracto y real

y eso basta.

 

De cómo nos hiere el tiempo y la soledad

 

No podemos escoger los días

ni apresar los instantes

llegan sin pedir disculpas

como bestias endiabladas se tiran

a nuestros pies

se acurrucan se echan como palomas turquesas

hasta cubrir el paisaje

Hoy mismo que camino esta callecita

vivo la luz lo diminuto lo más natural

el leve geranio y el vientecito

esparce la soledad de alguien

que vuelve oculto por este huerto

y entra a la casa y abre las puertas buscando

no el verde que baila en la habitación

sino el día más solitario

la voz que apague esta brasa.

 

He vuelto

 

Nada que ofrecerte

sólo el paisaje

y el hermoso hermoso brillo del corcel

y el pájaro

sobre la leve superficie

que vuela y resplandece

pues cierra los ojos para verlo

lo demás es pura sed

eso que escogemos al azar

cuando la memoria esparce las cenizas.

 

Los poemas aquí reunidos pertenecen a la antología Ritual de pájaros y al Libro de los regresos.

 

________

 

Conocí al poeta David Cortés Cabán en el Festival Internacional de Poesía de Cali, en el año 2013. Eran tardes veraniegas, a orillas del río Cali, con alguna cerveza fría para mitigar el golpe rotundo de la canícula. Me llamó la atención su aire sereno, rematado siempre en su elegante sombrero caribeño. Hombre pausado, de palabras tenues, como su poesía. Después compartimos con más intensidad en el Festival Internacional de Managua, ciudad que nos dejó un maravilloso anecdotario, como en la noche aquella, cuando a falta de un escenario propicio, nos programaron para leer nuestros poemas en un viejo avión, a orillas de un lago oscuro, en vía de recuperación. Por supuesto que el calor, los mosquitos y la mínima audición hicieron que alguien propusiera cambiar de lugar. Terminamos en una plazoleta amplia, donde los poetas, en rigurosa fila india, decíamos algún verso, mientras que un borrachito de feria se robaba la atención de los presentes con sus ocurrencias repentistas. Hace poco compartimos de nuevo en el Encuentro Internacional de Poesía, en Tuluá, evento que nos dejó gratas evocaciones, tanto por la eficiente organización, como por la fraternidad generada entre los poetas y el público, en general.

Es grato para Rosa Blindada, dar a conocer algunos poemas de David Cortés Cabán. En ellos el lector encontrará un lenguaje sencillo y profundo a la vez; la mirada de un habitante del planeta Tierra, que por aquellos juegos del azar, vive y trabaja hace un buen tiempo en Estados Unidos, pero que deja traslucir en su palabra reposada, seres, imágenes y sensaciones que evocan los vientos de su ínsula del ensueño.

JORGE ELIÉCER ORDÓÑEZ MUÑOZ

 


Carlos Manuel Villalobos

POEMAS

 

Las costuras del sueño      

A las costureras

A mi madre

 

Ella enhebra la saliva.

Ella mide y traza con la tiza un pájaro en la tela.

 

Su ojo cruza el ojo de la aguja.

y ata el viento a la bobina.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

La tijera es un baile de muchacha sobre el hielo.

La tijera es un reptil hambriento que corre por el llano.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

Su Singer de pedal anda por la tela

con los labios apretados.

 

Su Singer gime a todo grito su trabajo.

 

Su Singer gime a toda máquina

las ganas de un abrigo.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

Ella sabe la puntada que lleva la costura de los sueños.

 

Ella sabe remendar el alma

cuando se hiere con las púas de la tarde.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

Ella cose guiños y recatos.

Cose el silencio y las palabras.

 

Ella cose el ruedo de un suspiro.

Ella cose los ojales de un secreto.

 

Ella cose las sisas que ajustan unas manos a la piel.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

Manos lavando el río

A las lavanderas

 

Maja el barro con el pie de amar la tierra.

Lleva ropa de amor en la canasta.

 

Maja el trillo con el pie de andar la vida.

Lleva ropa de enojo en la canasta.

 

Llega al río.

El agua es otro niño que le abraza la rodilla.

 

Llega al río.

La piedra del restriego es también una mujer callada.

 

Unta de silencio cada prenda

y enjuaga con el alma cada trapo.

 

Luego aporrea el viento a punta de gastados jeans.

Luego aporrea la memoria a punta de camisas con olor a noche.

 

Su mano se pasea por la colcha y la mantilla.

Sus ojos cabalgan por la esquina de un pañuelo.

 

Un cepillo de aruñar las horas

se desliza por la espalda de las blusas.

 

Un jabón de azul mirada

llena de espuma los íntimas calzones.

 

Lleva ropa de paciencia en la canasta.

Lleva ropa de amargura en la garganta.

 

El espejo oculto

A los recolectores de la basura

 

Por aquí pasan dos veces: lunes de fijo

y jueves salvo la Semana Santa.

Yo les dejo el asco, mi carroña

y toda la verdad de todo

en paquetes de silencio.

 

Ellos vienen, no preguntan,

y recogen este rastro de mi sombra.

 

Ellos vienen y se llevan

todo el polvo que le arranco

a lo que pienso.

 

Ellos vienen y tiran al camión

de la basura

las huellas que vomito por el alma.

 

Ellos vienen y recogen

uno a uno mis pecados.

 

Pasan por aquí temprano,

no preguntan

y se llevan mis olores,

los avisos de la muerte

y todas las palabras

que le sobran al poema.

 

Ellos vienen y se llevan

este espejo que ocultamos. 

 

Afilador de colmillos

A los afiladores

 

Es curiosa y casi loca esta manía

de andar de puerta en puerta

preguntando por el filo de las cosas.

 

Es curioso, pero es cierto:

paco a poco los puñales van perdiendo

su donaire,

y de tanto morder maderas

los serruchos, diente a diente,

se desgastan la finura,

y de tanto cortar los hilos de la vida,

yarda a yarda,

las tijeras van perdiendo el apetito.

 

Es por eso, que sí, que desde luego,

que venga y toque el timbre

el hombre de amolar cuchillos,

que afile todo en la cocina,

y de paso afile el ojo,

la lengua y el oído.

 

Que sí, que pase

y que lo afile todo:

el espejo que perdió el encanto

el reloj que se cansó del tiempo,

los colmillos de la historia

que dejó el olvido en el olvido.

 

Que sí, que entre, desde luego,

que traiga la piedra de afilar y el esmeril

y deje con todo el filo de besar

el beso

que hace tiempo no besaba

con locura.

 

Novia de Dios

 

Apaguemos la luz en este cuarto

y hagamos celibato a oscuras y en silencio.

 

Ocultemos aquí las ganas de las ganas

y hagamos castidad hasta la muerte.

 

Cerremos toda cueva de humedad

para los lobos,

que no se abra de pétalos la flor

y no venga nunca el colibrí a libarla.

 

Callemos aquí a los hijos

que ovulan y ovulan preguntando

por los peces de la vida.

 

Demos a Dios un harén de velos y rosarios.

Demos a Dios mil esposas lavando los pecados

de este mundo.

 

Hagamos votos de piedra.

Votos devotos del santuario al himen sin tocar.

 

Hagamos votos de blancura.

Votos devotos del alma limpia y sin estrías.

 

Digamos a Dios que sí,

que aceptamos esta boda con la noche.

 

Digamos a Dios que sí,

que suyo es este labio

que suyo es este beso que nunca besará,

que suyo es este pecho

de pezón callado.

 

Ars curandera

 

Para sembrar esta luz

hay que abrir los ojales de la sombra

y coser con la palabra.

 

Para alumbrar esta semilla

hay que aruñar adentro

y aporcar el ama

con los arados de la metáfora.

 

No se nace sin la tijera

que corta los cordones

ni se vuelve a nacer de otro modo.

 

Nadie es héroe sino se sale victorioso del infierno.

 

No hay vuelo sin que duela la caída

 

Este antiguo y sanador este ritual.

 

Pero hay que entrar descalzo

y alumbrarse con la jaula de la herida.

 


Andrés Matías

POEMAS

 

Hernando Guerra Tovar: ANDRÉS MATÍAS O LA LLUVIA EN LA MITAD DE LA NOCHE

 

En el libro La lluvia en la mitad de la noche de Andrés Matías, asistimos al rompimiento de la lógica para sumergirnos en la más profunda exaltación de los sentidos. Es preciso dejar el acumulado de siglos en la orilla, antes de arrojarnos al abismo del sueño lúcido, que el poeta ofrece como un presente de asombro; revolución interior sólo equiparable a la posibilidad genésica que alguna vez nos fuera dada como bendición o condena. Es salir de la apariencia y la simulación para acceder a la verdad, la que siempre nos asiste, aun la mirada exterior donde prevalece la bruma, “sol que ha visto la ausencia”.

El decir poético que anima la obra de Matías en este libro, breve en su condición de forma pero hondo y perdurable como precipicio, es candil en medio de la noche, herida que resiste el paso de un tiempo congelado en la práctica de quienes no sólo ignoran la dignidad material sino la espiritual, esa que los griegos llamaran poiesis, única capaz en verso de Cardoza y Aragón, de sostenernos en el tiempo como señal de especie.

El epigrama indica paradójicamente abundancia en el decir, esto es, un cúmulo de luz al interior del poeta, que debe ser compartida a riesgo del colapso en la sombra, situación de la que Matías jamás será corresponsal, menos en tratándose como ya lo advertimos quienes hemos asistido a su obra; sabedores de su rebeldía, del linaje iconoclasta; hecho reconocido por voces autorizadas como las de Roberto Burgos Cantor de Colombia y Aurora Villalba Lihn de Chile, entre otros asiduos de su palabra iluminada.

“El poema no dice lo que es, sino lo que podría ser. Su reino no es del ser, sino del ‘imposible verosímil´  de Aristóteles”, nos recuerda Octavio Paz. La poesía de Matías acoge este principio en la imagen y se abre así un mundo de posibilidades en donde el lector, también poeta, hace lo propio, recrea y extiende la otredad. La sintaxis y la semántica van más allá del uso común; percepción que hechiza, trastoca y sumerge: ”Ahora en la conmoción del árbol y la luna / Los caballos se cuentan como niebla.” ¿Cómo eludir entonces la belleza, el fuego que consume y repara a la vez en Eros y Thanatos?

La lluvia en la mitad de la noche es urgente y necesaria en este mundo que ha hecho de la razón un paradigma. “Por la razón las matemáticas; por la no razón, la poesía”. “Por la razón, la ciencia; por la no razón, la religión". “Por la razón, el mercado, el dinero, las rupias, los pesos, los dólares; por la no razón, el amor, el canto, la danza.” El ser humano es irracional, debe serlo, y la poesía contenida en este libro revelador, sus alas. No toda la poesía que se escribe en este momento en Hispanoamérica es poesía, es otra cosa. Alaridos tal vez de los áulicos del sistema, los mercaderes, los calculadores, los artificiosos; para no decir los simuladores, plagiarios y demás que fungen de anarquistas, libre-pensadores, aquellos que de viva voz pregonan contra el sistema, pero en sus actos, decires y hechos presuntamente poéticos se alinean, se ponen de lado de los conspiradores en contra del Ser y su Palabra.

Poesía amorosa, quiebra el absurdo cotidiano de nuestras naciones acomodadas en el engaño de siglos, el ataque, la ausencia: “Parece que te has ido para siempre / La bruma no deja ver las golondrinas / Algo quiebra el rojo de la aurora / Abril se ha dado a la fuga / duele el plumaje de los días / muchacha ese fragmento es mi vida” (Algo quiebra el rojo de la aurora). Es la posibilidad de disentir desde el amor. No hay violencia en su palabra. Aquí la verdad florece porque: “La verdad es una experiencia y cada uno debe intentarla por su cuenta y riesgo”, y Matías, sí que asume el riesgo: ha sido su constante, su periplo por el mundo advirtiendo la oscura nueva: aún la especie humana se puede salvar: “A veces los muertos no descansan / cavan los huesos para cubrir las sombras / pudren las ventanas para oír los pasos / ajustan las cuerdas del mar en la oscuridad / los días de soledad se despiertan con el color que nos olvida / algo se muere para que el árbol se sienta a mi lado” (Un ahorcado se pierde de quien canta).

En esta palabra de luz entre la sombra, “Herida azul que viene del abismo”, Matías deja sentado, una vez más, su desagrado frente a la demencia del mundo en que nos ha correspondido poetizar, es decir vivir; porque la poesía es vida, y nada más lejano de la vida lo que nos ofrece este sistema envilecido.

Ayer lo hizo en su emblemático libro La canción de los cuervos blancos. Allí dejó sentada con Poesía, verdadera poesía, su mirada desacralizadora, su visión de hombre nuevo, su compromiso con el arte, la estética, la espiritualidad oscura, la religión no teísta, la palabra incendiada, el amor; y ahora, de nuevo, nos entrega su manifiesto, su oráculo en mitad de las tinieblas. Porque ya el blanco no es el blanco, existen los matices, y podemos descubrirlos, acaso recordarlos, restituirlos a través de esta palabra: “La errancia / la desgracia / El estremecimiento / Estar solo todo el día hasta que en la noche / aparezcan las estrellas / y luego la conciencia / Que evito” (La lluvia en la mitad de la noche).

 

POEMAS

 

CERCA AL MURO 

 

Al llegar tu cuerpo se inundará el sol de ebrias

Mariposas

De gotas de rocío y otra vez el sonido

Plateado de la lluvia

Caerá azul a través de las ramas desnudas

Escribo ahora que el agua deshoja la

Tristeza

Que mis amados caballos son ingenuos y

Esperan

De pie y cerca al muro.

 

COMIENZO DEL OLVIDO

 

Nunca más regresaré al mar

Ni regaré árboles en mis ojos

Te has ido afuera del sueño

En la noche una flor alta

Y un hombre bajo el sol

Peso que se hace leve

Polvo de luz y oscuridad

Busco las orillas del amor

En un cuarto muy amplio

 

SI HUBIÉRAMOS DETENIDO EL SOL

 

El camino hacia tus ojos no es la tierra

Encima de la tierra

El soplo que vacía una rosa

      Azul que niega la montaña

El camino hacia tus ojos no es amor

Es quizás algo que anochece cubierto de cemento.

 

MI MALESTAR SE DEBE A LA PÉRDIDA DE LA FORMA

 

Todo el poco de mí una casa lejos

Sol que ha visto la ausencia

Rosa que yace en algún lugar de la noche

Esta piedra fue aún después del silencio

El paso sobre la muerte que recorre las cosas

Las flores negras tienen sombra

Y los caballos que amansan el agua nos buscan.

 

UN AHORCADO SE PIERDE DE QUIEN CANTA

 

A veces los muertos no descansan / cavan los

huesos para cubrir las sombras / pudren las

ventanas para oír los pasos / ajustan las cuerdas del

mar en la oscuridad / los días de soledad se

despiertan con el color que nos olvida / algo se

muere para que el árbol se sienta a mi lado”

 

ALGO QUIEBRA EL ROJO DE LA AURORA

 

Parece que te has ido para siempre

La bruma no deja ver las golondrinas

Algo quiebra el rojo de la aurora

Abril se ha dado a la fuga

duele el plumaje de los días

muchacha ese fragmento es mi vida.

 


Guillermo Martínez González

POEMAS

Nota y selección de poemas por Álvaro Neil Franco Zambrano

 

POÉTICA DEL AGUA EN GUILLERMO MARTÍNEZ GONZÁLEZ

El poeta Guillermo Martínez González le habla a su río como los vaqueros cuando llaman el ganado, le pide a pesar de la negrura salvaje de sus aguas que regrese con su poder de monstruo que destruye toda la naturaleza que se le cruza en el camino, incluyendo los animales que hacen parte de su propio elemento. Es un río que se libera de sus cargas, y de cierta manera, no respeta  ni siquiera el alma de sus ahogados, pues su furia tampoco se detiene ante la sombra de sus árboles. Este río también es una deidad enferma que no cree en las salvaciones del cielo; un dios cruel que no se compadece de sus hermanos más pequeños. Es un poema terriblemente hermoso, donde el poeta por medio del asombro y el ritmo desbocado de las aguas, sublima el desorden de su universo. El río posee una belleza letal cuya piel de estruendos mudos invita al placer. De ahí la insistencia de la voz poética en su pronto regreso.

 

VUELVE CRECIENTE

 

Vuelve creciente

Vuelve con tu rugido de bestia oscura

Cargada de troncos podridos

Animales muertos o con los ojos

Despavoridos ante el cielo.

Vuelve con la furia de tu agua

Que muerde los acantilados

Las criaturas del monte

Y la sombra gigantesca de los guásimos.

Vuelve con tu diluvio

De batracios negros y peces

Agonizantes en la hierba.

Vuelve con tu grito de dios

Herido en la noche.

Vuelve creciente

Inundación que arrasa piedras y ganado

Perros y flores de plátano.

Turbión de estrella

Agua de tormenta

Vuelve.

 

Este río también es un resplandor de sentidos refrescado por la sombra de la sensualidad. Río primitivo evocado por la memoria de la piel. Río cristalino alumbrado por el rumor de las estrellas que tiemblan en los árboles, eternizado por el deseo escrito en el corazón de las piedras:

       

MUCHACHA EN EL RÍO

 

Recuerdo tu pubis bajo la sombra del puente. El ruido del agua junto a tu cuerpo. Recuerdo la salvajina y tu voz que sobresalía del Chorro de las Piedras. Te recuerdo junto al caballo, junto a la estrella que descendía del árbol. Te recuerdo así: Desnuda sobre las piedras del río.

 

LA CRECIENTE

 

Cuando crecía el río era como un rey lluvioso

entre las hojas de plátano y batracios negros

celebraban la muerte en las orillas.

Era la fiesta de los leñadores y lanzadores de

lazos en las barandas del puente. La algarabía

de los gitanos en los mercados de la Ceiba y

los Helechos.

Niños tristes deambulaban en las aguas. Espantados

gallos se detenían en los techos flotantes.

Nadie sabía qué había despertado aquel tumulto

de hojas y animales perdidos. Aquel grito de piedras

y de náufragos en el lodo.

 

EL AGUA QUE LLEVA EN SUS BOLSILLOS

 

Vendrá entonando la Rapsodia de Saulo

Y te hablará de un río

Del cuerpo blanco

De las mariposas en la sombra

Del lenguaje chino

De la luna y el pasto.

Espéralo muchacha

Vendrá en el mes de mayo

En el mes de los días de lluvia

Y del movimiento de los árboles

Bajo la luz de las estrellas.

Espéralo

No dudes

El maneja la trayectoria del sol

Y tiene tu signo

Y todo será tan simple

Como el alma de los pájaros.

 

YO SOLO AMO SUS SUEÑOS DE AGUA

 

Yo le canto a María

La lavandera

La que lava la ropa

Entre susurros elementales

Y abalorios de humildad.

Yo estaré siempre de su lado

Porque amo sus sueños de agua

Sus anillitos de alegría

Su pequeño mundo de jabón

Y la ternura

Que riega

En mis camisas.

 

PIENSA EN SUS CABELLOS DE AGUA

 

Si un hombre

Vestido de lluvia

Te visita en la noche

No lo dejes partir muchacha

Piensa que sus cabellos

Son de agua

Que él ha escapado

De salvajes que bailan

En el verano.

Piensa que es alguien

Que conoce la música de los acantilados

Un hombre dispuesto

Para el tercer turno

De los oficios de la noche.

Alguien que ha caminado

En el mar sobre las aletas

De los tiburones.

No lo dejes partir

No lo dejes que se pierda en la tarde

Como si el arco iris devorara su cabeza.

Piensa que él jamás estropeará tus pies

(Él será suave como la luna

Llena de pájaros)

Ni pasará como el viento sobre tu lecho.

Y ordenará tu cama

Y tu colección de abejas

Y no te dirá adiós sin un mensaje

De palomas en la puerta.

 


GONZALO MÁRQUEZ CRISTO

POEMAS 

Selección por Hernando Guerra

 

ORILLA DE CARNE

 

Quienes son oriundos de la noche:

extranjeros en todos los países,

con el ojo del sexo son testigos

de cuántas esquinas sucesivas

componen el horror

y saben que libertad sin compartir

alimenta suicidios apacibles.

 

Para los hacedores de oscuridad:

coleccionistas crueles de nidos

soñados por pájaros extraños,

la música se oculta entre dos cuerpos:

constelación de sangre que presagia

nuevo pueblo de hombres invisibles.

 

Más tarde el tiempo será inútil...

Las vírgenes recordando crueldades

despertarán sus sombras,

y yo –cazador de lunas–

anunciaré la infancia de la muerte.

 

RAÍZ DE VUELO

 

Un intercambio de heridas

puede revelar el enigma:

mi pacto con la sorpresa

aún no ha sido perturbado.

 

Giro en torno de la noche

oyendo llorar a quienes

han abierto la gran puerta,

y si el cadáver

persiste en su pregunta

sólo el vacío puede detenerme:

inventor del alma feliz...

 

Mi sueño es único o antiguo

–la historia del fuego

es cantada por el agua–

y como nadie puede despertar

en tu presencia, no soy

rehén de los espejos.

 

¿Cuál triunfo no me aparta de mí?

 

Los aletazos del ojo buscan alturas

donde muy rápido nos ofrendamos

como el rayo: pájaro sin alas...

para intentar reconstruir

en tu imagen cambiante

el último rostro de Narciso.

 

TESTAMENTO DEL AGUA

 

A veces una página es la piel de las ausentes

A veces en hojas de carne anoto mis silencios

A veces escribo en los idiomas de la muerte.

 

(Apocalipsis de la rosa)

 

DESCENSO A LA LUZ

 

La noche es mi regreso. Transito el museo de la ausencia.

Todo sufrimiento es inútil para quien no persigue la poesía, para quien no alimenta con sus ojos a las águilas.

Ejercito la sed. Amo tan sólo a quienes no pude salvar.

Ya no existe una oscuridad que guíe nuestros sueños ni los fantasmas del deseo inconcluso; sólo el abyecto intercambio que ha remplazado al rito.

Ya no busco, pierdo...

Y ni siquiera encuentro lugar en el asombro.

No puedo olvidar más. Ni pretendo saber las tres respuestas ocultas por la muerte.

Aquí nadie carece del odio necesario para recobrar el paraíso, ni confiesa su ruda caída en el día.

Debo ser sombra o grito. Retorno o nacimiento.

Cada origen decretará la abolición del yo.

Es entonces cuando la respiración será verde.

Y aunque todo se lo deba al dolor... Avanzo: caigo. Elijo los caminos que no tienen final. Las voces que incendian las tinieblas. El poema.

Tú lo sabes, cuerpo estremecido:

No es en el tiempo donde he puesto mis palabras.

 

CITA DE LA TIERRA

 

Lo tenía todo hasta que llegó la palabra.

Durante la vigilia conocí el grito azul. Probé todas las máscaras incluidas las del tú. Esperé que mi pobreza me hiciera libre y delaté a aquellos que decidieron heredar los desiertos.

Los señalé con mano de sal y deserté de la luz.

La sublevación del deseo nos dejó a la intemperie.

Imitamos la palidez de la luna y curamos la herida del insomnio con la ventana trémula de un cuerpo desnudo.

Las lágrimas, el miedo, las visiones, y todo lo que será recuerdo, me forzó a la fuga de mi rostro.

La tierra citó a sus testigos y los árboles fueron leídos por el viento. El fuego nuevamente interrogó nuestros sueños.

La sangre del amanecer cayó en mi pecho y padecí el cruel reinado de las horas.

No sé cuánto más debo perder para que me sea develado el poema. No sé cuál es la sed que debo atizar para continuar en la respiración. Eludí las rutas propuestas por el sol. Bauticé todo lo perdido. Habité la Edad del grito. Emprendí el camino hacia mi voz.

Y ahora, cuando cierro los ojos, alguien regresa a la vida.

 

(Oscuro nacimiento)

 

LAS PALABRAS PERDIDAS

 

Alguien descifra la escritura de la lluvia y sin embargo no puede escapar.

Un alud de imágenes nos extravía la palabra; acudimos al grito y al llanto, a veces a la indiferencia, pero sabemos que necesitamos de la guerra para ser inocentes.

Todo lo ha ofrendado la ceniza.

Desde que desterramos a la noche desaparecieron las más profundas alianzas y nuestros perseguidores pueden encontrarnos.

Una herida siempre recuerda la vida, todo nacimiento procede de su túnel. Un árbol arde en nuestros ojos de agua.

La verdad –es decir lo prohibido–, impone su reino de terror... y hemos decidido habitarlo con las manos entrelazadas.

Creímos que la poesía nos enseñaría a morir...

Persistimos... Con frecuencia hacemos la extraña sonrisa del miedo. Si huimos, la soledad convertirá a alguien en víctima. Por eso la palabra se pasa de mano en mano para construir una morada invisible.

A veces para sobrevivir renunciamos al conocimiento.

Y cuando todos duermen escribimos... Pero un poema es el fósil de un sueño, el cadáver de un dios...

¿Aún podremos salvarnos?

 

EN NOMBRE DEL GRITO

 

Crees tanto en la sed: en la vida... En lo invisible. Duermes de cara al oriente. Te purificas en el peligro. En los libros delatas al tiempo como a un pájaro disecado.

En el bosque una encina te sigue. La luz te nombra. Cuando eliges el rumbo del dolor alguien te da un sorbo de agua.

Deseas: esperas siempre equivocarte. Asumes la tiranía del ojo llamada viaje y a veces con un rostro logras curar tu frío.

Sabes de un paraíso que nunca será memoria.

Asistes a la mascarada de la sobrevivencia aunque un ecuador lejano y voraz atraiga tu vuelo. Así logras persistir.

Tus palabras caen como puñados de tierra sobre un cuerpo desnudo.

Aquí comienza el instante. ¿Quién clama? ¿Quién responde entre la sangre? ¿Quién descubre su sombra incandescente?

¡Que el grito siempre pueda detener la herida..!

¡Que el lenguaje alcance para no morir!

 

OFICIO DE OLVIDO

 

Una mujer se besa en el espejo, se oculta con su alma, el agua es su soledad.

Un niño escondido en un armario intenta morir.

Las lágrimas de un hombre caen en su taza de café.

Una adolescente con el índice detiene la manecilla del reloj y se estremece.

En el viento hay un mensaje que no comprenderemos.

Tu sombra se rebela.

Nos preparamos para huir de todo lo que amamos.

Quien no parta será olvidado.

El viento dialoga con el fuego.

Espero mi voz.

Viajar también es lo contrario a la muerte.

Mientras la semilla engañe al pájaro no estaremos perdidos.

Nos amaremos en otros rostros.

Nadie se oculta en la memoria.

¿Vendrá alguien a enterrar nuestros nombres?

 

(La palabra liberada)

 

LLUEVE EN EL POEMA

 

La cicatriz del horizonte invade mis ojos:

La sombra ha sido proferida

Aprecio la querella entre el verdor y la muerte.

 

En esta ciudad han condenado fuego y tierra,

Sólo agua y viento: amigos transparentes,

Me acompañan

 

La jerarquía de lo invisible.

 

ARS MUTANDI

 

Amanece:

Las palabras se vuelven transparentes

Al salir veo cómo se abre el silencio.

 

Hay un idioma que sólo hablan

Quienes acaban de nacer.

 

Ya comienza el destierro del día.

 

El rocío me visita

Y la montaña renuncia a sus límites.

 

Mis manos son raíces nómadas.

 

¿Soy yo? ¿O es el cuerpo lo real?

 

El aroma despliega su crimen...

 

          La rosa terminará por abolir sus espinas

          Pero será mayor su peligro.

 

El camino ha sido mutilado...

¿Desde cuándo leo el libro del fuego?

 

Ahora que el tiempo me persigue

Conozco el lugar donde la muerte reverdece

 

Y es allí donde comienza mi voz.

 

LA EDAD DEL GRITO

 

¿Quién sobrevive a su infancia?

 

Creí en la memoria

Hasta que fui ultrajado por la vigilia.

Tiempo, alfarero de grietas.

 

Vine para hablar en medio de la tempestad,

Llegué con mi herencia de sombras

Indeciso entre el poema y el grito

Entre el fuego y el azul...

 

Hoy vivo el exilio del pasado

Y el infortunio del amanecer.

 

Toda escritura

Es obra de muertos.

 

(La morada Fugitiva)

 


Antón Selura

 

Yo luto

Tú lutas

El luta

Nosotros lutamos

Vosotros lutais

Ellos lutan ………………… Nació el verbo lutar

               Lutar, punto de encuentro de todos los colores, es el verbo nacido entre nosotros a fuerza de matar y morir.

               Lutar es un verbo conjugado por estruendos estentóreos o inaniciones transparentes extendidas sobre relieves, selvas llanos, mesetas en un mapa de ocultamientos, tráficos, secuestros…

               Lutar es un verbo con abismos y dolor en todos sus tiempos.

Lutar no conjuga con palabras donde promesa sea la paz… pas…pas…pas…

               Porque ninguna paz es el sentir de palomas detenidas en su vuelo con alas de silueta estáticas, sólo símbolos sobre pantallas de tiempo, "origamis" sobre extensos no vuelos, blanco imaginario entre múltiples colores de muerte…  ¿Cuándo la paz, si lutar es el verbo?                                                                                                          

 

Septiembre 2016.

 


MONÓLOGO DE UN DESPLAZADO. Y AHORA… ¿CÓMO ES?

 

No lo es todo, pero si mueve mis nortes. La tragedia puede llegar en el mejor día de mis comportamientos e instalarse como llaga en una piel cada vez menos vulnerable. No soporto más provocaciones, aunque viva de engaño en engaño. Es poca y corta mi estabilidad en equilibrio, son pocos mis silencios sin grito. Mi camino de siempre es la frontera, lugar de efímeras ganancias; allí ilusiono olvidos, aún no definidos, de aquellos que fingen cubrir con colores inciertos el horror de sus pasos. Iluso, como si fuera normal mi normalidad y los días de mi tiempo; como si el agua solo cayera pausada por la lluvia, o mis ruidos tuvieran la salud de vísceras fluyentes. Allí, del otro lado de mis orígenes, respiro olvidos fantaseo paisajes para mi anhelada casa en muros de tierra pisada, libre de ataduras, imaginario de libertades, espacio proyectado por mi cuerpo y sus silencios, en el ordenar y desordenar de mis hechuras ilusorias

Allá quedaron los muros para contarlo.

El traspaso de fronteras

es solo un sueño reiterado:

Juego de objetos que se mueven

de aquí para allá, de allá para acá

sobre las mismas causas inmóviles…

¿Dónde está el afuera?  

¿Nos está permitido el plural de los afueras?

¿Qué realidad, sin ser la muerte, descuartiza los espacios

de este tiempo llamado presente?

 

Agosto 2015

 


Beatriz Castelblanco

SONETOS

 

CLAMOR

 

Ven y siembra en mi entraña tu semilla

Para que en el dolor de dar la vida,

Tenga el placer de verse confundida

Esa tu misma arcilla con mi arcilla…

 

En esta forma por demás sencilla,

Continuaré con tu recuerdo ungida

Y después de la muerte, repetida

Quedará nuestra estirpe sin mancilla

 

Si por fin nuestra sangre se duplica

Y en busca de otros soles y otros mundos

La fuerza del amor nos multiplica,

 

Este inmenso milagro significa

Que somos inmortales y fecundos,

¡y todo lo subsana y purifica!

 

 De Poemas de amor en llamarada

 

RENUNCIAMIENTO

 

Hoy estuve tan cerca de tus ojos

Pero tan alejada de tus besos,

Sentí en el alma todos los abrojos

Al retener mis sentimientos presos.

 

Gritar, llamar, clamar por ti de hinojos

Era el dictado sordo de mis huesos,

Mas, sobre la pasión y sus despojos,

El amor y mi fe, fueron ilesos…

 

Vio nuestro adiós la tarde moribunda,

Hubo un temblor azul en el instante,

Sólo entonces la vida taciturna

 

Siguió su rumbo lento, equidistante.

Al poco tiempo la ilusión nocturna

Me sorprendió llorando al recordarte.

 

De Poemas de amor en llamarada

 

ESPIRITUAL VACÍO

 

La casa del abuelo es prodigiosa,

Abre sus portalones coloniales

Y en el jardín donde expiró la rosa,

Se perciben los vientos ancestrales.

 

Es la voz del pasado clamorosa,

Retorna en los recuerdos inmortales

Porque hay una presencia en cada cosa.

¡Con nuevos rostros, viejos ideales!

 

Los amplios corredores, las alcobas

Atesoran eterno señorío

Y la lumbre sus llamas salvadoras.

 

Todo fue igual en las distantes horas…

En el alero se diluye el frío.

Dime alma mía, entonces ¿Por qué lloras?

 

De Siempre el amor

 


 

Hernando Guerra Tovar

LA DAMA AZUL

Nota y selección de poemas por Álvaro Neil Franco Zambrano

 

LA MEMORIA DEL FUEGO QUE NOS MANTIENE VIVOS:

POÉTICA DEL AMOR EN "LA DAMA AZUL" DE LUIS HERNANDO GUERRA TOVAR

 

Los poemas de La dama azul (libro inédito del poeta Luis Hernando Guerra Tovar), tal vez surjan de esa media luz que ilumina la sensualidad de los tangos, de un tejedor de palabras que se interna en el silencio de su imaginación para dialogar con las criaturas de un bosque encantado, donde las aldeas murmuran oxímorons y sinestesias, donde la infancia y su caballito de palo desentierran la cara oculta de la luna. Mucho de ese paraíso bañado por el río que nos atravesó la inocencia.

Dama azul que entonces es sinónimo de agua poética, de música que domestica la soberbia de un paisaje que crece en los sentimientos del poeta. Caja de pandora que guarda versos con forma de rayo, puentes al infinito para que el paso de nube de la mujer amada se cruce con la página en blanco donde se  oculta y espera como un tigre de Borges, el milagro secreto del poema.

Así las cosas, el amor es una herida que el poeta cicatriza con versos que apalabran el silencio, que pueblan el abismo, que resuenan en el vacío de la incertidumbre. El amor: un camaleón que con el tiempo cambia de rama y de color, para posarse en el olvido. Solo que el poeta, ese chamán de la tribu, vuelve a nacer como el Ave Fénix, de sus propias cenizas, para compartirnos la memoria del fuego que nos mantiene vivos.

Guerra Tovar se atreve a soñar con un paraíso de metáforas eróticas donde la clorofila se anuda con la sangre, donde la plenitud de los sentidos se abre a las orillas del deseo. Avance de líquidos primigenios que se abrazan en el instante eterno de esa caída que en palabras de Eduardo Galeano, nos lleva a alcanzar el más alto vuelo. Guerra Tovar es un poeta de estirpe rimbaudiana que sabe que el amor hay que inventarlo a cada paso.

Poeta de verbo encarnado, que pule sus versos hasta convertirlos en pájaros que acompañan el amor que se va, para “irse sin distancia”, “sin alejar el pálpito”, para que la poesía y la amada viajen por caminos inéditos y vivan “en el misterio de una llave”, en el presentimiento de una puerta, como nos lo enseñó Antonio Zibara. 

 

UNA DAMA AZUL

 

Llueve a cántaros.

Por la ventana deslumbra oscura la tarde, se atreve río.

Una dama azul en barco de papel navega el corazón; discurrir de hojas, cantos. La voz del paisaje recorre el alma, el ser mojado de las cosas, la brisa larga y cantada del sueño.

La dama azul recoge el caer en tinajas de viento, acaricia el verso fugaz, agujas sobre el árbol de los pájaros.

Un hombre gris mira desde la otra orilla, escribe un trueno, un relámpago; fluye contracorriente; ama cada gota en la piel de la dama, que danza la música del río crecido, sin partitura ni puente.

 

RAÍZ QUE ALIENTA

 

Esplendor del ayer, raíz que alienta.

Te extraño inasible. Sólo alcanzan el color del afuera, la vertiginosa canción, la pupila. Un desasosiego me embarga. ¿Es la noche principio o fin de la huida?

Leo el entorno y comprendo la luz extraviada en la ceniza.

El recuerdo despojado duele. No es de extrañar que la lluvia, condescendiente y ligera, nos acoja en su luto.

Saber que el instante permanece al interior y no se siente, dura lección para el que viaja.

Te contemplo en los ojos del fuego.

 

EL CANDIL

 

Un hilo fluye del bosque alado.

Sombrean de sol como la primera vez los platanales; el viento habla de comarcas idas; y el pájaro canta en los ojos de un niño.

Alborozo azul salva y sugiere. Juguetes olvidados señalan otro mundo, donde el candil oculta la huella de la serpiente herida.

Madre siempre nos advirtió lo inútil de ahogarse tan temprano.

Era sólo esperar: el río no había crecido, y el puente estaba hecho de las mejores intenciones.

 

LA ESPERA

 

La espera en el tiempo se diluye y no hay espacio donde se conjuguen los azares.

Como nube ibas y venías desde el azul al gris bajo la lluvia.

Ahora sé que el lugar es el silencio, la quietud del ser entre las ramas, la oquedad del milagro en la espesura, el canto de un pájaro resonando lejos como horizonte herido.

¿Por qué ir a pie si el valle está surcado de ríos contracorriente? ¿Es el fluir una condición de nave en la distancia, o el abismo que acoge la flor de los pétalos dorados?

La espera no es en el tiempo dirán los entendidos; los que remiendan los retazos del sueño, los que pegan y despegan los misterios, los que tejen historias alrededor del fuego.

La espera nunca llega.

Habita entre nosotros bajo otro nombre, otro rostro, otra herida.

 

VISITACIÓN

 

En el vientre del bosque la semilla abierta.

Seres alados cantan la hoja dorada, ofrenda del nido de la hora.

Flor de la memoria los hechizos, la fragancia. Encuentro entre dos aguas por las orillas del abismo.

Página escrita a vuelo y verde. Frutos maduros en racimos al aire antes de caer ensimismados.

Emerges del follaje portando la voz de tiempos idos. Flor de mil pétalos.

Noche de soles visitada.

 

NUEVA RUTA

 

Hay una nueva ruta en la prolongación del fuego.

Lenguas lamen los muros del silencio, hora enconada donde los signos liman la palabra.

Tal vez la noche ocupe su lugar en este peregrinar de aliento, de inquietud por los campos, de río presente, aunque fluya el olvido.

Hay una nueva ruta para volver al canto trigal adentro, guaduales de la primera vez en la vereda, que asoma su luz por el revés de la huella.

Un nuevo rumbo, la certeza de estar, aun el desgaste de lo dicho o lo callado.

Es preciso recordar el olvido en el ahora, recuperar los pasos, irse sin distancia, sin alejar el pálpito.

Nueva ruta es quedarse, permanecer con las puertas abiertas, los cerrojos marchitos, las llaves extraviadas, la llama en vilo.

 

SIN DUDA

 

Duele la incertidumbre amarrada al pálpito, sin duda.

Se pueden restaurar los sentidos, incinerar las huellas; mas la voz sigue oscura callando, como si el tragaluz lo hubiese digerido todo, a pesar del ruido y su medida.

No hay dolor comparable a la noticia oculta en los muros de la calle, señal entre neones y figuras alargadas.

En esta ciudad se vuelve cada vez más difícil recorrer los pasos por las avenidas cruentas, las siluetas heridas, los fantasmas rotos entre la bruma y el grito.

La noche advierte su premura, pero no leemos la palma de la mano, ni sabemos del oráculo encintado. ¿Puede acaso la velocidad de la luz permear la fuga, calmar esta lluvia sin calor ni sed, guarecer el estío?

¿Es acaso posible escribir sobre la arena, cuando en las nubes flota lo que no se dijo, no se palpa, no se duele?

El origen espera y el río, cauce entre filos, aguarda el remolino. Pero ninguna cascada atrae el caer.

Duele la incertidumbre amarrada al pálpito, sin duda.

Todo vestigio se tiñe de ocaso, de cánticos cetrinos, de alas calcinadas.

 

TRES BOLETOS

 

Tres boletos hacia la incertidumbre a plena luz.

Reposan a la vista de la hora, pacto unilateral del no decir cuando la esencia espera un gesto, una palabra, al menos un bostezo.

¿Es posible la iniquidad cuando el alma señala la urdimbre del fuego más propicio, el haz de sombra, el grito encarnado;

el error que cuaja en desvarío?

No hay derecho a que la tiniebla crezca, si al fin de cuentas no existe, no tiene solidez, peso volumen ni medida, es pura ausencia, solar sin el árbol que lo asombra, viento sin plumas, pájaro que ya no alcanza aurora.

Tres boletos a la incertidumbre a plena luz.

Un ojo los mira, el otro calla. ¿Cómo advertir la certeza de lo que no se sabe?

Tres pasajes a la noche, al sueño, a la piel. Uno de ida, dos para el regreso. La inconmovible silueta de la torre, la inexpugnable fortaleza de lo que no se añora, el muro donde alguien fundó hace siglos la absurdidad llamada espera.

¿Acaso debe el poeta desistir, no escribir más sobre el río, abandonar el empeño, hacerle caso al mar, que tiñe de azul toda distancia?

Tres boletos. Uno de ida. Acaso dos para quedarse.

 

LA FLOR

 

Una flor, como el rostro de una mujer encendido de deseo, llegó hasta mi sueño. Me dijo: el lugar está escrito, no puedes escapar a mi perfume, la sonrisa del cielo es nuestra vida, y esa luna de cada luna, nos pertenece.

Reinventa tu paso, vale la pena intentar el paraíso.

 

LA PARTIDA

 

En esta calle la sombra ha conquistado su lugar.

Donde vivía el poeta, un hueco enseña fauces de dientes afilados, y la dama azul huye por los rincones de la luz.

El tiempo acude a la cita dejando a su paso un reguero de silencio.

Cómplice de todos los eclipses, abruma el asombro, asalta el misterio. En cada esquina el abismo ofrece la flor de la revelación.

Cruza el poeta la noche de regreso a casa.

 

____________

 

 

 


POEMAS

 

El patio de mi casa

 

Mi casa sobre la orilla del abismo

al lado de las nubes

territorio del viento

es una confortable mansión

de precipicios

 

Su patio: el largo vuelo del pájaro

 

El canto del pájaro

 

El camino se estira como serpiente

sobre el hueso limpio de la noche

 

La luna y el árbol recorren el sueño

entre el silencio largo

 

saludo de piel cuando tu fuego

ilumina el canto del pájaro

 

Distancia

 

Si tu piel se resquebraja y huye

no la busques no la llames

Como el poema eres imagen

verso que cambia

Como en la poesía

el camino es largo

y no hay puerto

ni puente sólo distancia

eterno movimiento

río que fluye

que pasa

 

Memoria

A mi madre

 

Bajo tanta lluvia de Dios te recuerdo camino de la aldea,

llevando de la mano un niño asombrado, tu rostro sereno,

tu sonrisa; mientras el río se inflama, ruge; crece arrastrando

a su paso la tarde que se desploma entera, el viento, la montaña,

la aldea toda.

 

Memoria erguida en una garza.

 

Gota

 

Gota que cae

se acuesta

se acostumbra

a dormir en el río

sobre los peces

ay de los peces que no llevan

en su lomo una sola gota

una pequeñísima gota

ay de los peces desnudos:

no poseerán el reino de las aguas

las aguas dulces

 

Albedrío

 

De los escombros elige el que te guste

Hay azules cielo despejado

para aquellos que sueñan paraísos

donde la luz no alcanza

Hay verdes, como el vientre del bosque

colmados de hojas y de alas

Los hay rojos como la espina

en la gota de polvo o de fuego en todo vino

De los escombros elige el que te guste

Hay variedad de grises olor a bruma

El negro escondido en algún lugar de la tiniebla

El blanco páramo

El que inventa el calor de la canícula

Puedes llevar los colores del sol y de la flor

acaso el lila el magenta el rosa

Puedes llevar los colores de la luna y la semilla

los oscuros colores de la tierra

Puedes llevar el amarillo dorado

como el alba o la tarde

como fruto maduro

como ese viento que danza en los trigales

De los escombros elige el que te guste

Sólo tú sabes el color de tu miseria

 

Mudanza

Te vas de una tiniebla a otra

Claude Michel Cluny

 

Como serpiente en el camino, en cada esquina,

el pellejo del miedo, la duda.

 

Y este gris que no se disipa, esta bruma que no cesa.

 

Criaturas

 

El secreto no está solo.

Conviven con él otras criaturas.

Comparten la sombra, las rejas del silencio.

Comparten la boca:

se alimentan de crudas verdades.

 

Thanatos

 

La noche, la soga, el cuchillo, el poema.

La sombra, el nudo, el filo, la palabra.

 

Si condenados a morir, ¿importa el verdugo?

 

Monólogo del pájaro

 

En este árbol construiré mi casa

lejos del ruido que apaga la aurora

 

Más allá del polvo que cubre las alas

sepulta los sueños

ahoga el silencio

 

En este árbol construiré mi casa

lejos de la esquina azarosa

donde la noche tiembla

 

Nido de verano

sobre este árbol en que retoza el viento

y el paisaje cuelga

racimos de distancia

 

Casa y canto en este árbol lejos de la calle

más allá de la esquina

donde la huella gime

el vuelo sangra

 

Vuelo

A Betssabet Lara Acuña

 

En las noches el viento se vuelve pájaro

Ocupa su nido en la copa del árbol más alto

Sueña que es viento

pasea por el bosque con su amada la brisa

En las mañanas canta

Se da cuenta que es pájaro

 

Fisuras

 

Todo escombro tiene su precio. Vale lo que mide o pesa y es metal

herrumbroso en horas de consumo, guerras, holocaustos. Sacrificio

en tierra ajena, exilio del sueño que atesora, cofre de milagros, historia

mancillada como virgen de clausura. Todo escombro tiene su precio.

Ruina o esplendor en los matices del blanco, acaso ilumine este camino

que bordea las fisuras de la noche.

 

Olvido

Yace la vida envuelta en alto olvido

Quevedo

 

Árbol distraído en la distancia. Callado el viento

en la hora del río. El valle detenido en el camino,

en el musgo de la piedra. Absorto el día. Todo

en el olvido. El abril de sueños y locuras. Todo,

 

menos la palabra.

 


Álvaro Neil Franco

Temblor de isla (Selección de Antonio Zibara)

 

A la orilla de tus palabras

Yo soy mi río, mi claro río que pasa

a tumbos en las piedras.

Eugenio Montejo

Somos un mismo olor

La guayaba floreciendo en la infancia

Una misma agua

El Moniquirá desembocando en el Suárez

Solo que habitamos orillas diferentes

Desde la mía

tu cabello siempre será un relámpago

tu mirada un rayo que no acaba

y yo un niño que te arroja piedritas

para que no se apague el brillo de tus palabras

Tus palabras que llegan a mis días

como peces abismados de luminosidad

como anzuelos

donde empiezo a morir por el silencio

como espuma que navega

por esta soledad de arena

como un tsunami

donde únicamente sobreviven

las leyendas de los pescadores

como un oleaje de asombro

que resucita de burbujas

la lama de mis pensamientos

como un remolino de desesperación

que me arrastra por camas de hojas

donde recuerdo tu cuerpo

que todavía no conozco

Tú decides cuando puedo

acampar en tu vida

 

Complementos eróticos de la K

 

Para tus grandes senos blancos

mis pequeñas manos móviles

para tus sueños sin ropa

la gallardía de mi triste figura

y el yelmo de Mambrino

para tu madreperla

soy Francis Drake

Barba Roja afeitado

(cuestiones de la estética)

para el alto relieve de tu espalda

a Cristóbal Colón

le faltaron 500 años

Agustín Codazzi

se quemó con el cabo de la vela

y ya no quiso continuar

así que

sus trazos geográficos

quedaron en mis manos

yo aún

conservo los mapas

 

Un pronombre que falta en la gramática

 

Quédome partiendo

y es de tanto quedarme que me voy

si ya está reservado un no lugar

será el nosotros en todos los demás

y tú

un camino de herradura

por donde va mi cruz

bendiciendo los montes

donde comienza mi calvario

 

Boomerang

 

Después de haber ido por el mundo

en busca de la mujer amada

Encontré que vivía

en la casa de al lado

 

El rumor de tus ojos

(…) cada vez que respiro es como si el vacío me

entrara en el pecho donde ya no estás.

Julio Cortázar

Nadie ocupará los lugares

donde nos conocimos

en ellos mis manos

siguen escuchando

el rumor de tus ojos

y de tu pelo caen rayos

que solo mi corazón acoge

y aunque nuestra copa

esté rota y vacía

sigo remando

en el vaivén de tu sonrisa

Además

soy el único fantasma

que asiste el río

que corre por tu boca

 

Poemas de Temblor de isla, Rosa Blindada Ediciones, 2016.

 

NUEVOS POEMAS

 

SI KATHERINE SE FUERA

 

Si Katherine se fuera

yo simplemente sería

un delfín ya muy lejos

del conjunto de peces

manteniéndose a flote

sobre su peso muerto

Una estrella que se agita

con ligero temblor de agonía

Una pequeña lengua de fuego

extinguiéndose

en lo profundo de la noche

El enorme escarabajo de Kafka

rasguñando líneas de fuga

con sus innumerables patitas

La cabeza del caballo piafante

atravesada por claridades oscuras

Una oreja cortada

escuchando el eco taciturno

de la distancia

que se aleja en tu cuerpo.

 

NO SABÍA NADA DE LA NATURALEZA

 

No sabía nada de la naturaleza

hasta que olí

la hierba de menta de tus ojos

me quemé con tus lunas de chocolate

y me bebí a cántaros

tu sonrisa de coco.

 


POEMAS

 

OJOS NOCHEROS

 

Los ojos de esa noche…

manaron astros

que incendiaron

los laberintos de mi sangre

Los ojos de esa noche…

palabras surgidas

del avispero del misterio

puertas cosquilleantes

que atravesaron

mi vida de fantasma

infinita mata de pelo

donde mi trigo danzaba

hecho pedazos

piedras calientes

donde saltaba

mi alegría de sábalo

Los ojos de esa noche…

única soledad

para este paso

de nube extraviada

 

ELLA SABE LO QUE TIENE…

Hay una hoguera dentro de mí a la que nadie se acerca para calentarse.

Vincent van Gogh

 

Un tumbao de espuma

que revive

las hojas de los parques

alma de brisa

que enceguece

los ojos de la tarde

sonrisa de nube

escribiendo a su paso

las formas de la infancia

olor de guayaba

 que confunde

la ruta de los pájaros

enredadera negra

donde aparecen

los planetas perdidos

llanura de trigo

donde se tuestan

las manos de van Gogh

Ella sabe lo que tiene…

Tremenda cola de avión

que mis poemas persiguen

en una bicicleta.

 

ITINERARIO DE MI MUERTE

 

Mi muerte comienza en tus caderas

avanza por el escarlata caído de tus senos

que se muda como un caracol

hacia la antigüedad de mis gemidos

viene yéndose en volutas de yubarta

por la fosforescencia de mis profundidades

en estampidas olorosas a jungla

que hipnotizan la cobra

que me silba en la sangre

se me va por el camino viejo

como una horda de tártaros

que resbala sus desiertos de piedra

en mi intermitente saliva de dragón

 

LA JUSTIFICACIÓN DEL COCO

 

Soy un coco

redondo como Sancho Panza

a escondidas del Quijote

Dulcinea se chupa mi sonrisa

 

ELLA VIENE DE UN CUADRO DE GAUGUIN

He querido establecer el derecho de atreverme a todo.

Paul Gauguin

 

Su pelo es una herida

sembrada de locura

donde crecen jazmines

En sus senos sube y baja

la respiración de las olas

El pez rojo de su boca

baila tangos

en el olor a ausencia

que despiden

 los naranjos en flor;

cola de cometa

incendiando colores

en mi alma de nube

Temblor de isla

de cuyos muslos brota 

la lava de las revelaciones

Yegua primitiva

 donde brilla

el sabor del café

 

LO QUE TENGO

 

Un rostro de guijarro

pulido por los sueños

de mis antepasados

Sapitos muchos sapitos

para llevarte serenata

hasta esa orilla negra

trenzada de relámpagos

Manitas muchas manitas

para pintarte

un vestido con flores de guayaba

en el remolino salvaje

de tu cuerpo

Un caballito de madera

para que recorramos

los mapas de las nubes

Un columpio

para llevarte al cielo

donde danza el infierno

que calienta mi alma

Soldaditos de plomo

muchos soldaditos de plomo

para cuidar tus sueños

de muñeca de trapo.

 

SAUDADE

Y entonces yo pude ver que sus ojos me miraban y que en sus labios

se iniciaba el leve movimiento de una sonrisa.

Leonardo Padura

Su cabello

es un chorro de música

lloviznado de ausencia

humo trasnochado deshaciéndose

en la soledad de la espera

Su voz

 hoja seca temblando

por las calles desiertas

tequila rajándome con sal

el vaso vacío de mi alma

abrazo de fantasma aparecido

en la mesa de noche

donde desvelo el silencio

  que cuida mis palabras

polvo aferrado a los árboles

donde un día calmé la sed

con el presentimiento

 de su sombra

faroles viendo pasar

la marcha de  sus rostros

que me borran la cara

 

CANCIÓN PARA CARMEN EMILIA

 

Mi vida está pendiente de una rosa

Ella es hermosa y aunque tenga espinas

Me la voy a llevar a mi ranchito

Porque es muy linda mi rosa momposina.

José Barros

Confieso haber vivido

recostado en una mecedora

mirando pasar

un vestido de taruyas

que monta en bicicleta

y reparte arroz con coco

cada vez que se ríe

Con sus brazos de agua

donde la piel atirantada de los bogas

palpita de nostalgia

el humo azul de las aldeas

Con su cola de totumo

que se alumbra de música

a medida que se entra en la noche

 

Con su mata de pelo acalorada

donde la luna sabe a jugo de naranja

Con sus muslos de canela

por donde las iguanas trepan

para beberse el cielo

Con sus senos de atarraya

que abren sus plomos

para repletarse con los pescaditos de oro

del coronel Aureliano Buendía

Yo

gobernador de la ínsula Barataria

soy aireado en mi delirio

con sus manos de palmera

que me dicen adiós.

 

LECTURA DE BORGES

 

Sus ojos...

imperio de luciérnagas

que me salvan 

de vivir

entre ruinas

 


Antonio Zibara

Las formas prevalecen (Selección de Álvaro Neil Franco)

 

CONDICIÓN

 

La callada razón algo desvela

al mismo tiempo

que pregona una línea

a la música

deshoja ramas cuando

advierte la quimera

o escucha un pez

con su pena silenciosa

en el fondo perplejo

de la charca

a ese dios que oye vocablos

y caracolas de tinta

 

INTERMITENTE

 

De tanto mirar el vacío

esas ventanas

pierden equilibrio

semejan lluvia

con múltiples observaciones

y potro liberado de la brisa

sin dirigirse al hueso

ni a la luna horizontal

de los solares

de tanto ver al frente

su sonrisa se libera

ofrece a esos techos

el sol de sus platillos

el manantial sonoro

de ásperas raíces.

 

FIRMEZA

 

No hay vuelo más intenso

que el de ese cielo

cuando nos muestra

con temor el aire,

ese gris perpetuo

alrededor de una emboscada

esas piedras musgosas

en el día bajo

la tempestad sonámbula,

esa presencia blanca

recostada al azul

de la pendiente sintiendo la madeja

el tejido en la lluvia o el verano.

 

EL ESPEJO DEL OTRO

 

Aquí estaré sin duda castigando

las puertas de la luz

o más osado hundiendo el sol

de las ventanas.

Mis afanados pies querrán

llegar al punto midiendo

la estación de la calle

o asimilando el aire

en la luz de los rincones

hasta balancear la herida

de los pájaros

el paso del tiempo en la desdicha

con palabras escritas en los versos.

 

LIBERTAD POSIBLE

 

Esa puerta está cerrada

pero a veces

recorre el alba

ambicionando el azul

con alas en el vértigo

la corriente precoz

de esa distancia

geográfica que traza

alguna nube

en el confín del viento.

 

ATRACCIÓN

 

Recorremos juntos

esa calle poblada

de pájaros y mariposas

de entusiasmos

o gestos lanzados

a esas torres

a manantiales

aspirando el color

junto a montes sacrílegos

a muros silenciosos

gestando latidos

en el pecho.

 

Selección de Las formas prevalecen, Rosa Blindada Ediciones, 2016.

 


POEMAS

 

LA HORMIGA

 

La hemos visto menearse en el caos,

escudriñar la tierra bajo la levedad

del aire,

colarse en la ranura laberíntica,

pender de la corteza y crepitar entre

la yerba

 

EL LAGARTO

 

Su sueño en el pantano abruma el silencio

horada una arquitectura de peces,

sin embargo,

hay quienes atribuyen su largo reposo

al filo gastado de la piedra,

fogón donde se gesta la eternidad

de sus párpados

 

EL OGRO

 

Esta mañana se levantó temprano para lavar su rostro

en la tibia caparazón del aire.

Los niños lo soñaron en un universo polvoso...

luego se lo encontraron dormido en la superficie

exhausta del lago e invadido por un ejército

de hormigas,

esta vez jugaron a quererlo

 

CORCEL

 

A William Ospina

 

Una supuesta espiral desangra alas que distan

con mesura del llano y sus meandros,

bajo cuajos de un cielo con empuñaduras

de polvo,

lo cabalga un oscuro jinete de ancha pechera

huesos de greda,

con rencor de antigua leyenda en el silencio

fatigado de las piedras

 

(El árbol digital)

 

EL GATO

 

Lee las piedras con largos

Suspiros de musgo y de vaho

Su silueta se pasea por corredores

Escucha a lo lejos ladridos

Afila sus zarpas

Salta sobre el rostro del animal

Para defender

Su espacio sonámbulo

Ese cielo fantasma

Entre gotas de sangre y rocío

 

(Esa pausa del viento)

 

LA RANA

 

La rana de siempre

abastece de párpados

el aire

Puebla el mundo

iletrado

con su canto

venido del último

manantial de sus latidos

 

CLAVE

 

En cada puerta

siento tu llegada

 

A veces

crujen cerraduras

y me oprime la dicha

 

Parece que vivieras

en el misterio de una llave

 


DE POETAS EN ABRIL

Raúl Gómez Jattin

 

Si las nubes no anticipan en sus formas la historia

de los hombres

Si los colores del río no figuran los designios del Dios

de las Aguas.

Si no remiendas con tus manos de astromelias

las comisuras de mi alma

Si mis amigos no son una legión de ángeles clandestinos

Qué será de mí.

 

 

Cuánta congoja agazapada

llevas Eusebio

El paisaje moral

de tus contemporáneos

te afectó como una lepra blanca

 

Eres demasiado sensible muchacho

Recógete en los libros

en tu alquimia

en el calor de tu madre

 

El resto no vale la pena Eusebio

Son los fantasmas

Muchedumbres de fantasmas ebrios

 

 

Casi no conozco a mi mejor amigo

Nos vemos por la calle:

un cómo estás cálido y sentido

 

Casi no lo he tratado

pero presiento en él

a un hombre de valor

 

No me importa que no me reconozca

Es mi mejor amigo

Son los suyos los ojos más sinceros

que jamás me han mirado

 

Mi mejor amigo vive en mí

y yo aspiro a vivir en él

Sencillamente

Sin estorbarnos

 

 

Los habitantes de mi aldea

dicen que soy un hombre

despreciable y peligroso

Y no andan muy equivocados

 

Despreciable y Peligroso

eso han hecho de mí la poesía y el amor

 

Queridos habitantes

Tranquilos

que sólo a mí

puedo hacer daño

 

 

Dama del alba

con tu niñez de margaritas en Abril

inauguraste en mí el sendero del corazón

Espeso amor

Como la embriaguez del stropharia

reminiscente moral con ventana al futuro

Como la lenta tarde de verano

que es para mí la tarde de la vida

Como el río de barro de mi valle

que en invierno arrastraba animales.muertos

Como la dicha pérfida de mi abuela

que se regocijaba en ser un monstruo

 

Furor de los años en tropel   Pasos de la muerte

Ella camina indemne   Solitaria en mi camino

Carne que te reemplazas incesantemente en el recuerdo

ella no está hecha de ti.

 

 

Camina como arrastrando su sombra

No mira a nadie ni nadie lo mira

Hay un vacío a su alrededor

como un hacha levantada

Salió hace unas semanas de la cárcel

Lo declararon inocente unos jueces venales

 

Fue a visitar a los viejos amigos

y estos le cerraron las puertas en la cara

y así todo el mundo

Hay un cerco de púas en torno de Carlos

el parricida

 

 

Yo te sé de memoria

Dama Enlutada

 

Señora de mi noche

Verdugo de mi día

en ti están las fuentes

de mi melancolía

y del fervor de estos versos

En ti circula un fuego ebrio

de las montañas del Líbano

En mi -vapores densos de tu delirio-

nublan mi mediocre razón española

 

Madre yo te perdono el haberme traído al mundo

aunque el mundo no me reconcilie contigo

 

 

Lo más probable

es que seas como los otros

ignorante y mentirosa

No aquella que pobló mi infancia

No aquella de luciérnagas en los ojos

Querida

Cómo testas de cambiada

Lo más natural es que seas como ellos

indolente y malvada

Lo más natural

No el endeble pájaro de verano

No las margaritas del jardín

 

 

Sorprendí a la desgracia robándose mis palomas

y la aparté a latigazos

Volvió sus dientes temblorosa de rabia

y de un manotazo me robó la pasión

Perdóname señora oscura y venerable

mi atrevimiento de hijo bastardo

que no puede más con su vacío corazón

 

 

En este cuerpo

en el cual la vida ya anochece

vivo yo

Vientre blando y cabeza calva

Pocos dientes

Y yo adentro

como un condenado

Estoy adentro y estoy enamorado

y estoy viejo

Descifro mi dolor con la poesía

y el resultado es especialmente doloroso

voces que anuncian: ahí vienen tus angustias

voces quebradas: pasaron ya tus días

La poesía es la única compañera

acostúmbrate a sus cuchillos

que es la única.

 

 

NOTA

1984 señala el año en que el poeta de Cereté todavía no tenía libro,

pero contaba con la aprobación de Milcíades Arévalo, director de la revista Puesto de Combate.

 


Ela Cuavas

POEMAS

 

ESCRITURA

Las palabras me asaltan y de tanto tocarlas enloquece el piano. Las palabras duermen en mí, pero al tomar el lápiz despiertan todas en confusión de pájaros.

Platón y el nombre de los amantes, Van Gogh y su desordenado alfabeto, Artaud y su Torre de Babel.

Las palabras juegan a las escondidas y yo quiero atraparlas como a moscas, derribarlas con mi arco de fuego sin molestar a Dios.

 

ARTE POÉTICA

Noche a noche me interno en esta casa

de corredores oscuros

donde es preciso aguzar el ojo para no caer.

La lluvia, como música, se despeña sobre mí

Y de tanto cantar lloro como una niña extraviada

en mitad del bosque.

En la alta noche crujen los postigos de mi casa,

Es el espíritu del árbol que ha despertado

reclamando toda su savia.

 

SILENCIO

Ya no tengo afán por las palabras,

no hay sistema ni filosofía que seduzcan a mi pluma,

y la espina dorsal del sueño la destrozaron los fantasmas.

Se acabaron los juegos nocturnos,

y la mano que a hurtadillas cerraba la puerta.

Desmantelado está el lecho y sobre él duermen cenizas.

No diré una sola palabra más en esta confusión de luciérnagas,

acabada está la luz porque vale menos que mis manos.

Quiero mío el silencio que antecede a lo terrible,

mío el ruido de la lluvia que azota los tejados,

y un desfile de muertos blancos penetrando por mi lengua.

 

HERENCIA

I

Muda la existencia del hombre

porque las palabras aún no corrían

por las raíces del árbol.

El hombre vagaba por el bosque

y recolectaba frutos,

y entonces fue verbo su alimento.

Él lo supo siempre;

por eso este lápiz con el que dibujo

los signos que me heredó el árbol.

 

II

¿Recuerdas la noche en que te fueron dadas las palabras?

Tú dormías junto al río y despertaste sediento,

y bebiste de la orilla, donde abundaban flores.

Un pequeño grito de placer fue el primer indicio.

 

ALEJANDRA PIZARNIK

 

Ha amanecido nuevamente,

pero el mundo ya no es lo que antes fue.

Todo está agrietado y disperso como mi alma.

Estoy sentada en una piedra,

solo conservo mi boca y mis mordidas uñas,

lo demás se perdió en el naufragio.

Los peces lo comieron tímidamente.

Leo sin ojos mis poemas,

me las arreglo para que sea memoria mi boca.

¿De qué me servirá mi verbo en este mundo que me inaugura?

Es como comprar  un vestido roto.

Siempre soñé este Apocalipsis

conmigo sobreviviendo a sus sombras.

Ahora debo inventar un nuevo lenguaje para nombrarme.

Intentaré un canto de ave,

pero aquí no hay aves, tendré que inventarlas.

Pero primero inventaré el bosque.

 

VIRGINIA WOOLF

Un tambor no deja de sonar en su pecho

y la cabeza es una confusión de estrellas en el acantilado.

Es de noche, no es de noche;                                                                   

pasa la mano por la hoja del cuchillo, pero piensa que…

No de esta manera; además, algo no termina de escribirse aún.

Decide caminar, camina sin rumbo.

Es poco lo que puede controlar de ese cuerpo ahora despojo.

 


Gustavo Adolfo Garcés

POEMAS

 

MADRUGADA

 

Otra vez

en la esquina

el hombre que habla solo

 

no sabemos

a dónde mira

su zozobra

 

ni qué tanto

enfría el viento

su cuerpo sin abrigo

 

no hay una barca

que lo saque del fragor

 

ni una silla

en que su vida pierda peso

 

está solo capeando

el temporal

 

DIOS

 

Dios es ciego

y desatento

 

contesta

furioso

a las plegarias

 

dice palabrotas

usa gafas de sol

 

llega tarde

 

cada día

saca a alguien

a empujones

 

EL DRAGÓN

 

El dragón se mira

de soslayo

 

la belleza

y el horror

en proporción

exacta

 

sabe dónde

buscar su suerte

 

cierra los ojos

 

la música le rompe

el corazón

 

SUEÑO

 

Se iba

el camión

de mudanzas

 

la abuela Marta

abrazaba

un jarrón

 

el abuelo

Sacramento

decía algo

incomprensible

acerca de una llave

 

mis padres

extendían

un traje de baño

 

yo lo veía todo

a la intemperie

 

GRABADO

 

En un jardín

 

a la luz de un farol

 

junto a un dragón

de hierro

 

un anciano lee

 

cae una hoja

 

el lector sonríe

 

y se dibuja

borrosamente

una lámina

 

no podemos ver

el resto

 

al lado

hay un camino

que nos es prohibido

 

todo es secreto

 

JARDÍN

 

Mirar el jardín

 

la inscripción

de una sombra

en la piedra

 

una flor

gris azulada

 

los ojos astutos

de un pájaro

 

todo

consagrado

tal vez

a ocasionarnos

pequeños

estremecimientos

 

la vida ocupada

en la costumbre

de la luz

 

NOSTALGIA

 

Nuestros paseos

eran lentos

 

parecía no tener afán

el amor

 

tal vez era suya

la morosidad

con que mirábamos

los pájaros

las nubes

y el bosque

 

las muchas horas

en las terrazas de la ciudad

 

todo en torno

a su interés de aprender

una frase en español

 

yo gozaba

de la voz que salía

de sus labios húmedos  

 

de su risa

tratando de decir

la palabra desatino

 

no supimos

cómo hablar

de la brevedad y caída

de un imperio feliz

 

FINAL

 

Ningún verso

vendrá a buscarnos

 

TEXTO

 

Creí que ya estaba

terminado

 

nada de trazos

arbitrarios

 

todo cabía

 

las calles el río

la lluvia

 

las lámparas

y una avenida

perdiéndose

en el horizonte

 

me gustaba

vivir allí

 

nunca soñé

con abandonarlo

 

ÁRBOL

 

Entre sembrados

la encina

 

sobre la pendiente

 

absorta

 

LOS PELÍCANOS

 

Juntos

 

en el cielo

 

son humo blanco

 

EL BURRO

 

Bajo el sol de marzo

junto al mar

el burro agoniza

 

no sabemos

si la muerte

lo apremia

 

hay pájaros

y nubes

y mujeres con cestos

repletos de legumbres

 

tal vez un ángel

lo espera

 

se le acercan

las lagartijas

y la sombra del pino

 

está próximo

a entrar por el espejo

y a que le crezcan

alas

 

giran los buitres

 

PUERTO

 

El sol desciende

sobre el río

 

desembarco

y saludo

a algunas

buenas gentes

 

me siento

como en casa

 

los cuerpos

de las mulatas

rompen botones

y costuras

 

una muchacha

limpia el polvo

de la vitrina

 

el deseo arma lío

y susurra frases

de aliento

 

me abro paso

entre la multitud

 

huele a whisky

y a colillas

 

doblo la esquina

 

LINAJE

 

Escribe

con cierto estupor

 

un poco a ciegas

 

cavila de la primera

a la última palabra

 

de uno a otro silencio

 

defiende la extrañeza

 

ESTAMPA CHINA

 

Hay rocío

en el césped

 

todo lo alumbra

la magnolia

 

el banco

el sendero

el puente

son reflejos

 

el follaje

un rumor

que se aliviana

 

CUADERNO

 

Una palabra

cada día

 

la montaña

vuelta sombra

en el río

 

el exilio rojo

del poniente

 

los hábitos

que siempre

tienen que ver

con los errores

 

las luces

que no se apagan

en la memoria

 

un muro

en medio de la vida

 

lo que no se sabe

y lo que no se dice

 

TARDE

 

Debajo de los sauces

el huerto

 

arrecia el frío

 

el viento se revuelca

en el ramaje

 

el escarabajo llega

hasta el geranio

 

AMANECE

 

Oigo el susurro

del amanecer

 

el paso

vacilante

de la luz

 

de nuevo

se enciende

la sangre

 

ÁGUILA

 

Entre la luz roja

del atardecer

 

anda y desanda

el cielo

 


 

Edgar Rúales Ortiz

POEMAS

 

 

Un orgasmo es la muerte feliz

que nos deja más vivos

 

 

Tarde de vientos huracanados

Cielo azul, nubes blancas.

 

Árboles detenidos en danza

repiten sus fortalezas contra las curvas del viento.

 

Al fondo, perfiles nubosos

entre montañas de ropas verdes

desplazan sus tules sobre alturas perfiladas.

 

Curvas, cañones, cielos se miran insinuantes

a la espera de otro anochecer con lluvias grises

donde vibren músicas entre sombras de silencios

y se dibujen sueños en los durmientes

del otro amanecer

 

 

Sin desaliento ni desilusión

me llevo la constante de vacíos permanentes

repetidos una y otra vez

en los entornos

de casi todas las gentes

cercanas a mis pasos

durante los instantes de universo que viví

en este planeta

 

Dapa, Febrero 2017

 

TINIEBLOS A LA LUZ

 

Algunos vecinos de la cuadra son amantes; la cercanía les permite sombras de intimidad. Otros, apenas sospechan. Alguien lo constata, pero calla con cierta prudencia cómplice; tal vez el espejo erótico de los amantes le sugiere el camino de un sueño también suyo: "ser un tinieblo de los que en el mundo han sido". Entonces piensa y decide: "El silencio hace cadenas..." Abre la ventana y, preciso, ella aparece doblando la esquina con su blusa roja ceñida, alegrando el movimiento de caminar. Inevitable no mirarla o decidir que no tiene reversa: siempre hacia delante, parecen decir sus dos puntas altivas. Más abajo, al son de las caderas en ritmo de fronteras, una franja ombligada muestra su piel coqueta. Continuadas en el jeans, desteñido por la moda, se desplazan varias curvas provenientes del universo de la flor, ese lugar en movimiento sostenido a control remoto por las miradas lascivas de sufrientes transeúntes. Pero la blusa sigue por la acera con la danza de pasar, segura de sus dominios; dueña impune del único retorno al origen que nos está permitido a los mortales hombres.

Horas más tarde en el Café, me sorprendió verla salir tan linda por una puerta de la trastienda. Apareció ágil, preguntando si había llegado un nombre de hombre.

–No –respondió alguien.

...Salieron reídos. Él, como de mi edad; Ella, con la edad de mis perturbaciones. Caminaron en fila india, como si nada...como si todo. Él se puso detrás del mostrador. Ella pasó delante de mí y se alejó sin siquiera mirarme con su frescura juguetona. Me quedé sembrado de celos. Tal vez nunca supe nada, a pesar de mi perturbación efímera.

 

Cali, marzo 29 de 2016.

 


Sosiego… Sosiego… Sosiego…

 

Cero y van tres…

Tranquilo hilo

como ruta sin caminos

como curva en su serpiente

como llegada sin temores

como llama de la pira que no mira...

A solas café tinto en pocillo caminante

Libre al calor de mis leños

como albur que desplaza sus presentes

entre recuerdos del olvido

Errático salir de casa

retornar es mi hábitat 

Gracias silencio de culpas

Gracias mutismo de estigmas

Gracias senderos sin rutas

¡Hoy no muero!

 


ELLA Y OTROS POEMAS

 

ELLA

 

Debo reconciliarme con Ella,

mi seguridad no está en otra parte;

Sin Ella todo es gris, ando desorientado,

mis vacíos olvidan sus abismos,

mis llenos torpedean sus fondos

Habitar en Ella, con Ella, es cuestión vital

Su ausencia nos hace invisibles, dicen los espejos

Sólo Ella permite mi cuerpo sensible cierto

Sólo Ella transita mi presente como un tiempo vivo

en el que toma formas con pausados signos

para forjar cuerpos que sí reflejen los espejos...

Ella, la escritura.

 

TIGLERÍA

 

Un tiglero cantó sin saber que ella estaba sorda. Con espejos fue ahuyentado del lugar, pero voló juguetón hasta el árbol donde siempre posa cuando pasa migratorio por este lugar de sombras verdes. Su extraña tiglería, que así llama su cantar, dispersa hacia los lados de su entorno más cercano tres sonidos diversos: agudo, grave y lento más agudo; luego hace un silencio con aleteos sin vuelo hasta el próximo ciclo de sus cantos. Cuando no es interrumpido, repite hasta cinco veces cada una de sus tres melodías. El tiglero es una nota, su música aviva sus colores. Un tornasol azuloso sale por su pico cantor. Cada vez lo espero durante el mes de marzo, tiempo de su vuelo entre los árboles de sombras verdes, frescas y vitales

 

RETADENA

 

En Retadena,

ciudad lunática de Erotilia,

rompido está partido

La sonda descubre sus roturas

Un color amarillo deshoja los árboles

Los sueños ruedan por las pendientes azulosas

de la Tomarena,

enigmático lugar...

Deshechos anclados todo lo abisman

Desde sus ojos inhóspitos

Retadena no sabe de olvidos...

Está loca Retadena.

 


LA CITA

 

desoir razones

trazar otros rumbos

hacia el encuentro

de nuestros tiempos,

el tuyo

el mío

única forma de soñar

despiertos en uno

 

Febrero 2015

 


EL ASOMBRO

 

Un nuevo origen del asombro

siempre serán los espejos:

los aborígenes descubiertos en América

lo vivieron

Shambuko Talameque

enamoró a su novia Tatía

mostrando su rostro reflejado

en un pedazo de vidrio cristalino

que tomó prestado de un cajón

caído del caballo de Narciso Garzón García

el español, entonces recién llegado

de otros mares y otros asombros.

 

¿QUIÉN ES ELLA?

 

Es querencia o temor,

¿cómo llamarlo de otra manera?

¿Sólo temor?

¡La intuyes, la sientes!

 

Con el piso movido casi no respiras:

Uno se estámuriendo, uno se muere;

La toca, la teme, la siente como el aire que respira

O la sangre que circula...

 

Con ella partido en dos, uno anda al descubierto,

la llora, la seduce. Cada vez la mata, la redime.

Ella te posee para seguir la vida:

te lleva, te trae con ella

desde la noche de sus cabellos

hasta la mañana de tus besos en sus pies,

atado fuerte temblando en los brazos de su vuelo.

 


UNA TARDE CON NOCHE EN EL CHUZO DE RAFA

 

Ese día estábamos con Juancho el peludito, mi compinche de “mirandas” los viernes en la sexta. Si no había clases en la U. no fallábamos la “sextiada” con vientos frescos por la tarde  hasta la noche, cuando entrábamos al Chuzo y nos metíamos unos guaros con música, cháchara y amigos.

Sextiada con vientos frescos: Pasa una blusa roja y ceñida, alegrando el movimiento de caminar. Inevitable mirar y decidir que no tiene reversa: siempre hacia delante, parecen decir sus dos puntas altivas. Más abajo, al son de las caderas en ritmo de fronteras, una franja ombligada muestra su piel coqueta. Continuadas en el jeans, desteñido por la moda, se desplazan varias curvas provenientes del universo de la flor, ese lugar en movimiento sostenido a control remoto por las miradas lascivas de sufrientes transeúntes. Pero la blusa sigue por la acera con la danza de pasar, segura de sus dominios; dueña impune del único retorno al origen que nos está permitido a los mortales hombres.

Cháchara: tinieblos de barrio: Algunos vecinos de la cuadra son amantes, la cercanía les permite sombras de intimidad. Otros, apenas sospechan. Alguien lo constata, pero calla con cierta prudencia cómplice; tal vez el espejo erótico de los amantes le sugiere el camino de un sueño también suyo, “ser ‘un tinieblo’ de los que en el mundo han sido”. Entonces piensa y decide: “El silencio hace cadenas...”

Se abre una puerta al fondo y, preciso, la blusa roja aparece doblando el mostrador.

Blusa roja: Me perturbó verla salir tan linda por la puerta de la trastienda. Apareció ágil, preguntando si había llegado un nombre de hombre.

–No –Respondió alguien.

Salieron reídos. Él como de mi edad; ella con la edad de mis perturbaciones.

Caminaron en fila india, como si nada...como si todo.

Él se puso detrás del mostrador.

Ella pasó delante de mí y se alejó sin siquiera mirarme con su frescura juguetona.

Me quedé sembrado en mi silencio.  Tal vez nunca supe nada, a pesar de mi perturbación efímera.

-Juancho, reído, pidió otra de guaro.

 

GLOSARIO

Mirandas: los que sólo van a mirar; casi siempre apostados en un bar o estadero con mesas hacia la Avenida Sexta.

Sextiada: del verbo caleño sextear: caminar en las tardes por la Avenida Sexta norte con vientos frescos, desde el Palacio Rosa hasta Chipichape. Bellas mujeres transitan por la Avenida Sexta en Cali, ante las miradas expectantes de incondicionales admiradores.

Guaro: aguardiente.

 


La palabra que nombra 

Selección de Jorge Eliécer Ordóñez Muñoz

 

Cometa de agosto

 

Una cometa de agosto

se enredó en un poste

para volar hasta siempre

la piola del viento la sostiene

pequeños remolinos

por las tardes de octubre

por las noches de noviembre

la hacen sentir como en alas

chasqueando su celofán

contra las cuerdas

 

La cometa de agosto

que pasó triste septiembre

abandonada en el poste

se hizo feliz

cuando decidió llegar hasta diciembre.

 

Tu boca excede

 

A veces tu boca excede

lo que tu cuerpo calla

A veces tu boca calla

lo que tu cuerpo excede.

 

Quédate en silencio

no te muevas

sólo permite

el movimiento vibrátil

de un beso que parece latir

para condensar la vida

y decir el mejor silencio de las palabras

al mejor encuentro de los cuerpos

 

No sólo de labios es un beso

 

Vuelo de columpio

 

El vuelo sin despegue del columpio

te lleva y te trae

cielo delante

cielo detrás

 

En vaivén oscilante los años

van… vienen

La edad desaparece

 

El tiempo en vuelo de columpio

nos hace niños

 

Niños péndulo

mecanismos vivos

de reloj parlante que sueña

y se columpia

 

En casa de puertas abiertas y ventanas

un columpio es el tiempo

 

El fruto más grande

 

El fruto más grande de un árbol es su sombra,

él no piensa,

deja pasar el aire

que siempre pasa.

 

La sombra de un árbol es su tiempo.

él no habla.

 

El agua de un árbol es un río

que suena a lo lejos.

 

A veces pasa un hombre por su sombra,

pero, como el aire, no se queda.

 

El fruto más grande del hombre es la poesía,

pero él siempre pasa

como el viento a la sombra de un árbol con su fruto.

 

Hábitat

 

No andes por ahí fuera de tu hábitat

llévalo contigo

corres el riesgo de reventarte por cualquier talón

o hacer ternuras donde no hay pétalos

quedar desnudo como pájaro herido

o solo como no es la soledad

 

Como llegué a tu casa

 

Inventé tu dirección

y era cierta

viré hacia enfrente

para tomar la calle horizonte

allí esperé que el sol marcara un punto.

puse el número de tu fecha a la tarde

con los brazos cerrados haciendo punta

crucé a la izquierda

y toqué esta puerta:

Eros salió para abrazarme…

 

Por ese camino llegué a tu casa.

 

Tú tienes el poder

 

Tú tienes el poder,

y yo, una distancia que da vueltas.

Si estás jugando al silencio, ganaste.

Respiro con derrumbes,

las cosas están quietas.

Has logrado revolotear mi dolor,

apretar mi cara dura.

Siento una lluvia tenaz de letras partidas

sobre una nostalgia llena de tu espalda.

Estoy herido. Tú lo sabes.

Guarda tu silencio; yo, mis reproches.

No llames,

ando perdido, buscándote,

caminando hacia ninguna parte.

No llames, no oigo:

buceo en otros sentidos

tratando de encontrarte.

No llames, no estoy,

¡he partido hacia tu silencio!

 

Umbral

A Tilcia

 

Ahora es el tiempo y el espacio:

eres ellos para mí

mujer reciente siempre

 

Trajiste la palabra umbral

y pasé por ella

 

Entonces era una palabra abierta al vacío

Andabas con ella puesta

yo no la tenía

Ella dijo en tu voz:

“Te regalo la palabra umbral”

 

Desde entonces nos reúne

un intercambio de cuerpos

prohibido en los lugares del orden

 

No tenemos nada que ocultar

pero viajamos a la luz de la velocidad

que nos permite intimar en umbrales sin enigmas

sobre el abismo de las palabras

 

LA PALABRA QUE NOMBRA

 

FORMA EFICAZ DEL RECUERDO

 

No se trata de volver al pasado

Sino de traer el pasado al presente

Bien guardado en el olvido

Para que no se rompa

 

INVENTA UN NOMBRE

 

Si algo te asusta y no sabes qué es 

inventa un nombre,

sólo entonces habrás iniciado el exorcismo de tu miedo:

La palabra que nombra se apropia de lo oculto

agranda sus temores o confunde sus lenguas

para desplazarlo en cadena hacia nuevos encuentros,

en las torres de tu olvido

 

Edgar Ruales Ortiz, La palabra que nombra, Ibagué, Casa de Libros, 2013.

 


OTROS POEMAS

 

ELLA

 

Debo reconciliarme con Ella,

mi seguridad no está en otra parte,

sin Ella todo es gris, ando desorientado;

mis vacíos olvidan sus abismos,

mis llenos balancean sus fondos

Habitar en Ella, con Ella, es cuestión vital  

Su ausencia nos hace invisibles, dicen los espejos

Sólo Ella permite mi cuerpo sensible cierto

Sólo Ella es tránsito de mis tiempos vivos

Para crear espacios con sus pausados signos

hasta  forjar cuerpos  que sí reflejen los espejos…

Ella, la escritura. 

 

LA PALABRA OTRA

 

A María  Mercedes Carranza

 

Cuando toca me guardo las palabras

sin maltratarlas las escondo

las disimulo con vestidos ocres

azulencos o capuchones negros

para que no se oigan las descalzo

y me la llevo como cristales finos

a un cuarto sin artilugios

donde sólo cabe lo que lleve

en las manos de mi memoria.

 

A mi entrada encuentro gestos

a la espera de las palabras

que llevo a mi taller de silencios

donde mis artesanos en alerta

continúan el trabajo de construir

espacios no sumisos

a los ruidos falaces de la palabra otra.

 

TODA LOCURA

 

Toda locura se cree cuerda...

tiende la cuerda floja de su creencia

y se desplaza de luz a sombra

de sombra a luz

asida a las manecilla de antiguos relojes

en la resta de las horas.

 

Mi locura camina y tiembla

todo el tiempo se sueña cuerda

a veces

cuando despierta cae

se golpea la testa y todo lo que resta...

 

Entonces corre a templar su cuerda

alerta y cuerda

amorosa y cuerda

displicente y cuerda

radiante y cuerda

rota y cuerda...

 

Mi locura se cree cuerda

camina sus días en la cuerda floja de su creencia

sumando la resta...

 


CARTA A MALENA (versión 2013)

 

Acariciar tu rostro, erizar tus piernas, hasta reír nerviosos pero plácidos. Habernos besado, cuando nos besamos la primera vez con intensidad de huella en cemento fresco. Luego, los ensayos de juntarnos entre pequeños fracasos; las peleas y conciliaciones amorosas desde mis palabras duras, pero frágiles. Esa tropilla de poemas escritos con mis manos en vuelo sobre un imaginario de distancias ajenas y la ilusión de ser una nueva versión de dos tinieblos. Los rituales de inicio en los primeros acercamientos. La inconclusa educación de mi cuerpo para con el tuyo; de el tuyo para con el mío. Nuestros pasados presentes en hijos amados, ligados a nuestras memorias, pero ajenos a nuestra liga. Esa lucha por separarnos y prescindir cada uno de el otro ¡cómo si fuera tan fácil! El último acuerdo que hicimos en aquel parquecito, cuando se habló del reto de seguir saliendo o separarnos. Tu propuesta de luchar por lo que querías, y mis preguntas sin respuesta. Tu niña menor, sin dos dientes, ensayando seis columpios... Todo, todo lo evoco junto, sin suspiros ni reproches, así como fue, con la intensidad de un encuentro aplazado entre los tiempos y lugares de otras historias.

No dejamos de pasar hacia los encuentros. No es lo mismo hacer la vida con cuerpos y palabras usando la misma tinta, que cambiar de música o de rumba. Estoy seguro, siempre lo estuve, que mi voz no será olvido, ni mi hacer. Desde ti, también puedes estarlo!

Tal vez sólo sea una premonición ilusa, pero no deja de inquietarme la subversión de estos recuerdos cuando conviertan sus cenizas en nido de ave fénix.

¿Quién y dónde fabrican columpios? ¿O péndulos?

ANTÓN SELURA

 


LA ESCRITURA NO CESA

 

La escritura en Lengua Castellana rema de izquierda a derecha.  Al llegar a su margen, para no salirse, curva el retorno hacia abajo y sigue camino sobre el plano siguiente. En cada orilla pausa  para continuar,  evitando desbordes sobre la cuartilla en blanco. Fintas de la mano obedientes a la escritura, improntas en tinta firmes a la presencia, desde la antiguas huellas sobre pieles o rocas, continuadas en papiros, inscritas sobre lisuras de materiales con texturas diversas: lisas, corrugadas, curvas, planas…. Hasta la hoja de luz en la pantalla del procesador, espacio de lo virtual, abstracción de tachaduras, palimpsestos y huellas de tintas indelebles.

Palabras y hoja unidas por los trazos originados en las bolas y lo palos de las primera letras, o marcadas por los caracteres tallados de la imprenta, multiplicaron la escritura sobre las viejas Remington y demás contemporáneas, ahora vetustas.

Hoy el verbo digitar distanció la mano de la pausa en las curvas de retorno entre las márgenes. Los planos puntuales de la escritura y sus fronteras emergen virtuales, tras la caricia, casi imperceptible de las yemas de unos dedos empinados, como evitando huellas. La pantalla no es la hoja, pero sí. Marginar se dice justificar y, como el plano  virtual de la escritura se desplaza, el retorno entre las márgenes se incluye en digitar. Los originales del pasado y el presente –cuadrados o rectángulos euclidianos- serán transcritos en la hoja virtual oblicua de las pantallas de la siguiente generación, siempre la última.

Mientras un antropomorfo imagine la curva de retorno, evitando la caída al vacío, la escritura no cesará de continuar. 

 


HORACIO BENAVIDES

EN LA CALLE Z EL POETA

 

El poeta  usa tonos suaves sin premura, intermitentes entre silencios y ocultamientos de las palabras que elige o acaricia sin ambages. Con otras marca distancia, las más tercas se quedan y reclaman: si las despertaron no se van a quedar así, iniciadas; las faranduleras se alejan hacia los cruces de los semáforos donde los raperos las humedecen y las tiran a los carros por entre las ventanillas. Luego, cansadas por el uso y el abuso, vestidas de mendigas, rape, reggaetón o vallenato retornan con sonrisas y miradas tiernas, incomprensibles ante su distancia inicial del poeta, que en las tardes visita el mirador de las vocales en la Calle Z  por donde pasan palabras desnudas caminando coquetas, insinuantes, dispuestas a entregarse a los buscadores de sentido,  quienes las abrazan y  se las llevan hacia sus próximos poemas, esos lugares que todas anhelan.

 

HORACIANDO

Leyendo la obra poética de Horacio Benavides        

 

No deseo callar, pero mi voz no sale.

Libre, el aire respira silencios.

Cuando mis ojos miran tus poemas serenan sus lecturas.

Sentidos los sentidos dicen más,  

ningún entorno los enmarca. 

Desde su ventana mañanera,

Razón en duermevela se hace la loca.

Conciencia, llevada entre asombros,

distancia ajenos saberes  intrusos. 

Tus palabras me alejan de ancestros repetidos;

sus fintas seductoras  dibujan nuevos senderos

sobre las esquinas descalzas de mis sentidos.

Tus versos desnudos como hojas frescas e imágenes serenas 

moldean pausas de seguros  parajes, 

poesía.

 

CANCIÓN PRESENTE

 

La poesía no está en otra parte

ni es mejor en otra lengua,

Ella es dimensión que vibra de voz en voz

hasta siempre…

La poesía no termina,

es canción presente   

que abre o retorna los caminos:

presiéntela respírala

óyela recréala,

Es un encuentro de vida…

indefinible como ella.

 


Jorge Eliécer Ordóñez Muñoz

CUANDO LOS POETAS SE VAN

 

Queda un sabor a corcho en el vacío,

un péndulo inútil de los ascensores que suben y bajan

con su ronroneo y su freno fugaz en cada piso

donde emergían sus rostros con sonrisas a bordo

 

Los poetas de África, con su risa

tan blanca como la espuma de los ríos nocturnos

y su acompasado movimiento cada vez que sonaban los tambores

 

TJ Dema, de Botsuana, reina negra, sulamita en el trópico,

con su brío de antílope en su llanura de palabras

sabias y rotundas en el parque de los pies descalzos

 

Cuando los poetas se van

el comedor es un recinto tan frío como un túnel que cuela la niebla

porque allí hubo hablas de todos los ritmos y todos los acentos,

hubo besos y abrazos, danza, rituales de saludo,

venias para llegar, para ausentarse hacia la noche,

para pedir en castellano una arepa de choclo, un tamarindo

 

Cuando los poetas se van

la calle es una cinta amarga de colores

que sube por las montañas

y deja entre el corazón y los ojos un hilo transparente

tan invisible y fuerte como una telaraña

 

Al fondo los aviones

donde se va Giovanni Quessep a su ciudad de torres blancas

y Juan Manuel Roca a su lidia de toros

que envisten su capote con furiosa elegancia

y Eduardo Dalter, a su pampa con ciudades dormidas

que lo esperan con un corcel y una milonga

y Norberto Codina, hacia su isla de sones encantados

y Juan Mares, a su océano inmenso de color turquesa

y Javier Naranjo a estremecer su limonero

donde los niños inventan pompas y metáforas

Y Orlando y Katherine y Winston Morales a circular por las murallas

Y Hanan Awwad  a vislumbrar una paloma

entre las dunas de su Tierra Prometida,

Ron y Saray, hacia Oceanía, con puente en Santa Helena

para tejer coronas y poemas con los silleteros

 

y los poetas indios y los del norte, con sus hablas mestizas

Y Basir, tan alto, tan cariño

como las palmas de oriente que lo abrazan

 

Todos con su luna de escudo, con su armadura de palabras siemprevivas

 

al fondo los aviones como albatros metálicos

después, ya en el aire, aves poderosas devorando las nubes,

con sus chorros de humo, paralelos, en la quietud del cielo

mientras aquí, en la tierra, nosotros, sedientos, sin horario

no sabemos hacia dónde dirigir los ojos secuestrados

 

Cuando los poetas se van

quedamos solos, queda la vida tratando de enmendarse

 

ALASKA

 

 

Quiero llevar mi corazón a esos bosques de nieve

ahora que tengo en los labios una fruta de sabor amargo,

minuto tras minuto, incluido el avaro momento del sueño.

 

Hay un anciano dentro de mí

que se encoge sobre su báculo de roble

y se niega a sonreír, a comenzar el día

Entonces pienso en Alaska

y quisiera para mis huesos

esos largos meses de hibernación

cuando el oso dice hasta pronto

y regresa después, tímido y delgado,

a tomar el pulso de la primavera.

Quizás el cardumen de salmón

torne de nuevo a su eterno retorno

y el oso espere de pie, erguido otra vez

junto a los pinos.

 

HORMIGUERO

 

En la empalizada

más allá del cemento

aparece el hormiguero,

insignificante mancha

frente al verdor de las cosas

tras varios días de lluvia.

 

Es una pequeña isla de arena molida

¿acaso el arena no es más que dura piedra

debilitada por el tiempo?

 

Yo la miro tras espantar con la voz

el corcoveo de la cabra

hundo en su corazón una vara de mimbre

rastreada en el camino,

enseguida, como testimonio de generación espontánea,

infinitas hormigas acuden

al llamado del ocioso gigante.

 

Entonces pienso que si las hormigas pensaran

yo sería para ellas un dios alevoso

erguido de la nada con un cetro

y la potestad de darles o quitarles la vida,

acertijo suficiente para que me adoren o detesten.

 

Un toque de albur

puede convertirse en un mínimo reino

donde la vida minúscula se agita vehemente,

asciende, ciega, hacia su límite.

 

TERMAL

 

Bajo el junco

que prodiga sombra a los tréboles

de cuatro y cinco dedos, como las estrellas,

está el termal de agua ferrosa,

no fétido azufre, hierro líquido

que convierte las raíces en bermejos músculos.

 

Ahora que llueve copiosamente

lejos del mar, en una ciudad quieta

que convida al tedio, pienso en el termal,

en su hongo de hervor donde mi cuerpo

floró un instante junto a otro cuerpo

herido tal vez por la fugacidad de un aerolito.

 

Es posible que la densa lluvia

o un relámpago certero

caigan en este instante sobre el ojo de agua.

 

Total, la naturaleza

tiene un ritmo distinto al de los hombres.

 

OLVIDOS

 

Olvidé amarrarme los zapatos, madre,

tú me despedías sin besos, apenas una señal de cruz en el aire,

tan cerca del aljibe, ponías en mi siniestra una granadilla

y en mi maleta escolar un lápiz que olía a maderas ocultas,

aserrín de algún sueño que contaban los hermanos menores

 

que te puedes caer, tú me decías,

¿ y cuántas veces me desplomé de bruces, de nalgas, desamores?

Quise aprender tu lección, casi analfabeta,

pero el olvido fue mi yermo territorio

Aún recuerdo que pintaste a Moisés separando las aguas

con tus rasgos menudos, casi con vergüenza,

porque yo tenía el brazo entablillado, tal como ahora

el corazón, la vida, entablillados,

y mientras dormía en un laberinto de monstruos y temores

tú, bajo el mosquitero, intentabas curarme

con un aceite fétido de tuétano y lombrices

 

ahora, con esta voz que me sale a hurtadillas,

por entre matorrales de cemento y de niebla,

quiero decirte que tus pasos endebles, a causa de la artritis,

suenan con tanta fuerza en mi escalera de madera crujiente

que ya puedes respirar tranquila: no me he vuelto a caer

así lo espero. Cuando miro mis zapatos, como focas

invernando en un rincón de la buhardilla,

no puedo menos que sonreír despacio y aspirar con ternura

ese bálsamo que ha curado la desolación de mis madrugadas

 

LA SIESTA DE LOS TRENES

 

Amanecieron grises, desolados, los trenes

antes fueron hijos del sol, recios caballos en vertiginoso movimiento,

a veces, los disipó la luna, en un recodo de nieblas y de ortiga,

pero volvieron, con su firme canción, sobre los puentes,

donde cabalgaron a sus anchas sobre la piedra y la espuma

 

en cada pueblo resoplaron como búfalos, con nostalgias de oeste,

abrieron trochas, caminos de metal, túneles de hojas,

árboles endomingados con bejucos y ardillas

 

ahora que llueve con la pasión del primer diluvio

yacen detenidos, en un erial de cosas viejas

 

ni la campana lenta que anunciaba su partida,

ni el rebaño de niños que lanzaba piedras inocentes a su paso,

o las muchachas frescas en el umbral de su vaivén sonoro,

o el suicida que aplazó hasta la muerte su danza postergada:

nada revivió su magia de bestia poderosa

 

duermen en la sombra de la vieja estación,

no esperan nada, tan solo el paso del tiempo

con su escuadrón de enjundiosas polillas:

en unos años serán la guarida de los vagabundos,

o tal vez una quimera de ceniza y olvido.

 


Mauricio Vidales

 

DECIME VOS, CANTOR

A Silvio Rodriguez, a propósito de una de sus canciones de amor.

 

¿Qué hago ahora contigo? dice el cantor sin tregua

el cantor que no descansa en su discurso de paz y amor

aquel que sigue siendo fiel a la valerosa historia construida

de su nación de aguas, de su pueblo multicolor ebrio de libertad

aquel que desde la canción ha edificado una república internacional

de sueños irrompibles

Silvio, no calles, no dejes de entregar tu amorosa voz

porque tus versos han calado hondo en muchos espíritus

que aún creemos en un mundo solidario

fraterno y exento de estériles vanidades.

 

Esta noche en que te escucho entonar la canción de amor

que ofreces al mundo

me llevas a entender el verso "¿Qué hago ahora contigo?"

como esa pregunta definitiva

que se formula el hombre al encontrar esa tan anhelada paz

esa inapreciable perspectiva de alegría permanente

que sólo el amor procura

y me atrevo a trasladarla hacia una aspiración universal

expresada en la realidad incontrovertible que es la paz de tu pueblo.

 

Decime vos, cantor

¿qué puede hacer un pueblo cuando encuentra después de medio siglo

que lo construido no es ficción, que lo vivido es acumulación de saberes

que lo presente debe ser un reto permanente

que lucha por sostener ese sueño hecho realidad por tantos héroes?

cuando ante tanto cañonazo, ante tantos intentos de golpes a la estabilidad

en el Continente

en la amorosa Isla Antillana

todavía podéis soñar tranquilos bajo el azul cielo Caribe

sin que una bala una sola bala despierte a los durmientes

 

Decime vos, cantor

de madrugadas arrulladas por sinsontes

¿cuándo vendrá tu canción a iluminar el alma extraviada de los cruentos

de nuestros hermanos irremediablemente perdidos

en la maraña oscura del engaño histórico

que se tragaron sin vergüenza los mandamases y sus vasallos

del que no quieren despertar?

 

Decime vos, cantor

¿cuándo? ¿cuándo? ¿cuándo?

...

 


Carlos Fajardo Fajardo

POEMA A NAZIM HIKMET

 

Hoy que llueve sobre Bogotá

leo tus poemas Nazim Hikmet, tus cartas desde las cuatro cárceles,

el recuerdo de los patios sonoros en Istambul

el lento pero seguro avance de tu angina de pecho.

 

No me desilusiono ni lloro.

Tampoco soy un simple desesperanzado.

Sin embargo, Nazim, mi país es una cárcel mayor,

mayor que la de tu Ankara, más fría que la de Cankiri

más insoportable que la de Bursa.

Todas tus cuatro cárceles reunidas son apenas recintos con jardín.

 

Como tú, turco naciente,

en el nombre de esta tierra tomo la palabra

y malas noticias me llegan con lluvia matutina

malas noticias sobre un país cerrado donde nadie nos deja cantar.

 

Prisionero, exiliado eterno,

con quince heridas, según decías,

escribo en torno a estas paredes deseando ver una luz.

Escucha Hikmet este poema compuesto por varias manos

con despedazadas uñas de tanto escarbar.

 

También estamos incomunicados como lo estuviste en Ankara

donde te prohibían ver el cielo azul y un árbol silvestre

plantado en algún sitio.

También hablamos con nosotros mismos

en siniestras ciudades

y nos dan ganas de llorar sobre algún seno

llorar o insultar temblando en la lluvia.

 

Destrozados, solos con el vaivén de lentas horas,

vigilados desde los cuatro costados

se abre nuestra ira como una gran verdad

y en las torres del aire

lanzamos gritos por oscuras ventanas.

 

Nazim Hikmet, llueve sobre Bogotá.

Yo releo tu poema a Taranta-Babu

pero no puedo hacer un himno para beberme el sol

no puedo estrechar mi pecho y darme alegría.

 

¿Cuándo cesará esta llama que a todos calcina?

 

Versión al turco por el poeta y escritor Tahsin AYDOĞDU

 

Bugün yağmur yağıyor üzerine Bogota’nın

okuyorum şiirlerini Nazım Hikmet, mektuplarını dört hapishaneden,

volta seslerinin anısını İstanbul’da

yavaş fakat emin ilerleyişini Angina Pektorisinin

 

Ne düş kırıklığına uğradım ne ağlıyorum.

Sıradan bir umutsuz da değilim.

Bununla birlikte, Nazım, benim ülkem büyük bir hapishane,

daha büyük Ankara’nınkinden, daha soğuk Çankırı’nınkinden

daha dayanılmaz Bursa’nınkinden.

Senin hapishanelerinin dördü de bitişiktir hemen çevresindeki bahçeyle.

 

Senin gibi, Türk doğan,

bu diyarın adına söz alıyorum

ve kötü haberler geliyor bana sabah yağmurlarıyla

şarkı söylememize izin verilmeyen kapalı ülke hakkında kötü haberler.

 

Mahkûm, ebedi sürgün,

on beş yarayla, söylediğine göre,

yazıyorum bu duvarların etrafına arzulayarak bir ışık görmeyi.

Dinle Hikmet bu şiir değişik eller tarafında yazıldı

çok kazmaktan kırılmış tırnaklarla.

 

Biz de tecritteyiz senin kaldığın gibi Ankara’da

sana yasaklanmıştı görmek mavi gökyüzünü ve koca meşe ağacını

herhangi bir yere dikilmiş.

Biz de kendi kendimize konuşuyoruz

bahtsız şehirlerde

ve bizimde canımız herhangi göğüs üstünde ağlamak istiyor

ağlamak ya da küfretmek titreyerek yağmurda

 

Perişan edilmiş, tek başına volta adımlarıyla ağır geçen saatler,

gözetlenmiş dört bir taraftan

seçılır bizim izim öfkemiz büyük bir gerçek gibi

ve gökyüzünün kulelerinde

çığlıklar atıyoruz karanlık pencerelerden.

 

Nazım Hikmet, yağmur yağıyor üzerine Bogota’nın.

Ben tekrar okuyorum Taranta- Babu şiirini

fakat bir marş yazamıyorum güneşi zapt etmek için

yüreğime sığdıramıyorum ve bana neşe veremiyorum.

 

Ne zaman sönecek bu kıvılcım her harcı yakan?

                                                                                                 

                                                                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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